
| |
|---|---|
| |
| |
| ♂ Masculino | |
| 76 años | |
| Saiyajin | |
| Planeta Sadala | |
| Señor del Crimen | |
| Medallero | |
[2] [3]
| |
Beetroot (ビートルート, Bītorūto) o mas conocido como Kumori (曇り, Kumori) nombre bajo el cual acoge el alias de El Distorsionado (歪んだ, Yuganda) es un saiyan proveniente del Planeta Sadala y un ex-sicario reconocido en el rubro de los asesinos a sueldo.
Fue creado por el usuario Kyomist10 para participar en la serie World Wikia con el rol de villano. Cuenta con su propia serie, llamada Kumori Hiden, donde se narra su biografía. Y se suman dos historias: Paseo de la Soledad y Cronicas de un Alma Decadente, remarcando momentos importantes de su vida.
Actualmente es uno de los señores del crimen más importantes, acogiendo un nuevo alias. Siendo ahora conocido como El Anfitrión (ザ・ホスト, Za hosuto), creador y fundador de la organización de asesinos Primera Sangre.
Etimología
Kumori significa Nublado en Japonés, haciendo referencia a las últimas letras del nombre de su autor, Mist que significa Niebla en Inglés.
Desde otra perspectiva se le quiso dar un nombre con denominación saiyan. El cual corresponde a "Beetroot" que significa raíz de remolacha o remolacha en Inglés.
Concepto y creación
En las primeras fases para la creación de Beetroot, o Kumori el concepto fue el de un saiyajin cruel, bélico, un maníaco loco que podría pertenecer a las fuerzas de Freezer, pero esto fue rápidamente descartado debido a lo usado que estaba. Mi idea para Kumori no era tan clara, solo quería que fuese un saiyajin, uno parecido a "Cumber" ya que este siempre fue de mi agrado por como fue planteado. Poco a poco fui construyendo al personaje que tenemos ahora con lo que se me ocurría, hasta que una vez, cuando todavía no conocía bien DBFW lo inscribí a los GFA con la mentalidad de que ya era un personaje "terminado", que ya estaba listo. Cuando de hecho habían muchos mejores que él, la historia de Beetroot era poco clara, la rehíce muchas veces, la borraba y cambiaba muchos eventos haciéndolo inconsistente.
Pero en un momento tuve la oportunidad de conocer a Saail, y me enteré de que hacía imágenes, por esto, le pedí que me hiciera una para Beetroot y esa fue la primera que tuvo, me gustaba mucho y las ideas seguían surgiendo en base a esto, pero no eran sólidas. Por esto, volví a comenzar desde el principio, aunque mi menté se mantenía en blanco, solo con una idea, quería algo que a la gente le gustara pero que mantuviera mi esencia junto a lo que deseaba en un principio para él.
Hice uso de todo lo que tenía a mi disposición para poco a poco formar a un saiyajin, un ser trastornado, traumado por ser golpeado constantemente por la vida, un saiyajin que entendiera el verdadero significado del dolor. Ahora mismo me encuentro contento con lo que hasta ahora he logrado en Kumori.
En concreto a Kumori se le quiso dar esa vista a la locura o corrupción de la mente que puede llegar a tener cualquiera cuando se expone a los distintos golpes de la vida. A la soledad, a la traición, a la falta de alguien en quien puedas confiar. Al no querer pasar mas por esto y ser el que traiciona, el que pone la soledad, el que pone la falta de alguien, busco hacerse mas fuerte a costa de lo que sea dejando como meta en su vida ser en simples palabras el "jefe".
Podrá demostrar que es alguien duro y sin sentimientos pero en el fondo lo único que necesita es un poco de psicología de parte de un profesional. Tanto comprensión y desarrollo emocional.
Biología
Al igual que otros saiyajin, su esperanza de vida supera con creces la de los humanos, y su envejecimiento es mucho más gradual, no comenzando a manifestar signos de envejecimiento hasta después de los 80 años o más. Sin embargo, los saiyajin del Clan Maligno poseen una mutación genética que altera drásticamente su biología al ser descendientes de una rama de los saiyajin primigenios. Estos llevan en sus genes una enfermedad degenerativa que acorta significativamente su vida, reduciendo su estimativo a los 50 años en promedio. Además, esta mutación los incapacita para transformarse en Ohzaru, a pesar de poseer cola, e impide el acceso a la forma tradicional del Super Saiyajin y sus predecesoras.
En el caso de Kumori, su biología es aún más particular. Desde su llegada al Planeta Nerabyte, ya era considerado un mutante, pero la exposición prolongada a los gases tóxicos y a las condiciones extremas del lugar llevaron su mutación a un nivel completamente único. Sus órganos desarrollaron un metabolismo altamente eficiente, y su cuerpo recibiría una mejor resistencia. Sin embargo, este mismo fenómeno tiene un costo: su propio cuerpo se consume a sí mismo debido a la energía corrupta que lo invade, la cual necesita alimentarse constantemente de su anfitrión.
Su fisiología se adaptó a las duras condiciones de Nerabyte, un mundo caluroso y volcánico. Durante su estancia, su dieta consistió en carne expuesta a altas temperaturas, con un sabor similar al carbón, lo que llevó a su organismo a acostumbrarse a este tipo de alimentación extrema. No obstante, al abandonar el planeta, su sistema digestivo sufrió una crisis de adaptación, reaccionando negativamente a los alimentos comunes y causándole intensas náuseas. Con el tiempo, su cuerpo logró normalizarse y aceptar una dieta más convencional.
Además, su sistema óseo, articular y muscular está más fortalecido. Su metabolismo responde de manera diferente a la ingesta de proteínas; con una pequeña porción de alimentos es más que suficiente para desencadenar un proceso de absorción acelerado, optimizando su energía y resistencia. Esto le permite mantener su fuerza y capacidades físicas en niveles óptimos, siempre y cuando consuma los nutrientes adecuados.
Neurobiología
El cerebro de Kumori ha sufrido modificaciones significativas debido a su mutación saiyajin y a su prolongada exposición al ambiente extremo del Planeta Nerabyte. Lo que ha hecho evolucionar su sistema nervioso para operar de manera distinta a la de un saiyajin promedio, otorgándole ventajas como desventajas únicas.
Uno de los cambios más notables es su hiperactividad neuronal, lo que le otorga reflejos excepcionalmente rápidos y una capacidad de procesamiento acelerada en combate. Su mente analiza patrones de movimiento y estrategias a una velocidad impresionante, permitiéndole anticipar ataques y adaptarse a situaciones con una eficacia casi instintiva. Sin embargo, este mismo rasgo hace que su cerebro opere en un estado de sobrecarga constante, lo que puede provocar episodios de agotamiento mental o insomnio extremo, llevándolo a un fuerte mal humor que se traduce en ira.
La energía corrupta hace lo suyo, ya que también afecta su percepción y estabilidad psicológica. Teniendo que tratar con un "parásito" que altera equilibrio químico, provocando impulsos agresivos descontrolados y sin medidas preventivas que puedan calmarlo. Cuando ocurren esos momentos de ira intensa, sus neurotransmisores liberan dosis masivas de adrenalina y dopamina, llevándolo a estados de furia que pueden derivar en arrebatos extremos. Su consecuencia más obvio al terminar estos, son las lagunas mentales, y las reiteradas desconexiones de la realidad que sufre el saiyajin.
El contacto prolongado con la atmósfera tóxica de Nerabyte lo llevaría a desarrollar una hipersensibilidad sensorial, haciéndolo capaz de detectar vibraciones en el aire, cambios mínimos de temperatura e incluso rastrear feromonas o bioenergía en otros seres vivos. De esta manera, queda vulnerable a cambios abruptos en su entorno, recibiendo todos sus sensores corporales una desorientación que le lleva varios segundos hacerla desaparecer.
Otro aspecto clave de su neurobiología es su resistencia al dolor, puesto que su sistema nervioso ha aprendido a modular las señales para que no interfieran en batalla, bloqueando el sufrimiento físico en momentos de crisis. No obstante, este mecanismo de supresión tiene un precio, que es el de no saber cuándo parar; si no percibe la cantidad de daño que recibe, puede forzar su cuerpo más allá de sus límites sin darse cuenta, acabando eventualmente en un estado crítico del que no pudo recibir advertencia.
Apariencia
Aspectos
Personalidad
Anterior
En su primera fase, Kumori, conocido en ese entonces como Beetroot, era un individuo calmado, pero ante la más mínima amenaza reaccionaba sin dudar, atacando con fiereza. Creció en el inhóspito Planeta Nerabyte, un lugar donde la supervivencia era la única regla, sin el calor de una familia, sin un amigo o aliado, rodeado únicamente por criaturas que lo veían como una presa. Con el tiempo, los rostros de aquellos que le dieron la vida se desvanecieron de su memoria, dejándolo en un estado de constante alerta y desconfianza hacia su entorno.
Sin embargo, esta desconfianza quedaba en ocasiones relegada por su deseo de escapar y hallar a alguien con quien compartir su existencia. Kumori anhelaba conocer sus orígenes, y esta incertidumbre lo llevó a desarrollar una naturaleza profundamente sentimental, así que noche tras noche, soñaba con huir de aquel planeta hostil. En Nerabyte, la vida era una interminable competencia por sobrevivir, lo que lo hizo extremadamente competitivo y rencoroso; acumulando rabia con facilidad, y aunque no siempre podía controlar sus impulsos, la culpa lo carcomía tras cada arrebato. Un claro ejemplo de esto fue cuando atacó a Ezra en un momento de ira descontrolada, solo para despertar después sintiendo un vacío doloroso al no encontrarla entre sus brazos.
Su personalidad lo llevaba a tomar decisiones drásticas, a veces con consecuencias devastadoras para sí mismo. Cuando perdía algo valioso — por su propia mano o por la de otros — podía caer en un estado de desesperación y desmotivación absoluta. A pesar de esto, su voluntad era inquebrantable: rendirse jamás fue una opción para él. Persistía hasta el extremo, aferrándose a sus objetivos incluso cuando todo parecía estar en su contra.
Posterior
Kumori se considera un saiyajin de "principios", aferrado a su orgullo y a la necesidad constante de volverse más fuerte. Para él, la batalla no es solo un medio de crecimiento, sino su razón de existir, hasta el punto de vivir del asesinato y perfeccionar sus habilidades a través de la lucha. Como antiguo miembro de su raza, su personalidad está profundamente marcada por el belicismo y la violencia, eliminando sin piedad cualquier obstáculo en su camino, importando únicamente la supervivencia; los demás son irrelevantes y prescindibles.
Carece de escrúpulos y de cualquier interés por la vida ajena, prefiriendo mil veces destruir a un oponente antes que concederle clemencia. Siempre está listo para la batalla y la considera el aspecto más esencial de la existencia. Con el tiempo, aprendió que la desconfianza es más valiosa que la fe en los demás, lo que lo llevó a desarrollar una experiencia y sabiduría afiladas sobre el mundo que lo rodea. No obstante, esta mentalidad solo profundizó su corrupción, retorciendo su forma de pensar, pero fortaleciendo su confianza en sí mismo y en su inquebrantable voluntad, superando incluso a muchos de sus hermanos saiyajines. A pesar de su naturaleza oscura, Kumori dudaría, aunque sea por un instante, antes de atacar a alguien de su propia raza. No obstante, si se siente amenazado, no titubeará en eliminarlo.
Su brutalidad alcanza su punto máximo cuando se deja llevar por la furia y el rencor; es ahí el momento donde destruirá todo si se le impide cobrar venganza, dejando de importarle las consecuencias. Su obsesión por la batalla lo llevó a experimentar una ansiedad rampante, manifestada en cambios drásticos de temperamento, oscilando entre la crueldad, el sadismo y una firme convicción por la destrucción.
Sin embargo, esta no es su única faceta. Kumori se ganó su apodo debido a los drásticos cambios de personalidad que ha experimentado en combate. En ciertos momentos, muestra una inquietante lucidez, tanto dentro como fuera de su mente, adoptando una postura más calmada y estoica; en este estado, deja de lado su ansia por pelear y destruir, mostrando una indiferencia casi absoluta por lo que sucede a su alrededor.
Actual
Actualmente, Kumori se ha convertido en alguien forjado por el tiempo, la guerra y la pérdida. Ya no actúa como un peón en los juegos de otros, puesto que ahora piensa y actúa como un líder. Cada experiencia, cada traición, cada batalla ha dejado una marca indeleble en su forma de ver el mundo. Ya no es aquel joven impulsivo que recorría los universos cumpliendo órdenes sin cuestionar; ahora es él quien las da, quien traza los caminos y espera que otros los sigan sin titubear.

Aunque la sed de combate sigue latiendo en su interior, ha aprendido a reprimirla. El deseo de ver sangre correr aún existe, pero no lo que lo domina, simplemente permanece como una bestia enjaulada, la cual está lista para entrar en acción cuando se lo exija.
En comparación con su pasado, Kumori ha alcanzado una nueva dimensión de frialdad, destacando su intimidante presencia. Sin embargo, ahora posee la capacidad de perdonar — algo que antes le habría parecido impensable —, mas su orgullo le impide olvidar. Perdona, sí... pero lo hace por sí mismo, para enterrar la debilidad en un rincón de su memoria, no por el bien de otros. Sus recuerdos son cicatrices que guarda en silencio, encerradas en un baúl que rara vez vuelve a abrir.
Ha dejado de preocuparse por lo que ocurre a su alrededor; el verdadero conflicto está dentro de su mente. Los dilemas que enfrenta ya no son externos, sino internos. Carga con la responsabilidad de las vidas que ahora están bajo su protección, y aunque eso no lo ablande, sí lo ha hecho más reflexivo.
Kumori se jacta de su reputación, de los temblores que provoca su nombre. Pero lo que más perdura en él es su mirada: fría, calculadora, siempre fija... como si pudiese ver a través de las intenciones de los demás. Esa mirada no ha cambiado, y probablemente nunca lo haga.
El Guerrero
Orgulloso hasta los huesos y con un ego impresionante, Kumori encarna la figura del guerrero saiyajin en su forma más pura y compleja. Este rasgo no es solo una máscara de superioridad, sino una sombra que lo acompaña: una carga, un legado, una promesa no cumplida. Su amor por la batalla no es mero gusto por la violencia, sino una expresión de respeto por la vida que corre por las venas de su raza. Para Kumori, luchar es honrar a los que vinieron antes y demostrar que su linaje merece ser recordado.
Considera un privilegio — y a la vez una responsabilidad — llevar el nombre de su especie. No se conforma con la fama que los rodea como "grandes combatientes" o "temerarios sin igual"; solo es algo superficial. Kumori siente que debe velar por la reputación de los suyos como si fuera una llama sagrada. Él no solo pelea por sí mismo, sino por la dignidad olvidada de todo un pueblo. Cada combate es una ofrenda a ese legado.
Aun así, no es ciego y los juzga con dureza. La indiferencia histórica de los suyos hacia la construcción de una verdadera civilización, el egoísmo innato y la falta de unidad, le generan una frustración que lleva clavada como una espina. Está convencido de que si hubieran luchado menos entre sí y más como un solo frente, el destino de los saiyajins habría sido grandioso.
Kumori no busca convertirse solo en un guerrero legendario, más bien quiere ser la prueba viviente de que su especie puede superar su naturaleza salvaje y convertirse en algo más. Por eso entrena, por eso lidera, y por eso nunca deja de avanzar.
El Asesino
El camino de Kumori hacia el asesinato no comenzaría gracias a Ezra. Su destino estaba sellado mucho antes, forjado en la sangre, el hambre y la guerra. Incluso si su vida hubiese transcurrido en Sadala o en cualquier otro rincón del universo, el conflicto habría sido inevitable. Pero fue en Nerabyte, ese horno viviente, donde la muerte dejaría de ser una excepción y se convertiría en rutina. Allí, matar no era una elección... sino que era la única forma de seguir respirando.
Desde muy joven, Kumori aprendería que la vida se sostenía con garras y dientes. No solo combatiría bestias salvajes, sino que también enfrentaría a los Neratianos, celosos guardianes de su tierra que no toleraban forasteros. Sus manos, aún pequeñas, comenzaron a teñirse de los fluidos oscuros de aquellos que se interponían entre él y su siguiente alimento. No había honor, no había gloria: solo hambre y necesidad.
Su primer asesinato fue también su primera comida. Un imponente gallo de fuego, nativo de Nerabyte, lo atacaría sin piedad, dañando su piel con garras incandescentes. Kumori, ya al borde de la inconsciencia, usaría la vieja táctica instintiva: fingir estar muerto, para posteriormente atacar cuando la presa baja la guardia. El joven no sabía que ese acto significaba "asesinar", solo sabía que necesitaba subsistir. La carne del gallo le supo amarga, pero fue lo que lo mantuvo con vida. Desde entonces, matar dejaría de ser un tabú, ahora formaría parte de su dieta y de su naturaleza.
Fuera de Nerabyte, su sendero lo llevaría junto a alguien que vio en él más que una bestia salvaje. Ezra fue una guía, un reflejo, y también un detonante. Con ella aprendió que el mundo era más complejo de lo que creía, y que la línea entre el bien y el mal era una ilusión. Para Kumori, la moralidad es circunstancial: nadie actúa de forma pura cuando el filo de una espada apunta a su garganta. En su visión, toda acción puede justificarse si las condiciones lo exigen.
El gusto por matar, en algún momento, dejaría de ser solo por supervivencia. Con los años, se volvería una adicción silenciosa, un eco oscuro que se esconde tras su mirada calculadora. Hay algo en la sangre, en el calor de la lucha, en el instante en que el enemigo cae, que le recuerda que está vivo. No siempre lo disfruta, pero tampoco lo evita, ya que simplemente deja salir al demonio. Sería hipócrita decir que no todos llevamos el mismo demonios interno, solo que en su caso este ha crecido, se ha moldeado y ha aprendido a hablar.
Lenguaje Corporal
Kumori es muchas cosas, pero expresivo no es una de ellas. Su cuerpo no se presta fácilmente al lenguaje de los gestos; no hay ademanes dramáticos ni emociones desbordadas. En él, todo está contenido, medido... hasta que uno se detiene en su mirada. Porque si los ojos son la ventana del alma, los de Kumori son un abismo sin fondo.
En condiciones normales, su mirada es penetrante, afilada y autoritaria. Irradia una intensidad que, sin necesidad de palabras, impone respeto e incluso temor. Es el tipo de mirada que te hace dudar de tus intenciones antes de abrir la boca. Pero cuando el dolor lo toca, todo cambia: Sus pupilas se dilatan levemente, como si el mundo se volviera más grande de lo que puede manejar. El color de sus iris adopta un matiz rojizo tenue, casi imperceptible, como si una brasa interna se encendiera lentamente. Su rostro se tensa, el ceño se frunce con fuerza, y esa mirada — normalmente impenetrable — comienza a mutar, cruzando líneas entre la ira, la tristeza y una desconcertante fragilidad.
Y, entonces aparecen el otro lado, el más extraño: Cuando algo lo atrae, lo asombra o — aunque no lo admitiría tan fácilmente — le genera placer. En esos raros momentos, su mirada se afila de forma distinta, ya que sus pupilas se estrechan, quedan fijas y concentradas. Las cejas se alinean rectas en una expresión casi estoica, sin embargo la tensión de su rostro se disipa. La mandíbula se relaja, los labios se aflojan, y por un instante, Kumori parece humano. Se lo ve feliz, o al menos, en paz. Quienes lo conocen bien saben que esos momentos son escasos... pero cuando ocurren, son imposibles de ignorar. Porque en este saiyajin, su cuerpo puede mentir, sus ojos jamás.
Lenguaje Verbal
Kumori no es un hombre de muchas palabras, pero cada vez que habla, lo hace de manera de hablar es directa, seca y, por momentos, punzante. Cada frase que escupe parece calculada y con un filo contundente, como si no le gustara desperdiciar saliva en lo innecesario. Su voz no necesita volumen para imponerse; es grave, firme y arrastra una autoridad que no se cuestiona. Como si cada palabra fuera una sentencia, y cada silencio, un juicio.
Su tono suele ser tajante, cargado de cinismo y, a veces, con un toque de ironía que refleja su desdén por la hipocresía y las farsas del mundo. Tiene la costumbre de dejar frases que resuenan, no porque busque ser profundo sino porque sus verdades suelen ser dolorosas, incluso cuando son ciertas.
A pesar de su brutalidad, posee un léxico sorprendentemente amplio y articulado. Con el tiempo, ha aprendido a dar discursos con autoridad, dominio y ciertos matices de arrogancia, como alguien que ha liderado, sobrevivido y visto más de lo que está dispuesto a contar. Sus órdenes son claras, inapelables, y rara vez se repiten. Si alguien no entiende, no es culpa de Kumori sino de aquel que no estaba preparado para escucharlo.
En combate o en momentos de tensión donde su lenguaje se vuelve más amenazante, cargado de advertencias y metáforas viscerales. No necesita gritar para intimidar, puesto que su forma de hablar ya es, por sí sola, una promesa de violencia.
Por último, cuando entra en estados de introspección o rabia contenida, su discurso cambia: se vuelve filosófico, crudo, incluso existencial. Es ahí donde se le escapa lo que realmente piensa de la vida, de su raza, de sí mismo. Emula un tono bajo, de vulnerabilidad y cansancio, cansancio por los fantasmas que aún lo persiguen.
Ideología
El saiyano cree firmemente que, para sobrevivir en un universo hostil, debe estar siempre dos pasos por delante. Se tiene que pensar rápido, actuar con tenacidad y jamás confiar en que el entorno será indulgente; solo la fuerza garantiza la subsistencia. Para él, los títulos económicos, políticos o sociales no son más que adornos inútiles en la lápida de los débiles. Ninguna jerarquía protege a quien no tiene el poder de defenderse.
En el fondo, Kumori arrastra un temor silencioso a la debilidad, forjado a base de traumas y pérdidas. El haber crecido solo en un planeta que lo devoraba vivo, o la pérdida de muchos hombres valiosos bajo su mando, dejó cicatrices profundas. El mayor de esos dolores fue dejar ir a Ezra, y aún hoy lo considera una muestra de debilidad que lo corroe en silencio.
Todas esas vivencias lo llevaron a una única conclusión: debe pensar primero en sí mismo y en cómo será capaz de avanzar, mejorar y prevalecer por su cuenta, ya que su evolución no puede depender de nadie más. Su corazón, endurecido por la experiencia, se cerró a los sentimientos para evitar mostrar cualquier fisura. Vacilar no es opción a la hora de eliminar a un objetivo, y titubear queda en manos de los débiles al momento de la muerte.
En su mundo, sobreviven los fuertes; los demás están destinados a caer. Es por esto, que la palabra y la lealtad son muy importantes para él, y no hay espacio para promesas vacías ni juramentos sin peso. Quien se compromete frente a Kumori debe estar dispuesto a cumplir, o asumir las consecuencias de traicionar su confianza.
Motivaciones
Kumori no busca el poder solo por ambición, sino porque teme volverse irrelevante. Si pudiera alcanzar la cúspide de la fuerza, lo haría para que su existencia jamás sea olvidada. Su mayor motivación no sería el dominio por sí mismo, sino trascender. Sería su forma de gritarle al universo que alguna vez estuvo aquí, y que fue imposible ignorarlo.
De tener la oportunidad, reconstruiría desde los cimientos la gloria perdida de su raza. No descansaría hasta convertir su nombre en leyenda, hasta que su figura simbolizara lo que significa ser un verdadero saiyajin. Querría que su vida reflejara el peso de toda una civilización... una que según él, debería haber prosperado como una sola unidad.
Si el mundo le diera la espalda, Kumori seguiría avanzando, porque entendería que solo los fuertes prevalecen. No imploraría piedad ni ofrecería segundas oportunidades a quien lo traicionara. Sus acciones estarían impulsadas por la necesidad de demostrar que cada pérdida, cada traición y cada herida, valdrían la pena si al final de su camino todos recuerdan su nombre.
Y si alguna vez alguien llegara a superarlo, ese día sería el único en el que consideraría haber fallado en su propósito. Porque Kumori no viviría solo para vencer... viviría para ser eterno.
Aspiraciones
Kumori aspira a convertirse en un ser tan poderoso que la muerte misma no se atreva a tocarlo. Su anhelo no es solo el de sobrevivir, sino el de trascender, dominar y demostrar su supremacía a través de la fuerza. Para él, reconstruir la gloria perdida de la antigua edad dorada saiyajin no es solo un sueño, sino una misión personal; una deuda con su linaje y con la historia que se atrevió a olvidar su verdadero poder.
Está convencido de que todo lo que desea está a su alcance, buscando propagar sus ideales entre el uso de sus palabras y sus puños; todo para demostrar que solo los fuertes son dignos de alcanzar una vida colmada de riqueza, reconocimiento y trofeos de guerra. Sueña con rodearse de grandeza y respeto, para ser visto como un titán, una leyenda viviente... alguien tan imponente que incluso el universo piense dos veces antes de pronunciar su nombre.
—El verdadero deseo de Kumori.
|
Gustos
Íntimos
Kumori siente atracción por mujeres de cualquier raza que posean un estado físico físico estable, curvilíneas, sensuales y atrevidas. Se inclina más por aquellas que irradian intensidad, rebeldía y un espíritu aventurero.
El rechazo de Ezra fue una herida profunda en su ego, haciéndole cuestionarse si realmente era suficiente como "hombre". Sin embargo, tras obtener poder, dinero y confianza, el juego cambiaría: las mujeres dejaron de ser un problema. Acostumbrado a pagar por compañía ocasional, no busca relaciones formales ni complicaciones emocionales, a menos que sienta un verdadero interés mutuo, lo cual es poco común. Para él, la pasión es un campo de batalla más donde también se debe demostrar dominio.
Alimenticios
Su etapa como nómada forjado en Nerabyte lo obligaría a adoptar un paladar resistente. Aprendería a sobrevivir comiendo todo aquello que pudiera digerirse, incluso si sabía a carbón o a baba metálica. La comida de los Neratianos era desagradable, pero efectiva. Hoy en día, cualquier platillo fuera de ese planeta le parece un manjar, y su estómago ya no se queja por nada. Durante su época más oscura, el alcohol habría sido su refugio favorito, convirtiéndose en una constante tentación que aún lo acompaña.
Estéticos
Cree que el cuerpo debería mantenerse en forma, no solo por eficacia en combate, sino como símbolo de poder y respeto, así que le gusta mostrar su torso desnudo, como un gesto de autoridad y presencia. Por otro lado, siempre tuvo un sentido de afinidad por los tonos oscuros y rojizos, tiñendo incluso un mechón en rosa claro como acto simbólico de libertad y renacimiento. Más adelante, transformaría por completo su imagen: cabello y cejas rojizas, cuerpo tonificado y musculatura marcada. Entrenaría a diario, no solo por necesidad, física, sino porque es parte de su identidad.
Recreativos
La mayor parte de su tiempo estaría ocupada por sus sus responsabilidades como sicario, el peso que conlleva liderar un gremio del mismo tipo y los entrenamientos. Sin embargo, en los escasos ratos libres, se permite ciertas distracciones como beber un poco y pasear por los burdeles, los cuales le parecen un escape adecuado: sin compromisos, sin ropa, sin emociones, sin nombres. Cuando busca algo más estimulante, los casinos son su destino predilecto, ya que le encantan los juegos de azar como el blackjack, la ruleta o el bacará, sobre todo por su carácter competitivo, donde el riesgo y la tensión se asemejarían a la adrenalina de la batalla.
Disgustos
Manifestación de debilidad
Kumori aborrece con fervor cualquier forma de debilidad, ya sea física, mental o emocional, que no estuviera justificada por una superación o un propósito. No soporta la idea de ver a alguien rendirse fácilmente, ni perdonaría a quien se quebrara sin luchar. Para él, flaquear frente a la adversidad sin siquiera intentarlo sería lo más despreciable de un ser vivo.
Inutilidad
Rechaza la incompetencia y el estancamiento: Si alguien no fuera capaz de aportar, de progresar o de defender su lugar, Kumori lo consideraría escoria. Detesta a quienes desaprovechan su posesión de poder o recursos, así como también a quienes dependen de otros sin esforzarse por merecer ese respaldo.
Pensamiento utópico
Los discursos moralistas o utópicos, desde su punto de vista, solo sirven para justificar el fracaso. Desconfía de quienes predican paz sin haber sobrevivido a la guerra, y desprecia cualquier creencia que niegue el valor de la fuerza o el sacrificio. Lo idealista sin hechos, para él, serían una serie de palabrerías sin sentido a las cuales hay que hacer oído sordo.
Esclavitud
Sentir que su libertad se encuentra comprometida en cualquier sentido, su instinto más primigenio saldría a la luz para romper las cadenas que lo atan. Reniega del control y la manipulación hacia su persona, y su orgullo rechaza cualquier orden dada. Solo esto es permitido si existe un motivo verdaderamente fundamentado que lo convenza.
Traición
Se ha mencionado antes que para el saiyajin, la lealtad y la palabra son primordiales en ese mundo salvaje en el que vive. Atinando en decir que solo un intenso odio les queda a quienes traicionan su confianza, ya que una promesa rota equivale a una herida mortal en combate. Y todo aquel que, sin importar el motivo, falle en su pacto sellado, será condenado al castigo.
Vulnerabilidad emocional
Posiblemente, la capacidad de sentir esta exposición emocional es lo que Kumori tanto desprecia; cosas como el dolor, el apego o la nostalgia es lo que buscaría ocultar a toda costa del público. Intentaría encerrarse en sí mismo, pues no puede permitirse perder letalidad para encontrar más humanidad, no cuando su reputación está en juego.
Frases
—Kumori alegando sobre el pasado y el futuro.
|
—Kumori amedrentando.
|
Relaciones
Padres
Beetroot nació en tiempos de desesperanza, en un planeta que parecía no tener lugar para la ternura ni la estabilidad. Aun así, sus primeros años estuvieron marcados por el amor genuino de sus padres, Haricot y Salsify. No estaban dentro de los nobles ni de los poderosos, pero sí eran profundamente fieles a sus ideales y a su gente. Criaron a su hijo entre encierros, huidas y días de lucha, soñando con un futuro mejor que probablemente sabían que no llegarían a ver. Para ellos, Beetroot era más que un hijo, más bien era lo último que les quedaba que valía la pena proteger.
Haricot, su padre, fue una figura cálida pero fugaz. Aunque Beetroot era aún un niño pequeño cuando lo perdió, la presencia de su padre dejó una marca de ausencia en su fragmentada memoria infantil. Su ejecución, rápida y cruel, fue un corte invisible en la infancia del joven, que si bien no lo vio morir, sintió el vacío. Hoy en día, tal vez solo su niño interior recuerda a ese padre idealizado.
Salsify, por su parte, tuvo que cargar con la doble cruz del duelo y la maternidad. La muerte de Haricot la quebró de formas que Beetroot no pudo entender en su niñez, y sin embargo, cada gesto suyo hablaba de un amor reprimido por el miedo a perderlo todo otra vez. Su hijo era lo único que le quedaba, pero también el recordatorio más cruel de lo que había perdido. Por eso lo protegía con una mezcla amarga de ternura y determinación. La decisión de enviarlo a otro planeta fue porque sabía que no podía garantizarle nada más que dolor a su lado. Y, es así, como otra despedida abrupta marca al joven Beetroot.
Ambos padres lo amaron intensamente, y sin embargo, él crecería sin poder corresponderlo plenamente. Porque fue demasiado breve e interrumpido. En la profundidad de su mente, sus padres quedaron grabados como sombras distantes y heroicas. Ni los odia ni los idolatra del todo; más bien los lleva consigo, como un recordatorio de que una vez, alguien lo quiso de verdad.
Neratianos
Los Neratianos no habrían sido un pueblo, ni una civilización, ni siquiera una amenaza para Beetroot... habrían sido el entorno mismo. Durante su estadía forzada en Nerabyte, aquellos seres deformes, hostiles y despiadados habrían encarnado el hambre, el miedo, el aislamiento y la hostilidad. No habría un solo día en que no intentaran arrebatarle su refugio, sus recursos y su vida.
El saiyajin no les guardaba odio al principio, tan solo necesidad; esa necesidad de defenderse, de imponerse, de sobrevivir. Pero con el tiempo, la convivencia constante con los nativos lo habría forjado como el fuego a un metal impuro. Su agresividad, su desconfianza y su forma brutal de relacionarse con los demás habría nacido ahí, en medio de ese infierno de ácido, roca fundida y gritos inhumanos.
Con ellos, Beet no habría aprendido a negociar sino a anticipar un ataque, a leer la tensión en el aire, y a moverse antes que el golpe llegue. Se les podría considerar sus primeros maestros, aunque nunca tuvieron la intención de enseñarle.
Y él pudo comprender, que dentro de su lógica retorcida solo dominaba aquel que no caía. Incluso fuera de ese planeta seguía imitando el conocimiento absorbido: como su forma de mirar y de pelear.
Ezra
La relación con Ezra sería la más significativa —y también la más dolorosa— en la vida de Beetroot. Ella no habría sido simplemente una compañera de crímenes o una socia de negocios: habría sido su único vínculo real con alguien desde su caída en Nerabyte. A pesar de su carácter explosivo, su humor mordaz y su frialdad profesional, Beetroot se habría aferrado a ella como un náufrago a una tabla en medio del mar.
Al principio, solo habría sentido curiosidad, y después algo de gratitud. Y ya sin darse cuenta, cariño. Se habría enamorado de ella no por lo que era, sino por lo que representaba: compañía, dirección, y una ilusión de pertenencia. En su mente, Ezra habría sido idealizada, siendo considerada como una persona que no lo abandonaría... hasta que lo hizo.
La traición no lo habría sorprendido en lo más profundo, pues él siempre quién era Ezra, lo que le importaba y lo que no; pero aun así, le habría afectado como si nunca lo hubiese visto venir. Se sintió utilizado, manipulado, y peor aún, sintió la perdida de algo que nunca llegó a tener del todo: un lugar donde encajar, alguien que lo mirara sin juzgarlo por ser solo un arma. Hoy en día la recuerda como una llama que ardía demasiado rápido y demasiado fuerte. Una parte de él la justificaría; y la otra parte no podría perdonarla. Lo cierto es que jamás la olvidaría, ya que acabaría siendo un recuerdo punzante de lo que significa confiar... y perder.
Organización
"Primera Sangre" no nacería como una organización, sino como una idea: la de no volver a agachar la cabeza. Fundada sobre cadáveres, traiciones y trabajos bien hechos, Kumori la convertiría en su pequeño imperio dentro del caos. No buscaría liderar desde la esperanza ni con discursos de unidad, sino con el miedo, la eficiencia y una reputación manchada de rojo.
Con los años, su nombre lograría abrir puertas y callar bocas, ya que si bien se mantendría con una estructura pequeña, nadie podría negar su letalidad. Era silenciosa y estaba diseñada para sobrevivir en un mundo donde cada favor tiene un precio.
No obstante, con el pasar del tiempo "El Anfitrión" acabaría deteriorando su mente a paso lento. La enfermedad que lo avasallaría pondría en jaque su reinado, y aun así, ni en su delirio se permitiría perderlo todo. Porque su organización era más que un simple negocio de delincuentes, sería su legado para la posterioridad, su más grande logro que tendría que sobrevivir al eco del tiempo.
Saiyajines
Para Kumori, los saiyajines representarían la cara más cruda de la violencia sin propósito. Su encuentro con uno de ellos no le habría entregado respuestas, solo golpes, arrogancia y un retrato decadente de lo que alguna vez fue una raza temida. No encontraría entre ellos un origen al cual aferrarse, sino un eco vacío que pretendía imponerle una identidad que nunca sintió propia.
Rechazaría su cultura, sus códigos y sus ideales. Para él, no serían más que restos de un imperio en ruinas, atrapados en la mitología de una fuerza sin dirección. Kumori no buscaría pertenecer a esa casta, ni redimirse a través de ella, ya de por sí su sangre saiyana sería una marca que llevaría encima, pero no un motivo de orgullo. Esta herencia lo obligaría a reinventarse lejos de su origen, y si alguna vez volviera a cruzarse con los suyos, no sería como un hermano, más bien sería un verdugo.
Historia
Contexto
Todo se remontaría a los primeros saiyans, quienes en un principio habrían formado una sola manada. Sin embargo, con el paso del tiempo, su vida y descendencia se diversificarían, extendiéndose por todo el planeta. A medida que las generaciones avanzaran, los saiyajin evolucionarían de distintas formas, dando origen a tres grandes clanes: el Clan Superior, el Clan Maligno y el Clan Sosiego.
El Clan Superior habría destacado por su evolución más avanzada y por poseer una estructura social y física más refinada en comparación con los demás. El Clan Maligno, en cambio, sería más primitivo, y cargaría con una enfermedad genética degenerativa que provocaría la muerte de sus miembros antes de alcanzar los cincuenta años. No obstante, portarían también un raro y temido don: la energía corrupta, una fuerza poderosa e inestable. Por su parte, el Clan Sosiego habría optado por un estilo de vida pacífico, demostrando grandes aptitudes para la agricultura y un dominio sobresaliente de la energía espiritual.
Durante mucho tiempo, las guerras habrían azotado su planeta natal, ya que la discordia entre los clanes sería algo habitual. En medio de aquellos conflictos, se descubriría un poder oculto en uno de tantos saiyajin; a esa forma despertada la llamarían Super Saiyajin, y aunque muchos intentarían replicarla para inclinar la balanza a favor de sus respectivos clanes, pronto quedaría claro que tal poder pertenecería solo a uno entre millones. Aun así, dicho guerrero no sería invencible, y se requerirían grandes esfuerzos para lograr derrotarlo.
La guerra continuaría su curso durante años, hasta que un saiyajin llamado Sadala decidiría intervenir. Con la esperanza de detener el derramamiento de sangre, propondría unificar los tres clanes bajo un sistema monárquico. El Clan Superior ya habría intentado algo similar, aunque con una estructura menos definida, por lo que se unirían a él en busca de estabilidad. Lo mismo harían los otros dos clanes, agotados por los años de conflicto y por la pérdida de tantos hermanos.
El proceso de unificación sería arduo. Las diferencias entre clanes dificultarían la adaptación, así que se acordaría que cada uno conservaría sus territorios, siempre que sirvieran a un bien común. Bajo ese nuevo orden, el planeta —renombrado como Sadala en honor a su unificador— comenzaría a prosperar. Con el tiempo, los saiyajin se convertirían en una raza de creciente renombre, tanto en el ámbito comercial como en el social y cultural.
No obstante, el rey Sadala no viviría para siempre, y cuando llegara su hora de partir del mundo de los vivos, dejaría el trono a su hijo Mushroom, un joven inexperto. La ley establecida dictaría que el trono siempre recaería en la familia real, anulándose solo en casos extraordinarios. Sin embargo, algunos nobles y altos mandos no estarían dispuestos a ser gobernados por un adolescente al que consideraban un tonto, por lo que convocarían una reunión extraordinaria para discutir la sucesión.
El príncipe, inconforme con esta oposición, decidiría declarar traidores a quienes no respaldaran su autoridad, condenándolos a muerte sin más contemplaciones. Ya como rey, Mushroom dedicaría sus días a organizar fiestas en su honor y a derrochar los fondos del planeta en caprichos y banalidades.
Con el paso del tiempo, el planeta se vería envuelto en una deuda exorbitante, por lo que Mushroom se vería obligado a pedir ayuda a extranjeros, permitiéndoles explotar los terrenos para producir combustible y extraer minerales. Esta decisión afectaría principalmente al Clan Maligno, quienes aún conservarían muchas de sus costumbres bohemias y dependerían directamente de la naturaleza. Molestos por los abusos y el descuido de su rey, los Malignos tomarían acción organizando una huelga a gran escala. Sin embargo, sus protestas serían acalladas con mentiras cuidadosamente elaboradas, que por un tiempo lograrían apaciguar su indignación.
Mushroom vería al Clan Maligno como un problema potencial que debía ser contenido, por lo que se reuniría con varios de sus hombres de confianza para deliberar sobre cómo manejar el monstruoso poder que aún residía en aquellos saiyajin. Este poder —que durante las guerras habría demostrado ser uno de los factores más devastadores— representaría una amenaza latente para el nuevo régimen.
El líder del clan, conocido como Cumber, no estaría de acuerdo con ninguna medida restrictiva, y su pueblo tampoco lo estaría. Sin embargo, con el fin de evitar una ruptura total, se propondría una solución intermedia: regular su poder en lugar de eliminarlo por completo. Para ello, se desarrollaría una sustancia especial destinada a debilitar su energía y disminuir sus capacidades de combate. El rey Mushroom se presentaría públicamente ante los habitantes del Clan Maligno, ofrecería disculpas y pediría calma, alegando que la situación sería temporal. Como excusa, inventaría que la sustancia sería una medida preventiva contra enfermedades, necesaria para proteger tanto al clan como a los territorios cercanos a las fábricas y minas extranjeras.
En realidad, aquella sustancia estaría diseñada para acelerar la degeneración genética de los Malignos y deteriorarlos lentamente, simulando que una plaga natural azotaba sus comunidades. A regañadientes, los afectados aceptarían la medida, viéndola como una solución parcial, aunque poco convincente, a un problema que ya los asfixiaba.
El rey Mushroom y sus súbditos habrían esperado con paciencia a que la situación se resolviera por sí sola. Por un lado, él desearía que el Clan Maligno desapareciera gradualmente; por el otro, los miembros de dicho clan conservarían la esperanza de que su calidad de vida mejorara. Sin embargo, ninguno de los planes concebidos por ambas partes habría tenido éxito. Con el paso del tiempo, los Malignos descubrirían la verdad tras las mentiras del monarca y, al sentirse traicionados y manipulados, estallarían en una furia incontenible. Cansado de los abusos y del abandono institucional, Cumber, líder del clan, organizaría un golpe de Estado. A su lado se alzarían no solo los suyos, sino también miembros de otros sectores marginados y hartos de la ineptitud de Mushroom.
La guerra que seguiría sería catastrófica. Durante ocho meses, el conflicto azotaría al planeta sin descanso, llevándose consigo a ancianos, adultos, jóvenes y niños por igual, sin distinción de estatus ni clan. El caos no respetaría fronteras ni títulos. Al final, el debilitado Mushroom se vería obligado a rendirse ante el pueblo y a arrodillarse frente a Cumber. Este último asumiría el cargo de monarca y, sin mostrar la menor misericordia, ejecutaría personalmente a su predecesor, cerrando así un ciclo de corrupción y decadencia con un acto de justicia brutal.
Pasado
Sobreviviendo al Espacio
Como ya se habría mencionado, Sadala se encontraría sumida en tiempos oscuros, gobernada por un monarca frívolo y superficial, más interesado en su ego que en su pueblo. Sin embargo, esa oscuridad no sería lo suficientemente densa como para doblegar el espíritu de sus habitantes, quienes preferirían seguir adelante en lugar de rendirse al desaliento. Entre ellos se encontrarían Salsify y Haricot, dos guerreros firmes, leales y comprometidos con su clan. Ambos habrían decidido continuar sus vidas como aventureros, pero su destino daría un giro inesperado cuando optaran por criar a una pequeña criatura saiyajin a la que llamarían Beetroot.
El momento de su nacimiento no habría sido el más adecuado, pero aun así lo habrían recibido con orgullo, dispuestos a mostrarle todo lo que representaba su raza con la esperanza de que algún día fuera tan fuerte como ellos. A pesar de sus esfuerzos, mantenerse en casa habría sido cada vez más difícil; las condiciones económicas se habrían deteriorado a tal punto que procurarse alimento y sostener a la familia sería una tarea constante y ardua. Cuando la huelga del Clan Maligno estalló, Salsify y Haricot no dudaron en sumarse a la causa, convirtiéndose en fervientes partidarios del movimiento liderado por Cumber. Estarían convencidos de que ya era suficiente de una vida indigna, y no desearían que su hijo heredara el mismo destino amargo que ellos habían sufrido.
El alzarse contra el rey habría resultado ser una jugada que solo empeoraría la situación, pues los rebeldes comenzarían a ser perseguidos y acosados por sus propios compatriotas, convertidos ahora en herramientas del régimen. Salsify y Haricot, al verse en peligro, se habrían visto obligados a abandonar su hogar y vivir como nómadas en su propio planeta, siempre en movimiento y en constante vigilancia. Algunos valientes habrían intentado escapar del sistema podrido que los asfixiaba... y algunos incluso lo habrían conseguido. Pero al enterarse de esto, el rey habría ordenado colocar guardias en todos los hangares, prohibiendo toda salida no autorizada del planeta. Cualquiera que intentara huir sin permiso o mostrara señales de traición contra la Corona sería ejecutado sin juicio.
Bajo estas condiciones, Salsify y Haricot se habrían visto obligados a esconderse, operando desde las sombras y organizando pequeñas revueltas en favor de su gente. Sin embargo, en uno de esos días marcados por el riesgo, Haricot habría sido capturado. Su esposa buscaría salvarlo, pero él comprendía que ya no había marcha atrás; tras rehusarse, le habría pedido que cuidara de Beetroot, pues si uno de los dos debía caer, el otro debía asegurarse de que su hijo tuviera un futuro. Poco después, sería ejecutado públicamente junto a otros dos rebeldes más, como un mensaje directo del rey: una demostración de su poder, y una forma de ridiculizar a los líderes de la revuelta, tachándolos de farsantes y cobardes.
Salsify habría quedado devastada. Durante varios días, no habría probado bocado, no habría hablado ni realizado esfuerzo alguno... excepto cuidar de su hijo. Beetroot, que ya bastante crecido y fuerte para su edad, no había dejado de preguntar por su padre, quien probablemente yacía en una fosa común en algún rincón olvidado del planeta.
La venganza habría comenzado a consumirla desde dentro. Mirar a su hijo, era como ver a Haricot; la sombra de su pérdida la perseguiría en cada gesto, en cada palabra de su pequeño. No querría que su hijo corriera el mismo destino que su padre, ni que terminara involucrado en la guerra sin sentido que azotaba su tierra. Por ello, aunque deseaba continuar luchando, también habría comprendido que no podía hacerlo mientras cargara con la distracción que implicaba proteger a Beetroot.
Consciente de esto, pensaría en un antiguo conocido que vivía fuera del planeta, alguien en quien confiaba lo suficiente como para dejarle el cuidado de su hijo mientras los conflictos internos del planeta se resolvían. Su colega aceptaría sin dudar, y entonces Salsify tazaría trazado un plan. Reclutaría a un par de personas, a quienes pagaría con comida, para ayudarla a introducir al niño en una nave personal que lo llevaría hasta su nuevo destino.
Sin embargo, justo cuando Salsify se disponía a cortar la conexión eléctrica del hangar para facilitar la huida, los sensores de seguridad habrían detectado el despegue no autorizado. Beetroot habría sido alcanzado por los disparos de energía de los cañones defensivos antes de que lograra salir de la atmósfera. Incapaz de hacer algo más que observar desde las sombras, Salsify solo se arrodillaría para rogar con todo su ser que su hijo hubiese sobrevivido de alguna forma, y que el destino aún tuviera un camino reservado para él.

Al caer, su nave habría quedado totalmente destrozada, y el calor infernal del ambiente habría convertido cada segundo dentro de los restos en una tortura insoportable. Obligado a salir, su joven cuerpo habría comenzado a experimentar cambios fisiológicos: distintas reacciones celulares habrían comenzado a manifestarse tras las primeras semanas de exposición al ambiente alienígena.
A pesar de su corta edad, Beetroot habría aprendido a sobrevivir. Habría logrado alimentarse a base de la flora y fauna exótica del planeta [5], soportando el hambre y la sed como mejor habría podido. Incluso habría tenido que enfrentarse a los Neratianos, las criaturas nativas del planeta, con tal de defender su pequeño refugio de los ataques.
Su vida se habría vuelto una repetición constante de lo mismo: explorar, comer y defenderse. Día tras día, su rutina no habría variado, y la monotonía habría comenzado a carcomerlo por dentro. La desesperación lo habría acompañado como una sombra, y cada noche habría rogado, con el corazón destrozado, por la aparición de quien fuera, alguien que lo ayudara a salir de ese infierno abrasador. Pero las horas... las horas se habrían vuelto eternas.
Tres semanas... y aquella noche. Aquella noche que habría marcado un punto de quiebre para Beetroot, pues los Neratianos habrían saqueado por completo sus ya escasas reservas de alimento. Exhausto, frustrado y al borde de la desesperación, habría posado su cuerpo sobre una roca caliente, mirando hacia el cielo en busca de cualquier señal, por inútil que pareciera. Y fue entonces, entre vapores y nubes sulfurosas, que una silueta metálica habría comenzado a descender con violencia. ¿Una nave?
El objeto desconocido habría impactado a un kilómetro de distancia, levantando una nube de ceniza incandescente. Como si sus plegarias hubiesen sido escuchadas, Beetroot habría reunido las pocas fuerzas que le quedaban para lanzarse al aire, volando con determinación hacia lo que podría ser su única oportunidad de escapar. Sin embargo, al llegar, la esperanza se habría tropezado con el caos; los Neratianos —como era de esperarse de los carroñeros— ya estaban desmontando la nave pieza por pieza, y en medio del fuego y el humo, una joven guerrera habría resistido ferozmente, blandiendo una ametralladora de energía que dispararía a diestra y siniestra.
El saiyajin sin pensarlo, habría irrumpido en la escena, atacando a los malditos carroñeros. No fue por heroísmo —al menos no del todo—, sino porque si esa nave era destruida, sus posibilidades de abandonar ese infierno habrían desaparecido por completo. La chica al verlo irrumpir cerca de la nave, deduciría rápidamente sus intenciones, gritándole que no valía la pena intentar arrancar esa chatarra, puesto que los motores estaban destruidos. En lugar de discutir o desconfiar, ella le habría ofrecido la alternativa de aliarse para acabar con esas criaturas rojas de una vez por todas y luego buscar una forma menos ortodoxa de salir con vida de aquel maldito lugar.
No se oía nada mal su propuesta. Pero... ¿qué le aseguraba que decía la verdad? Por más que Beetroot hubiese querido analizar la situación con calma, ese no era el momento. En un planeta donde el ácido quemaba los pensamientos antes de que pudieran completarse, la duda solo habría retrasado lo inevitable. Así que, sin dar más vueltas, optaría por unir fuerzas. Los Neratianos, al notar que los dos ahora colaboraban, habrían decidido retroceder. Aunque tenían superioridad numérica, el riesgo de prolongar el conflicto acabaría con sus ánimos. La ventaja no valía la pena si la presa se convertía eventualmente en depredador.
Con las aguas calmadas, la desconocida correría sin perder tiempo hacia los restos de la nave, abriría una escotilla secundaria y activaría una cápsula de escape que hasta ese momento nadie había notado. Pero Beetroot no estaba dispuesto a dejar pasar su única oportunidad de salir de ese planeta infernal. Sin dudarlo, saltaría sobre la cápsula y comenzaría a golpearla con fuerza, desesperado por abrirse paso antes de que lo dejaran atrás. A pesar del dolor, su mano habría atravesado el vidrio reforzado, rasgando su piel en el proceso. Esto ya no le importaba al saiyajin, que habría agarrado a la chica por el uniforme y, de un tirón brutal, sacaría a la sin nombre fuera de la cápsula.
Pero para cuando su mano ensangrentada habría tocado de nuevo la cápsula, un rayo ardiente le chamuscaría la carne. La extraña le estaría apuntando con su arma humeante, mientras el saiyan la miraba con recelo. Se quedarían así por unos minutos, midiendo cada movimiento; solo para que al final, ambos pactaran un acuerdo. Y juntos, saldrían del planeta en ese mismo transporte espacial, sabiendo que de no haberlo hecho, nunca habrían escapado con vida por su propia cuenta.
¿Socios...?

La cápsula llegaría a su destino algo dañada, como si el trayecto hubiese querido romperla. Ezra daría un salto fuera de la nave y caminaría sin apuro hacia un bar cercano. El joven, en cambio, se quedaría esperando afuera, inseguro, preguntándose por qué la seguía. Quizás el no conocer a nadie más, o la falta de un rumbo fijo, lo harían permanecer ahí.
Al minuto, Ezra saldría disparada del bar como si la hubiesen arrojado con una catapulta. Detrás de ella, un hombre fornido y de rostro intimidante mostraría toda su intención de tragársela viva. Beetroot no dudaría en interponerse, plantándose frente al gigante. Este sacaría un arma de plasma y, sin vacilar, la colocaría sobre la frente del saiyano. El joven pensaría que lo freirían en ese mismo instante, pero en lugar de eso recibiría una bofetada, lo que solo avivaría su furia. Entonces, sin pestañear, tomaría el arma, la doblaría como si fuera papel y estamparía al sujeto contra el suelo de un puñetazo.
Su nueva acompañante, al observar la escena, se detendría a pensar. Si lograba mantener a ese chico cerca, como guardaespaldas, se saldaría medio catálogo de negocios sucios sin levantar un dedo. Antes de que pudiera hacer el intento, los secuaces del hombre derrotado saldrían del bar y abrirían fuego sin preguntar. Ezra no perdería tiempo, tomaría a Beetroot del brazo y lo arrastraría hasta la nave. Juntos escaparían mientras los disparos se desvanecían a la distancia.
Ya seguros en el transporte, ella expondría su idea con naturalidad: conseguiría los contactos y él los eliminaría. Beetroot quedaría en silencio, reflexionando sobre la palabra "eliminar". ¿A qué se referiría exactamente? La joven de cabello verde lanzaría una carcajada y le respondería:
Estas palabras lo convencerían e incluso le sacarían una risa. Era cómica, extrovertida y aguda. Algo en ella le parecería atractivo... aunque quizás solo sería esa sensación reconfortante de tener a alguien cerca. Después de todo, durante años, su única compañía en Nerabyte habría sido la soledad... o en el peor de los casos, los asquerosos Neratianos.
Marca de Criminal
Durante los meses siguientes, Ezra y Beetroot se habrían ganado una reputación infame como criminales despiadados, sicarios de confianza y asesinos sin nombre ni rostro. Su ascenso en el submundo sería tan rápido como brutal. Muchos desearían verlos colgados boca abajo, enterrados vivos, o torturados hasta suplicar, mientras otros pagarían con gusto por contratarlos. La astucia logística de la peliverde y la fuerza en combate del saiyan formarían un dúo casi perfecto. La cercanía entre ellos se habría vuelto cotidiana, y Beetroot comenzaría a desarrollar un interés real por esa mujer que llamaba compañera. Ezra, sin embargo, solo vería en él una herramienta útil con la que lucrarse y rodearse de lujos.
Su siguiente encargo los llevaría al Planeta Pars. El saiyajin no sabría quién era el objetivo ni por qué debían eliminarlo. Ezra simplemente le indicaría que, al aterrizar, debía deshacerse de los guardias y acabar con el blanco. Y así lo haría. Sin embargo, al encontrarse cara a cara con su objetivo —un niño, pequeño, tembloroso, gritando "mamá" entre lágrimas— Beetroot se quedaría paralizado. No podría hacerlo. Ezra, desde la distancia, esperaría impaciente a que el trabajo se completara. Pero los segundos pasarían, las autoridades podrían aparecer en cualquier momento... y él seguiría allí, inmóvil.
Al ver esto, ella tomaría su transporte y pasaría a toda velocidad junto al saiyan. Lo sujetaría del cuello y comenzaría a zarandearlo con furia. Le gritaría que por su culpa habían perdido la mejor oportunidad de sus vidas. Beetroot le respondería que no podía matarlo, no era propio de él matar niños. Ezra le daría una bofetada que resonaría más fuerte que cualquier explosión, y le gritaría que eran criminales, no las hermanitas de la caridad. Además de añadir, que incluso si él fuese su compañero, no dudaría en eliminarlo si algún día llegaba a poner en riesgo su trabajo.
Dicho esto, se retiraría hacia la parte trasera de la nave, dejando al saiyajin solo, devastado, hundido en su dolor. Beetroot se sentaría en una esquina, en posición fetal, y comenzaría a llorar. Incapaz de soportar el peso de su culpa, golpearía su cabeza contra la pared.
Esa misma noche, ya entrada la madrugada, no resistiría más. La carga emocional lo estaría aplastando. No solo habría fallado el trabajo, sino que Ezra lo habría tratado como escoria, es por esto que debía redimirse solo para volverse a ganar su afecto. Así que, sin hacer ruido, tomaría algunas provisiones, subiría a una motocicleta gravitatoria y partiría en busca de aquel niño al que había decidido perdonarle la vida.
Mientras tanto, Ezra acabaría por levantarse, incapaz de dormir. El fracaso del día, la pérdida del dinero, la frustración... todo se acumularía dentro de ella. Tomaría una pantalla táctil, deslizaría su dedo sobre la interfaz y revisaría los carteles de "Se busca". Sus ojos se detendrían en dos rostros conocidos: el suyo y el de Beet. La recompensa por él sería considerable. Entonces repasaría en su mente aquellas palabras que tanto había repetido: "Somos criminales"... y los criminales no tienen honor. Él habría arruinado el plan al dejar escapar al objetivo, así que ella tendría que compensar la pérdida de algún modo. ¿Y si lo entregara? ¿Y si lo traicionara y cobrara la recompensa...?
Verdades y Mentiras
Beetroot habría regresado a la nave, magullado, sangrando y visiblemente agotado. Sus manos estarían cubiertas por una sustancia espesa que, sin lugar a dudas, podría deducirse como sangre. Su rostro, sin embargo, reflejaría una rara expresión de satisfacción, casi como si aquella violencia lo hubiese liberado de algo. Al no encontrar a Ezra dentro de la nave, la habría buscado por cada rincón, inquieto. Pero, extrañamente, ella no estaría por ninguna parte.
Al salir a inspeccionar los alrededores, se vería rodeado por una multitud armada. Y al frente de todos, como guía de la emboscada... estaría ella. Ezra. Su compañera. Su única aliada. Su traición. Beetroot se quedaría paralizado por un instante, incapaz de entender... o, mejor dicho, de aceptar lo que ya sabría desde antes. Entonces, la peliverde disiparía toda ilusión con una sola frase:
— Seguramente no lo entenderías porque tu mente es lenta para procesar, pero nuestra sociedad hasta aquí llegó, Beet. —
Las palabras resonarían con crudeza en su cabeza, pero finalmente lo entendería. No estaba confundido, solo se había estado mintiendo a sí mismo para no ver la verdad. Su pecho se sentía como una piedra, el dolor sería tan profundo que sus rodillas cederían. Caería al suelo, lagrimeando en silencio, pues sentía rabia ya pena, solo que no debía flaquear. En estos momentos debía mantenerse en pie, demostrar quién era él.
Quién era Beetroot

Los asesinos armados abrirían fuego sin dudar, y el sonido de las ráfagas levantaría una espesa polvareda que ocultaría su figura. Convencidos de haberlo eliminado, los traidores sonreirían satisfechos... hasta que una onda expansiva de ki dispersaría el humo con violencia. Beetroot seguiría en pie.
Su poder comenzaría a brotar con intensidad, y su mirada iría directamente hacia Ezra, quien, al verlo ileso, saldría corriendo en un intento desesperado por escapar. El saiyajin no le daría oportunidad. Elevaría vuelo y la alcanzaría sin problemas, sujetándola del cuello, usándola como rehén.
— ¡Juro que la mataré! ¡No me obligues a hacerlo! — le habría gritado a los asesinos.
El jefe del grupo, con sorna y arrogancia, replicaría:
— Mátala. Nos ahorrarías el trabajo. Después de acabar contigo, íbamos a dejarle un regalito en la nave. Pero ya que la tienes junto a ti... ¡hazme el favor de agarrarla fuerte para morirte con ella! —
Dicho esto, el líder tomaría un artefacto redondo, al rojo vivo, lo cargaría en una especie de bazuca improvisada y dispararía una poderosa explosión justo en medio de ambos.
Beetroot apenas habría tenido tiempo de reaccionar, y el estallido los habría lanzado por los aires. Aturdido y desorientado, se pondría de pie con dificultad, su cuerpo temblando. Al intentar cerrar su puño, notaría algo: ya no sentiría la presencia de Ezra, allí no había nadie. El lugar estaba desolado, los asesinos desaparecidos y solo quedaba el silencio.
Su ceño se frunciría, un extraño hormigueo recorrería su cuerpo y su cabello comenzaría a erizarse, oscuro como la noche, mientras una nueva energía brotaría de su interior, densa, latente, rabiosa. El saiyano miraría sus propias manos, sin comprender del todo lo que sucedía. Aunque el poder lo inundara, su corazón yacía desgarrado de solo mirar en el cadáver calcinado de su antigua camarada.
Entonces, lanzaría un grito brutal, cargado de furia y dolor, un alarido que rompería la quietud del planeta.
— ¡EZRAAAAA...! —
A pesar de todo, de la traición, de la mentira, de la recién herida abierta... junto a ella había sentido un hogar... amor. Y todo, finalmente, se apagaría.
Paseo de la Soledad
Este es un resumen de Paseo de la Soledad, si quieres ver el One Shot completo haz click en el link, por favor.

Luego del incidente con Ezra, Beetroot se habría visto consumido por la culpa, la pérdida y el abandono, inmerso en un círculo vicioso de miseria. Habría cambiado su nombre a Kumori, buscando sepultar el pasado junto con su identidad. Su existencia se habría reducido a deambular por los distritos más pobres, sobreviviendo entre basura, alcohol barato y humillaciones constantes.
En uno de sus tantos descensos al fondo, se habría arrastrado hasta un bar de mala muerte en busca de más licor. Allí, entre insultos y deudas, acabaría gastando sus últimas monedas solo para emborracharse. En medio de una pelea provocada por su desesperación, un cliente lo habría reconocido como un saiyano. Esa sencilla descripción lo dejaría fuera de foco, ya que desconocía acerca de su procedencia. Este hombre le habría contado sobre otro saiyajin situado en un planeta cercano, y esa información encendería una chispa que lo impulsaría a actuar.
En su desesperada búsqueda, viajaría entre planetas para dar con el guerrero del que le habían hablado. No obstante, el encuentro no habría propiciado respuestas, sino desprecio, violencia y una perspectiva cruel sobre lo que implicaba ser un saiyan. El antiguo mercenario, derrotado y humillado, habría intentado resistir. Y cuando parecía estar al borde del colapso, una nueva voluntad acabaría surgiendo en su interior.
Guiado por esa fuerza desconocida, se habría levantado del suelo, con la firme intención de no ser más un despojo. El combate se reanudaría, y en el momento más crítico, una energía de color morado lo envolvería. Ahora, su adversario parecía aterrado, pues reconocía en esa transformación algo ancestral, perdido en la historia de su raza. Kumori no demoraría en derrotarlo sin compasión, y antes de asesinarlo, lo confrontaría por su rechazo a esa identidad bárbara. Con el cuerpo de su oponente a sus pies, y una capa robada sobre los hombros, se retiraría al silencio, cuestionándose si su propósito sería abandonar o alcanzar el poder absoluto.
Los próximo días marcarían el inicio de un nuevo capítulo. Recuperando las enseñanzas criminales de Ezra, comenzaría a trabajar como asesino a sueldo. En el distrito Sureste competiría por un encargo, matando brutalmente a otro sicario al liberar una energía roja inestable de sus manos. El patrón, impactado por su ferocidad, lo contrataría para eliminar a un empresario y a toda su familia. Así pues, Kumori aceptaría la misión sin objeciones.
Mientras tanto, intentaría dominar ese poder rojo y perfeccionar el control de su ki. Al llegar el día, irrumpiría en la propiedad con total frialdad. Sin esfuerzo, mataría a los guardias y se infiltraría en la mansión; para este punto, incluso si una niña se le aproximara, no dudaría. Antes de realizar la masacre, revelaría su nombre, como si confirmar su identidad fuera más relevante que cualquier indicio de humanidad.
Por lo tanto, Kumori se transformaría en la emblemática representación del terror: un saiyan sin principios, sin restricciones y sin veneración. No actuaría por persuasión ni por redención, simplemente ejecutaría cada tarea. Y su tarea sería asesinar.
Crónicas de un Alma Decadente
Este es un resumen y contexto acerca de lo ocurrido en las Cronicas de un Alma Decadente, si quieres ver la historia completa haz click en el link, por favor.

Kumori, un sicario saiyajin envuelto en una red de traiciones, recuerdos y cuentas pendientes, habría pasado sus días entre misiones sangrientas y lujos vacíos, si no fuera porque los fantasmas de su pasado seguían colándose entre los pliegues de su conciencia. Aunque parecía haberlo dejado atrás, el nombre "Beetroot" — su antigua identidad — seguiría apareciendo en su mente, provocando ráfagas de memorias que distorsionaban el presente...
Hace 35 años, en los inicios de su vínculo con Ezra — una brenchega de cabello blanco y pasado trágico —, ambos habrían compartido un momento íntimo de confesiones y vulnerabilidad durante un viaje espacial. Ezra habría contado cómo la miseria la arrastró al crimen, mientras Beetroot, aún inseguro de su propósito, habría expresado su vacío existencial. Solo que aquel instante sería sido interrumpido por un ataque hostil que pondría en juego sus vidas, forzándolos a maniobrar como equipo en medio del caos.
Tras sobrevivir, la tensión entre ambos habría escalado en un refugio improvisado, en el momento en que Beetroot empezaría a cuestionar el rol dominante de Ezra, ella utilizaría un golpe a la nariz y unas cuantas palabras crudas que lo haría bajar a tierra, recordándole quién tenía más experiencia. Aquel choque de egos, lejos de separarlos, habría reforzado una relación compleja, construida entre la admiración, el deseo y la desconfianza.
De nuevo al presente, Kumori seguiría siendo perseguido por esos recuerdos. Las drogas, el alcohol y los placeres pasajeros no le habrían bastado para silenciar la culpa ni el resentimiento. Su salud mental estaría al borde del colapso, y la llamada con su proveedor, Tomahawk, solo confirmaría que su frágil equilibrio se derrumbaba lentamente.
Dos años después de aquel recuerdo inicial, se habría consolidado como uno de los sicarios más temidos de la galaxia, ganando notoriedad gracias a trabajos brutales. Uno de ellos lo habría llevado a asesinar a una familia entera, lo que sellaría definitivamente su entrada al círculo oscuro del crimen interplanetario. Su bróker, Hawser, se habría convertido en su principal socio... hasta que intentara traicionarlo. Kumori, anticipándose, lo habría eliminado de manera ejemplar, estableciendo su nuevo estatus: ya no solo era asesino a sueldo, sino un jefe y un reclutador de sicarios despiadados.

Luego, una nueva misión lo llevaría al Planeta Lacarra, donde tendría que asesinar al líder de una pandilla sin dejar rastros que comprometieran a sus verdaderos clientes. Con precisión, crueldad y paciencia, habría ejecutado el plan paso a paso, provocando conflictos internos entre los enemigos, infiltrándose, torturando por información y provocando la aparición del objetivo final: Canister.
El enfrentamiento brutal y lleno de fuego, habría devuelto a Kumori la adrenalina de sus años jóvenes, aunque también le recordaría que ya no era el mismo. El sadismo y la violencia ya no le sabrían igual, sus reflejos habrían perdido filo, y su espíritu se habría vuelto más cínico.
En el presente, mientras se preparaba para comer en un puesto callejero, Kumori se reencontraría con Ezra. Aquella figura del pasado ahora estaría viva frente a él, negando su antiguo nombre y exigiendo distancia para proteger a su familia. Ambos, aunque más viejos, seguirían siendo los mismos polos opuestos, incapaces de reconciliar su historia.
Kumori, entre reproches y provocaciones, le habría ofrecido unas esferas pequeñas — cerezas negras con apariencia inocente pero con implicaciones letales —, un gesto de cierre o quizás de advertencia. Ezra, aunque aún dolida, le confesaría que no lo odiaba, pero que su lealtad siempre había sido con su hermana. Kumori, conteniendo lágrimas y rencores, no aceptaría que el pasado pudiera cerrarse con una disculpa.
Y aunque en sus palabras hubiese un dejo de despedida, en su tono se habría percibido que nada estaba realmente resuelto. Lo que quedaba pendiente entre ellos aún ardería. Su historia no habría terminado en ese plato, ni en esa conversación. Porque el pasado, como él bien sabía, no muere... a menos que se le entierre con sangre.
30 años antes, ambos habrían compartido momentos valiosos en un parque de diversiones, forjando una conexión profunda. Ezra habría comenzado a corresponder poco a poco al afecto de Beetroot, aunque mantendría su actitud distante. Aquel día, él habría intentado confesar sus sentimientos, y ella, por única vez, lo habría besado, sellando un recuerdo imborrable.
Más tarde, Ezra habría contactado a su hermana, Tena, revelando una deuda pendiente con la Yakuza Zucchini. A pesar de sus esfuerzos por saldarla, la situación se volvería insostenible. Para afrontarla, habría planeado un encargo en el Planeta Pars, llevando a Beetroot consigo. Aunque él habría intentado ayudarla económicamente, no sería suficiente. El trabajo que Ezra propondría implicaría asesinar a un objetivo custodiado por un escudo energético, dejando a Beetroot como el encargado de eliminarlo directamente.
Durante la misión, el saiyajin habría logrado infiltrarse, solo que al llegar a su objetivo, se encontraría con un niño indefenso. Aquel encuentro habría provocado en él una crisis mental y una fuerte convulsión, reviviendo su propio pasado traumático. Y al recobrar la conciencia, habría tomado la decisión de no seguir con el plan, negándose a asesinar a un menor.
Ezra, furiosa y desesperada por salvar a su hermana, acabaría reaccionando violentamente contra Beetroot, reprochándole su humanidad y recordándole que eran criminales. Aun así, él no habría alzado la mano para defenderse, incluso habría intentado entregarle los créditos que consiguió por su cuenta, pero Ezra, cegada por la rabia y la culpa, lo habría golpeado antes de tomar el dinero y apartarse de él. No sin antes dejar un comentario doloros, implicando que la recompensa que pedían por él le llegaba a servir más que él mismo.
En la actualidad, la organización de Kumori, llamada "Primera Sangre", habría ganado cierta notoriedad en el bajo mundo, aunque no sería considerada aún de las más pesadas. Conforme más avanzaba, se hacía más poderoso, viejo y sabio; sin embargo, en aquel negocio, la sangre siempre brotaba de las manos de aquellos que buscaban retar a la suerte e ir en busca de más.
Kumori para estas alturas de su vida ya era un diablo, y como dicen por ahí...
—Refrán...
|
Con los años, le habrían diagnosticado "Espectro Mental", una enfermedad que le hacía vivir momentos del pasado una y otra vez hasta el cansancio, siendo notificado que no había cura para tal mal y que, además, se encontraba en un estado demasiado avanzada. Aún así, él no se rendiría de una forma tan patética, trabajando aun si eso le costaría su propia vida.
Durante un episodio especialmente severo, Kumori acabaría causando grandes destrozos en sus propias instalaciones, siendo detenido solo tras un enorme esfuerzo. Su protegido, Tomahawk, lo habría obligado a tomarse unas "vacaciones", que en realidad serían una forma de rehabilitación para estabilizar su mente.
Pese a su deterioro, el saiyajin no se rendiría, ya que entendía que antes de morir debía cerrar una cuenta pendiente, una herida sin sanar... esta estaba ligada a su pasado con Ezra y todo lo que ella habría significado para él.
「Energía Corrupta」
Gracias a su herencia maligna, Kumori fue dotado con un ki distinto al normal, conocido como energía corrupta. Como tal, le hace producir mejores cantidades de energía y desarrollar una habilidad versada al Zenkai conocida como Rampancia. Siendo esta representada con un aura púrpura o morada.

Provoca en quien la posea aptitudes erráticas, furiosas y grotescas. Ocasiona dolores de cabeza, hinchazón, moretones o magulladuras espontaneas por la reacción "anímica" a los cambios del ki. En objetos, hace que estos colapsen, se resquebrajen o estallen al contacto. Ya que como tal esta energía busca reproducirse y alimentarse de otras composiciones para existir o habitar, en sí es estable en aquellos cuerpos en los que nace e inicia un desequilibro cuando muda de un lugar a otro.
「Rampancia」

Una habilidad innata de Kumori es la Rampancia, la cual sustituye al Zenkai. Permitiéndole aumentar sus capacidades en medio de un combate conforme avance la batalla. Mientras el combate está en su apogeo la Rampancia se irá haciendo más notoria, ampliando el rango de ataque de su portador en todos los aspectos, incluso esta puede ser alimentada por la intensidad de la batalla y la sed de aumento de poder, para que el usuario pueda obtener la victoria.
La Rampancia no evita quedar fuera de combate, lo que hace es que el estimulo dentro del mismo haga que el cuerpo y las aptitudes de quien la use aumenten. No obstante, en el caso de enfrentarse a alguien más inteligente, poderoso o con mejores aptitudes, y este decidiera incapacitarlo o derrotarlo, el efecto inmediato pasará.
El estimulo o el "incremento de poder" recibido por la Rampancia es adaptable al poder del usuario a largo plazo, este no desaparecerá incluso cuando la habilidad deje de ser utilizada.
Aun así, la Rampancia puede jugar a dos bandos en el cuerpo de Kumori, aunque en situaciones extremas pueda salvarlo gracias a la adaptación en batalla, esta también puede inestabilizar y hacerle perder constantes fracciones de su poder al no saber cómo controlarlo a la perfección. El fallo mencionado se contrarresta con la necesidad de batalla de la primera, por lo que todo resulta en un vaivén.
「Estilo de Combate」
El combate, para Kumori, es una necesidad, una respuesta y una herramienta a la vez. Desde sus primeros días como sicario hasta su descubrimiento como saiyajin, su estilo habría evolucionado junto con su identidad: brutal, errático, pero terriblemente efectivo.
Kumori se especializaría en el combate cuerpo a cuerpo, confiando en su fuerza bruta, resistencia inhumana y un instinto asesino cultivado por años en el oficio del sicariato. Su estilo más reconocible sería el de un berserker calculado: si bien puede parecer caótico al lanzar golpes salvajes cargados de ira y potencia desmedida, detrás de cada ataque existe la intención de terminar la pelea de forma rápida, o al menos, romper al oponente lentamente.
Cuando el combate no lo entusiasma o considera al rival indigno, su ofensiva se reduce a golpes rústicos, alocados, con poca técnica pero con una contundencia implacable. En este modo, se limita a lanzar ataques que reflejan desinterés más que estrategia, y aún así, serán suficientes para aplastar al débil.
Sin embargo, cuando un enemigo realmente representa un obstáculo, el orgullo saiyajin se enciende o su enfermedad lo arrastra a antiguos recuerdos de guerra que nublan su mente, Kumori se transforma en algo distinto, como una máquina de destrucción táctica. Analiza, se adapta, busca el punto débil y golpea sin piedad alguna. No se trata de honor, justicia o demostración, sino de simple y llanamente de ganar. Bajo su casi nula moral: Si puede matar, matará. Si puede romper, romperá.
A pesar de su crueldad, Kumori no emplea armas. Su cuchillo, aunque cuenta con un aspecto intimidante, sirve más como un símbolo de amenaza durante interrogatorios o cobros. En un combate real lo considera inútil, no solo por su fragilidad ante rivales de poder similar, sino porque él prefiere sentir el crujir de huesos con sus propias manos.
Aun así, lo más temido de este saiyano es aquello que arde dentro suyo cuando la batalla se alarga y la violencia se convierte en la única solución. La Rampancia, una habilidad innata y exclusiva, se manifiesta como una transformación progresiva de su cuerpo y mente, una respuesta salvaje al fragor del combate, un llamado de su sangre saiyajin alterada por años de desgaste, guerras y traumas.
A diferencia del tradicional Zenkai de su raza, la Rampancia no necesita la derrota para evolucionar, sino el enfrentamiento en sí. Cuanto más dura sea el combate, cuanto más intensa la situación, más crecerá Kumori en medio de ella. La fiereza de sus golpes, su velocidad, su percepción y resistencia aumentan a medida que el enfrentamiento escala, como si su cuerpo se alimentara del caos. Cada impacto recibido no lo debilita, lo moldea.
En este estado, sus ataques se vuelven más amplios, más pesados y más peligrosos. Su estilo se afila con cada minuto transcurrido, adaptándose a su enemigo como si su carne aprendiera a golpear mejor con cada intercambio.
Todo esto también tiene su precio al volverse inestable, creando un desbalance interno y llevándolo a sufrir colapsos momentáneos. Además, el Espectro Mental lo lleva a disociar y acaba reaccionando a enemigos que ya no están, reviviendo peleas que creía olvidadas, y haciendo que actúe de manera impredecible.
Por tales motivos Kumori ya pelea con la intención de terminar en un breve período de tiempo, prolongarlo más de la cuenta podría ser desastroso y jugarle en contra. Cada combate para él es otra página más en el libro de su vida que escribe con sangre.
「Habilidades」
Control de la Energía: Utilizada como denominación general para las posibilidades que presenta el ki, lo cual abarca la detección de presencias, la manipulación de la energía en cualquier forma posible, la ocultación propia y la transferencia hacia otro ser.
Capacidades sobrehumanas: Como un saiyan, su experiencia y maquinación en batalla es extraordinaria, de hecho posee un alto grado de fuerza, velocidad, agilidad y otras aptitudes, que lo convierten en un arma viviente. Al poseer un ki lleno de corrupción, el desborde de energía es incluso impresionante, pudiendo masacrar un pequeño grupo de personas si se lo propone, aunque claro que esto depende de las destrezas que posean estas personas en concreto.
Restablecimiento: Kumori posee una habilidad innata para manipular el ki, desarrollando un buen grado de auto-curación, aunque también contribuyeron otros factores que estuvieron presentes, como los ya antes mencionados cambios biológicos que ha recibido su cuerpo. Estos son mencionados como una ligera adaptación a las heridas por corte, sean leves o no muy graves, así como elaborar movimientos instantáneos del propio cuerpo para evadir ataques enemigos.
Resistencia Maximizada: Podría decirse que este saiyan solo quiere atacar, atacar y atacar. Pero el entrenamiento que ha recibido su espíritu es muy intenso, sobreviviendo a tantos infortunios que incluso su cuerpo soporta las más graves heridas y ataques que lo puedan eliminar. Además de poseer una resistencia a altas temperaturas, estando acostumbrado a recibir olas de calor constante durante un tiempo prolongado sin daños colaterales a largo plazo, o que el daño del calor sea muy exponencial para su cuerpo.
Fortalecimiento de Cola: Su cola para este punto ya no es el "Talón de Aquiles" saiyajin, esto es gracias a los cambios genéticos que experimentó la misma. Ahora es una parte irremediable de Kumori, incluso si fuera cortada no tendría problemas en volver a crecer.
「Debilidades」
Desgaste enérgico: En su condición frenética, cuando no usa de forma moderada e inteligente su ki, puede desgastarse y cansarse más rápido, ya que el derroche de ki es bastante amplio en comparación a una situación de estabilidad.
Inestabilidad psicológica: Kumori es muy frágil en cuanto a estado mental, aprender a controlarse en ciertos momentos es difícil y más cuando sus transformaciones están presentes. Sus fantasmas del pasado son un aspecto que pueden hacer que enloquezca o se ponga inestable en medio de un situación importante, como lo es un combate o una situación normal, donde cualquiera que se le atraviese puede llegar a salir herido si se le molesta demasiado.
Espectro Mental: Aunado al punto anterior, también padece una enfermedad neuropsíquica degenerativa: el Espectro Mental, la cual ya es un peligro entre asesinos, soldados y otros condenados que son temerosos del pasado. Esta no duele como una herida abierta ni se verá como una cicatriz, pero corroería desde adentro con la persistencia de un veneno silencioso.
Quien lo padece comenzaría a revivir momentos del pasado de forma involuntaria, empezando con algunas imágenes y sonidos, luego pasarían a ser voces más claras que se repetirían como un eco maldito en su mente. Primero como sueños, luego como interrupciones, así hasta llegar el día en que ya no se pueda distinguir lo real de lo vivido. No hay cura conocida, más que descanso, medicación paliativa y la lenta resignación a una mente que se rompe, aunque el cuerpo siga firme.
「Técnicas」
Técnicas Básicas
- Vuelo: Técnica de levitación o vuelo mediante el uso del ki.
- Onda de Ki: Onda de energía común, la cual puede variar de poder según como manifieste el usuario.
- Onda de Energía al Máximo Poder: Versión más poderosa que la anterior, en la cual el usuario acumula una onda de energía en una de sus manos o ambas, apuntando estas hacia el objetivo y liberando la esfera en forma de ráfaga de ki.
- Onda de Poder Total: Una técnica de andanada de poderosas ondas de ki alargadas que pueden ser lanzadas con una o ambas manos.
- Onda de Energía al Máximo Poder: Versión más poderosa que la anterior, en la cual el usuario acumula una onda de energía en una de sus manos o ambas, apuntando estas hacia el objetivo y liberando la esfera en forma de ráfaga de ki.
- Transferencia de Ki: Capacidad que gana un individuo de otorgar energía a otros de acuerdo a como este elija.
Técnicas Propias
Estado Base
Supersaiyano Corrupto Clase 1
Supersaiyano Corrupto Clase 2
「Transformaciones」
Supersaiyano Corrupto Clase 1
Esta fue despertada por el saiyano al ver morir a su ex-compañera Ezra y sostener su cuerpo calcinado sobre sus brazos. Estimulando su cerebro y explotando tanto su energía como su potencial saiyan.
Al tener una formación diferente a la de sus "hermanos" saiyajin. Kumori adoptó transformaciones alternas a las de un saiyano normal. Siendo el Supersaiyano de Primer Grado sustituido por esta transformación. La cual dota a Kumori de atributos con un nivel de potencial superior al Supersaiyano normal.
Su cuerpo se ve beneficiado, ya que esta le hace más ágil y veloz dejando atrás esas "desventajas comunes" de su estado normal. Manteniendo las capacidades en un punto intermedio, ya que proporciona una musculatura más desarrollada y un gasto de energía menor, pero con una fuerza de destrucción con un mar de diferencia en comparación.
Sus técnicas y formas de combatir en esta transformación giran en torno a la ofensiva, buscando el mismo Kumori siempre potenciarlas para causar más daño sobre sus objetivos.
| Agilidad | Velocidad | Resistencia | Inteligencia | Energía | Fuerza |
70%
|
75%
|
85%
|
70%
|
90%
|
95%
|
Supersaiyano Corrupto Clase 2
Acceder a esta transformación también proporciona un flujo de energía vital moderado aunque al usarse más constantemente, el flujo de su poder se estimula conforme avanza el combate, impulsando poco a poco sus valores a niveles más altos. Al mismo tiempo, la versatilidad de habilidades se extiende, perfeccionando las posibilidades de ataque en diferentes aspectos, a pesar de ser grande y pesado esto no le impide moverse a velocidades monstruosas. Su fuerza y resistencia que de por sí ya son sólidas le hacen un roble duro de derribar.
Kumori se siente imparable en esta transformación, y en cierto modo resulta ser así, en especial cuando logra que la Rampancia surta efecto a la par. Con esta combinación, su poder aumenta de golpe, y no solo eso, también su sentimiento de destrucción arrasador que va tras todo lo que le estorbe el paso. Cuando este estado se encuentra activo se vuelve un contendiente feroz.
Sus técnicas se basan es hacer tanto daño posible a sus contrincantes e incluso busca matarlos en el acto, la monstruosidad de las mismas son ampliamente certeras si se realizan correctamente.
| Agilidad | Velocidad | Resistencia | Inteligencia | Energía | Fuerza |
70%
|
80%
|
95%
|
65%
|
100%
|
100%
|
「Objeto」
Cuchillo Dentado
No era un arma pensada para el combate, sino una herramienta de terror. El cuchillo tenía una hoja dentada de acero plateado, lo suficientemente afilada como para desgarrar piel, pero no diseñada para enfrentar verdaderos guerreros. Su guarda era rectangular, de color negro mate, sobria y funcional, sin adornos. El mango, de un rojo profundo, presentaba un relieve cilíndrico que facilitaba el agarre incluso con las manos ensangrentadas o temblorosas, mientras que el pomo negro, de forma hexagonal, le daba un peso inesperado al final del arma, como si tuviera la intención de subrayar su presencia con un golpe seco en la mesa... o en el rostro de alguien.
Kumori no lo portaba para pelear, puesto que jamás se lo vería blandirlo en medio de un combate real, no por falta de destreza, sino porque consideraba innecesario utilizar armas cuando sus propias manos eran más letales. Además, contra oponentes cercanos a su nivel, ese cuchillo no duraría más que un parpadeo antes de hacerse añicos.
Sin embargo, su verdadero valor residía en otra cosa: el miedo. Lo usaba durante interrogatorios, cobros de deuda o castigos ejemplares contra sujetos débiles, personas que sabían — apenas verlo — que Kumori no necesitaba matar para quebrar. A veces bastaba con dejarlo sobre la mesa, con la hoja mirando en dirección al deudor; otras, con deslizarlo por la mejilla de alguien mientras hablaba en tono calmado. No necesitaba ensangrentarse... el cuchillo se encargaba de sugerir todo lo que él estaba dispuesto a hacer.
「Poder」
- Pasado

En su pasado no fue adiestrado por alguien en la lucha, valiéndose por sí solo para aprender a contender con otros. A duras penas sabía manejar su ki para volar o, aun peor, para lanzar ondas de ki más débiles de lo normal, no sabiendo beneficiarse de las posibilidades que esto traería para sí mismo. Por lo que utilizaría las habilidades básicas de un guerrero de su clase.
De alguna forma compensaba esta debilidad con pura fuerza bruta y su resistencia, que en este tiempo era admirable y envidiable. Concluyendo que a pesar de ser todo un novato, la mayor parte de su tiempo se mantenía en buen estado físico y en constante movimiento.
| Agilidad | Velocidad | Resistencia | Inteligencia | Energía | Fuerza |
30%
|
40%
|
70%
|
40%
|
65%
|
80%
|
- Actualmente

En la actualidad, ese Beetroot o Kumori inexperto aprendió a manejar su energía conforme recibía misiones de asesinato. Intentaba aprender de sí mismo tanto como de sus contrincantes y acoplarse a la batalla, desarrollando más soltura en el uso de sus distintos atributos como saiyan. Incluso llegando a manipular y contener más reservas de ki por encima de lo común.
Al ser la fuerza y resistencia sus puntos fuertes estas han llegado a sobrepasar las expectativas, solo que dejando un poco de lado la agilidad, la velocidad y demás, manteniendo solo un estado óptimo para estas cualidades. Cada día de su vida busca perfeccionar su poder y su forma de luchar para alcanzar lo que quiere, así como también no quedarse estancado, creyendo que ya fue suficiente.
| Agilidad | Velocidad | Resistencia | Inteligencia | Energía | Fuerza |
60%
|
65%
|
85%
|
70%
|
85%
|
90%
|
Niveles de Pelea
「Curiosidades」
- Para las primeras construcciones del articulo de Kumori se uso como referencia a: Cumber y a Broly, dos representaciones de saiyanos con poderes inusuales y ese estilo característico de berseker.
- Su verdadero nombre solo es conocido por un puñado de personas, que a su vez ya están muertas.
- Si bien el cuchillo dentado no es su arma principal, para muchos es una extensión de su presencia intimidatoria en el bajo mundo.
- La cicatriz más visible que posee en el rostro no provino de un enemigo, sino que fue ocasionada durante un entrenamiento en solitario. Dejando implícito que solo él puede dañarse.
- No conserva recuerdos vividos de su infancia, pero sí sensaciones y olores que detona su memoria de forma involuntaria. Lo que lo deja fuera de foco y busca recordar de dónde provienen, ejemplos claros son el olor de su madre y las asperezas de las manos de su padre.
- No soporta los espacios demasiado iluminados, prefiriendo la penumbra o lugares con luz tenue. Excepto, claro, que se trate de un llamativo casino o de un juego de luces rojo intenso de un preciado burdel.
- No colecciona trofeos de combate, pero recuerda la ubicación exacta de cada lugar donde mató a alguien importante. Hasta ha pensado en hacer un mapa de ello, puesto que podría no ser bienvenido en muchos más lados de los que cree.
- No le gusta recibir tratamiento médico, confiando más en la resistencia y regeneración de su propio cuerpo que en cualquier curandero o doctor de pacotilla.
- Considera que una "pelea justa" es un concepto absurdo, y siempre buscará cualquier ventaja posible. Eso es más para aquellos tontos que buscan verse como héroes.
- No sabe ocultar ni detectar el ki, lo que lo hace más propenso a emboscadas letales, y aún así su olfato intuitivo le avisa cuando está cerca de una.
- No obstante, sí sabe usar la transferencia de energía, normalmente usada para torturas al contar con ki contaminante.
- Su técnica Vendetta comparte nombre con un movimiento de tipo siniestro de la cuarta generación perteneciente principalmente a los vídeojuegos de pokemon.
- Glitch funciona parecido a una de las habilidades de Obito con su sharingan. Y similar al Don de Mirio Togata, pertenecientes al manga de Naruto y Boku no Hero, respectivamente.
「Combates」
| Oponentes | Acompañantes | Resultado | Descripción |
|---|---|---|---|
| Neratianos | Ezra | Victoria | Este encuentro con los Neratianos serviría para que ciertamente Ezra y Kumori pudieran unir fuerzas. |
| Matón Regordete | [-] | Victoria | Luchar contra él fue el comienzo de una sociedad, que serviría para que Ezra tomara a Kumori como su "socio" e indirectamente guardaespaldas. |
| Guardias | [-] | Victoria | Fueron los primeros objetivos indirectos del sicario en uno de sus tantos trabajos, pudo derrotarlos con facilidad pero fue capaz de completar el trabajo que tenía previsto. |
| Banda de Cazarrecompensas | [-] | Derrota | Su primer derrota fue a manos de ellos, contactados por su ex-compañera, Ezra. La traición por parte de ella vino al Kumori fallar el pacto que mantenían como aliados. Tras el enfrentamiento, quedaría seriamente herido debido a un artefacto que explotaría, matando a Ezra en el proceso y haciendo que se concentrara su furia, despertando su transformación. |
| Saiyajin Desconocido | [-] | Victoria | En busca de saiyanos, con los cuales relacionarse para conocer más acerca de su raza, Kumori entablaría una conversación con este guerrero desconocido con el que se vería envuelto en una batalla. |
| Sicario | [-] | Victoria | Kumori durante su viaje tuvo que enfrentar a este individuo (y a muchos más de este calibre) para recibir el trabajo de asesinato de un importante personaje adinerado, matando al sicario en el acto. |
| Patrulla Galáctica | Organización de Sicarios de Kumori | Derrota | Sucedería una ardua batalla entre la patrulla galáctica y la banda de sicarios de Kumori, causando un conflicto con muchas muertes y arrestos dentro de la organización del saiyan. Posteriormente, él sería derrotado y perdería el brazo frente a un patrullero de Super Elite. Más tarde, acabaría siendo incorporado a la cárcel principal de la patrulla galáctica. |
「Soundtrack」
「Galería」
General
Otros
Linearts
Fanarts
Miscelaneos
「Participación en Eventos」
| Imagen | Oponente | Jornada | Resultado | Rendimiento |
|
Riesig | Primera | Victoria | 88,8% |
|
Zalitai | Segunda | Victoria | |
|
Ibil | Tercera | Victoria | |
|
Aster | Quinta | Victoria | |
|
Vetrom | Sexta | Victoria | |
|
Gints | Séptima | Victoria | |
|
Maasda | Octava | Victoria | |
|
Crim | Novena | Victoria | |
|
Shinfinite | Final | Derrota (Segundo Lugar) |
| Imagen | Oponente | Jornada | Resultado | Rendimiento |
|
Umbra | Primera | Victoria | 75% |
|
Vetrom | Segunda | Victoria | |
|
Chell | Tercera | Victoria | |
|
Kurima | Cuarta | Derrota | |
|
Normand | Quinta | Victoria | |
|
Tagoku | Sexta | Victoria | |
|
Zalitai | Séptima | Victoria | |
|
Crim | Final | Derrota (Segundo Lugar) |
|
Oponentes | Rondas | Resultados | Rendimiento |
| Sous | Primera 1 vs. 1 |
Victoria | 75% | |
| Cidboo Grandius Rhodex Kimmy |
Quinta Tipo Podio |
Victoria | ||
| Rice LZR Ánima |
Undécima Tipo Podio |
Victoria | ||
| Blade | Semifinal 1 vs. 1 |
Derrota |
|
Oponente | Ronda | Resultado | Rendimiento |
| Aerith | Quinta 1 vs. 1 |
Derrota | 0% |
|
Oponentes | Ronda | Resultado | Rendimiento |
| Umbra & Shinfinite | Quinta 2 vs. 2 Con Dysnomia |
Derrota | 0% |
|
Oponente | Ronda | Resultado | Rendimiento |
| Crim | Segunda Batalla Universal |
Derrota | 0% |
「Agradecimientos」
- Gracias a Nem, a Cif, a Gond, a Leah, a Rhodex y por supuesto a Saail, que fue el primer dibujante de este personaje. Por hacer imágenes de Kumori e impartir esa habilidad del dibujo que tienen hacia otros que no se les da muy bien o que no pueden plasmar como ustedes lo hacen.
- Gracias a Maka y Gond por ayudarme con técnicas y varios aspectos de las habilidades a mejorar.
- Y la verdad muchas gracias por las recomendaciones que alguna persona en cierta ocasión me pudo dar, las ideas o la confianza que depositaron en este personaje.
「Referencias」
- ↑ Segundo lugar de los Golden Freezer Awards 2021.
- ↑ Subcampeón de la 4º Promotion League One.
- ↑ Subcampeón de la 2º Metro League.
- ↑ Hogar de los Neratianos. Seres con cuerpos antropomorfos rojos, llenos de desesperación y sed de vida. Algo bélicos y territoriales
- ↑ Rapiña Volcánica, Ballena Cálida y Perro Carbonero
| ||||||||||||




















































































