Dragon Ball Fanon Wiki
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Este es un Spin off a modo de Pelicula hecho por Saail Gox y Zakura15, cuya premisa se trata de una realidad en la que Raditz no muere tras el ataque de Piccolo, sino que tiene una oportunidad de elegir otro camino.

Arte Conceptual

Película

Acorralado como lo estaba, sólo podía tratar de forcejear. No entendía cómo es que había terminado en esa situación. Un guerrero de élite como él debería haber acabado hace tiempo con su misión, pero había sido atrapado por un Saiyajin que se creía humano y un sujeto verde.

La frustración lo invadió por completo, hasta que el rayo lo alcanzó y acalló sus pensamientos un momento. Pero cuando se encontró a sí mismo echado en el suelo, casi muerto, se sintió peor. Recordó las constantes burlas de sus compañeros y cómo sería castigado luego de haber fallado su misión.

Deseó no tener que volver a la O.I.C, ni ver al príncipe Vegeta nunca más.


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Los ojos le pesaban, pero se obligó a abrirlos. Vió a un sujeto oscuro aterrándose por sus señales de consciencia.

—Kamisama, el Saiyajin ha despertado—. Le advirtió Mr. Popo.

—¡¿Cómo dices?! Se suponía que ya no volvería a causar problemas.

—¿Dónde estoy? ¿Y quién demonios son ustedes?

Raditz entró en pánico. No tenía idea de qué estaba pasando, por mucho que tratase de recordar, y eso lo asustó aún más. Trataron de mantenerlo bajo control en una barrera de energía, pero el Saiyajin tuvo un arranque de adrenalina.

Necesitaba escapar de ese lugar como fuese, o quién sabe lo que podrían hacerle. Elevó su ki y destrozó la barrera del Dios; se quedaron tan atónitos que tuvo oportunidad de escapar. Sin pensarlo, se lanzó fuera de la Atalaya.

—Kamisama, ¿No deberíamos hacer algo?— Dijo con preocupación el asistente.

Sin embargo, el Dios de la Tierra lo meditó—. Él parece haber perdido la memoria, de otra forma no me explico cómo he dejado de sentir esa presencia maligna dentro suyo. Hay que vigilarlo y ver qué hace.

Mr. Popo lo miró sin lograr entenderlo.


Para cuando Raditz se dió cuenta que se había lanzado en caída libre, volvió a temer por su vida. Intentaría visualizar alguna manera de zafarse, y entre su desesperación, descubrió que podía levitar en el aire.

—Que conveniente—. Se dijo, aliviado.

Pudo volar perfectamente en poco tiempo, pero cuando el efecto de la adrenalina pasó, supo que en realidad estaba bastante cansado. Aterrizó en un bosque, y tiró abajo un árbol para sentarse en el tronco.

—¿Qué fue todo eso?— Se preguntó, inspeccionándose a sí mismo. Entonces se enteró que no llevaba ropa.

Decidió buscar algo para cubrirse, además de encontrar comida. Y mientras vagaba por el lugar, hacía un recuento de lo que era capaz de recordar, quizás así podría solucionar su reciente problema.

—Mi... Mi nombre es Raditz y estoy aquí porque...— Tras mascullar, caería en cuenta que no recordaba nada.

Era como si gran parte de sus recuerdos fueran un lienzo en blanco; figuras borrosas sobre quien creía procedían de su familia y un hogar ahora perdido, pero no más que eso. Dolores de cabeza lo hostigaban en cuanto intentaba aclarar las lagunas de su cabeza y una triste expresión comenzaba a acompañarlo. Por más que lo intentara y sintiera, no podía saber porque estaba allí.

—Me pregunto si habrá alguien esperándome—. Expresó serio, prosiguiendo con la búsqueda de más alimento.


Pasadas las horas, el Saiyajin había sabido adaptarse a la situación. Durante este periodo, había aprendido más cosas de sí mismo y sus capacidades. No solo podía volar, sino que tenía un gran fuerza, por lo que le sacó provecho juntando troncos para armar un refugio.

Claro, cazar tampoco era tan sencillo. Los animales salvajes estaban alertados por su presencia y dispuestos a atacarlo cuando menos lo esperase.

—Adelante, bola de pelos. Ven cuando quieras—. Dijo, agudizando sus sentidos.

De entre los arbustos, un gran tigre salió disparado, preparado para darle una gran mordida a Raditz con sus colmillos. El hombre se percataría, deslizándose por debajo de la criatura y propinándole una patada directo al estomago. Seguido, dió un salto a la altura del animal y lanzó un puñetazo al rostro.

La bestia cayó herida, sin fuerzas para levantarse.

—Échate una siesta, y no molestes—. Expresó con desinterés— ¿Qué es esto?

Algo había llamado su atención; a causa de sus ataques, uno de los colmillos delanteros del tigre se habría roto. Pensando que podría serle útil como una herramienta, Raditz lo tomó.


El cielo daba las primeras señales antes de anochecer, y el saiyajin se encontraba comiendo frente a una fogata, luciendo su nuevo abrigo de piel de tigre.


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Entonces escuchó unos gritos, seguido de sollozos.

—¿Quién puede ser tan molesto a estas horas?— Se preguntó, y al sentir que el ruido no cesaba, fue a investigar.

Estaba irritado, pero al ver a un niño pequeño llorando, lo recorrió un escalofrío. Le era muy familiar, pero al tratar de recordar, solo se ganó una jaqueca.

—¡Papá! ¡Papá! ¿Dónde estás?— Gritaba el pequeño, que no tendría más de seis o siete años.

—Oye tú, baja la voz—. Se apresuró el Saiyajin—. Hay muchos animales salvajes aquí, y no querrás ser su cena.

—P-Pero mí papá...— Trató de explicar, mientras se secaba los ojos.

—Vuelve a tu casa, seguro él ya está ahí—. Hizo un ademán para restarle importancia, mientras parecía alejarse.

—No sé volver—. Sollozó de nuevo—. Yo también me perdí buscándolo, y no recuerdo el camino.


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A Raditz tanto llanto lo estaba sacando de quicio. Así que alzó al niño hasta su hombro y se elevó lo suficiente para ver el panorama.

—¿Puedes buscar tu casa desde aquí?

El infante, aún shockeado, se esforzó por distinguir su hogar—. ¡Allá!— Señaló.

Raditz voló siguiendo la indicación, hasta aterrizar en la entrada de una cabaña. Ahí esperaba una mujer, preocupada; pero al ver la escena sólo pudo soltar un grito.

—Mami, mami. Este hombre me trajo volando—. El niño se aferró a su regazo. Ahora parecía más animado.

—Yo ya me iba—. Soltó, viendo inútil seguir ahí parado.

—¡Aguarda! ¿Cómo te llamas?— Preguntó la dama, tras salir de su trance.

—Hmm... Raditz, algo así era—. Lo pensó.

—Muchas gracias por traer a mí hijo. Me llamo Buri.—. Le sonrió—. Pero, ¿Qué hace alguien en el bosque a estas horas?

—Seguro él también está perdido—. Comentó el niño.

—Hm, sí. Creo que lo estoy—. Se rascó la cabeza—. No lo sé. No recuerdo que hago aquí. Pero creo que he estado alucinando—. Dijo, refiriéndose a lo ocurrido en el templo—. En fin, adiós.

—No podemos dejar que se vaya así—. Le rogó el jovencito a su madre.

Esta lo consideró. Y tomó una decisión antes de perderlo de vista—. Espera—. El guerrero se detuvo—. No está bien que vayas por ahí con amnesia, ¿Te gustaría pasar aquí la noche?— Ofreció.

—No lo sé. No es como si fuera a pasarme nada allá afuera—. Dudó.

—Por favor, señor—. Le pidió el pequeño—. Hay un monstruo dando vueltas por ahí, el mismo que atacó a mí papá—. Le advirtió.

—¡Iku!— Lo regañaron—. Ya te dije que tu padre no fue atacado por ningún monstruo—. Su expresión se tornó amarga.

—Yo... Creo que puedo quedarme por hoy—. Dijo Raditz, sintiéndose incómodo. Pero la noticia alegró de nuevo al muchacho.

—Iba a preparar la cena, seguro debes tener hambre—. Invitó la mujer, revolviéndole el cabello a su hijo.

Raditz escuchó rugir su estómago—. Al parecer tengo mucho apetito.

—Puedes darte una ducha si quieres—. Le aconsejó. No quería ser directa, pero el hedor del hombre era bastante fuerte.


Raditz había terminado de bañarse, y le habían prestado algo de ropa. Al parecer no estaba bien visto ir por ahí en taparrabos.

—Esta ropa es muy extraña—. Dijo, mirándose en el espejo.


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—Es de mí padre, pero le queda bien, señor—. Iku le hizo un cumplido.

—No me digas señor, es molesto. Ya te dije mí nombre—. Se defendió.

—¿Entonces puedo llamarte hermano mayor?— Preguntó, con cierto entusiasmo.

—Solo me quedaré aquí por hoy, así que más te vale no encariñarte—. Fue directo.

Pero el niño pareció no prestarle atención. Estaba muy intrigado por el objeto que había dejado sobre la mesa.

—¿Es tuyo?

—Así es. Se lo saqué a un tigre salvaje—. Alardeó.

—Woah, realmente eres muy fuerte. Y también puedes volar, ¿Estás seguro de que eres un ser humano?

—Supongo que lo soy. Aunque tengo muchas preguntas—. Observó la apertura de su camisa—. Como está cicatriz.

—Quien te haya hecho eso debió ser muy fuerte... Como un monstruo—. Se temió.

—Los monstruos no existen, niño—. Dijo eso, pero no podía estar seguro. Si existía gente como él que podrían volar, ¿Con qué seguridad podía afirmarlo?

–Hijo, no deberías molestarlo con eso ahora. Es nuestro invitado–. Interrumpe la dama, esbozando una sonrisa.

–Pero no estaba haciendo nada malo–. Responde con desanimo–. Solo hablábamos del monstruo.

–Y ya es suficiente ¿No crees? No hay que llenarse la cabeza con esas cosas–. Nuevamente corta esa oración aquella expresión amarga–. Anda, la cena está lista, si se quedan hablando de fantasías, se enfriará.

Ambos optaron por callarse e ir hacia donde se les mandaba, con Raditz siguiendo a Iku. Le parecía extraño estas reacciones por algo como un supuesto "monstruo", especialmente el trato tan frío de la mujer.

¿Qué será exactamente esto y por qué hay tanta tensión con la poca mención del padre de Iku?


El apetito de Raditz no era para menospreciar, devoró gustosamente su plato –olvidando en el camino algunos modales– y a su modo, agradeció a Buri la hospitalidad.

–No has comido comida casera últimamente ¿No, señor Raditz?–. Sugirió Buri tras observar que su invitado ni se molestó en utilizar cubiertos.

–Hm, no. Solo algunas frutas y cualquier animal que se me antojara–. Respondió Raditz con una sonrisa maliciosa–. En mi estado, no podría darme estos lujos.

–Oye, hermano mayor ¿Y has cazado animales grandes?–. Expresó el jovencito con su notable curiosidad.

–Claro, el tigre del que te he hablado y conseguí su diente como trofeo–. Respondió con una sonrisa. A continuación, mostraría el objeto ahora a ambos humanos con una mirada altanera.

–Ya veo también de donde sacaste ese taparrabos...– Susurró Buri con una expresión enferma. No tenía el estomago para imaginar como el hombre que tenía de frente se hacía con la piel de una criatura salvaje.

Al contrario de su madre, Iku se mostraba emocionado con las declaraciones. Raditz parecía confiable, sabía volar y podía vencer cualquier enemigo que le cruzase, como un superhéroe real; en la mente del infante, esta clase de ídolo era lo que necesitaba para calmar las penas que recientemente ocurrieron en su familia.

–Hermano mayor, tengo otra pregunta–. Dijo, esta vez con cierta timidez.

–Ya te dije que no me llames así–. Refunfuñó Raditz–. Y dispara.

–Mientras cazabas ¿No has visto algo parecido a un monstruo?

Solo bastó esa pregunta para que el ambiente volviera a tensarse.

A Raditz le parecía hilarante aquella pregunta ¿Por qué tanta insistencia con un monstruo? Tampoco debiera importarle mucho la imaginación de ese niño, pero la situación parecía divertida hasta para su gusto.

–Iku, creo que deberías irte a dormir, has estado hablando de muchos cuentos–. Interrumpió su madre, de manera cortante.

Sabiendo que metió la pata y el regaño que vendría de no obedecer, el pequeño se fue a su habitación, sin olvidar dirigirles a los dos adultos una expresión triste.

–Je, los mocosos dicen muchas tonterías, tienen mucha imaginación–. Menciona Raditz para romper el silencio, apoyándose del todo en la silla.

–Sí, debió afectarle mucho lo sucedido a mi marido...– Susurra Buri, más para sí misma. Para su desgracia o fortuna, su acompañante logró oírla.

Ahí estaba de nuevo, ese ambiente tenso. El que los dos reaccionen así por un "monstruo" comenzaba a picarle la curiosidad, y si no la saciaba, estaría molestándolo por un buen rato.

–No es por meterme, pero ¿Qué es todo esto del "monstruo"? Cuando encontré al niño en el bosque, estaba buscando a su padre, ¿Tiene algo que ver con eso?– Interrogó él.

–Oh, no es nada de lo que deba preocuparse, señor Raditz. Solo... Algunos eventos que nos sobrepasaron recientemente–. Respondió Buri, dubitativa.

–Heh, no hay de qué avergonzarse. No voy a juzgar ni nada, ni siquiera puedo juzgarme a mí mismo–. Llevó los brazos detrás de la cabeza, en señal de desinterés–. Además, solo tengo es curiosidad, la verdad no me interesa.

Con esa respuesta, Buri se mantuvo unos momentos en silencio, pero se decidió por confesarle a Raditz su conflicto.

-Hace tan solo unos días, mi esposo había salido a recoger unas cosas para nosotros. Como siempre, él llevó un arma por si algún peligro se le cruzase... Y así pasó–. El tono de su voz comenzó a bajar–. Él fue atacado por alguien y murió. Ni siquiera se sabe el paradero de este desgraciado y por ello mi hijo cree que fue una especie de monstruo el causante.

A Raditz se le escaparon las palabras. ¿Había algo que pudiera decir en una situación así? Todo parecía inútil.

—Yo... ¿Podría quedarme aquí un tiempo? Hasta recuperar mis recuerdos—. Pidió, tras un prolongado silencio.

—Eres bienvenido—. Asintió la mujer.


Su pequeña mano estaba siendo jalada por un hombre cuyo rostro no distinguía. Lo guió todo el camino hasta toparse con una cápsula transparente; dentro de esta había un bebé.

—Mira Raditz, este es tu hermano, Kakarotto—. Se acercó a decirle su madre. Su voz era muy dulce.

—Él es más pequeño que tú, así que tendrás que cuidarlo—. Le dijo su padre—. De otro modo, te patearé el trasero—. Añadió.

—¡Bardock!— Lo regañaron.

Raditz miró al bebé, su cabello puntiagudo llamaba mucho la atención. Por un momento pareció mirarlo a los ojos, así que puso su mano sobre el vidrio transparente.


—Hermano, hermano. Ya es hora de despertarse—. Iku sacudió la hamaca de su huésped, hasta tirarlo.

—Agh, déjame dormir—. Se quejó, sin moverse.

—Pero quiero mostrarte la granja—. Insistió—. Y también podrás conocer a los vecinos.

—No—. Gruñó.

El infante estaba por ceder, hasta que vió una cola marrón asomarse por las sábanas. Creyendo que se trataba de algún juguete, tiró de ella. Raditz dió un salto.

—¡¿Qué te pasa?! ¡No hagas eso!— Le gritó.

—¿De verdad es tuya?— Su invitado no dejaba de sorprenderlo.

—Sí, y no debes tirar de ella—. Agarró su propia cola en señal de protección. En realidad recién recordaba que tenía una.

—Oh, lo siento. Pero de todos modos ya estás despierto, así que salgamos afuera.

Luego de vestirse, bajaron a desayunar. Raditz acabó su parte en segundos, como era de esperarse.

—Perdona por no ofrecerte más, pero últimamente no hemos podido recolectar mucho—. Se disculpó la señora Buri.

—Si ese es el problema, puedo ayudar a hacer las cosas mucho más rápido—. Dijo, confiado.

—¡Sí! Sería genial que lo hicieras—. Apoyó Iku.

La viuda, por otro lado, dudó un poco—. Demostrarte ser muy fuerte, pero trabajar implica más cosas que eso—. Le dijo—. ¿Crees que puedes cargar con esa responsabilidad?

—Claro. De todas maneras mi cuerpo se sentiría mal si no hago nada—. Estiró un brazo.

—De acuerdo—. Se resignó—. Iku, haz que te ayude con tus tareas—. Le delegó.


El infante lo llevó al patio trasero, que era enorme. Había toda clase de cultivos y cercas para algunos animales.

—¿Qué debo hacer?— Preguntó, desorientado.

—Lo primero es alimentar a los cerdos y las gallinas—. Le explicó el niño, mientras cargada una bolsa de comida.

Raditz se la quitó y la puso en su hombro—. Qué fácil—. Estaba por alzar vuelo.

—¡Espera! Tienes que hacerlo con esto—. Le dió un tazón vacío—. Es uno por jaula para las gallinas, y para los cerdos estás estas sobras.

—Ugh, qué fastidio. ¿En serio importa?

—Si las gallinas comen en exceso o muy poco, no pondrán huevos.

—Está bien, está bien. Lo haré como dices.

Fastidiado, fue cerca por cerca a dejar las cantidades de comida que le habían indicado.

—¿Ahora qué más?— Preguntó, aún confiado.

Yo le daré agua, y tú puedes recoger las manzanas—. Señaló una arboleda—. Tienes que fijarte que no tengan gusanos y estén lo suficiente rojas para sacarlas.

—Sisi, ya entendí—. Cansado de escuchar, tomó el canasto. Se acercó a uno de los árboles—. Será más rápido si lo hago así—. Trató de golpearlo para bajar todos los frutos a la vez.

—¡Tienes que revisarlos uno por uno!— Le advirtió el niño, frustrando sus planes.

—Tsk, está bien.

Estuvieron un rato trabajando, y lograron terminar antes del almuerzo. Para sorpresa del Saiyajin, no lo había hecho tan rápido como esperaba. La verdad era que quizás había atrasado aún más las cosas, al tener que preguntarle constantemente al muchacho cuando dudaba sobre algo. Se sentía cansado.

—¿Tú haces esto todos los días?— Le preguntó a Iku, mientras cargaba los cajones.

—Así es. Solía ayudar a mí padre, pero últimamente tengo que hacerlo solo—. Su expresión decayó un poco.

—Esto es mucho trabajo para un mocoso como tú—. Se sorprendió un poco, aunque no lo demostró—. Suerte para ti que estoy para ayudarte.

—Pero me estás atrasando más de lo que ayudas—. Se burló.

—Qué forma de decirlo...— Eso dejaba claro que el muchachito no tenía pelos en la lengua. En cierto modo, era como él, o al menos eso quería pensar. Parecía no estar acostumbrado a todo ese trabajo, así que quizás era un holzagán—. Como sea, ¿Por qué hacer todo esto si simplemente pueden comprar la comida?

—Mi mamá siempre dice que la comida que tú mismo cultivas sabe mejor—. Explicó.

—Más vale que así sea.

Almorzaron tranquilamente, y luego Iku arrastró a Raditz con él, a pesar de sus quejas. Lo sentó frente a la fogata y le mostró unas esculturas de madera.

—¿Tú las hiciste?— Inspeccionó una de las figuras.

—Esas son de mí padre. Yo no soy tan bueno como él—. Tomó un trozo de madera, y con un cuchillo, comenzó a tallar—. El colmillo que tienes es muy filoso, pensé que podías intentarlo.

Raditz tomó el objeto de la mesa donde lo había dejado. Copió los movimientos del niño, pero terminó destrozando el roble.

—Esto es inútil.

—Vamos, hermano mayor, inténtalo—. Insistió—. Te ayudaría aprender a controlar tu fuerza.

Él tenía un punto. Era sumamente torpe con las manos, y si quería ser de ayuda, debía hacer algo al respecto.

—Ese diente que tienes es muy valioso, podría hacerte un collar para que no lo pierdas—. Le comentó la señora.

—Ya qué—. Le dió bastante igual, no pensaba que fuera especialmente útil.

El día acabó antes de que pudiera darse cuenta siquiera. Durmió como un bebé, y la mañana siguiente amaneció con un poco más de energía. Desayunaron, y salieron a alimentar a los animales y arar la tierra. El invierno estaba llegando, así que Raditz fue en busca de troncos.

El día siguiente fue bastante parecido, pero el Saiyajin comenzaba a acostumbrarse a levantarse temprano. Se sintió cómodo recogiendo los tomates de la huerta, y casi no explotó ninguno.

Para cuando había pasado una semana, ya era capaz de alimentar a los animales sin tener que preguntar por las cantidades, lo sabía de memoria. También había progresado un poco con el tallado en madera, sólo lo suficiente para no romper los bloques al primer contacto.

Era de noche, ya habían terminado de cenar, y Raditz ayudaba a la señora Buri a levantar la mesa.

—¿Sabes? Hace tiempo que no veía a ese niño tan animado—. Le dijo al hombre, con gratificación—. No desde que ocurrió lo de su padre. Estaba tan destrozado, tenía miedo de que quizás no volviera a ser el mismo—. Le confesó, con algo de melancolía. Y al no recibir respuesta, continuó—. Tú debes tener una familia en algún lugar, que está preocupada por ti.

—No tengo idea—. El mismo tono cortante de siempre—. Pero... Creo que sí tengo una—. Comentó al final, dejando relucir algunos fragmentos borrosos—. Aunque tengo la sensación de que he perdido la mayor parte de ella.

—Cuando quieres a alguien, nunca te abandona—. Negó con la cabeza—. Sólo te cuida desde el cielo.

—Eso es muy cursi.

Al terminar, llevó al pequeño que se había quedado dormido en la mesa a su cuarto. Seguía siendo sólo un niño, a pesar de lo mucho que se esforzaba en superar lo que había pasado.

Raditz no pudo dormir. Se quedó pensando acerca de su familia, si realmente tenía una. Se forzó a recordar, pero fue inútil, así que cerró los ojos.


Se encontró llorando en una cueva, escondiéndose del resto. No quería que vieran cuánto le había afectado la noticia.

—Mamá... Papá...— Sollozaba, con el rostro en las rodillas.

Sus padres habían desaparecido junto con su planeta. Estaban muertos, ya no volvería a verlos. Su hermano pequeño había sido enviado a otro planeta muy lejano. Estaba completamente sólo, y tenía que fingir ser fuerte.

—¡Raditz, ven aquí!— Lo llamaron desde afuera.

El niño se secó las lágrimas y salió disparado, como si nada hubiera pasado, a acudir al príncipe Vegeta.

—Espero que no hayas estado llorando—. Este se burló de él con soberbia.

—¡Claro que no! No me importa lo que haya pasado con nadie. Yo puedo defenderme solo.


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Se levantó repentinamente tras ese sueño, pasmado con la visión que tuvo e intentando recuperar el aliento. Le había afectado mucho, incluso estaba empapado de sudor y empezaba a agitarse al pensar que eso que vio era un fragmento de su pasado.

–¿Qué demonios fue eso?– Dijo más para sí mismo–. ¿Y quién sería ese chiquillo con cara de bastardo?

"¿Y cuál sería la razón de su sollozo?" pensó. Su yo del sueño había nombrado a sus padres ¿Qué les habría pasado? ¿Quizás murieron? Desde hace rato que tenía una sensación de perdida en cuanto a su familia.

–Me duele la cabeza al intentar recordar–. Resopló frustrado.

Sin embargo, algo que aún persistía de forma latente y podía comprender, era la sensación de peligro. Mucho peligro.

–No sé si yo soy el problema, pero si algo se avecina, debo estar preparado.


—Hermano mayor, ¿A dónde vas?— Iku lo siguió al ver que se alejaba del terreno.

—Necesito entrenar, no puedo confiarme—. Le dijo—. Porque quizás hay alguien igual o más fuerte que yo que podría ser peligroso.

—¿Estás hablando de un monstruo?— Insistió, algo aterrado por la forma en que lo dijo.

—No lo sé. Pero si hay un monstruo por ahí, estaré preparado—. Se detuvo—. Oye niño, ¿Tú conoces alguna zona deshabitada donde pueda entrenar?

—Creo que sí, pero... ¿Cómo planeas volverte más fuerte de lo que ya eres?

—No tengo idea. Algún modo debe haber.

—¡Ayuda! ¡Ayuda!— Escucharon a lo lejos.

Ambos acudieron; en la escena había un carro volcado y un hombre que estaba siendo rodeado por dinosaurios. Raditz saltó a atacarlos sin pensar. Le propinó una patada a uno, arrojándolo hacia un árbol.

—Que molestos son los animales aquí—. Dijo, y al intentar lanzar un golpe al otro, terminó abriendo por error la palma, entonces una ráfaga de energía fue disparada.

Las bestias abandonaron el lugar luego de eso, y Raditz devolvió el camión a la carretera.

—¿Q-Qué acaba de pasar?— El hombre balbuceó, incrédulo.

—Él es Raditz—. Lo presentó el menor, que ya conocía al hombre. Pero antes de que pudiera soltar algo más, el guerrero le cubrió la boca.

—Soy un amigo de la familia—. Mintió, para ahorrarse explicaciones.

—Tu amigo es un fenómeno—. Dijo, aún sin procesarlo del todo—. Pero gracias por salvarme—. Le dijo.

—No es nada. Resulta que esto es un buen entrenamiento para mí—. Mencionó, más para sí mismo—. Hey, ¿De casualidad no necesita ayuda con el trabajo pesado?— Se le ocurrió.

—Hm, creo que no. Pero tengo unos amigos que estarían agradecidos si sacas a unos dinosaurios salvajes de su granja.

—Eso suena perfecto—. Se tronó las manos.

—¿Oíste eso, hermano mayor? Si ayudas a la gente de este pueblo, serás como un superhéroe—. Dijo con entusiasmo el pequeño.

—¿Qué cosa es un superhéroe?— Se preguntó.

Desde entonces, su rutina se volvió un poco más activa. Ya no solo se levantaba temprano para ayudar con la granja de la familia, sino que luego se encargaba de ayudar con el trabajo pesado a los vecinos y personas del pueblo que requirieran sus servicios. Pasaba ocupado todo el día.

Pero no se arrepentía de eso, la gente había comenzado a ser amable con él; le regalaban cosas, especialmente comida, y lo felicitaban.

En una de esas ocasiones, iba llevando una carga de leña a la cabaña, junto a Iku y su madre, y las personas que pasaban por el sendero los saludaban amigablemente.

—Vaya que te has vuelto popular en poco tiempo—. Le dijo la señora.

—Nah, no es para tanto. Sólo es porque sé hacer trabajo sucio.

—Quizás, pero te estás ganando el aprecio de la gente, y ellos se sienten protegidos cuando estás cerca—. Le dijo.

—Por cierto, hermano, ¿Lograste recordar algo más sobre ti?— Preguntó el niño.

—La verdad no, sólo tengo alguna pesadilla cada tanto, pero no me dice mucho—. Lo dijo con desinterés. La verdad era que no le estaba importando tratar de recordar. Su vida era buena así como estaba, y si nadie lo había buscado hasta ahora, quizás era mejor que así se quedase.


Iku acababa de despertar, así que fue a revisar la hamaca de su hermano, pero para su sorpresa, no estaba ahí.

—Muy lento—. Le dijo Raditz, saliendo del baño ya vestido.

El muchachito le sonrió y él le devolvió el gesto. Entonces bajaron a desayunar. Estuvieron hablando de cosas banales mientras miraban las noticias. Pero algo interrumpió la transmisión usual.

—Estos sujetos acaban de llegar volando, y están causando un alboroto—. Dijo el periodista, mientras la cámara enfocaba a dos personajes familiares para Raditz.


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—Hey mira, ellos tienen cola, como tú—. Le señaló el infante.

Pero Raditz estaba demasiado shockeado para responder. Comenzó a faltarle el aire, y su cuerpo reaccionó a la señal de peligro y temor. ¡Eran ellos! Eran la razón por la que había empezado a entrenar.

El dolor de cabeza lo golpeó, esta vez con mayor magnitud que antes. Había recordado su identidad, su familia y su misión.

Dejó caer sus cubiertos en la mesa, se levantó y salió corriendo fuera de la casa.

Mientras se forzaba a alejarse de la cabaña, una oleada de recuerdos y fragmentos de su pasado lo seguía golpeando. Lo último que recordó fue aquel combate contra su hermano.

Cayó de rodillas al suelo, sin saber que pensar. Había intentado matar a su hermano, llevarse a su sobrino y hacerle daño a toda la gente del planeta. Era un tipo peligroso, y esos dos lo eran aún más.

Pero si intentaba pelear contra ellos, seguro moriría ¿Qué debería hacer?

El sonido de unos pasos y una voz familiar interrumpieron su crisis.

—¿Hermano mayor?— Asustado, se acercó un poco—. ¿Entonces esos tipos son tu familia?

—Así es—. Se escuchó ronco—. Ellos vienen a destruir la Tierra, y yo vengo con ellos.

—Pero tú eres bueno, ayudas a la gente del pueblo, ¿Recuerdas?— Replicó, con los ojos aguados.

Raditz se levantó, y le entregó el colmillo de tigre—. El monstruo que mató a tu padre y que has buscado tanto tiempo, lo tienes en frente—. Murmuró, alejándose un poco y abriendo sus brazos—. Adelante, ahora puedes tomar venganza.

El niño derramó lágrimas, pero apretó el arma con fuerza. Raditz esperó lo que se merecía. Pero al cerrar los ojos, sólo escuchó el objeto caer, y al abrirlos de nuevo, lo vió correr desesperado, alejándose para siempre.

—Adiós, mí pequeño hermano—. Susurró, tomando de nuevo el collar.


Raditz sobrevoló el pueblo, esperando toparse con algo parecido a lo que había llegado a ver en la TV. Pero estaba muy desorientado.

—Maldición, debo llegar rápido...— Se desesperó. Entonces escuchó una voz anciana diciéndole unas coordenadas—. ¿Qué fue eso?— Se preguntó, mirando a todas partes. Pero decidió no perder más el tiempo.

Mientras tanto, no muy lejos de allí se estaba llevando a cabo la batalla más difícil que los Guerreros Z habían luchado hasta entonces. En cuestión de minutos habían perdido a tres camaradas. Primero Yamcha, luego Chaoz. Y ahora...

—¡Ten!— Gritó Krillin, acercándose al cuerpo de su amigo—. ¡Apresúrate, Goku!— Rogó.

—¿Goku?— Preguntó Vegeta, pensativo—. Ah, estás hablando de Kakatotto. Pero él está muerto, y aunque estuviera vivo, no los salvaría—. Se mofó.

—Él ha estado haciendo un entrenamiento especial durante todo un año para vencerlos—. Defendió su amigo de la infancia.

Nappa y Vegeta se miraron—. ¿Ah sí? ¿Y cuándo tardará en venir aquí?— Indagó este último.

—Pues... — Soltó con frustración. No tenía ninguna idea del tiempo que tardaría Goku.

— ¿Qué ocurre, enano? ¿Ya no vas a parlotear? — Alegó Nappa.

Vegeta frunció el ceño. Quizás era algo que no valía la pena y solo eran excusas... Pero si había algo de verdad, podrían divertirse un poco—. De acuerdo. Esperaremos tres horas y retomaremos el combate. Si su amigo no aparece, ya desearán haber muerto en este instante.

El trío de guerreros se mostraron más tranquilizados, aunque sin bajar la guardia, podrían planear algo hasta la llegada de su amigo. En ese momento y para imprevisto de todos, aterrizó en escena una figura familiar... Pero no era Goku.

—¡Apártense!— Advirtió Piccolo—. Yo me encargaré de él.

—Así que estás vivo, gusano...— Murmuró Vegeta, examinando al saiyajin con su radar. Y se llevó una sorpresa—. N-No puede ser—. Tartamudeó.

—¿Qué pasa?— Dijo Nappa.

—Su poder ha aumentado considerablemente...— Una sonrisa se dibujó en su rostro, y dió un par de pasos hacia su compañero perdido—. Es un gusto ver que no hayas muerto. Veo que ya no eres el mismo inútil de antes, así que puedes volver a nuestro escuadrón y tu pequeño tropiezo será olvidado—. Le ofreció estrechar la mano.

Raditz se mantuvo estático, observando directamente la mano que le ofrecían, junto a una nueva oportunidad para volver a su vida anterior. Sin embargo, para su sorpresa y la de todos, él la apartó bruscamente—. No pienso regresar a lamerte las botas, a ti ni a esa basura de Freezer—. Declaró.

Vegeta recuperó la compostura—. Así que esa es tu decisión...— Soltó una carcajada—. De acuerdo, espera ahí con el resto de esos miserables y serás el primero en morir.

Dicho eso, los invasores prosiguieron a ocuparse un lugar para la espera, sin apartar la atención de sus contrincantes. Por otro lado, Raditz se acercó a sus nuevos aliados, que seguían a la defensiva por su presencia. Especialmente Piccolo, quien lo enfrentó.

—No pienses que por esto voy a dejar pasar lo de antes. Te voy a devolver el favor—. Amenazó.

—Como sea—. Le restó importancia—. No sé cuánto haya estado entrenando Kakarotto, pero no podrá vencerlos a los dos—. Los señaló con el pulgar—. Tenemos que debilitarlos de algún modo.

—¿Qué te hace pensar que ahora vamos a trabajar contigo? —Interrogó Krillin. Un gran rencor podía notarse con solo su mirada— Has causado tanto mal como esos bastardos de allí.

Raditz no respondió. Lo que escuchó no era ninguna mentira, por el contrario, sería una parte de suya que debería cargar de ahora en adelante.

—Tengo una idea—. Comentó el namekuseijin, rompiendo el silencio—. Pero debes estar dispuesto a cooperar conmigo.


Había transcurrido ya el tiempo previsto, y el dúo de saiyajin lucía impaciente, especialmente Nappa. Así que Raditz cruzó miradas con sus compañeros una última vez, asegurándose de que todos estuvieran en la misma frecuencia, y dió un paso al frente.

—Así que quieres ser el primero en caer, ¿Eh?— Nappa se sorprendió un poco—. Perfecto, si estás tan impaciente por morir no te haré esperar.


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Con eso dicho, se abalanzaron sobre el otro, intentando atinarse golpes a una velocidad que era difícil de seguir. Nappa tenía ventaja, siendo el único capaz de dar ataques certeros, pero Raditz había demostrado poder mantener el ritmo y bloquear la mayoría de puñetazos y patadas.

Luego de un rato, se separaron. Se dirigieron una mirada cautelosa, sin abandonar la posición de combate.

—Nada mal. Pero sigues siendo un saiyajin de cuarta—. Comentó el golem. Y flexionando sus brazos, incrementó su ki. El suelo tembló, y las rocas a su alrededor se alzaron. Sus músculos incrementaron su tamaño, al punto de resaltar las venas—. ¡No hay piedad para los traidores!

Se lanzó a atacar de nuevo, esta vez los golpes se sentían pesados sobre el cuerpo de Raditz. Aunque la velocidad de Nappa había disminuido, era difícil contrarrestar su fuerza.

—¡¿Qué te parece esto?!— Se burló, mientras lanzaba puñetazos a su guardia que estaba a punto de romperse.

Raditz aprovechó una arriesgada oportunidad de acertar un ataque de energía antes de agotar sus fuerzas. Dió un salto hacia atrás y lanzó la onda de energía más poderosa que su cuerpo le permitió. Se levantó un gran polvo, y el saiyajin quedó jadeando.

Pero detrás de la cortina de humo, Nappa estaba sin un rasguño. Únicamente su armadura se había roto, así que se quitó los restos.

—Eso fue una pérdida de tiempo. Te acabaré ahora.

No obstante, el robusto invasor comenzó a sentir su cuerpo debilitarse. Se apoyó sobre una rodilla, y al voltear, vió al sujeto verde tomándolo de la cola.

—¡Ahora, Krillin!— Anunció Piccolo.

—¡Kienzan!— Casi al instante, el terrícola lanzó su icónico ataque. No había marcha atrás.

—¡Cuidado, Nappa!— Advirtió Vegeta, al darse cuenta que no era una técnica corriente—. Esquívalo, imbécil.

Su compañero se desesperó. Como reflejo, trató de golpear a Piccolo. Si se lo sacaba de encima, podría escapar. Uno de los cozados resultó efectivo, y entonces estampó al namekuseijin contra el suelo.

Ahora era el turno de Guerreros Z de estar con el corazón en la boca. El espiral iba directo hacia ellos y Nappa ya se había podido libertad.

—¡No escaparás!— Raditz reaccionó rápidamente, volviéndolo a agarrar de la cola. Y aunque recibió un golpe en respuesta, se forzó a resistirlo.

El Kienzan completó su recorrido, y luego se estrelló contra unas rocas, explotando. Raditz abrió los ojos con algo de temor ante la desastrosa posibilidad de que hubiera rebanado a alguno de ellos, pero el alma le volvió al cuerpo cuando se topó con un Nappa agonizante, sin una de sus piernas.

Piccolo y Raditz se apresuraron en alejarse, y al observar de lejos la deplorable escena, supieron que uno de los contrincantes había quedado fuera de combate.

Vegeta se acercó a Nappa, de brazos cruzados. Parecía algo molesto y decepcionado.

—V-Vegeta... Ayuda—. Suplicó el hombre calvo, extendiendo su mano temblorosa.

En respuesta, el príncipe de los saiyajin le ofreció una sonrisa y tomó su mano. Nappa agradeció el gesto, pero su agarre se movió bruscamente, tomándolo del antebrazo.

—¡Eres un inútil!—. Lo lanzó a los cielos y apuntó con su dedo, dejando emanar de su cuerpo un cúmulo de energía que fue disparado a su antiguo colega, culminando en un espectáculo que había sido de lo más shockeante para todos los presentes.

—Ese... Ese tipo...— Murmuró Raditz, ahora con la sangre calentándose. Aquel descarado acto había renovado su odio hacia el malvado príncipe, demostrándole una vez más su falta de corazón—. ¡Eres un maldito!— Sin pensarlo dos veces, se lanzó al ataque. Vegeta comenzó a esquivar sus golpes, como si de un juego se tratase—. A tu propio compañero... ¡¿Cómo te atreves?!

Depositó toda su ira en un golpe fallido, que fue contrarrestado con un rodillazo a las costillas por parte de Vegeta. Raditz cayó al suelo.


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—Que estupidez. No tiene caso sentir lástima por alguien tan débil—. Lo tomó del cabello, y lanzó contra una montaña.

Krillin y Piccolo decidieron aprovechar su único momento de distracción para ir en conjunto contra él, pero los sacó a ambos de una patada, dejándolos tirados en el piso.

—Par de inútiles. No tienen oportunidad.

Vegeta dirigió su mirada al único del grupo que quedaba en pie y a una velocidad invisible para el ojo normal fue hacia él. Con una notable desesperación, Gohan procedió a lanzar puñetazos y patadas a Vegeta, en un intento de retenerlo. Pero no funcionó, este bloqueó cada uno de los ataques, imponiendo su habilidad como saiyajin de elite y terminando con una patada que lo lanzaría un par de metros lejos.

Adolorido, el pequeño pudo ponerse de pie y observar con terror la mano del alienígena extendiéndose hacia él.

—¡Muere!

Disparó una gran onda de poder hacia el infante, que sólo pudo cubrirse con los brazos. Sin embargo, una figura se paró frente a él con las pocas fuerzas que le quedaban. En un acto impulsivo de sacrificio, Piccolo recibió el impacto de lleno.

Cuando todo terminó, el namekuiseijin estaba al borde de la muerte. Gohan se acercó, y lo consoló con unas palabras que solamente él pudo escuchar, mientras las lágrimas caían de los ojos que posteriormente cerró y no volvió a abrir.

Todo había ocurrido demasiado rápido para el niño. Y en un arranque de ira descomunal, le devolvió el favor a Vegeta. Extendió sus manos y a la par de un grito desgarrador, fue disparada una cantidad de energía que debería ser imposible de concentrar para un mocoso.

Vegeta pudo esquivarla, pero el impacto fue suficiente para destrozar todo el lugar y acabar con una montaña.

—Impresionante...— Atónito, Vegeta miró el nuevo escenario, y luego al causante de eso. Se acercó, y lo tomó de los pelos—. Tú vendrás conmigo. Apuesto a que serás más útil que esos patéticos de clase baja.

—N-No...— Raditz trató de arrastrarse e impedir que se lo llevaran. Era algo que no se podría perdonar. Pero su vista comenzó a nublarse, comenzando a alucinar que el pequeño en peligro era Iku y desesperándose aún más.

—Iku... —Llamó. Y finalmente cayó inconsciente.


La Tierra comenzaba a estremecerse por el calor de la batalla. Goku y Vegeta estaban labrando su primer gran encuentro, dándolo todo por una batalla que podría dejarlos en un estado mortal.

En medio de aquello, Raditz cobró de a poco su conciencia.

—¿Aún no he muerto? Que suerte la mía…— Murmuró, intentando levantarse.

Vislumbrando el escenario, se sorprendería de ser el único en pie, con la única compañía de los guerreros muertos en la batalla.

—Que extraño, no veo a Gohan ni el enano calvo por aquí—. La idea de que ambos podrían haber sido derrotados también le revolvió en el estomago—. Eso… Ya no importa. He fallado. Vegeta no está aquí y tampoco Kakarotto, incluso dudo que haya podido darle pelea—. Sonrió con una expresión amarga—. No entiendo como los otros terrícolas pudieron tener fe en él, es solo un perdedor… Como yo.

La frustración lo golpeó nuevamente. No pudo hacer nada para demostrar que ya no sería el lacayo de nadie, tampoco atinarle un golpe al bastardo de Vegeta. Incluso una tarea simple como proteger al hijo de Kakarotto, falló.

Ahora todo estará perdido, por culpa de su debilidad, Iku y Buri iban a morir.

—¡Maldición!— Grita con una gran impotencia.

Súbitamente, una voz dentro de su cabeza le habló. Era diferente a la que anteriormente se le presentó.

—Por favor, mantente calmado. Aún puedes proteger a la Tierra.

—¿Cómo dices? ¡Dime quien eres!— Reclamó con nervios pero también algo esperanzado.

—Puedes llamarme Mr. Popo—. Respondió, tranquilo pero sin perder severidad—. Y eso es todo lo que podré decirte de momento. Hay poco tiempo y nuestras esperanzas podrían perderse si no actúas ya.

Raditz calló, sin nada que perder, procedió a escuchar el plan del servidor de Kami.


El escenario había cambiado, esta vez a un ambiente más desértico y del que era protagonizado Goku y Vegeta. Convertido en un gran Ohzaru, el príncipe saiyajin hacía pedazos al terrícola, aplastando y humillándolo como si fuera solo un insecto.

Krillin y Gohan ya habían llegado allí para salvarlo —inclusive Yajirobe les estaba acompañando— pero sería una tarea difícil, porque en aquel estado Vegeta aún tenía demasiado poder.

—Escucha, no podemos perder tiempo, Gohan. Tenemos que cortarle la cola y así habrá una oportunidad para detenerlo—Exclama Krillin sin duda en su voz. Era una situación de pura desesperación—.

—¿L-La cola? ¿Pero cómo?— Balbuceó desconcertado el pequeño, desconociendo el potencial de tal herencia saiyajin—.

—Ustedes dos deben llamar la atención de ese tipo mientras yo me encargo de cortarla con mi Kienzan. Esta será la tercera vez que la utilice, por lo que requeriré un poco más de tiempo para crearla—. Pidió. Estaba notablemente determinado y daría todo de sí para concretar su plan—. ¿Pueden hacerlo?

—¡Por supuesto! Yo… ¡Yo tengo que vengar al Señor Piccolo!—. Respondió Gohan aún mayor que Krillin. El peso por la muerte de su mentor era algo que lo dejaría marcado.

—¡Ni loco! ¡No voy a arriesgarme a un plan así par de dementes, seguro que ese desgraciado me mataría!— Contrario al hijo de Goku, Yajirobe se mostraba realmente asustado—. Es imposible lograr eso.

—Entonces ¿Puedo unirme a su plan?

Los tres voltearon sus miradas hacia donde provenía la voz y las sorpresas no faltaron.

—Eres… ¡Eres tú, Raditz!— Exclama Krillin entre nervios y escepticismo.

Gohan no respondió, una mirada de furia era todo lo que le dedicó al recién llegado.

—¿Quién es este tipo?— Interroga Yajirobe, sin idea de la tensión que estaba formándose.

—Las presentaciones para después, ahora hay que salvar a Kakarotto. Estoy dispuesto a ayudar en todo lo posible—. No había ningún ápice de duda o falsedad en sus palabras. Si así podría redimirse de sus errores pasados, que así sea.

Sabiendo las circunstancias en las que estaban, ninguno quiso replicar. Lo importante ahora era cortarle la cola al saiyajin.

Por otra parte, Vegeta se mostraba furioso ante su presa; su ojo se encontraba lastimado y parecía que no importa que tanto hiciese, se le burlaban en la cara. Pero ya no más, ahora iba a acabar de una vez a Kakarotto.

Sin embargo, una explosión de Ki sería lanzada hacia él, distrayéndolo por unos instantes.

—¿¡Quién está ahí!?— Reclama la bestia.

—¡Nosotros, cerebro de mono!

Con gran rapidez, Raditz y Gohan caerían en escena, dispuestos a seguir dando batalla.

—Tú, maldito insecto. Parece que siempre vuelves por más—. Expresa dirigiendo su vista a Raditz. Luego, Vegeta calma su irritación, ahora adoptando un tono más amenazante—. Los mataré a todos ustedes, unidos en familia.

—Inténtalo si puedes, maldito—. Responde Gohan—. Ya no volveré a tener miedo.

Tras escuchar eso, Vegeta rió a carcajadas— Vaya, vaya, el enano si sabe responder. Eso lo volverá más divertido.

—Sígueme, Gohan. Hay que bajarlo de su nube. —Susurra Raditz—.

—¡Será mejor que sueltes a mí papá!— Gritó el niño, cargando un Masenko.

Vegeta reaccionó rápidamente, utilizando a Goku como escudo. Con eso, Gohan se vió obligado a detenerse.

El saiyajin puro rió—. Vamos, ¿Qué no ibas a atacarme?

—¡Toma esto!

Desde unas rocas más bajas, Raditz le lanzó una onda de energía, que logró darle en una pierna al gorila. La movió un poco en señal de molestia, y gruñó, levantando la pata e intentando aplastar al insecto.

—"¡Ya casi lo tengo!"— Anunció mentalmente Krillin, de forma que sus compañeros se enterasen.

Raditz, que aún estaba esquivando las pisadas, optó por moverse de nuevo donde Gohan, quedando un poco más a la altura del monstruo.

—Escucha al niño y baja a Kakatotto, imbécil. Pelearemos contigo en su lugar.

Ante el comentario, el príncipe se dejó llevar por la risa—. Me pregunto de dónde saca tanta seguridad un gusano como tú—. Acto seguido, tomó a Goku por la cabeza—. Si eso es lo que quieren, los dejaré ver primero su muerte y luego morirán ustedes.

—¡KIENZAN!— Con el ataque listo, Krillin lo lanzó hacia la cola del gran mono.

El disco de energía estaba a punto de tocar la cola del saiyajin, cuando sin previo aviso, el nombrado ejecutó un salto lo suficientemente alto para esquivar tal ataque.

—¿En serio pensaron que no me daría cuenta? Ja, y por su expresión, supongo que esa era su última esperanza—. Dijo Vegeta entre carcajadas. Con su orgullo a tope y aprovechando a cada momento de burlarse de sus oponentes—.

—De-Demonios, no pude lograrlo…— Expresó Krillin, cayendo derrotado en el suelo—.

Entre tanta tensión, agregada con la frustración de nuevamente haber fallado, Raditz encolerizó y su mente solo tuvo un objetivo.

—¡Maldita escoria!— Exclamó con toda su furia, mientras sobrevolaba hacia el Ohzaru acortando su distancia a casi nada—.

Ya no había un plan, solo un saiyajin embravecido y siguiendo sus instintos más bajos. Vegeta se preparó para darle un puñetazo, tenía la suficiente velocidad y potencia para impactarle y causar un daño fatal.

El príncipe digirió el golpe hacia Raditz, que en un principio pareció dar en el blanco. Sin embargo, aprovechando el punto ciego del gigante, el guerrero tomó la oportunidad para atacar su punto más frágil.

—Te tengo un regalo—. Clamó a la par que lanzaba un pequeño objeto filoso hacia el ojo que Vegeta aún mantenia abierto.


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—¿Pero qué…?

No podría concluir su oración por un repentino dolor agudo proveniente de su ojo izquierdo. Comenzó a gritar de ira y desequilibrarse, no prestando completa atención a lo que estuviera ocurriendo a su alrededor.

Tras dejar descubierta la herida, se revelaría un pequeño colmillo clavado ahí.

—¡Basura de clase baja! ¡En cuanto te atrape, voy a matarte junto con Kakarotto!— Exclama Vegeta, completamente eufórico.

Los guerreros estaban preparándose para un siguiente ataque, sin embargo algo lo detuvo. El sonido de algo cortante entró en escena, dejando estático a Vegeta.

Su cola había sido cortada.

—¡Ya hice mi trabajo, idiotas! ¡Ahora yo me largo!—. Pensaba Yajirobe desesperado. Aprovechando el desconocimiento del príncipe hacia su presencia, habría hecho uso de su espada sin problemas.

—Je, parece que el gordo no fue tan cobarde como pensé—. Susurró Raditz, confiado por una nueva oportunidad avecinándose.

La transformación de Ozaru se comenzó a desvanecer, dejando al príncipe Saiyajin en un estado entre la confusión y el cansancio.

—Ustedes, sabandijas... ¡Me han hecho enojar!— Gritó, exhibiendo su rabia—. Los mataré a todos, ¡Y voy a comenzar por ustedes dos!— Le lanzó una mirada asesina a Raditz y Gohan, quienes no se habían movido de su lugar.

—No puede ser, eso solamente lo enfureció más—. Raditz se colocó en guardia.

Esperó el ataque, y aún así, no pudo evitar recibir de lleno el golpe al mentón, y luego una patada lateral que lo derrumbó.

—Tú sigues siendo un grandísimo inútil—. Lo pateó, y se acercó a un atemorizado Gohan—. Y tú...— Lo golpeó, y tomó del cabello—. Eres bastante persistente para ser un mocoso. Es una lástima que vayas a morir aquí. Pero seré piadoso contigo y te permitiré morir al lado de tu padre—. Dicho eso, lo lanzó junto a Goku.

Raditz se lamentó, ni siquiera podía mover su cuerpo. Ese iba a ser el fin para todos.

—"Hey, levántate. Aún no estás muerto".

Escuchó una voz en su cabeza, era extrañamente familiar.

—P-Padre...— Definitivamente estaba alucinando. Quizás por estar tan cerca de la muerte—. Es imposible. Aunque siga peleando, no voy a ganar. Él es demasiado fuerte...

—”Eres un estúpido. Te he dicho que cuides de tu hermano, y hasta ahora no haz hecho nada más que ser un cobarde."

Raditz sonrió amargamente—. Sí, es cierto... Lo único que sé hacer es huir—. Apretó los puños, chocando uno contra el suelo para poner en marcha sus sentidos.


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Vegeta sintió una mano agarrar su tobillo, y miró atrás—. Eres un estorbo—. Le pisoteó los brazos, pero el saiyajin se negaba a dejarlo ir—. Maldito seas—. Lo apuntó con su mano, dispuesto a acabarlo.

Raditz lo sostuvo con todas sus fuerzas, y mientras se apoyaba en sus pies, la roca debajo de ellos se hundía.

—No dejaré que mates a Kakatotto ni a su hijo, ¡Y tampoco que destruyas la Tierra!

Con todas sus fuerzas, arrojó al enemigo por los cielos. Vegeta pudo recomponerse en el aire, pero recibió un par de puñetazos por todo el cuerpo. Raditz también resultó herido, pero con la adrenalina del momento, no le dió importancia al dolor. Tomó al príncipe del cráneo y le propinó un rodillazo. Se separaron, y Raditz suspiró de agotamiento.

—No debiste hacer eso, idiota—. Dijo Vegeta, limpiándose la sangre del labio—. Debiste quedarte muerto y no meterte en todo esto—. Lo golpeó con fuerza, y lo tomó del cuello, evitando que cayera al suelo—. Ahora tu muerte será dolorosa.

Las palabras se le volvieron a escapar de la boca al príncipe cuando sintió otro golpe, esta vez por parte del híbrido.

—¡Suéltalo!— Le ordenó Gohan.

—El mocoso tiene agallas...

Raditz aprovechó el momento para forcejear y separarse de Vegeta. Los tres guerreros se pusieron en posición de combate.

—"A pesar de ser solo un niño es capaz de luchar así contra Vegeta"—. Pensó Raditz—"Kakatotto ha criado a un hijo muy fuerte"—. Sonrió.

—Te voy a borrar esa estúpida sonrisa—. Amenazó el saiyajin de baja estatura.

Se lanzaron a pelear brutalmente, desesperados por conseguir algo de tiempo mientras Krillin luchaba por controlar la Genkidama.


Entre toda la tensión, ocurrió el evento esperado. El ataque se desvío por un momento hacia Gohan, quien logró dirigirlo una vez más a su oponente, causando así una explosión que lo mandó a volar.

—¡Viva, lo logramos!— Festejó Krillin.

—Papá...— Gohan se acercó a duras penas a Son Goku, con una sonrisa de victoria.

Raditz se quedó un poco alejado del grupo, apoyado en unas piedras, igual de cansado y malherido que el resto. Estaba por relajarse un poco, cuando un golpe seco contra el suelo le llevó de nuevo el corazón a la boca.

—No se preocupen, ya está muerto—. Krillin se acercó al supuesto cadáver del saiyajin.

—¡Aléjate de él!— Advirtió Raditz.

Vegeta abrió los ojos en ese momento, y se quitó de encima al terrícola.

—Esta vez creí que moriría... Pero parece que aún me quedan fuerzas para deshacerme de ustedes.

—¡Krillin!— Gohan quería acercarse a ayudar a su amigo, pero una energía comenzó a emanar de su enemigo.

—¡Los destruiré junto con este planeta!

Vegeta extendió ambas manos, dejando expandir una onda de energía que arrastró todo a su paso. Raditz, en su desesperación, hizo lo único que podía y usó su cuerpo como escudo para cubrir a Gohan, que estaba bastante cerca.

Cuando pudo volver a abrir los ojos, observó un gran cráter en el suelo. Buscó con la mirada al resto de sus aliados, que estaban más dispersos que antes. Alcanzó a ver a Gohan, que estaba a pocos metros, y entonces notó un algo.

—L-La cola...— Musitó, al darse cuenta que la cola de mono del pequeño había vuelto a crecer.

Miró al cielo, y notó que la luna artificial seguía ahí. ¡Tenían oportunidad aún! Sólo tenía que alcanzarlo y despertarlo. Extendió la mano temblorosa, se derrumbó. Se empujó de nuevo, y esta vez alcanzó a tocar su hombro.

—Gohan... Despierta—. Lo sacudió—. Mira la luna, vamos—. Pudo sentir unos pasos acercándose. El saiyajin seguramente se había dado cuenta de su plan—. ¡Despierta, mocoso!

Gohan abrió los ojos de golpe, y sus ojos fueron hipnotizados por el resplandor de la luna llena.


Todo había acabado. El príncipe de los saiyajin había quedado moribundo luego de ser aplastado por un Gohan Ohzaru, ahora vuelto a la normalidad.

Vegeta se arrastró inútilmente hasta su cápsula, pero fue seguido por su antiguo compañero. Raditz había encontrado su diente de sable entre todo el polvo, y se acercó a él con claras intenciones de acabar con su vida. Y al cruzar su mirada con la del saiyajin, vió por primera vez temor.

—"¡No lo hagas, por favor!"— La voz de su hermano resonó en su cabeza.

—¿Qué dices, Kakatotto? ¿Te has vuelto loco?— Respondió, sin apartar la vista del objetivo—. Creo que te golpearon demasiado fuerte hasta dejarte atontado, no hay forma de que quieras perdonar a este sujeto luego de matar a tus amigos.


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—"Quizás tengas razón, no debería dejarlo ir. Sería mejor para todos si lo matas ahora. Aún así... Nunca antes me había sentido tan emocionado en un combate."

—¡No seas estúpido! Este tipo no es como el resto contra los que has peleado, él es realmente peligroso. Y si no lo mato ahora, volverá aquí con las mismas intenciones—. Alzó el cuchillo, dispuesto a terminar el trabajo.

—"¡Detente, por favor! Sé que es solo un capricho, pero aún así, quiero volver a pelear contra él"—. Exclamó Goku—. "Es un adversario muy fuerte, tanto que aún con todo el entrenamiento que hice, no fui capaz de vencerlo por mí cuenta. Así que seguiré entrenando para vencerlo solo la próxima vez, sé que con esa presión me haré más fuerte."

Raditz quedó estático. No podía creer lo que estaba escuchando, lo que estaba diciendo... Él había vivido toda su vida con temor al saiyajin.

—Tú y yo somos realmente diferentes...— Susurró, y dejó el cuchillo clavado en el suelo, desquitando toda su rabia—. ¡Eres un bastardo egoísta, Kakatotto! ¡Será mejor que la próxima vez lo derrotes tú solo!

Goku sonrió, forzándose a hablar—. G-Gracias...

Ni te molestes—. Respondió, resignado.

Vegeta habría escapado en su nave, concluyendo así la batalla y quizás, la crisis de Raditz.


Lejos de la civilización y ubicándonos en la atalaya de Kami, el saiyajin de gran melena se encontraría descansando, observando el extenso cielo.

—¿Mucho en qué pensar?—. Dijo una voz ya conocida.

Raditz se volteó para ver Mr. Popo con su típica sonrisa.

—Supongo. No es fácil sobrevivir a alguien como el príncipe sabiendo que algún día volverá—. Sonrió—. Espero estar listo para ese momento.

—Si no te sientes seguro, puedes quedarte aquí para entrenarte—. Propuso.

Sorprendido unos instantes, queda sin habla.

—¿Por qué?— Expresó, con pesar—. No te confundas. Yo no soy diferente a Vegeta, también he hecho cosas malas.

—Sí, pero intentas compensarlo. He visto tu cambio, salvado la vida de tu sobrino y peleado junto a otras personas con las que no tenías ninguna clase de vínculo.— Respondió—. Buscas redimirte, pero será difícil si no tienes un camino el cual seguir.

“Un camino…” pensó. Al instante, los recuerdos de él conviviendo felizmente junto a Iku y Buri se le presentaron.

—Volver allí, eh…— Suspiró, fatigado—.

Con esa inquietud, volvió a observar el cielo infinito. Vió entonces una figura entre las nubes, acercándose a toda velocidad sobre una propia. Goku aterrizó cerca suyo y alzó la mano como saludo.

—Hey, hola—. Dijo—. Me preguntaba si tenías otro lugar donde quedarte. Podrías vivir con nosotros hasta entonces.

Raditz sonrió, y miró hacia otro lado—. No creo que a tu esposa le agrade tener a alguien que casi mata a su hijo en su casa.

—Bueno, eso es verdad...— Se rascó la cabeza—. Pero ya no eres tan malo. Nos ayudaste a salvar la Tierra, así que debe gustarte vivir aquí.

Raditz le dirigió una mirada interrogante—. Kakatotto, ¿Tú no recuerdas nada de nuestros padres, no?— Goku negó con la cabeza—. Ya veo, lo suponía. Así que este planeta ha sido el único hogar que conoces—. Caminó unos paso adelante—. Pero cuando tuve amnesia, creo que yo también lo sentí como un hogar.

—Entonces supongo que ya tienes donde quedarte—. Rió el saiyajin terrícola.

—Sí...— Se acercó al borde, y antes de salir volando, añadió—. Oye, Kakatotto. Yo también entrenaré para vencerlo.

Goku se sorprendió un poco por la declaración, y sonrió—. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

—Bueno... Sucede que yo también soy un saiyajin—. Salió volando—. Nos vemos, Goku—. Añadió, mientras se dirigía nuevamente a al lugar donde pertenecía.

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