Dragon Ball Fanon Wiki
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Kynos
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Información
Sexo Femenino
Usuario que representa Gond SS
Saail Gox
Edad Desconocida
Raza Metamoran
Series donde aparece Period
Campanas de Caza
El Peso de la Vida
Continental Wikia
Región desconocida
Medallero
Medalla GFA 2019.png[1]FEL3.png[2]PLO3.png[3]

Kynos es un personaje creado en conjunto por los usuarios Gond SS y Saail Gox con el objetivo de presentar una creación fresca con elementos pocos utilizados y conocidos. En este caso se representa a un personaje femenino, perteneciente a la extraña raza metamorana.

Concepto y Creación

Kynos nacería como una vaga idea de los autores de crear un dúo de personajes complementarios, siendo la primera de ambos en tener un concepto más o menos claro. En inicio la idea sería algo como "dos personajes de diferentes bandos en una guerra, el que pierde queda con la categoría de villano, el que gana con la de héroe." Esto debido a la conocida frase de que aquellos que ganan son los que escriben la historia. Pero la idea se fue ampliando y deformando un poco más cada vez.

Se pensó en Kynos como una especie de cazadora que iría en contra de las reglas de su raza y sería expulsada por eso. Para posteriormente pasar a vivir en un entorno salvaje y cerrar su historia con un enfrentamiento con Klepsei que sería cuestión de casualidad.

Primer Remake

En el primer remake de su historia, se pensaron varios detalles más interesantes para añadir. Ya que en su primer diseño, uno de sus ojos era diferente, se planteó la idea de usar este rasgo como un estigma que fuese de mucha importancia para la historia, como una maldición o un signo de mala fortuna. Se pensó también la forma en la que esto afectaría al personaje para profundizar en su personalidad.

Y hablando de esta, la nueva versión de Kynos tomaba mucha inspiración de Kraven el cazador, especialmente el mostrado en el cómic Kraven's Last Hunt. De ahí se sacaría la idea de una personalidad psicótica y delirante, con una ideología retorcida, especialmente tratándose de temas como la muerte y forma de ver a los otros.

En este remake, el lazo entre Kynos y Klepsei es un poco más marcado, ya que existe un paralelismo entre la forma de ser de ambos y sus objetivos, que culmina en su encuentro al final de la historia.

Segundo Remake

Ya en este punto, la intención sería terminar de pulir y mejorar detalles del desarrollo del personaje. Cuestiones como su personalidad y cambio de paradigma hacia lo que se convertiría en un futuro. La nueva Kynos estaría un poco más humanizada, contando con un dilema importante: vivir una vida pacífica o sucumbir a sus peores instintos. Y la opción elegida iba a ser la segunda, así que hacía falta un pequeño arco donde se afrontara definitivamente esta problemática.

Etimología

Su nombre deriva del tractocamión perteneciente a la infantería de marina española, denominado Kynos Aljaba. El motivo por el cual fue nombrada en honor al vehículo militar, es debido a que ambos pueden transportar y/o equiparse con cualquier objeto.

Diseño

Original

Kynosdiseñooriginal.png

El primer diseño fue hecho con cierta aleatoriedad, fijándose más que nada en el detalle crucial de que debería portar el conjunto clásico metamorano, con ligeras alteraciones como la pechera de abajo. Los rasgos faciales y el cabello no se tomaron tanto en consideración, solo se pensó en algo rudo, con cabello rojizo como la mejor opción. El diseño sería bien recibido en un inicio, pero no pasaría demasiado tiempo hasta que el dibujante cambiara de estilo y tuviera que pensar en modificaciones.

Primer y Segundo Remake

Kynosdiseño2.png

Aquí ya se podía observar una serie de cambios significativos con respecto a la versión original, que irían en evolución hasta su versión más actual. Se puede apreciar el estilizado en el cabello y el cambio de color en toda la paleta; el estilo del traje metamorano había pasado a verse más personalizado, y la marca en el rostro se había simplicado.

Para el Segundo Remake, ya se establecieron la mayoría de bases esenciales del diseño, incluyendo por el camino la famosa Campana de la Muerte que acompañaría a Kynos de ahí en adelante. El diseño seguía siendo igual que al anterior en apariencia, a excepción de detalles como más estilizado en el pelo, las botas y el tono del pantalón.

Tercer Remake

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Y este es el diseño que acompañaría a Kynos por un largo tiempo, siendo el resultado de haber pasado por todos los cambios anteriores. Y aunque en esencia, sigue siendo el mismo traje y peinado, el estilo cambia radicalmente a algo mucho más definido. Los rasgos de Kynos serían dibujados a partir de ahora como unos más cuadrados y duros, con ojos pequeños y el cabello mucho más alborotado y voluminoso que antes. La ropa seguiría igual, con un mayor nivel de detalle en las pieles de cuello y hombros, y la contextura física de la metamorana se vería alterada hacia algo más robusto.

La marca en su ojo también sería mejorada de su versión anterior, como se puede observar en una de las imágenes de medio cuerpo de los "Aspectos."

Cuarto Remake

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El diseño ya estaba bien definido, el anterior había quedado como la versión "por excelencia", con la que el dibujante había quedado ya satisfecho. Pero con una evolución reciente en su estilo de dibujo, tuvo ganas de probar haciendo pequeñas modificaciones para obtener un resultado más detallado y remarcar algunas características como la mandíbula del personaje, dándole un aspecto más tosco, y las ondas en el cabello.

Apariencia

Vista General

La metamorana no se diferencia realmente de otras razas humanoides, pero entre los suyos, sus rasgos físicos acaban viéndose muy exóticos y llamativos—especialmente por un detalle—. Su altura se aproxima mucho a los 180cm, con un peso de 78kg, teniendo una contextura bastante musculosa y a simple vista, muy intimidante; impresiona especialmente el tamaño de sus brazos. Su piel es bronceada, quizás un poco quemada a causa de un trato descuidado, con diversas heridas en todo el cuerpo.

El cabello rojizo es muy común entre los suyos, pero el tono de Kynos se diferencia por ser un poco más opaco, tirando a bordó. Lleva un peinado corto, de estilo masculino, con dos mechas al frente rozando los ojos, un montón de mechones del lado derecho; tiene pequeñas patillas. Sus características faciales se podrían describir como muy toscas o duras, teniendo un rostro muy cuadrado, nariz alargada, cejas desprolijas y ojos en exceso rasgados; estos están delineados en negro y no tienen pestañas, incrementando la sensación de mirada penetrante. Se habló antes de un único detalle que sobresale más que todo el resto, y ese se encuentra en su ojo izquierdo, que a diferencia del derecho—rojo con pupila negra—, este es amarillo por completo, sin pupila, y con un significado muy símbolo en su especie.

Fisiología

Los metamoranos poseen una condición especial y predisposición genética que les permite desarrollarse en el arte de la magia, pero debido a una mutación, Kynos no posee esta ventaja. Esta se puede tratar de una alteración a nivel físico que se demuestra a través de su ojo "malo", pero también podría tener su parte neurológica y alteración hormonal; Kynos demuestra tendencia a la psicopatía y psicosis, que se pueden relacionar directamente con el resto de su condición. Podría ser que en realidad la mutación de su ojo va más allá de algo superficial y demuestra algo realmente peligroso, pero no se puede saber a ciencia cierta la verdad.

Aspectos

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Niña
De pequeña, Kynos lucía más pálida, posiblemente por la nula exposición a la luz. Su cabello era un poco más largo, llegando hasta los hombros, con los mechones esparcidos más equitativamente a ambos lados de la cabeza.

Ella siempre iba vestida con ropa poco llamativa: un chaleco negro simple, con bordes café, una camiseta blanca debajo, cinto grueso celeste y pantalones grises holgados. Usualmente iba descalza, con los pies vendados para no lastimarse.

En su ojo izquierdo llevaba un parche negro que nunca se quitaba.

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Joven
En su adolescencia, comenzó a vestir el clásico conjunto de chaleco con cuello y hombreras abultadas, amarillo y negro. Con una tela elástica debajo, oscura. Guantes negros y gruesos, cinto celeste, y pantalones blancos; con zapatos negros de calzado y calentadores.

Su cabello no creció mucho en esos años, pero decidió atarlo en una pequeña cola de caballo y dejar unos mechones rebeldes en el frente, cubriéndole un poco el parche que aún portaba.

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Adulta
Luego del exilio, confeccionó su propia vestimenta con los conocimientos que tenía gracias a experiencia previa en su trabajo. Este es una simulación del conjunto metamoran clásico, pero con un aire mucho más "salvaje", las hombreras y cuello están hechos con pelo de animal, mientras que la parte negra es cuero, debajo, una tela morada que cubre medio torso, estando envuelto la otra mitad en vendas. Cinto café oscuro, pantalones grises y botas de cuero invernales, con el mismo tipo de pelo que el chaleco. Esto junto a unas muñequeras negras y algunos vendajes en los brazos.

En esta estancia decide llevar el pelo corto y deshacerse del parche, dejando a la vista su ojo. En su rostro es visible la quemadura que ella misma se provocó en algún momento de su vida. Su piel se broncea por factores externos y su cuerpo cambia radicalmente, volviéndose una persona robusta.

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Ropa de Namek
En su estadía en este planeta, es obligada a llevar el mismo conjunto que el resto de los habitantes. Este en particular, pertenece a Persa y se lo regala a la metamorana tras su encuentro. El traje a simple vista es un poco similar al que poseía Nail, con una bufanda abultada en el cuello, tono hueso; un chaleco negro largo, que le llega hasta las rodillas; camiseta azul y cinto de un café un poco más claro que el que suele llevar. En el tren inferior, un pantalón claro muy holgado, y el calzado clásico de los namekianos: unas botas de cuero puntiagudas. También usa guantes blancos, siendo una referencia a los homólogos del Universo 6.
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Cazadora
Al momento de trabajar, Kynos se equipa de pies a cabeza con varias de sus armas. Obviamente no puede llevar todas, así que elije detenidamente sus opciones. Pero sí existen dos cosas indispensables que lleva sin importar el tipo de cacería: su pechera y su Campana de la Muerte.

Personalidad

Vista General

Antes de convertirse en la predadora que sería en un futuro, su forma de ser no se diferenciaba del resto de los niños; era alegre y curiosa, sus pasatiempos de juego y forma de ver el mundo eran tan sencillos como los de cualquier infante, y no sería sino a mitad de su infancia que aquella inocencia se fuese marchitando. El trato que recibía de su entorno era algo de lo que se daba cuenta cada vez más; las diferencias y lejanía de su alrededor la fueron aislando progresivamente en sus solitarios pensamientos. A esto hay que sumarle unos rasgos de personalidad agresivos y dominantes que había llegado a demostrar en momentos dados, pero era lo suficientemente consciente de estos como para controlarse y saber que había algo malo en lo que estaba haciendo, sin embargo, todo eso llevaba a una niña relativamente pequeña a sentir miedo de sí misma.

Los malos tratos y el temor que otros mostraban hacia su persona hicieron que la tristeza y sensación se soledad creciera, deformándose hasta convertirse en un odio y rencor hacia los suyos; el desprecio se había apoderado de su corazón sin darse cuenta. Para cuando pisó la pubertad, se había vuelto una persona muy fría y de temperamento irritable, con arranques de ira y una falta de autocontrol peligrosa. Se podría decir que dentro de su cabeza, algo daba indicios de quebrarse, y era solo cuestión de tiempo hasta que un desencadenante echara a perder todo su esfuerzo por comportarse según las normas.

La Artesana (Persona)

Desde una perspectiva superficial, Kynos no es más que una persona fría y antipática, poco cortés y sin un ápice de empatía hacia el otro; egoísta, soberbia, y ególatra son adjetivos que usualmente la gente usaría para describirla. Ella vive obsesionada en su mundo, y se desinteresa de todo lo demás, como si existiera una enorme barrera entre el mundo real y lo que le afecta emocionalmente. No parece tener sentido del humor, y si lo tiene, es cruel y morboso; es bastante descarada, siendo muy difícil que sienta pena o vergüenza; demuestra un gran orgullo y vanidad siempre, siendo especialmente terca y preocupándose de verse superior ante los demás. También tiende a dejarse llevar demasiado, agrediendo verbal y físicamente si siente retada de alguna forma.

Pese a su forma de ser innegablemente conflictiva, sigue existiendo en Kynos una parte racional que permanece atada a la sociedad y no puede acabar de desligarse de la realidad; la misma racionalidad que la llevó a ser una prodigio en su trabajo y disfrutar genuinamete de este, que le permitió establecer lazos afectivos fuertes en su vida, aunque fuesen unos pocos. Es esa parte "humana" que aún anhela llevar una vida tranquila y pacífica, libre de matanza, que siente nostalgia cuando recuerda su juventud y entiende el nivel de demencia al que ha sido capaz de llegar. Que aún intenta encontrar la felicidad en cada pequeña oportunidad, pero es acallada por una sombra oscura.

La Cazadora (Sombra)

Sería tras su destierro que Kyos podría darle rienda suelta a todos sus pensamientos más macabros en completa libertad, forjaría una ideología propia que se convertiría en la base de su nueva personalidad, un alter ego paranoico y delirante que es el resultado de tantos años de traumatización manifestándose a través de sus peores impulsos. A este punto parece ya no quedar rastro alguno de cordura en esta persona, había traspasado la línea de no retorno y se había convertido tan solo en la personificación de un animal salvaje, con nula posibilidad de volver a reformarse. Adoptó un nuevo título, uno co el que fantaseaba desde ya hace tiempo, que sería como un segundo nombre a partir de ahora. ¿Quién era La Cazadora?

Este nuevo alter ego sería el predominante ahora, había permanecido mucho tiempo bajo la alfombra, esperando la oportunidad de salir a la luz, y lo había logrado. Toda esta personalidad se basaría por completo en su ideología predilecta, que más adelante ser profundizará, pero se puede resumir a la supervivencia del más fuerte. Hay que entender que para este momento, el sesgo de realidad de la metamorana y todo su delirio de grandeza la había llevado a imponer su propia realidad sobre la mesa, donde solo existían cazadores y presas, y obviamente, ella era una cazadora innata. Su ego la había llevado a creerse genuinamente superior a otras formas de vida más pacíficas, a despreciar fácilmente y matar sin necesidad de justificarse, pues la cazadora no sentía remordimiento por nadie.

Este papel, ahora parte de ella, era tan violento y cínico que doblegaba las malas actitudes que alguna vez había llegado a tener en su juventud. Ya no era cuestión de rebeldía, ni de mero orgullo, simplemente ya su mente no era capaz de definir lo que alguna vez había entendido como una moral correcta o como empatía hacia otros, todo eso se había perdido en el camino y había sido reemplazado por ideas sin sentido que por algún motivo sonaban perfectamente coherentes en su cabeza. Kynos en este estado solo ve lo que quiere, no acepta discusión ni debate contra sus ideales, cualquier intento de alguien ajeno a su mundo por "romper" su visión de la realidad será tomado como una amenaza personal.

Esta personalidad es la que ha llevado el mando durante mucho tiempo, eso es verdad. Pero hay pequeños momentos donde puede apagarse, y Kynos retornar a su estado de consciencia, pero estos son fugaces en mayoría, solamente en ocasiones cargadas de un peso emocional lo suficientemente profundo para tocar su nostalgia y hacerla bajar la guardia, pues a pesar de toda su locura, Kynos sigue teniendo "deudas" internas consigo misma que no es capaz de dejar atrás, porque ya forman parte de sus propios recuerdos: el anhelo de una vida en paz. Sin embargo, aún si eso llegara a pasar, esta parte de su ser no va a desaparecer así de fácil.

Hay momentos en la vida donde es imposible evitar mirar atrás, pensando que todo inició por un solo error. ¿Cuál fue ese error? Creo que sé bien cuál fue... Si pudiera regresar atrás, quizás lo haría de otra forma. O quizás no, porque quizás este es el verdadero delirio, el de creer que hay algo más allá en mi destino que la muerte.
Kynos, debatiéndose sobre su verdadera personalidad.

Ideología

No hay que ser tan ingenuo para creer que este mundo tiene alguna predilección por el bien o el mal. Ninguno de esos es real... el mundo, la naturaleza, solo entiende de matar o ser asesinado. Eso es lo único verídico.
Kynos.

Desde antes de aquel día trágico, la metamorana había comenzado a buscarle razones al desprecio que sentía por sus allegados. No era solo el trato que le daban, sino que en él se escondía algo más profundo que la irritaba a niveles increíbles. Luego de darle vueltas y vueltas, supo que tenía relación con las armas. El negar estas y cualquier conflicto físico, la hacía pensar en ellos como un montón de cobardes, y ese pensamiento daría lugar a su nueva forma de vida.

Ella había abrazado la violencia, la vida primitiva y la supervivencia del más fuerte. Era una cazadora innata, capaz de matar sin sentir culpa, de romper cualquier clase de norma si así lo quería, porque no estaba atada a nada; se convenció a si misma que había nacido con un potencial que el resto de su raza era incapaz de ver, porque estaban cegados y no aceptaban nada que fuese contra sus creencias, ni contra su orgullo.

Pensó en eso mucho tiempo, y llegó a la conclusión de que era muy difícil diferenciar a las presas de los cazadores: los cazadores eran como ella, los que dejaban atrás las normas y todo lo pre establecido para sobrevivir en el mundo, y las presas, aquellos que se quedaban metidos en una burbuja, bajo la idea de que el mundo sería un lugar justo por sí solo, negándose a pelear, a matar, débiles de mente. Pero siendo tan caótico como lo era el mundo, hasta el más fuerte podía llegar a ser cazado, y las presas podían rebelarse contra sus atacantes. Aún así, cada raza parecía tener un depredador natural, cuyas características estaban especialmente pensadas para esa labor. Buscar a su enemigo natural se convirtió en su mayor objetivo entonces, sólo de ese modo podría ser capaz de probar sus límites y proclamarse como una cazadora definitiva. Por eso le gusta buscar enemigos que considera interesantes, buenas presas; aquellos con capacidades especiales, incomprendidos, marginados pero con un gran potencial: parecidos a ella misma.

Eso pensó, pero un obstáculo mayor se oponía a su objetivo: la muerte. Tarde o temprano vendría por ella y la acabaría, entonces sería otra presa más, a menos que ella misma la buscase. No quería escapar de ese destino, sino aprovechar la mínima oportunidad para burlarse de él, y negarle el privilegio de quitarle la vida.

Lenguaje Verbal

Kynos ha sido criada bajo ciertos modales, nunca demasiado rigurosos, sólo llegando al respeto. Sin embargo, aprendió desde joven a insultar, por algunas groserías a sus propios padres se les escapaban o por los niños del barrio. Y mientras fue creciendo, se acostumbró a hablar no solo con una infinidad de malas palabras, sino que bajo un tono agresivo y apático, con tal de evocar miedo en otros—cosa que funciona, pues su voz no exactamente aguda, y al forzarla de ese modo, se queda en un timbre más grave y ronco—.

Así que, Kynos suele comunicarse de forma muy brusca y tajante, sin medir bien los términos ni moderar su volumen, llegando a gritar por momentos sin darse cuenta. Siempre dice las cosas como si se emcontrara del peor humor posible, con algo de sarcasmo e ironía, pero más que nada insultos directos. No va a escatimar en desearle la muerte a nadie o decirle a alguien dónde se puede meter las cosas.

A pesar de eso, cuando se trata de tecnicismos o discursos, llega a ser bastante elocuente. Lo que dice siempre tiene cohesión entre sí y no tiende a divagar ni irse por las ramas.

Hay momentos específicos en los que llega a soltar gruñidos como los de animales, incluso gritos más eufóricos. Es algo que se le da de forma inconsciente, especialmente mientras está combatiendo.

Lenguaje Corporal

Kynos acompaña sus malos modismos al hablar con una forma un tanto rígida de ser; no es totalmente inexpresiva, pero sí tira mucho hacia lo tenebroso por momentos, con una manera de acercarse a los demás que transmiten sus ganas de asesinar a otro muy friamente. Su expresión por excelencia es una mueca hacia abajo, con las cejas semi apretadas y los ojos viéndose algo decaídos, una mirada que ciertamente puede ser llamativa, más para mal que para bien.

Ella tiende a ser completamente brusca con todos los objetos a su alrededor—y también las personas—, sin interesarle medir su fuerza. Pero es otra cosa cuando se trata de confeccionar armas, ahí deja ver que puede llegar a ser bastante sutil y precavida con tal de no dañar sus creaciones.

En sus intentos de demostrar otras emociones, puede llegar a verse extraña por la falta de costumbre. Sus sonrisas terminan más en algo desastroso, y sus momentos de furia no son más agradables de ver. Y alguien alguna vez se habrá preguntado si Kynos se puede llegar a sonrojar, y la respuesta a esa pregunta...

Preferencias

Tratándose de una mujer tan amargada, las cosas de las que disfruta son contadas con una mano.

Está claro que ama su oficio, la artesanía y herrería, disfruta imaginando armamento y llevándolo a la práctica, y podría pasar horas metida en ello sin darse cuenta. Le gustan los lugares pequeños y silenciosos, es a lo que estuvo acostumbrada desde su infancia y que aún hoy en día le provoca una sensación de protección. Suele trabajar con mayor eficiencias en estos ambientes. Le fascina la naturaleza, pero de un modo muy particular. Disfruta ver la forma de operar de muchos carnívoros cazadores y a las presas defenderse, ese ciclo de supervivencia le parece muy atractivo y a menudo termina copiando conductas de esos rituales. Ama las nueces y cualquier tipo de fruto seco, siendo su comida favorita desde muy pequeña y una que siempre trata de conseguir a donde quiera que va. Llega a tener períodos donde es lo único que come.

Fuera de eso, realmente es una persona que detesta casi todo o le da demasiado igual como para formarse una opinión.

Visión del Arte

Siendo criada por sus padres como artesanos herreros de oficio, era inevitable que Kynos terminara adquiriendo un gusto particular hacia el arte manual. Las esculturas, el tallado, la construcción, fueron siempre actividades del especial agrado de Kynos por su naturaleza; el tener que concentrarse por completo por largos periodos se tiempo, sin pensar en nada más, solo viendo un proceso lento pero efectivo, que al final terminaría en algo impresionante.

Ella disfruta del proceso de creación también, como cuando idea sus armas. Tener que visualizar un objeto funcional, con todas sus partes y recolectarlas es un trabajo complicado pero a la vez muy entretenido.

Pero, más allá de lo que podría ser un pasatiempo, tiene otras razones para llevar a cabo su tradición de fabricar armas. Y es que para Kynos, esta forma de arte, las armas, los objetos, son una manera de mantener un recuerdo vivo, un recordatorio constante de sus victorias y enemigos pasados, pero también un recuerdo de sus padres y su forma de decir que a pesar de todo, nunca se olvidó de lo que le enseñaron.

Relaciones

A este punto, es muy fácil adivinar que Kynos no es alguien precisamente sociable, y con mucha suerte ha llegado a tener algunas relaciones importantes a lo largo de su vida, y hasta estas resultan ser un poco peculiares, plagadas de emociones y sentimientos difusos, que se pueden tornar oscuros de un momento a otro.

Pregunta.png Padres

Sus padres han sido las personas más cercanas en su vida, y a las únicas que les ha mantenido un aprecio tan grande para no lastimarlos aún en su peor estado mental. Sabe bien que el cariño de ellos es recíproco, y agradece que la hayan criado como su hija a pesar de toda la presión de la gente, tuvo suerte al haber nacido en una familia tan compasiva.

Se frustró cuando sintió que no hicieron nada para defenderla y solo querían ocultar su particularidad, pero cuando lo pensó con calma, se dió cuenta que solo buscaban que ella pudiera tener una vida tranquila, reformándose y usando su talento de forma útil. Ellos fueron los únicos que nunca la habían visto como un monstruo.

A Kynos le gustaba mucho pasar tiempo con su padre, tenía muchas cosas en común con él, incluyendo su gusto por la herrería y el tallado. Por otro lado, su madre siempre había sido más sobreprotectora, y un poco estricta con tal de a no se lastimara. De todos modos se llevaba bien con ella.

KynosRelacionesKlepsei.png Klepsei

Se obsesionó con el prisionero luego de haber escuchado su historia. La relacionó con su propia condición y la falta de aceptación que había sufrido de su raza, creyendo que era lo mismo para el yardratiano.

Admiró la verdadera naturaleza de Klepsei como un animal que hurtaba, deseando que fuera su presa. La obsesión con esto llegó a un punto extremo de considerarlo una especie de presa definitiva y buscarlo hasta el hartazgo.

Sin embargo, es esta la única forma en la que lo ve, como un animal, por lo que no siente ningún tipo de empatía hacia él y mucho menos respeto; es un objeto de su diversión y nada más, a lo sumo llega a sentir algo de comprensión por su pasado, pero nunca deja que el sentimentalismo se interponga a su objetivo de acabarlo.

Pregunta.png Persa

Al namekiano decidió ignorarlo en un principio, ya que le resultaba molesto su forma de ser tan alegre. Pero se fue suavizando con él luego de las constantes interacciones, saber de su pasado también la hizo empatizar un poco con él y querer ayudarlo de alguna manera. Se encariñó con él al punto de ser como un hermano menor, y Kynos se había vuelto como la única familia del joven, admirándola y teniendo la determinación de seguirla a todas partes.

Cuando Kynos se dió cuenta de que se había dejado llevar demasiado por sus sentimientos y el namekiano insistía también, decidió acabar con eso de raíz. Lo mató para liberarse de esa carga emocional y no verse atada a nada, además de haber sido una forma de liberarlo de la vida solitaria que estaba destinado a llevar. Al menos, se convenció de que había sido lo mejor.

Historia

La raza metamorana, de todas, quizás una de las más curiosas que hayan pisado el universo. Poseían un don de manifestar habilidades mágicas impresionantes, y era reconocida por buena parte de la galaxia como unos seres cuya sabiduría se encontraba sobre la media. Vivían de la forma más honrada a sus raíces posibles, cultivaban lo que comían, vestían ropa únicamente confeccionada en su planeta, y muy distintiva. No obstante, había una razón por la que no eran considerados una hegemonía, su rechazo a las armas como medio de combate. Era uno de sus mayores credos, y una muestra de cobardía hacia su condición como guerreros de habilidades naturales.

Había dentro de sus creencias muchas profecías o leyendas urbanas, una en especial, que le traería desgracia tanto a su portador como al resto de su raza, convirtiéndose en una deshonra.

Pese a que el rasgo más característico de los metamoranos eran sus habilidades, existían entre ellos algunos ejemplares que carecían de este don, una extraña mutación genética. Y a ellos se los reconocía mediante una marca maldita en el ojo, una heterocromia marcada.

Vivir sin Habilidades

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Dentro del gran monopolio del planeta Metamoran, había una familia de mucho renombre dedica a la indumentaria artesanal. Kirov y Ditya, una pareja relativamente joven a la cabeza de este negocio, con mucha vitalidad y cariño a los niños y animales pequeños, aunque no se habían dado el lujo de tener uno propio. Ya era hora de que naciese un heredero.

Meses más tarde, se encontraban rebosantes de alegría; una niña nacería en cualquier momento, y la educarían para seguir sus pasos. ¿Quién iba a saber que sus planes serían frustrados de un momento a otro? Cuando Kynos nació, todo el mundo estremeció ante la maldición que portaba. Sus propios padres, se hallaban horrorizados, rogando por una salvación para su hija. No existía tal cosa, y todos les sugerían tirar la toalla y abandonar a la bebé a su suerte, o acabar con su vida. A pesar de las advertencias, estaban decididos a cuidarla y darle la mejor vida posible, aún si requería aislarla de las miradas del mundo.

Kynos fue una chiquilla curiosa desde el inicio; le interesaba especialmente el trabajo de sus padres, y todo aquello que tuviera que ver con manualidades. Desde infante comenzaron a enseñarle a trabajar con las manos, aunque más como un juego que como trabajo real. Aprendía rápido y mostraba cada vez más interés en el tema, sus padres vieron entonces una esperanza en su futuro, aún si nunca podía desarrollar una habilidad.

La pequeña vivía feliz con sus padres, a pesar de no haber salido nunca de aquella casa, ellos le daban el confort que necesitaba, siempre habían sido comprensivos y amorosos con su hija, sin importarles las absurdas leyendas o rumores que circulaban. Y sobre todo, se esforzaron en prepararla para que pudiera llevar una vida normal, anhelaban su felicidad más que cualquier otra cosa. Kynos pareció entender ese mensaje, al menos lo que un niño pequeño puede entender de eso: que sus padres le deseaban el bien. Su relación llegó a ser muy estrecha en poco tiempo, ella amaba genuinamente a sus progenitores y todo lo que le enseñaban; la pasión que ellos le tenían a su trabajo fue algo que se traspasó a Kynos. Siempre recordaría esos momentos de su infancia en donde se sentaba con Kirov al fuego de chimenea mientras lo veía tallar en madera, y se unía a él.

Ella había pasado sus primeros años de vida sin socializar con otras personas aparte de sus propios padres, pero concordaron en que debían dejarla ver el mundo en algún momento, aún si era solo con un ojo; le hicieron un parche para cubrir su ojo amarillo. A Kynos no le importó realmente, a menudo se quejaba de aquel ojo que le hacía ver cosas raras, pero sus padres no podían entender realmente a qué se refería.

La primogénita se hallaba feliz y emocionada solo con ver aquellas cosas que tan casuales resultarían para cualquier otro de su edad. Las calles, los distintos aromas de la naturaleza, y el sonido de unos niños jugando al aire libre; llamarían su atención, y se les uniría. Todo parecía muy agradable, hasta que su parche se desprendiese por las brusquedad del juego, y aunque a los niños no les importase, los adultos, conscientes de esto, los alejarían inmediatamente; la pequeña Kynos sentiría vergüenza ante las miradas acusadoras y regresaría a su hogar con la cabeza baja.

Aquel incidente quedaría marcado y el trato de los niños hacia ella cambiaría totalmente gracias a la influencia de los mayores. Los infantes pueden ser muy crueles sin darse cuenta, y comenzarían a hostigarla; perseguirla para apedrearla, arrancarle el parche y dejarla en evidencia, o, aquellos que ya tenían desarrolladas sus habilidades, atacarla con estas a modo de mofa. Para los menores de la ciudad, Kynos se había vuelto su saco.

Sus padres, en un intento de cesar la violencia, replicarían ante las autoridades, pero solo recibirían sugerencias de mantener encerrada a la mutante. Kynos se encontraba harta del abuso, y al ver que los adultos no podían resolverlo, decidió tomar sus propias medidas. Poniendo en práctica lo que le habían enseñado; una resortera y cuchillo, ambos de madera, le servirían para su cometido. La próxima vez que la atacaron, desató su ira contra ellos, y más de uno salió de allí con heridas notables; ya en esa edad se comenzaba a notar en ella un temperamento muy bruto y cierta tendencia a la venganza.

La niña, tan feliz, no tomaba consciencia de lo que había hecho. Había ido contra las leyes de su planeta, y eso costó una gran multa a su familia. Se dejaría pasar al tratarse de una infante, pero a partir de ahora, tenía estrictamente prohibido volver a manejar un arma.

Aún con todas las advertencias, Kynos no tenía intenciones de dejar su nueva pasión de lado; ella sabía que en el momento que se dejara de defender, se volvería vulnerable y la acosarían nuevamente, esa experiencia había sido suficiente para hacerle ver que así funcionada el mundo de afuera, y no se iba a dejar intimidar por nadie. Dedicó el resto de su infancia y adolescencia a aprovechar su tiempo para volverse cada vez mejor fabricando herramientas de caza. También pasaba parte de su días ayudando a sus familiares, que al notar su disciplina con el trabajo, la dejaron formar parte del negocio. Esto era en parte para tener una ayuda extra, y porque la actitud de la adolescente se había vuelto más fría y reservada; sus padres pensaron que le vendría bien algo de compañía, y sus compañeros de trabajo no iban a maltratarla.

Pero la falta de violencia física no significaba un buen trato, y Kynos era ciertamente menospreciada por su falta de habilidad. Era tratada como un fantasma o un signo de mala suerte, y muchas veces, dejada atrás gracias a su condición. Lo más difícil era salir a cazar animales, o ir en busca de materiales necesarios para las telas; sin grandes capacidades físicas, le era imposible no quedarse atrás, y su frustración mezclada con odio hacia el trato que estaba recibiendo la hizo estallar, y retornar a sus viejos hábitos.

Un día que tocaba ir por materiales junto a su grupo de labor, apareció con revólver de materiales resistentes, y aunque fue capaz de acabar la tarea fácilmente, eso le costaría su vida. Sus compañeros la intentaron detener, aterrados al ver esa clase de objetos literales por primera vez, y por un error del momento y la euforia, Kynos le dió un disparo a un metamorano; por fortuna, no perdió la vida, pero eso no iba a ahorrarle las consecuencias de sus actos. Fue inmediatamente llevada a las autoridades y juzgada; era la segunda vez que rompía las leyes de ese modo, y esta vez no podía ser perdonada tan fácilmente.

Su condena era el exilio, pero la misma podía ser reducida con una muestra de arrepentimiento sincero de su parte. Sin importar las súplicas de sus padres, Kynos ya no era la misma; durante todos esos años, se había convencido de que el rechazo hacia las armas y el pacifismo excesivo de su raza no tenía sentido, y era pura hipocresía. No se calló esa opinión, y la soltó frente a todos los que ya de por sí la juzgaban.

Condenan el uso de armas para la supervivencia, y dejan que una niña sea brutalmente apaleada todos los días hasta el cansancio. Me tienen harta todos ustedes, manga de hipócritas. No dejan a nadie armarse solo por temor a que se rebelen y toda la linda burbuja en la que viven se caiga a pedazos. ¡Pero todos ustedes y sus malditas reglas se pueden ir y matar!
Discurso de Kynos.

Se la llevaron. Antes de irse, pudo notar la vergüenza y decepción en el rostro de sus padres, el cómo murmuraban que habían hecho lo mejor que pudieron; y aunque en el fondo tenían fé de que su hija pudiera sobrevivir gracias a todo lo que le habían enseñado, Kynos no lo interpretó así en el momento. Su corazón terminó entonces de romperse, ante sus ojos, no habían hecho nada para defenderla. Habían decidido quedarse del lado opuesto, y ahora estaban tan en su contra como el resto de los suyos.

Una enorme muralla dividía la civilización de lo salvaje, y allí fue desterrada, y las puertas del mundo que conocía se cerraron ante su ojo. Sin pensarlo, se deshizo de su venda, ya no tenía por qué esconderse, y se abrió entonces paso al nuevo mundo que sería el hogar que nunca tuvo.

Lo Salvaje

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Dentro de la inmensidad del mundo primitivo, las cosas se tornaron complicadas para la escuálida muchacha; sin fuerza física ni alguna capacidad que le diese ventaja, su único beneficio en ese entorno era poder utilizar con libertad las armas, y los materiales no se conseguían fácilmente; antes de confeccionar algo, debía procurar no morir de hambre.

Al principio sobrevivía únicamente robando materiales y recursos pequeños. Conservaba aún la pistola con la que la habían exiliado, y eso le servía para defenderse de los animales más peligrosos. Con el paso del tiempo, se vió obligada a sobrevivir a las condiciones de frío y calor extremos; la adaptación de su cuerpo casi le habría costado la vida en muchas ocasiones, pero durante su estadía en aquel entorno, habría ganado resistencia en su cuerpo, y unas defensas más altas que la media. Aún así, no todo eran buenas noticias, pues uno de sus brazos había quedado con una lesión permanente, el cuál se cubría con vendajes y una muñequera para manejarse mejor.

Desde que había dejado su ojo derecho al descubierto, no solo se formó en su rostro una capa de piel más sensible, sino que también se volvió a percatar de una visión extraña que de pequeña le causaba tantos problemas. Al principio pensó que solamente poseía una visibilidad opaca en ese iris, pero luego de mantenerse atenta a esta por largo tiempo, notó que reaccionaba de forma curiosa ante los ruidos más agudos, como un detector. Al acercarse a sus presas, las pisadas disimuladas, o ante el sonido de su propio corazón latiendo con fuerza, le daba una señal que podría aprovechar bien.

Cuando ya era capaz de movilizarse con más seguridad por la jungla, comenzó a cazar en serio. Aprendió a ser sutil, y usar su ojo maldito a su favor, detectando el momento oportuno. Anteriormente, cuando cazaba en grupo, no había sentido más que frustración, pero ahora que era ella sola con sus armas, frente a las bestias, la sensación se había transformado en algo completamente distinto; la adrenalina, y la necesidad de violencia comenzaban a hervir en su sangre.

Al llegar a ese mundo, se había arrepentido de su decisión por momentos, extrañando su hogar y a sus padres, pero el tiempo convirtió la nostalgia en odio; un odio creciente hacia su raza, y el tiempo en soledad lo afirmó. Había olvidado lo que era vivir en civilización, era salvaje ahora; comía lo que cazaba, vestía sus propias prendas, y no debía ocultarse nunca más. La naturaleza la respetaba y los animales escapaban de ella. Ahora era una cazadora.

En su llegada, aquella experiencia había sido dura, le había provocado una tormenta de emociones potentes que nuca pensó llegar a sentir; el temor, el peligro, la adrenalina y sensación de sentir la muerte frente a sus ojos eran únicas. Se había acostumbrado demasiado a eso, y cada vez que superaba los obstáculos se sentía plena, pero ese fuego se fue apagando con el pasar de los años. Las bestias ya no le representaban un peligro, así que solo las cazaba para conseguir recursos.

Dedicó entonces un tiempo a pensar en sus razones, mientras se centraba en mejorar su armamento. El odio a los suyos había perdurado hasta ese momento, y tras haber sobrevivido por su cuenta y haberle ganado a la naturaleza, estaba más firme que nunca en su decisión. Observaba a los animales, su forma de vivir; cada uno de ellos, por más grandes o pequeños, tenían un depredador natural, alguien que los amenazaba y los ponía especialmente a prueba. Pensó que ella no iba a encontrar un rival en ese ambiente, pues ninguno de ellos era su némesis, y nunca podría considerarse una verdadera cazadora si no superaba esa prueba y demostraba ser más fuerte.

A menudo observaba en sus armas el reflejo de sus pasadas aventuras; en muchas de ellas casi había perdido la vida, y había visto a grandes monstruos, aparentemente indestructibles desfallecer en segundos.

No importa qué tan fuerte seas, al final la muerte siempre está asechando; y como el más frío y cruel de los cazadores, espera el momento oportuno.
Concluyó, tras darle vueltas a sus recuerdos.


Grito de Guerra

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Existía entre la raza metamor y los yardratianos una ferviente rivalidad; eran estos últimos un clan orgulloso de sus habilidades, y los escasos recursos de su planeta los obligaban a atacar cada tanto y apoderarse de otros. Esta forma de vivir chocaba con la ideología pacifista de los metamoranos, y se veían desde hace tiempo envueltos en una tensión creciente y algunos conflictos casuales.

No era raro para la cazadora ver que algún yardratiano intentando llegar al monopolio, quizás con la intención de pactar alguna tregua, debían estar necesitados de recursos y de tropas. Era algo que la irritaba sobremanera, no le gustaba ver a nadie perturbando la paz de la naturaleza, y no se quedó sin intervenir. Comenzó a raptar a los extranjeros que cruzaban por la jungla, y amontonarlos en una pila de desperdicios. Cuando las desapariciones hubieran sido las suficientes como para mandar una tropa de rescate, y entonces se encontraron con la desagradable escena: los cuerpos de sus compañeros apilados, atravesados por una lanza, junto a una estricta amenaza escrita con sangre, en el borde de la misma.

"Nunca regresen"

De más está decir que esa habría sido la gota que colmó el vaso; los yardratianos se vieron tremendamente enojados con los supuestos pacifistas. Por un momento, pero pensó en respetar su ideología, al tener ambos cierto prestigio, y trabajar juntos, ahora solo tenían algo en su cabeza: hacerlos y quedarse con su planeta.

Así dió comienzo la guerra; los yardratianos comenzaron a atacar sin descanso. Los metamoranos al principio pensaron que los ataques cesarían si pedían disculpas, pero era inútil; se veían acorralados, y lejos de ponerse de acuerdo, se formó una enorme discusión interna entre aquellos que votaban por sacar las armas y luchar, y los que pretendían mantenerse al margen y buscar una opción que no requiera responder a los bombardeos. Como era de poder, este primer grupo se espera, hartos de las normas tan estrictas, y la toma de poder causó destrozos en la gran ciudad.

Los terremotos provocados por las explosiones y ruidos ensordecedores alcanzaron a lo salvaje. Las criaturas estaban desesperadas, y Kynos debía lidiar con todo el alborotamiento. Por suerte, el muro había resultado dañado en una de esas explosiones, y no solo las bestias traspasaron las ciudad, en busca de comida sin importar de qué bando fuesen, sino que la cazadora se pudo escabullir y robar una de las naves de comercio. No tenía intenciones de quedarse mientras la guerra seguía su curso, prefería explorar otros planetas e ir en busca de un rival digno.

Aunque Kynos no se había subido a una nave en su vida, su labor como fabricante de objetos metálicos y con ciertos mecanismos de razonable complejidad, hicieron que pudiera al menos llegar a captar las funciones más básicas, y despegar sin un rumbo.

Ciertamente, la paciencia era una virtud que la metamorana no poseía; al verse varada en el espacio por un rato, comenzó a desesperarse al no encontrar ningún tipo de instrucciones. Como resultado, en un arrebato terminó por desquitarse con el mando de control, dañando el sistema de la nave y poniendo en riesgo su propia vida.

Un Nuevo Horizonte

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Por una vez, debía dar gracias a la gran paranoia de su raza, pues el delicado sistema de seguridad de la máquina había evitado que sufriese grandes lesiones con su brutal aterrizaje.

Al salir, no obtuvo la bienvenida caótica que esperaba; todos los habitantes de la zona se encontraban ocultos por temor. Kynos les echó un vistazo, y al lugar: "precario" era la palabra que mejor lo definía. Al juzgar por eso, no le sorprendió que estuvieran tan atemorizados, seguramente eran marginados como ella lo había sido.

En otro momento, se hubiera detenido para ofrecer algún tipo de ayuda, pero su empatía a ese punto se veía nublada por sus objetivos personales y lo radical de su pensamiento. Acercándose a la multitud camuflada con un arma en mano, preguntaría por alguien con conocimientos suficientes para reparar su nave; ante la falta de respuesta, dispararía a los pies de alguien aleatorio, solo entonces un mecánico se ofrecería. Con descaro lo llevó hasta el objeto robado, clavándole la mirada mientras esperaba que hiciera su trabajo.

Se quedó paralizada ahí dos días enteros. Los pueblerinos se hallaban estupefactos ante la resistencia de la desconocida, y con miedo de pasar cerca, pero mientras no se entrometieran, era inofensiva.

Ese mismo día llegaron unos guerreros uniformados, según sus palabras, para cobrarles la renta semanal a esas tristes sanguijuelas. Rápidamente se fijaron en Kynos, amenazándola. Mala idea, pues la cazadora no se encontraba de humor; la reparación de su nave se tardaba demasiado y el hartazgo se le notaba. Como era de esperarse, se desquitó con los soldados, quitándoles rápidamente la vida con una cuchilla clavada en los cuellos de ambos.

Los aldeanos, que sufrían del abuso de poder por parte de su monarca, vieron en ella y su fuerza una oportunidad de libertad; aún si era arriesgado solamente preguntarlo, tuvieron el valor de acercarse para comentarle su situación, y rogarle por ayuda. Kynos no dijo una palabra, y cuando terminaron su relato, se limitó a preguntarle al mecánico que si cumplía con la petición, conseguiría materiales para reparar más rápido su nave, además de exigir que le enseñase a utilizarla.

Hacer lo que me piden será completamente inútil; no es de ayuda para mí, y mucho menos para una raza tan débil que no es capaz de luchar sus propias batallas. Al final terminarán desapareciendo de todos modos si dependen de alguien más. Así que solo de ese modo sería un trato justo para mí.
Kynos.

Tras aquella exposición de su ideología, no volvió a hablar hasta que aceptaron sus condiciones. Y sin más, fue a cazar al rey tras pedir indicaciones.

Esta vez se daría el lujo de jugar un rato con su oponente, tomando más en serio su papel de cazadora y actuando de forma más exageradamente sádica que lo usual. Tras llegar de imprevisto y apuntar al sujeto con un arma, le daría una ventaja de 5 minutos. Tras el lapso, disfrutaría su desesperante huida e intentos por esconderse, asustándolo antes de finalmente raptarlo.

Tu cara es simplemente repulsiva, pero, ¡Hey! No te preocupes, hoy es tu día de suerte, te haré una reconstrucción facial totalmente gratis.
Diría, con un tono bizarramente alegre, hecho a propósito con tal de espantarlo.

Al completar su misión, le arrancaría al gobernante uno de los cuernos que en la cabeza llevaba, reclamándolo como premio y muestra de haber cumplido el trato. Aquella acción se volvería un ritual a la larga.

Con su vehículo ya en perfecto estado y sabiendo manejarlo, se dispuso a ir en busca de más aventuras, pero las mismas llegaron sin necesidad de ir por ellas. Las noticias de aquel planeta y lo que sucedió, la hicieron reconocida bajo un pseudónimo de cazadora, estando en anonimato sus datos más personales; únicamente existían rumores, que se esparcían más rápido de lo que hubiera pensado.

En los planetas a los que viajaba, casi siempre se terminaban percatando de su estadía, y pidiéndole un favor a cambio de materiales o algo de su interés, a veces llegaba a hacerlo solo por el morbo de enfrentarse a un desafío. Rápidamente había sido catalogada como una caza-recompensas, y a veces, malinterpretada como una clase de heroína; y el tomar algo de su oponente, su rasgo característico.

Su trabajo más productivo habría sido con los tsufur, una raza con gran conocimiento en tecnología pero sumamente débiles. A cambio de volverse su "guardaespaldas personal" por una pequeña temporada, le revelaron gran parte de su investigación en este sector, especialmente en armas de fuego.

Rondaba en boca de todos un rumor, una historia acerca de un yardratiano, y el experimento que con este se había hecho. Se decía que lo estaba torturarlo con tal de alterar su conducta, y obligarlo a dejar de una peligrosa habilidad suya. Se sabía también que las fuerzas yardratianas se hacían más escasos, y en cualquier momento se verían obligados a llevar a cabo los presos al combate; se comenzó a especular la aparición de aquel inusual fenómeno.

Sabía la cazadora que los rumores solo eran eso, pero no podía quitárselo de la cabeza; ¿Será que al fin había encontrado el rival que tanto anhelaba? ¿Era ese un llamado para que regrese a su planeta natal? Los pensamientos la carcomían, entonces decidió despejar su cabeza de la única forma que sabía hacerlo. Había terminado ya con las renovaciones en su revólver, pero la necesidad de crear algo nuevo era un instinto demasiado grande para reprimirlo.

Marchó a trabajar en un planeta pacífico, donde solo había criaturas salvajes, sin civilizaciones avanzadas; aquel era su habitad predilecto. Había llegado el momento se poner a prueba todos aquellos materiales que de sus presas arrancó; fundió todos los dientes, garras y cuernos para formar el filo más letal que pudo, no necesito ser muy resistente, solo perfecto para cortar carne. El cuerpo del arma lo construyó con otros restos, piel, y algunos huesos, sería lo suficientemente estable. Y el detalle principal, una esfera que yacía en el centro; alguna vez había sido parte de la misma naturaleza, pero colocando objetos huecos dentro, se había convertido en una campana. Aquella no era un mero adorno, sino que simbolizaba la forma en la que Kynos era capaz de sentir el mundo, a través del sonido, de las sensaciones que dejaba fluir; se convertiría para ella en la melodía de la muerte.

El Peso de la Vida

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Kynos emprendió una nueva búsqueda, decidida a encontrar a ese personaje del que hablaban. Pero había un percance, y es que la cazadora se había formado de una reputación que a nadie le gustaría tener, y algunas organizaciones querían deshacerse de ella o solo obtener su cabeza, por la que pagarían una buena suma. Entonces, en medio de uno de sus parates en un planeta pequeño, fue emboscada por tres caza recompensas: un espadachín, un hombre con un lanzallamas y un mago.

Al principio, parecía que Kynos podía con ellos, y lograba acertarles golpes. Pero no contaba conque uno de ellos practicaba artes negras y usaría su poder para paralizarla. Los otros dos aprovecharon el momento para atacarla con todo, haciéndole heridas profundas en todo el cuerpo. La metamorana resistió y luego de forcejear mucho, se pudo liberar. Aún así, estaba muy débil para seguirles el ritmo, y por mucho que se defendiera, acababa en el suelo. En un movimiento desesperado, lanzó una granada explosiva a sus rivales, y esta se le fue devuelta antes de estallar, explotando sobre su cara.

Escuchó risas mientras se retorcía del dolor, era la primera vez que era humillada de ese modo. Soltó una y mil maldiciones, y sabiendo que no podía ganar el combate, no le quedó otra alternativa que intentar escapar. Lanzó una granada, esta vez contra un muro. Esta liberó un gas lo suficientemente fuerte para distraerlos un rato, y pudo aprovechar la humadera para huir.

Se apresuró en llegar a su nave y salir cuanto antes de allí. No se había dado cuenta en ese momento, pero en su desesperación había dejado su Campana de Caza en el campo de batalla. Era la primera vez que había sido humillada de ese modo, nunca olvidaría, ni tampoco iba a perdonar a sus cazadores.

Había aterrizado en Namek sin saberlo, y tras arrastrarse un poco por el lugar, perdió la consciencia. Cuando despertó, estaba en una casa, con las heridas curadas casi por completo; se presentó ante ella un namekiano joven, Persa. Él la había estado cuidando todo ese tiempo, y debía llevarla con el Gran Patriarca para que supiera la situación y pudieran ayudarla. No obstante, y pese a que esta raza tan desconectada del mundo no debería saber nada de su reputación criminal, este no pareció tan confiado de la forastera, y le dijo que tendría que trabajar para pagar los recursos que había gastado durante su estancia y los que necesitaba para arreglar su nave.

Es enviada a una casa precaria lejos del resto, que utiliza como taller para comenzar a trabajar de artesana en el planeta. Al principio, estaba completamente enfocada en salir de ahí cuanto antes y cobrar venganza de los tipos que la atacaron, pero con el paso de las semanas fue desviando sus prioridades. Permanecer de ese modo le había dado nostalgia, la había devuelvo a los días de su infancia donde veía a su padre trabajar y era feliz aprendiendo de él. Kynos parecía ir dejando su ira de lado progresivamente para dar paso a una persona más tranquila. Podría ser esa la oportunidad de llevar la vida pacífica que en el fondo aún deseaba.

A pesar de que en un principio lo había ignorado y tratado mal, llegó a empatizar con Persa luego de que el Gran Patriarca le contara que este había sido abandonado por su padre al nacer, y llevado una vida solitaria. Kynos decidió darle una oportunidad y hacerlo su discípulo, enseñándole lo que sabía sobre herrería. Se hicieron amigos de confianza, y el joven pasaba cada vez más tiempo con Kynos en el taller.

En una ocasión, él le preguntó sobre su pasado, y Kynos al recordar un momento tétrico de su infancia, cuando acuchilló a un niño como venganza, inconscientemente se hirió la mano en un descuido, traspasándola con una herramienta de trabajo. Ya que los brazos no le respondían a la metamorana, Persa la llevó a su casa para colocarle anestesia y poder sacar el objeto con la precaución necesaria. En eso, Kynos notó que en un cajón se encontraba su antiguo armamento, habiéndose olvidado ya de este. Le echa un vistazo, y se da cuenta que falta lo más importante, su Campana de Caza.

Eso le abrió los ojos y la obligó a recordar lo que le había pasado antes de llegar a Namek. Se dió cuenta que había abandonado su arma y ahora alguno de esos tipos la estaría usando. Envuelta en su propia rabia, procedió a arrancarse el objeto de la mano sin anestesia. Los próximos días se dedicó a reparar su nave, haciéndolo en tiempo récord. Rechazó la oferta del Gran Patriarca de quedarse y llevar una vida tranquila. Kynos simplemente respondió que ella vivía para ver correr la sangre.

Y cuando estaba por irse, Persa la detiene, suplicándole que lo deje ir con ella. El joven que no tenía familia aparte de Kynos, sólo quería acompañarla. Y su insistencia es tal que Kynos se ve obligada a ceder.

Viajaron un tiempo en la nave, hasta llegar a un planeta desolado. Kynos había estado actuando extraña y distante todo el camino; le pidió a su acompañante que se baje y se tardó un poco en ir con él. Cuando lo hizo, le rozó la oreja con un disparo y le ordenó ponerse de rodillas. El namekiano se asustó y comenzó a sollozar, preguntando porqué.

Porque soy una cazarecompensas, una asesina. Debiste quedarte en tu planeta. Pero quizás sea mejor así... no tendrás que sufrir la miseria de una vida solitaria. Consideralo un favor.
Respondió, antes de disparar.

Kynos observó el cuerpo sin vida, jactándose de que había acabado con su problema, había roto su ilusion de felicidad para regresar a la vida que debía llevar. La Cazadora había vuelto a tomar el control, y ahora quería venganza.

Próximamente...

Retorno Triunfante

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La guerra interna entre metamoranos había sido interrumpida por la invasión de las tropas yardratianas; los acorralado con la guardia baja, al punto que se vio obligado a utilizar su bajo la manga: la milenaria técnica de la fusión. Aún así, no sería suficiente poder, y como desventaja, sus operaciones se redujeron a la mitad; no quedaba de otra, a ese punto ya está roto su pacto de paz, por lo que recurrieron a las armas. Irónicamente, había sido tanto tiempo que la gran mayoría ya no poseía conocimiento alguno sobre el uso de las mismas, solo algunos que solían cazar con frecuencia, y no hay suficientes disponibles para derrotar a un ejército. Habían dado pelea mucho tiempo, pero comenzaban a agotarse; necesitaban un milagro.

¡No lloren más, pueblo de Metamor! Aquí está su salvadora, pueden hacer fila para venerarme y besarme los zapatos.
Dijo, disfrutando sobremanera la angustia de su raza.

Ante la llegada de la única persona con conocimiento en combate real, los altos mandos no tuvieron otra que tragarse sus palabras y acceder a la súplica. Planeaban darle un cargo como líder de las tropas, si accedía a brindarles conocimiento básico sobre armas de fuego. No obstante, la cazadora estalló en carcajadas.

Llega alguien a salvarles el pellejo y ya se creen que su escuadrón de gusanos tiene algún valor. Todos y cada uno de ustedes deben morir, son las consecuencias de todos sus errores. Pero soy tan generosa que mataré a la plaga yardratiana gratuitamente, con la condición de que nadie se meta en mi camino, si alguien lo hace, no me fijaré a qué bando pertenece.
Kynos.

Tras dejar en claro las cosas, tenía un último asunto pendiente antes de meter en el campo de batalla. A pesar de todo el tiempo transcurrido, recordaba la casa donde se había criado, y tocó la puerta. La pareja que ahí vivía tardó unos momentos en reconocerla, hasta fijarse en su ojo; estaban en shock, e inmediatamente le pidieron perdón a la joven por no haberla protegido. Pero Kynos ya no quería escuchar nada al respecto, y solo les entregó las llaves de su nave, junto a unos planos del sistema y, tras decir su ubicación, se despidió.

Escapen ahora, antes de que la guerra alcance esta zona del planeta. No vayan a creer que les tengo aprecio; me criaron y mantuvieron viva, así que estoy pagando mi deuda, no crean que soy una desagradecida.
Pese a la frialdad de sus palabras, un dolor que creía extinto se asomó por su pecho al observar el rostro de sus padres por última vez, mientras partía.

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A partir de ese punto, se recomienda leer One Shot como complemento y expansión del personaje.


Con la ayuda de Kynos, el ejército pudo sacar ventaja a sus enemigos, lo que obligó a estos a mandar gran parte de su arsenal al ataque. Era esa una oportunidad de invadir Yardrat y traspasar allí la guerra, por lo que mandaron a sus tropas más fuertes, incluyendo entre ellas a la cazadora.

Tras un tiempo dedicándose a matar soldados, en busca de su legítima presa, Kynos logra hallar a la razón de su retorno al planeta. Lo inmoviliza y secuestra, llevándolo a una cabaña anteriormente abandonada en medio del bosque, pero que la metamorana había decidido utilizar como refugio durante la guerra. Lo encerró en una jaula, e interrogó cuando al fin despertó; tras confirmar que esta vez había ido por el yardratiano correcto, le comentó sus intenciones. Iba a cazarlo, y quería que le mostrase su habilidad como una resignación a sus instintos más profundos.

La cazadora se puso en papel, e intentó obligarlo bajo sus propios métodos. Klepsei escapó, y dió lugar a su última gran cacería. Lo persiguió incesantemente, disfrutando cada momento de la experiencia; trató de despertar en su rival la reacción que buscaba, y pudo lograrlo cuando este se encontraba moribundo. En su lecho de muerte, el ex-ladrón le robaría una de sus pistolas, destrozando sus piernas a balazos. La usó una segunda vez, con desesperación, e intentó atacar a Kynos con su propia guadaña, pero esta pudo arrebatarla fácilmente.

Cuando intentó darle el golpe final, con su arma ya cubierta con la sangre de sus compañeros de guerra, se encontró conque el yardratiano había encontrado la muerte sin ayuda. Eso era todo, Kynos ya no era capaz de caminar, y antes de ser atrapada por las tropas yardratianas, prefirió quitarse ella misma la vida. Blandió una cuchilla contra su cuello, y logró así su meta de vencer al cruel destino de la muerte.

Lastimosamente para su raza, habían perdido a su guerrero más valioso, y aunque la cantidad de soldados enemigos había disminuido considerablemente, no fueron capaces de ganar. Yardrat se llevó la victoria, pero no el planeta; el Imperio, en ese entonces dirigido por Cold, se encargó de aniquilar lo que creía era el foco de la guerra, sin saber que la misma se había movilizado.

A partir de ese punto, se recomienda leer One Shot como complemento y expansión del personaje.


Así fue, y como era de esperarse, Kynos fue una de las líderes de armada y quién más sangre contraria había derramado. Sin embargo, los yardratianos no eran fáciles, sus habilidades resultaban un inconveniente, pero podían hacerle frente con las armas. Tras unas semanas de combate, los dos grupos estaban fatigados, y como iban las cosas, cualquiera podría ganar, pero las posibilidades cedían un poco más al lado de los metamoranos.

La guerrera se enfocó en encontrar el lugar donde se escondían los líderes de Yardrat, y así acabar rápidamente la guerra. Para eso, había llevado de rehén a uno de sus soldados para interrogarlo. No obstante, otro yardratiano entró a escena para confrontarla. Klepsei no significaba un peligro, era un soldado sin habilidades ni estilo de lucha.

En ese momento llegó un aliado a informarle que Metamoran había sido destruido, seguramente por el imperio de Freezer tras enterarse de la situación, lo que hizo estallar a carcajadas al púrpura. Esto encendió el enfado de la metamorana, que posteriormente persiguió a su enemigo en dirección al norte. Dándose cuenta que su plan era debilitarla con el frío, lo detuvo con una cuchilla. Esto le había servido para darse cuenta que los refugiados se esconderían donde no esperasen que fueran los enemigos, es decir, al norte. Con el dilema resuelto, se dispuso a acabar con Klepsei, pero este último la sorprendió con su habilidad especial, quitándole la pistola y disparándole repetidas veces antes de caer inconsciente.

Kynos sobrevivió, aunque sus piernas y algún punto vital se había visto afectado. Intentó regresar, pero a medio camino perdió la capacidad de caminar, por lo que se recostó en el tronco de un árbol y esperó su muerte.

Yardrat terminó ganando la guerra, y se vió con el derecho de dejar mal vistos a los metamoranos, alterando la historia original de la contienda y dejando a estos últimos como los que comenzaron el pleito.

DBF: Multiverse

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Digamos que la participación de Kynos dentro de este fic parte de una realidad alternativa, o más bien, parte de un final alternativo a su historia original. Aquí nos situaremos en la partida de Kynos del planeta Namek: Persa le suplicaría a Kynos llevárselo con ella, como sucede en la línea original, pero aquí, en vez de aceptar con malicia la oferta para luego acabar con su vida, Kynos se quedaría pensando más profundamente en su decisión. Ella pensaría en la buena vida que había estado llevando hasta ese momento, y por una vez, se plantería la posibilidad de una felicidad real, sin rebuscar en el bajo mundo del asesinato para sentirse satisfecha. Podía al menos intentarlo...

Y funcionó por un tiempo; a pesar de haber regresado su memoria, podía continuar con su vida tal y como la había estado llevando hasta ese entonces en aquel planeta, construyendo y trabajando para los namekianos. Eso quiere decir que el conflicto entre Metamor y Yadrat se desarrolló sin su presencia, así que su encuentro con Klepsei nunca se dió, ni los hechos posteriores que la involucran.

Sin embargo, en algún punto comenzó a incrementar esa necesidad de cazar, de volver a disfrutar de esa sensación, fue algo paulatino que trató de acallar pero sentía que iba a explotar en cualquier momento; así como una vieja adicción. En ciertos momentos tuvo ese impulso demasiado fuerte, dirigido hacia los mismos hombres verdes. Y mientras aún conservaba su cordura, decidió no dañarlos a ellos, y en su lugar, hacer un corto viaje de algunas semanas para desahogarse, dejar un rastro de sangre y regresar una vez más a su planeta. Eso se volvió un ciclo.

Cuando fue reclutada para el gran torneo, le pareció una oportunidad perfecta de descargar toda su sed de sangre sin contenerse. Quizás si lo hacía de ese modo, quizás si encontraba a una presa adecuada para ella, se terminaría de contentar y no tendría necesidad de volver a las cacerías por un largo tiempo.

Estilo de Combate

La forma que tiene Kynos de luchar es una que se adapta a la perfección a su visión tan distorsionada de la realdiad, pues cuando entra en combate, el escenario de batalla se vuelve una auténtica cacería, que debe estar repleta de adrenalina, de intensidad, euforia, y sobre todas las cosas, de muerte.

Kynos realiza su tarea de cazadora aún desde antes del combate en sí mismo, pues se toma su tiempo de vigilar a quien ha marcado como su presa: días, semanas quizás, todo para comprender mejor su rutina, saber qué hace y qué no, y así tener consciencia de cuándo y cómo debe actuar para tenerlo en sus manos.

Una vez el momento llegue, dará unos disparos al aire en indicio de que la batalla ha dado inicio, advirtiendo a su rival que se esconda. Lo rastreará por un rato, satisfaciéndose del miedo de su oponente, esa es posiblemente la parte que más disfruta: perseguir y asustar, la pone en el verdadero papel de una cazadora. Aunque hay veces en las que no tiene la oportunidad de llevar a cabo este ritual y debe pasar de inmediato a su próxima fase, la más brutal.

Cuando la situación lo amerite, se lanzará a la ofensiva. Y aquí es cuando toda la poca lucidez mental que le quedaba es reemplazada por un sadismo ciego, por los deseos de descargar toda su adrenalina sin importarle realmente el daño que vaya a recibir su propio cuerpo. Pero no significa que se vuelva completamente irracional en su estrategia, pues, a pesar de estar en medio de un episodio maníaco, hay en ella el suficiente sentido común como para luchar apropiadamente, para predecir ataques y utilizar la información que ha recaudado antes sobre su presa, pues eso también forma parte de su labor como cazadora y no podría desperdiciarla. Sobre todo, ella es genuinamente buena descifrando a aquellos oponentes que utilizan armas para luchar; siendo una erudita en ese ámbito, puede fácilmente darse cuenta de los pros y contras de casi toda arma.

De encontrarse en un verdadero apuro, deja de sentirse tan cómoda al ver que su rol de dominancia está siendo amenazado. En esos casos es cuando más se deja llevar por sus instintos bajos y bárbaros, luchando de una forma desenfrenada y violenta a más no poder, nublando ahora sí toda su visión de lo que ocurre a su alrededor. Básicamente, se vuelve un animal salvaje, capaz de llegar a puntos como morder o rasguñar para salir de los peores aprietos. Y en el peor de los casos, para proteger su propia vida, escapará aún a costa de su orgullo.

Al tener a su oponente moribundo y el combate ya ganado, pasará a utilizar su arma característica, la Campana de Caza, para acabar con él de un último golpe. Es un ritual que se repite en todos sus combates, así como tomar una parte del cuerpo de la presa como premio.

Estilo en Grupo

Su idea de trabajo en grupo vendría a ser algo como "yo me encargo, y ustedes solo sacan la basura". A Kynos no le gusta pelear junto a nadie, eso va contra todo su código, y no aceptará ponerse como igual junto a otro guerrero, mucho menos querrá compartir ninguna presa con nadie, así que la única forma de obligarla a hacer equipo es que ella tenga el papel principal, que sea la que maneja todo a su gusto personal y más importante, tiene que ser quien se lleve los premios, o dicho de otro modo, nadie más tendrá derecho a poner una mano encima de sus presas. Y de incumplir esa norma, se termina el trato.

Habilidades

  • KynosiconOjo4.png
    Visión de Cazador: Gracias a la especialidad que posee su ojo izquierdo, le permite sentir las vibraciones del aire cual sensor de movimiento, y esto se traduce en un sistema que va desde palpitaciones marcadas encima de su ojo hasta un ligero dolor con la vista nublada de rojo. ¿Alguna vez jugaste un juego donde la pantalla se empieza a teñir de rojo a medida que vas perdiendo la vida? Eso es muy similar a lo que ocurre con la visión de Kynos, pero en vez de advertir que tienes poca vida, advierte de qué punto vienen las corrientes de movimiento, y qué tan cercanas son. Parece complicado, pero para Kynos, quien ha vivido siempre con esa visión, es de un uso intuitivo y realmente útil al momento de salir de caza, ya que le permite percibir cada movimiento y latido de su víctima.
  • Fuerza Bruta: En todos sus años de trabajo pesado, Kynos pudo desarrollar una gran fuerza, sobre todo en la parte superior de su cuerpo, teniendo tendones muy resistentes. Ella sería capaz de quebrar huesos utilizando solo las manos, o blandir objetos realmente pesados sin gran dificultas—un ejemplo muy apropiado de esto es su misma Campana de Caza. Y está muy acostumbrada a romper cualquier objeto a la primera presión, por lo que jugar a las pulseadas con ella es realmente una mala idea.
  • Creación de Armas: El oficio de Kynos es el de artesana, y eso ya dice bastante. Siempre ha sido muy talentosa en eso, y sumado a toda la experiencia que ha ido adquiriendo, sabe bien cómo desarrollar su propio armamento; sabe pensar en armas útiles, y llevarlas a la realidad. Podría decirse que es una vieja pasión que nunca termina de morir.
  • Defensas Altas: Por toda la exposición a climas extremos en un entorno salvaje, desarrolló un sistme inmunológico muy potente. Tanto así que durante sus mejores años de vida nada le afectaba, ni resfriados, ni enfermedades provocadas por alergias, y hasta podría llegar a zafarse de los efectos de algún veneno.

Debilidades

  • Lesión Permanente: En una de sus aventuras por el bosque, Kynos sufrió una lesión en el brazo derecho, razón por la que a veces se lo ve envuelto en vendas. Esto provoca que aquel brazo esté un poco más atrasado que el otro, y no se nota demasiado a menos que esté dentro de un combate, ya que no será la misma intensidad en sus golpes y quizás en un momento dado lo deba dejar descansar por la fatiga muscular.
  • Disciplina Mágica: No es de extrañar que a Kynos se le de mal lidiar contra enemigos que posean habilidades mágicas, pues ella no posee la capacidad para dominar este ámbito, y nunca aprendió nada sobre su funcionamiento tampoco. Lo único que sabe es que es energía que sale del cuerpo de las personas y poco más; poca o nula idea tiene de qué hacer frente a hechizos o encantamientos.

Objetos

Tras la llegada de Kynos al planeta comerciante, iniciaron una producción masiva de armamentos con lo traído por sus guerreros, quienes exploraban otros planetas con el fin de obtener mercancías para ganarse la vida.

Armas

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Granada de Ácido Corrosivo
Al comerciar con semillas de Saibaman por otros bienes, se inició una producción en masa tras encontrar la manera de utilizar el ácido ubicado en la cabeza de los Saibaman, como un arma letal. Con este tipo de arma arrojadiza, los guerreros no necesitaron en algunos casos entrar en combate cuerpo a cuerpo. Su utilización es la misma, tras quitar el seguro se lanza lejos, y esta en poco tiempo explota salpicando el peligroso líquido.
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Granada Explosiva
Otra arma creada a partir de uno de los órganos de Saibaman, este órgano en especial es el que produce la auto-destrucción cuando la criatura se encuentra en peligro. Si se logra extirpar con un método delicado y especial, se podrá utilizar como una granada de gran alcance y poder.
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Exile Guns (Pistolas del exilio)
Las armas que le fueron otorgadas antes de ser exiliada de la zona segura de su planeta natal fueron mejorando tras cada enfrentamiento. Tras su última misión completada, se la premió al fundir dichas pistolas en un un metal semejante al Katchin, debido a su dureza y resistencia. Ahora su munición consta de ojivas energéticas, y cada pequeña ojiva produce un total de siete disparos de energía pura con un estilo de ráfaga. Poseen un mango desprendible que es también un cuchillo de filo retráctil.
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Energy Drive (Unidad de energía)
Munición encapsulada con la que son equipadas las Exile Guns. El color de energía que emiten es de una tonalidad azulina. Además, cuenta con un medidor de municiones, ya que cada cápsula puede almacenar energía para un total de siete balas, donde se indica si la energía es suficiente para poder disparar.
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Campana de la Muerte
La "Campana de la Muerte" es el nombre que recibe la guadaña característica de Kynos, proviniendo del tintineo que hace al dar el remate final a sus víctimas. La misma fue forjada por las garras, colmillos y huesos de sus presas, generando una hoja sumamente filosa y peligrosa. En apariencia, siempre se le notan manchas de sangre, ya que considera que la esencia de la muerte está impregnada en el arma y por esto mismo no la limpia; en unión con el cetro, se encuentra un ojo de color ámbar en juego al iris de su ojo especial, y dentro de este se ubican las campanas que dan el sonido de la muerte.
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Shuriken
Esta arma está hecha con los cuernos de Arctic y Kaih, y las hombreras en punta de Purina, fundidas para armar 4 estrellas medianas de 3 puntas cada una; son livianas y sumamente filosas. Se les colocó un imán muy poderoso dentro para que se atraigan entre si aún a una distancia de varios kilómetros.
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Puño de Púas
Unos nudillos con púas en cada uno de los anillos, muy pesados, hechos en base a la armadura natural de Nix en su forma Nidaí. Cada púa mide alrededor de 7cm, así que pueden provocar un gran daño físico.
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Ballesta
Hecha con los antebrazos de Azeirf, es un arma que al colocarse en el brazo, se pueden disparar flechas a larga distancia. Las mismas se hicieron con partes de varios enemigos, como Kaih y el mismo demonio del frío. Tienen la particularidad de estar atadas a una soga muy resistente, que conecta las lanzas con la ballesta y permite usarlo como medio de trasporte.

Armaduras

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Pechera
Es un protector creado por la cazadora con la intención de ocultar la zona más vital de su cuerpo. La misma fue mejorando desde usar simple corteza de árbol, a cuero de animales cada vez más duros. Finalmente, su máxima mejora se realizó junto a las Exile Guns, siendo fundido con el metal ultra resistente.

Objetos de apoyo

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Mortal Drive
Otro tipo de munición especial hecho a partir de Bamber y su capacidad de expulsar un gas mortal. Cada una posee 8 unidades y al dispararse e impactar contra algo, sueltan un gas venenoso en un radio de varios metros. Son limitadas.
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Drenador
Tras el encuentro con los majuu, raza a la que pertenece Yakon, se decidió utilizar el saco que poseen para acumular la energía lumínica para crear un objeto capaz de drenar cualquier tipo de energía. El drenador consta de una aguja conectada a un saco de piel majuu, este se inyecta al cuerpo de algún ser vivo y se le absorbe parcialmente su energía. La aguja es suplantada por una cápsula de Energy Drive, y de esa forma se restablece. Según la energía acumulada es la cantidad de munición que brinda.
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Muñequera
Tras vencer a Deneb, le robó uno de sus ojos y lo colocó en su muñequera izquierda para utilizarlo con mayor comodidad. Aprovecha la habilidad del ojo de paralizar a sus enemigos temporalmente y la utiliza en combate.
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Amplificador Auditivo
Aprovechando la audición aguda de Gondamek, le quitó la oreja para construirlo un pequeño aparato que lleva en el oído. Con él puede escuchar sonidos a gran distancia y con claridad. La cubierta del aparato está hecha con la antena del mismo sujeto.
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Máscara de Oxígeno/Anti-Gas
Al vencer a Arctic, le arrancó el recubrimiento de la mandíbula para crear una mascarilla sin filtraciones, para evitar que sufra ningún tipo de intoxicación provocada por sustancias en el aire. Suministra oxígeno suficiente para aguantar alrededor de una hora en espacios donde el mismo esté contaminado. También sirve como una suerte de protector dental, ya que es resistente y aguannta varios golpes.

Técnicas

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Disparos desde las Sombras
Kynos lanza la granada explosiva creada a partir de los Saibaman, acto seguido le dispara, provocando una cortina de humo para anular la visión del rival. Aprovechando esta ventaja decide, a través de la humareda, disparar a mansalva el resto de sus balas. La técnica se basa en la distracción en vez del ataque directo, siendo utilizada cuando se requiere escapar o crear una trampa.
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Quemaduras de la Agonía
Tras lanzar hacia el cielo la granada de ácido y dispararle, inicia un diluvio del ya nombrado peligroso líquido, afectando tanto al usuario como al enemigo si no se toma una distancia de precaución del área afectada. Al tratarse de una técnica de doble filo, es necesario encontrarse en una situación extrema, por lo que se debe abstener a utilizarla.
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Torbellino de la Desesperación
Girando sobre su propio eje, inicia una descarga de balas con sus Exile Guns, al no tener un objetivo fijo solo puede realizar un daño en área. Dicha técnica solo es sumamente efectiva si el usuario se encuentra rodeado por sus enemigos, también es aplicable con un objetivo con excelente agilidad y velocidad.
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Cámara de Gas
Dispara con la munición del Mortal Drive a los pies del objetivo, expulsando la cápsula un gas venenoso y humo que dificulta aún más la orientación. Kynos se coloca su Máscara Anti-Gas y entra dentro de la humadera, pudiendo guiarse mejor gracias a la visión de su ojo izquierdo. Desde aquí, puede usar diferentes tácticas para aprovechar la situación.
  • Cámara de Gas: Daños Colaterales: Con su Puño de Púas, comienza a soltar golpes potentes a puntos vitales del enemigo, sin que este pueda defenderse correctamente. Seguirá así hasta lograr que caiga inconsciente o se acabe el efecto del gas.
  • Cámara de Gas: Sumidero de Energía: Utiliza su Drenador para quitarle toda su energía fácilmente y reestablecer su Energy Drive.
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No Parpadees
Cuando el enemigo esté a punto de darle un golpe, lo más seguro es que este tenga la vista fija en el lugar donde irá dirigido. Kynos aprovecha esta situación para usar una guardia de brazos, dejando a la vista su Muñequera Hipnótica. El adversario perderá la concentración al instante y acabará dejando una oportunidad perfecta para contraatacar.
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Encrucijada
Kynos lanza dos de sus shuriken al cielo, logrando que obtengan una altura considerable. Posterior, se acerca al enemigo y hay dos opciones: o la lanza con poca potencia, de modo que este la pueda atrapar, o la incrusta en su cuerpo. Para cuando suceda, las dos estrellas que fueron tiradas al aire ya estarían regresando a máxima velocidad, atraídas por el imán de esta tercera estrella más cercana. Kynos se alejará mientras esto sucede, conservando aún la cuarta estrella. Y cuando el enemigo sea atravesado por las dos shuriken, ella soltará la última como un remate, y será atraída por las otras, hacia la víctima.
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Bombardero Dinámico
Dispara con su ballesta a alguna superficie resistente, dejando una soga que conecte el arma con la lanza, como un arpón. Se deslizará por esta y en el camino irá soltando una serie de granadas explosivas, granadas ácidas y disparando algún Mortal Drive, siendo en conjunto una combinación fatal y destructiva para quienes se encuentren en un radio cercano. Esta técnica sirve bien como ataque sorpresa contra un grupo de enemigos.
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Presa Fácil
Cuando las municiones de sus Exile Guns se acaban, deja ver este hecho, dejando que el enemigo se confíe. Y en el momento que baje un poco la guardia, sacará las cuchillas retráctiles del mango de ambas pistolas y saltará a atacar directamente a la yugular del oponente. Es una táctica que se basa en la sorprsa y solo fuciona una vez.
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Tintineo Resonante
Esta es la técnica final de Kynos, de la forma más literal posible, pues se trata del ritual que repite siempre para acabar a sus enemigos con un último golpe. Tomando su Campana de Caza con una mano, la alza al cielo, y deja caer con furia todo el peso del filo sobre un punto vital de la presa. Al hacerlo, se escuchará el tan característico sonido de unas campanas, indicando que el combate ha terminado.

Enfrentamientos

Golden Freezer Awards 2019

Oponente/es Resultado
Shio
Purina
Arctic (I&S)
Sadness (WW)
Kaih (DBGS)
Ganador a:
Mejor Villano

2º Promotion League One

Oponente/es Ronda Resultado
Azeirf Primera Victoria
Gond (WW) Segunda Derrota
Renasci Tercera Victoria
Shio Cuarta Victoria
Bara (DBF) Quinta Victoria
Nix Tercer lugar Victoria

3º Fanon Elite League

Oponente/es Ronda Resultado
Sugoki (Bamber) Primera Victoria
Gondamek Segunda Victoria
Kaih (DBGS) Tercera Victoria
Nix Cuarta Derrota
Gond (WW) Quinta Victoria
Ánima (DB:S) Sexta Derrota
Rediktum Séptima Victoria
Rice (WW) Tercer lugar Victoria

2º Torneo Fanon de Poder [4]

Oponente/es Ronda Resultado
Suteki
Riesig (DBF)
Azeirf
Quinta[5] Victoria
Deneb
Riesig (DBF)
Octava[6] Victoria

4º Torneo Fanon de Poder [7]

Oponente/es Ronda Resultado
Zerachin Ally
Darkhan (WW)
Primera[8] Victoria
Speedy (CW)
Obi Udoji
Tercera[9] Victoria

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Galería

íconos

Referencias

  1. Ganador de Golden Freezer Awards 2019.
  2. Tercer lugar de la 3º Fanon Elite League.
  3. Tercer lugar de la 2º Promotion League One.
  4. Equipo con: Klepsei, Shouyu y Rediktum
  5. Triple Amenaza. Aliados: Hazzel (I&S) y Lance
  6. 2 vs 2. Aliado: Arctic (I&S)
  7. Equipo con: Bra y Noah
  8. Triple Amenaza.
  9. Triple Amenaza.


Este artículo ha ganado los Golden Freezer Awards








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