Dragon Ball Fanon Wiki
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El Rey del inframundo es la primera película del fic, ubicándose entre el prólogo y el capítulo 1; publicada el 12/02/20.


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Película

Opening
Dragon_Ball_Shouganai_-_Opening_1

Dragon Ball Shouganai - Opening 1


Un bosque lejano, hundido en un extraño silencio a pesar del ruido natural; se sumergía cada vez más en lo profundo de los árboles que comenzaban a cubrir todo rastro de luz, exceptuando algunas pequeñas filtraciones entre las ramas . Ahora parecía de noche, y el viajero caminaba atentamente a su alrededor, mientras que en una mano sostenía una especie de libreta que revisaba a menudo. Entonces, se detuvo frente a una cueva y acto seguido ingresó, luego de haber prendido una linterna.

La cueva era de bajada; cada vez se encontraba más lejos de la superficie, ¿20? ¿30? ¿50 metros, tal vez? Estaba tan concentrado que ni siquiera le dió importancia. En un momento, el camino se había vuelto demasiado inclinado, por lo que terminó deslizándose como pudo y cayendo sobre otro suelo.

Tras quitarse la tierra de encima, tomó nuevamente la linterna y apuntó delante suyo, para su sorpresa, ahí se encontraba lo que tanto había buscado. Frente a él, yacía una estatua enorme de un ser con rasgos inhumanos, aunque de apariencia joven, y un vestuario peculiar. Le llamó la atención el símbolo sobresaliente en el cinturón de su pantalón: una "M".

Se acercó, posando una mano sobre aquel símbolo.

—M...—Murmuró, reflexionando su significado—. M-Makai—. Concluyó.

Una luz iluminó los ojos del hombre, dejando salir un posterior grito de terror que resonó como eco por toda la cueva.


La escena cambia para centrarse en el golpe fugaz de un puño contra el suelo rocoso; el impacto había dejado varias grietas, y el guante blanco se miraba desgastado y con rastros de sangre en la piel del saiyajin.

—No lo consigo...—Maldijo Vegeta, en voz baja—. ¿POR QUÉ?—Lanzó otro puñetazo al suelo—. He estado entrenando como loco desde que llegué aquí...

En un intento de desahogo, incrustó los puños en la tierra. Este acto desencadenó un pequeño rayo azulado que cruzó toda el área del impacto y desapareció en un parpadeo. El saiyajin cesó con su escena, observando perplejo lo ocurrido. Posteriormente, se dibujó una sonrisa.

Vegeta se reincorporó y dió un suspiro. Flexionando el cuerpo hacia delante, desencadenó un aura amarilla; tal fue el impacto de la energía liberada que una zona del suelo resultó hundida, y el resto del terreno comenzó a temblar como si de un terremoto se tratase.

—Ya casi lo logro...—Pensó—. No puedo detenerme ahora—. Tras esas palabras, dejó salir un fuerte alarido a la vez que se concentraba en seguir expulsando poder.


En la Tierra todo resultaba bastante pacífico para sus habitantes, que sin ninguna clase de amenaza, podían enfocarse en los problemas cotidianos y vivir tranquilamente.

El joven Gohan no era la excepción, pues el saiyajin parecía disfrutar su estilo de vida, a pesar de sus responsabilidades. Ahora mismo, se encontraba trabajando, como era costumbre desde hace ya unos años.

Iba viajando en un carro, aparentemente de la Corporación Cápsula, en el cuál transportaba varias cajas de vegetales y frutas. Luego de un largo recorrido, había llegado a su destino: un bazar al aire libre. Se dispuso a bajar toda la mercadería y acercarse a uno de los puestos.

—Buenos días—. Saludó el híbrido—. Aquí tengo la tanda de esta semana—. Palmó una de las cajas con la mano.

—¡Gohan!—Correspondió, uno de los vendedores—. Estábamos esperándote—. Cargó rápidamente uno de los cajones—. Nosotros nos encargamos de llevarlo.

—Sus cosechas son siempre las mejores—. Añadió un segundo vendedor, que se dispuso a ayudar con la carga.

—Hago lo mejor que puedo—. Respondió el pelinegro, rascándose la cabeza—. Si me disculpan, necesito irme rápido, tengo... otros encargos—. Inventó, para posteriormente desaparecer del lugar.

—Cielos, ese chico siempre parece demasiado apurado. Ni siquiera se queda a conversar unos minutos—. Comentó un mercader.

—De seguro es muy solicitado. La mercadería siempre está fresca, como si... Lo recogiera todo antes de venir aquí—. Reflexionó—. JAJAJAJ, qué loco, ¿No?

Al llegar a cierto punto del recorrido lo suficientemente lejano de la gente, Gohan salió del vehículo para cargarlo con las manos y así volver más rápido.

—Eso fue bastante rápido, creo que tengo tiempo de sobra para entrenar—. Se dijo.

Tras dejar el carro cerca de su hogar, se dirigió al monte, que se había vuelto uno de sus lugares favoritos debido a la calma del ambiente natural.

—Listo—. Dijo, tras terminar de colocarse las botas de su traje. Pese al tiempo que había pasado, seguía utilizando el mismo tipo de uniforme morado que su maestro le había regalado—. Ahora...— Frunciendo el ceño, flexionó ambos brazos y separó levemente las piernas, para posteriormente apretar los puños y dientes, al punto de realzarse algunas venas. Luego de acompañarlo con un grito, se produjo un aura eléctrica dorada que llegó a expandirse a un rango bastante amplio.

Tras unos segundos, el aura desapareció, dejando al ahora guerrero de cabello amarillo con la misma expresión que antes. Cerró los ojos unos instantes, y procedió a disparar un golpe hacia el centro de la montaña en permanecía. Este acto produjo un temblor y posteriormente las grietas comenzaron a abrirse, destrozando la roca en miles de partes. Antes de que todo comenzara a desplomarse, el saiyajin saltó hacia otro de montículos.

La mirada del saiyajin ahora resaltaba un sonrisa ladeada, que de inmediato fue reemplazada por frustración.

—No...—Murmuró.

Se elevó unos cuantos metros y concentró su atención en realizar varias combinaciones de golpes. Estuvo así un rato, intentando gastar toda la adrenalina que cargaba. Al no notar ningún cambio, comenzó a arrasar el lugar con ráfagas de ki, sin embargo, tuvo que detenerse al darse cuenta del temblor que parecía querer iniciar.

—Maldición—. Suspiró, aterrizando nuevamente. Se encontraba lo suficientemente agitado—. Estoy cansado, entonces... ¿Por qué no desaparece?—Gruñó—. ¡¿Por qué me siento tan desesperado?!—Su tono se había alzado significativamente.

Impulsado por su ira, derrumbó la montaña que tenía frente suyo de un golpe. Al acabar, se quedó observando el escenario, provocando en su rostro una sonrisa de satisfacción.

—No importa, este poder... Es realmente asombroso. Con esto definitivamente no seré derrotado—. Dijo, pero en seguida agitó la cabeza y se agarró la misma con las manos—. ¡No!—Volvió a estallar el aura a su alrededor.

Tras forcejear unos minutos, deshizo la transformación. Quedó unos segundos estático, con las manos temblando, hasta que su preocupación volvió a surgir.

—No es adrenalina, y por más exaltado que esté, no debería cambiar mi forma de actuar—. Meditó en silencio—. Ira... Hace unos momentos, fue extraño, de algún modo, no me sentía humano—. En ese momento, recordó el comportamiento de Vegeta, o el mismo comportamiento de su padre la primera vez que se había transformado en SSJ—. No lo sé.

—Maestro—. Gohan saltó de sorpresa por aquella intervención tan repentina en su concentración.

—Trunks... ¿Desde hace cuánto estás aquí?—Preguntó, pensando en lo enfocado que debía estar para no notar el ki de alguien más, y lo peligroso que pudo haber sido, también.

—Unos minutos—. Dijo, sin darle importancia—. Oye... ¿Qué es eso que estabas murmurando?

—Ah, bueno...—Dudó en hablar, pero prosiguió—. Tengo problemas para dominar el SSJ2. Siempre que me transformo, no me siento yo mismo. Tengo deseos que desatar cada vez más poder; puedo sentir el poder, y también la desesperación por usarlo. Ahora que lo pienso... suena mucho a cómo actuaría un saiyajin.

—Pero... ¿Los saiyajin antes no eran malvados?

—¿Malvados?—Repitió—. Maldad...—Murmuró.

—¿Pasa algo?—Preguntó el menor, comenzando a preocuparse por la mirada perdida del pelinegro.

—¡Ah! Nada... Supongo que ya lograré controlarlo—Llevó una mano a la nuca.

Otro mundo

Goku parecía disfrutar de su estadía en el mundo de los muertos, sin embargo, la necesidad por sobrepasar sus límites era imposible de reprimir luego de tanto tiempo. Debido a eso y por el bien de todos, Kaiosama se empeñó en guiar al saiyajin hacia un lugar donde no molestaría a nadie.

—¿Cuánto falta para que lleguemos?—Se quejó Goku.

—Apenas estamos empezando—. Dijo, volteando la cabeza hacia el morocho—. No es fácil llegar al planeta Sagrado. El camino está hecho para ser casi imposible de cruzar.

—Hm... Bueno, si las cosas se complican, siempre puedo hacer esto—. Colocó dos dedos en su frente, realizando la teletransportación. Sin embargo, no surtió ningún efecto—. Qué raro...

—Eso no funcionará zoquete, ¿Qué no escuchaste lo que te dije? No existen atajos ni ventajas aquí, únicamente puedes ir a pie.

—Qué mal...—Gruñó Goku—. ¿Y qué tan largo es?

—Hmm...—Meditó Kaiosama—. Unas 100 veces el camino de la serpiente.

—¿EH?

—No grites, mejor guarda esa energía y sigue caminando—. Ordenó Kaiosama.

—Ok...—Suspiró—. Más vale que valga la pena.


Un hombre encapuchado llegó al lugar donde antiguamente Son Goku había cerrado la puerta al inframundo, luego de derrotar a Sura. Lucía exactamente igual.

El sujeto se acercó hasta la puerta, ahora sin abrir, y extendió ambas manos en torno a un círculo imaginario. Se limpió la garganta y comenzó a pronunciar un conjuro en un lenguaje inédito, hasta que sus manos fueron rodeadas de una energía morada. Siguió por unos minutos, hasta que sus palabras fueron entendibles.

—¡Escuchen! Habitantes del otro lado. Mi nombre es Babidi, soy un fiel seguidor suyo; fui conducido por el destino hasta aquí, con la misión de liberarlos. Por desgracia, mi magia no es lo suficientemente poderosa para abrir el portal por mucho tiempo, así que solo uno de ustedes podrá salir. ¡Elijan a su guerrero más fuerte!

De repente, la puerta se abrió de golpe, liberando un torrente de aire caliente impresionante, tanto que el hombre se vió obligado a cubrirse con los brazos. Para cuando la ráfaga cesó y pudo abrir los ojos, vislumbró ante él una figura horripilante. No era repugnante en realidad, pero la sensación que le provocaba era semejante a observar un cadáver en descomposición, mucho peor que eso, le evocaba asco, pero también terror. El demonio dió un paso al frente, mirando fijamente a su presa. Sonrió; parecía dispuesto a matarlo.

—¡Espera!—Suplicó, quitándose la capucha y revelando un rostro deformado—. No me mates, estoy aquí para servirte.

—JAJAJAJA—. Rió—. ¿Supones que yo requiero de tu ayuda? ¡Estúpido!

—Yo, yo... Sé la ubicación de Majin Buu—. Murmuró.

En ese momento, la mirada confiada del Makaio-shin pasó a una de completa seriedad.

—Ven conmigo—. Fue todo lo que dijo.

Planeta Sagrado

En un limbo separado del resto del cosmos y el reino de los mortales, había un sitio especial, en el que sus habitantes se encargaban de dar origen a la vida. Este planeta había estado desde antes de la creación del universo, y prevalecería hasta el final de los tiempos.

Sus dioses, sin embargo, pese a tener una visión omnipresente, no poseían el poder de implicarse en los actos mortales, razón de su incesante angustia.

Dos figuras yacían bajo la sombra de un árbol, con la mirada fija, y sin romper el silencio.

—¿Qué haremos ahora?—Preguntó uno de ellos. Era mucho más alto y robusto que el otro, además de tener piel rojiza.

—¿Qué podemos hacer, Kibito?—Respondió con tono calmado, pero aún así denotaba cierta preocupación—. Sabes que no podemos intervenir, solo debemos esperar...

—Si tan solo pudiéramos hacer algo...—En eso, volteó la vista hacia una montaña cercana—. Si pudiéramos usar la Espada Z...

—Sería la mejor opción, pero eso es imposible.

—¿Por qué no? Si un Makaio-shin se atrevió a pasar el límite, tenemos el mismo derecho de hacer lo mismo.

—No. No es nuestro deber—. Declaró—. Intervenir no es una opción, si el destino de los terrícolas es desaparecer, que así sea.

—Pero no hablamos del destino de la tierra únicamente...

—Eso lo sé.

Capital del Este

Aquel demonio y el hombre llamado Babidi llegaron a una ciudad bastante poblada, por lo que se podía observar desde el montículo en el que se encontraban.

El Makaio-shin raramente hablaba, durante el transcurso del camino solo había mencionado su nombre. Al terrícola le resultaba incómodo, aún más con muchas dudas que le habían surgido. Como... ¿Por qué habían caminado hasta el lugar? ¿Acaso no eran los Makai capaces de volar?

—Lord Dabura...—Llamó, a lo que el rojizo se limitó a voltear—. ¿Qué planea hacer? ¿Por qué hemos venido aquí?

El contrario dibujó una sonrisa en sus comisuras.

—Tocaste la estatua, así que supongo que sabes lo que su liberación significa para mi pueblo, ¿No?

—Eh, sí... Ustedes aprovechan el desgaste en la barrera entre ambas dimensiones para pasar. Por eso es que pude abrir el portal, ese lugar ya había sido roto con anterioridad, así que era más susceptible que otros. Mientras más demonios hayan en esta dimensión, mayor será el desgaste de esa barrera.

—Muy bien, veo que no eres realmente incompetente—. Aplaudió—. Sí, y el monstruo Buu posee la esencia de miles de Makai's, liberarlo debe ser mi mayor meta—. Hizo una pausa—. Ahora... Preguntas porqué estamos aquí... ¿Sabes qué es lo que más le gusta a Buu, por sobre todo lo demás?

Antes de que pudiese responderle, Dabura lanzó una serie de rágafas de ki por todo el pueblo, ocasionando rápidamente una masacre.

—¡El caos! JAJAJAJA—. Rió neuróticamente—. Más sangre, más gritos, ¡Más caos! Todo el que sea necesario. Y luego, le llevaré todos los cuerpos en ofrenda—. Alzó las manos—. ¡Humanos, sean testigos del glorioso Sabbath!—Al notar la expresión de sorpresa del fenómeno a su lado, le dirigió la palabra con tono irónico—. ¿Demasiado para ti? Puedes no mirar si quieres.

—¿Qué dices? Esto es glorioso—. Expresó—. Cuando toqué a Buu y empecé a tener pesadillas, y luego mi cuerpo se transformó en esto, me sentía maldito. Pero ahora lo entiendo... Mi destino, desde el principio, ha sido este. Soy uno más ahora, siempre lo he sido—. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

—Este tipo me da nauseas, debería matarlo antes de que me provoque indigestión—. Pensó el demonio.


—¡...!—Gohan volteó repentinamente la mirada en dirección a donde masas de ki habían desaparecido hace segundos—. ¿Qué demonios habrá sido eso?

—N-no lo sé—. Tartamudeó Trunks.

Sin decir otra palabra, alumno y maestro despegaron a la velocidad de un cometa.

Capital del Este

En el lugar habían aterrizado no solo Gohan y Trunks, sino que fueron rápidamente seguidos de Yamcha, Ten Shin Han y Chaoz. Todos se miraron entre ellos, para posteriormente suavizar la mirada y saludarse.

—Ha pasado mucho—. Dijo, por fin, Ten.

—Es una lástima que debamos volver a vernos en esta situación—. Rió Yamcha.

—Sí, hablando de eso...—El de tres ojos lanzó un vistazo hacia Dabura, que se encontraba observando con atención la nueva escena—. Esto no me da buena espina. No puedo sentir el ki de ese tipo.

El híbrido saiyajin se quedó observando por unos instantes, para posteriormente dirigirle la palabra al menor.

—Trunks, ve a avisarle a tu madre que evacue la Corporación y esconda las esferas lo mejor que pueda.

—Pero...—Se veía arriesgado a objetar, hasta que vió la expresión severa de Gohan. Entonces Chaoz se ofreció a acompañarlo y ambos se retiraron del futuro campo de combate.

—¿Qué hacemos ahora?—Indagó Yamcha.

—Ya se ha dado cuenta de nuestra presencia, aún así, dudo que haga algo por el momento, habrá que acercarse—. Contestó el pelinegro.

Los tres guerreros se adentraron en la ciudad, siendo espectadores del genocidio y destrozos que ahora eran las únicas características apropiadas para describirla. Mientras recorrían los escombros, Yamcha pudo observar a lo lejos el cuerpo de un infante, que parecía aún aferrarse a algún objeto, del cuál sobresalía una cola y dos pequeñas patas quebradas.

—Maldito desgraciado...—Gruñó—. ¿Qué necesidad de hacer todo esto?

Terminaron por aterrizar a pocos metros del enemigo, donde por una centésima de minuto, se formó un silencio helado.

—¿Con qué necesidad, dices?—Habló el demonio, dejando pasmado a Yamcha, quién creyó solo haber susurrado sus palabras—. ¡No podrías entenderlo! Esto es necesario, más que necesario, es indispensable—. Exclamó—. La destrucción y el caos son algo sagrado, porque solo luego del caos y la muerte llega el renacer—. Alzó el puño cerca a la altura de su rostro.

—Como que este tipo delira un poco, ¿No?—Murmuró el artista marcial, al oído del saiyajin.

—¡Silencio! De todas formas... Ustedes tendrán el honor de ser partícipes de este ritual—. Sonrió.

Sin pensarlo dos veces, el demonio lanzó una onda de ki ardiente que los terrícolas esquivaron al saltar.

—Uff, por un momento me sentí en un sauna—. Confesó el ex-bandido del desierto respecto a la técnica. Entonces sintió una sombra pasar por detrás suyo; al voltear, se encontró con el puño del Makai que lo clavó en la tierra. Sin embargo, no terminó ahí, pues el emperador lanzó un escupitajo hacia su dirección.

—Yamcha, ¿Estás bien?—Gohan se acercó a su compañero.

—Sí, creo que...—Se reincorporó con dificultad, y cortó su frase al notar una mancha gris en su uniforme—. Qué tipo más desagradable—. Gruñó, sin embargo, su expresión cambió por completo al ver cómo esta se iba expandiendo, y la textura pasó a ser similar a la roca—. ¡AHH! ¿Qué demonios has hecho?

—No importa cuánto forcejees, es imposible destruirlo; se trata de una mezcla de minerales inexistentes en su planeta—. Dabura se cruzó de brazos.

—Aléjate, Gohan, ya lo escuchaste—. Advirtió Yamcha.

—Rápido, arranca la parte infectada de tu ropa, antes de que se siga expandiendo—. Aconsejó el tríclope.

El humano acató la orden, retirando el material de su vestimenta y lanzándolo al suelo. Este siguió expandiéndose por los restos de tela, hasta cubrir todo, pero no llegó más allá, y quedó como un trozo de piedra camuflado por el terreno rocoso.

—Por poco...—Suspiró.

—Aún si tienen suerte de salvarse una o dos veces, es cuestión de tiempo hasta les toque la piel, y cuando eso ocurra, no podrán hacer nada—. El demonio soltó una carcajada.

Sin esperar ni un segundo más, los tres arremetieron contra el villano; atacar en grupo era la mejor opción, no podría dispararle a todos a la vez.

No obstante, Dabura soltó una llamarada de fuego que sin intenciones reales de ser dañina, levantó una capa de humo lo suficientemente gruesa para dificultar la visión de cualquiera.

—Vaya truco sucio—. Gohan procedió a cubrirse el rostro con los brazos; bajó los mismos de golpe, creando una tenue aura, pero lo bastante potente para deshacerse de la niebla.

Apenas disipado el obstáculo, el demonio, aparentemente desaparecido, se presentó a espaldas del tríclope, volteando este último inmediatamente y recibiendo una ola de fuego sobre el rostro en respuesta. TenShinHan se quejó del dolor, tomando su cara entre las manos; aún luego del ataque, el vapor continuaba emanando de su tez, y varias quemaduras eran notables.

—¡Desgraciado!—El saiyajin lanzó una serie de ondas de ki hacia el tirano, quién se limitó a esquivar y desviarlas a medida que avanzaba hacia él; ya lo suficientemente cerca, se disputó una serie de golpes en la que ninguno parecía llevar la ventaja clara, hasta que su rival presionó el ataque, logrando dejarle un par de moretones.

Por un momento, Dabura quedó estático, comenzaba a sentir ardor en la piel, posiblemente por los efectos del sol terrestre.

—Hm, qué extraño—. Susurró; había tomado las precauciones necesarias para no sufrir daños en un largo lapsus.

Su pensamiento fue interrumpido por el terrícola, que aprovechó la distracción para atacar por detrás utilizando el Sokidan, sin embargo, fue fácilmente esquivado. Virando hacia atrás, Dabura le lanzó una sonrisa antes de posicionarse a su lado, apoyar la mano en uno de sus hombros, y antes de que el guerrero pudiese reaccionar, traspasarle la garganta con la misma. Tras caer al suelo, sin aliento, el demonio prosiguió a darle un escupitajo.

—Dudo que siga con vida, pero solo por si acaso...—Dijo eso, pero ahora sabía que debía acabar rápido con sus oponentes.

Con rabia, por la escena que acababa de presenciar , Ten se alzó lo suficiente como para ejecutar su característico Kikoho. Dabura no parecía preocupado por recibir de lleno el ataque, no obstante, la luz emanada de la técnica logró cegarlo temporalmente. Viendo lo efectivo del ataque, TenShinHan reiteró, una y otra vez la técnica.

El momento era perfecto para tomar ventaja de la guardia nula del enemigo, por lo que Gohan lanzó un Masenko en su máxima potencia. El ataque impactó de lleno, y tanto el saiyajin como el tríclope relajaron los hombros. Poco o nada duró dicha acción, pues de entre todo el polvo, el tirano se hizo nuevamente presente; con rasguños y la capa totalmente desgarrada, pero ninguna herida mortal. Lo que sí resultaba notable, eran sus cejas tensas por la ira.

—Ustedes... Ya me cansé de jugar—. Rasgaba las palabras, rechinando los dientes—. No necesito someterme de esta forma.

En ese momento, Babidi trataría de acercarse, con la intención de curar las heridas del Lord, pero este último le respondería sin voltear.

—Más te vale alejarte, fenómeno, o te mato.

El gobernante habría desatado su poder, explotando un aura morada con tonalidades negras, y acabado con Ten sin gran dificultad, cortándolo en dos con una espada de ki. Mientras, Gohan aún permanecía únicamente en su estado de SSJ, pero debido a la frustración, pasó sin pensarlo demasiado a su segunda fase y arremetió contra el rival. Un brutal intercambio de golpes, sin embargo, apenas el híbrido se hizo consciente de su forma, volvió a contener su transformación.

Esto únicamente enfureció más al demonio, que ahora estaba decidido a liberar el potencial de aquel humano.

—¡Estúpido! ¿Qué te pasa, por qué te contienes? ¡Libéralo, deja que toda esa furia se convierta en poder!

—¡Cállate!

Dabura se encontraba molesto, realmente, la actitud del saiyajin lo estaba desesperando. Lo atacó con todas sus fuerzas, sin temor a matarlo, y el híbrido cerró los ojos luego del último ataque, no volviendo a abrirlos hasta luego de un tiempo.

Al despertar, vislumbró una figura verdosa, cruzada de brazos, y aún con la cabeza dándole vueltas, supo de quién se trataba.

—Señor Piccolo—. Murmuró.

—Hola, Gohan, ¿Cómo te encuentras? ¿Te sientes en condiciones de pelar?

—Yo... Creo que sí—. Precedió a levantarse con dificultad.

—Ese monstruo es realmente irritante, su poder es inmenso pero su forma de pelear no es convencional.

—¿Usted dijo que siente su poder?

—Así es... No te olvides que los namekusei somos, en parte, demonios, o al menos, poseemos dentro de nosotros la misma energía maligna; es normal que pueda sentir su poder, y supongo que él puede sentir el mío.

—No solo es fuerte, sino que tiene esa habilidad... Convierte en piedra a cualquiera que toca su saliva—. Dijo, retomando el tema.

—Aún así, su poder no está fuera de tus límites; y está en un terreno al que no está acostumbrado, tiene desventaja—. Sus propias palabras lo tranquilizaron un poco—. ¿Por qué no utilizas todo tu poder? Ya habrías acabado con él, y nos hubieras ahorrado todo este problema—. Su tono cambió a uno severo, de regaño.

Gohan miró fijamente a los ojos de su maestro, sintiendo repentinamente cómo la culpa le recorría el cuerpo; agachó la mirada, y tras unos segundos, fue capaz de responder.

—Yo... Tengo miedo de ese poder, siento miedo de parecerme cada vez más a un saiyajin; sé que mi padre y el señor Vegeta son buenas personas, pero... No quiero perder mi lado humano, ni siquiera al transformarme.

Esa confesión golpeó desprevenidamente el pecho del namekusei, pero en realidad, esperaba una respuesta similar, sabiendo de quién se trataba. Lo comprendía, pero también sabía que ahora no podía darse el lujo de aferrarse siempre a sus principios.

—Parece que olvidaste la razón por la que haces esto. Ahora responde, Gohan, ¿Tu miedo es más importante? Si así lo piensas, eso definitivamente te haría menos humano.

Así era, sentía lástima por la mirada de tristeza del joven, pero ahora tenía una responsabilidad mucho más grande que cualquier duda interna. Gohan, por su parte, se limitó a guardar silencio.

—Entonces...—Rompió el hielo—. Haremos lo siguiente: Tú lo distraerás, asegúrate de utilizar toda la fuerza que puedas, mientras yo preparo el Makankosappo—. Gohan dió una mirada de desconfianza inconsciente al escuchar nombrar la técnica—. Descuida, he estado entrenado por todos estos años, para perfeccionarlo. Ahora es mucho más poderoso, seguramente funcione.

—¿Qué pasará si no funciona?

—Eso te tocará a ti decidirlo, Gohan.

Capital del Este

Sin darle más vueltas, el hijo de Goku retornó hacia la ubicación del gobernante infernal. Al reencontrarse, este último esbozó una sonrisa, dejando relucir sus afilados colmillos.

—Así que sigues con vida, me alegro... ¿Ahora sí vas a mostrarme todo tu poder?

—No lo escuches—. Pensó, Gohan—. Solo trata de alterarte, conserva la calma.

El pelinegro dejó estallar un aura dorada a su alrededor, pasando su cabello a tornarse amarillo opaco; ya transformado en SSJ, se disparó contra su adversario, quién lo esperaba con los brazos abiertos. Los dos chocaron puños y se formó una onda expansiva que terminó por desgarrar las prendas del saiyajin; se repartieron golpes a diestra y siniestra, dejando volar hileras de sangre por todo el terreno. Sin embargo, el demonio se encontraba debilitado, era evidente en sus movimientos, algo de lo que el menor tomó ventaja. Recordando que la técnica de Ten había resultado efectiva, realizó el Kikoho varias veces, logrando mantenerlo controlado.

Piccolo ya casi tenía lista su conocida técnica, se encontraba en su típica postura de carga, mientras en su dedo resplandecía una energía eléctrica teñida de morado, mucho más exagerada que la de costumbre, lo suficiente como para hacer temblar al usuario.

—Arghh...—Se quejó, por el exhaustivo esfuerzo—. Je, esto me trae recuerdos.

Sin titubear, lanzó el ataque. Por su parte, al sentir la masa de ki acercándose a toda velocidad, Gohan se corrió del sitio, sin embargo, aún sin poder ver, el demonio pudo guiarse lo suficiente para agarrarlo y evitar que escape; forcejearon, pero la fuerza de Dabura era significativa, y terminó por dejar a su rival a merced del ataque. Gohan pudo evitarlo de lleno, pero no fue lo suficientemente rápido para evadir su roce, por lo que quedó con el hombro completamente expuesto. Al recibir el rayo energía compacta, se retorció del dolor.

—¡Gohan!—Gritó el de capa blanca, al ver lo sucedido.

—Yo que tú, me preocuparía más por mi mismo.

Piccolo volteó, encontrándose con la aberrante mirada del Makai, y su escupitajo sobre todo el rostro. Los ojos le ardieron debido al ácido, e intentó inútilmente quitárselo del rostro. Un Gohan apenas recuperándose corrió hacia su ex-maestro; este último le extendió la palma abierta, y procedió a traspasarle al híbrido el resto de energía que le quedaba.

—El resto está en tus manos—. Murmuró como pudo, antes de que la piedra terminase de consumirlo.

El rubio contempló con pesadez la estatua, pero no durante mucho tiempo, pues las carcajadas de Dabura habían interrumpido su silencio. Sin embargo, no era una risa de alegría, sino más bien una nerviosa, ya que, ahora que lo notaba, el ser maligno no había escapado de ser rozado por el ataque, aunque era un toque mucho más leve del que él había tenido, el demonio traía un corte significativo en el tórax. Miró con sumo odio los ojos verdes del muchacho, y nuevamente se abalanzó contra él.

Comenzaron nuevamente un intercambio de golpes, esta vez, Gohan optó por abrir más la herida de su contrario. De nueva cuenta, recurrió al Kikoho, y usaba la distracción para atacar sus puntos vitales, ocasionando un grito por parte de este. No obstante, este respondió rápidamente, lanzándole su saliva, que terminó impregnada en el brazo que había quedado sin mucha movilidad debido a la herida reciente.

Al ver esto, Babidi, que hasta el momento se había mantenido al margen, decidió curar la hemorragia de su señor; mala idea, pues al darse cuenta de que el dolor comenzaba a disminuir, Dabura se acercó a paso lento, ignorando por completo su batalla en curso. Estiró uno de los brazos, y recubriendo el mismo con un aura entre morada y negra, decapitó a su antiguo sirviente.

—Me había olvidado de tu presencia... Debí haberte matado antes, qué molestia. Nunca me habían humillado tanto.

Aprovechando el momento, Goku, otro que se mantenía al pendiente de la situación gracias a Kaiosama, se comunicó con su hijo.

—Gohan, ¿Me escuchas?

—¿Papá?—Parecía sorprendido, pero en realidad, los nervios comenzaban a afectarle y había comenzado a ignorar todo su alrededor.

—Lo has hecho muy bien, Gohan, aún así, este tipo es demasiado peligroso, y es arriesgado dejarlo con vida. Rápido, intenta lanzar un Kamehameha con el brazo que aún puedes usar, yo te ayudaré; hazlo antes de que se de cuenta.

No recibió respuesta por parte del híbrido.

—Vamos, ¿Qué estás esperando? No podremos hacerlo si tardas mucho.

—No—. Fue su respuesta.

—Entonces... ¿Eh? ¡¿No?! Ah, ¿Por qué?—Se espantó, lo habían tomado por sorpresa.

—Padre, te agradezco tu ayuda... Pero me temo que esto debo manejarlo yo. Tú estás muerto, ya no deberías preocuparte por asuntos de la Tierra, esta es mi responsabilidad ahora.

—Hm, ¿Estás seguro de eso?—Preguntó Goku, rascándose la cabeza con algo de decepción.

—Lo estoy. Me haré cargo de esto.

—Está bien, hijo; confío en que puedas arreglarlo por tu cuenta—. Sonrió, y a pesar de que Gohan no podía saberlo, sonrió también.

—Gracias, papá—. Murmuró, y de inmediato cambió su expresión a un ceño fruncido—. Si yo no protejo la Tierra...—Procedió a tomar el brazo infectado lo más fuerte que pudo, y arrancarlo—. S-si yo no lo hago...—Apretó los dientes del dolor, y acto seguido, se transformó en SSJ2—. ¡Nadie más lo hará!

Sabiendo que un simple Kamehameha no sería suficiente para acabar con el demonio, debería intentar otra cosa, una técnica más poderosa, por lo que, imitando la pose de su maestro, llevo dos dedos a la frente, donde se formó un destello que más tarde pasaría a ser una bola de energía eléctrica, cuya intensidad era tal que había logrado afectar a su rival; tras unos segundos, agitó el brazo, abriendo la palma en el proceso. Una masa de ki dorada fue liberada entonces, llegando rápidamente hasta el desprevenido demonio. Le impactó de lleno. Este último trató de forcejear contra la técnica, pero se encontraba ya demasiado débil; Gohan elevaría aún más su aura, arrasando al fin con su oponente, y dejando como prueba de su victoria un camino hueco.

Gohan dejó salir un suspiro—. Hm, eso no era lo que tenía en mente, pero funcionó—. Se dijo, tras ver que su intento de Makankosappo había resultado en una nueva técnica.

Luego de la muerte de Dabura, todas las figuras petrificadas comenzaron a volver a la normalidad. Piccolo, que aún en ese estado había podido presenciar el resto del duelo, le dirigió a Gohan la palabra.

—Nada mal, pero te equivocaste en un paso.

—JAJAJAJ, eso veo—. Llevó la mano detrás de la nuca.

Se tomaron unos minutos de tranquilidad antes de revivir a los difuntos con las esferas, a todos, menos a Babidi, quién creían que era mejor no volviera a causar problemas, más ahora que prácticamente había dejado de ser humano, solo su presencia en ese mundo era arriesgada. Aún así, Gohan había decidido al menos enterrar el cadáver, y al encontrarse con el cuerpo, encontró a centímetros de este, una especie de libro o diario, donde, además de contar las vivencias del susodicho, su integración a una especie de secta que se dedicaba a venerar a estos demonios, y la desaparición de muchos miembros, también tenía escrito algo referente a una criatura mística, y el lugar donde esta yacía.

Al principio, el híbrido pensó en comentarles a Yamcha y Ten el hecho, sin embargo, pensó que lo mejor sería no involucrar a nadie innecesariamente, y únicamente marchó con Piccolo y Trunks, este último, por haberse escapado del cuidado de Chaoz y no tener otra opción que aceptarlo; no tardaron en llegar a la ubicación; era un sitio que nunca antes habían visto, y mientras más se acercaban a su destino, el namekiano tenía una sensación constante de dolor en la cabeza, como si esta le fuese a estallar en cualquier momento. Gohan lo notó de inmediato.

—Sr. Piccolo, ¿Se siente bien?

—Hm, estaré bien. Es solo que puedo sentir un montón de almas del lugar al que nos dirigimos.

Ansiosos, encontraron su destino del mismo modo que el mago; se deslizaron por la parte más inclinada de las cueva, levitando para caer de pie. De inmediato, encontraron lo que buscaban; frente a sus ojos, una estatua demoníaca, un ser pequeño con físico casi esquelético, y varios detalles y tatuajes que reforzaban en él esa sensación de pertenecer al clan del mundo oscuro.

Todos se habían quedado observando, pero el pequeño Trunks quedó estupefacto; parecía estar siendo atraído por aquella extraña figura. Intentó acercarse, a la vez que extendía su mano, y su maestro lo tomó antes de que pudiese tocarlo.

—No debiste haber venido—. Regañó—. Esto aún es peligroso para ti, deberías salir ahora.

—Déjalo, debe acostumbrarse—. Objetó Piccolo—. Es un saiyajin, no le pasará nada malo.

Trunks estaba a punto de replicar, hasta que notó la mirada severa de Gohan, y decidió obedecer sus órdenes, saliendo en la dirección por la que entraron.

—¡Espera afuera, saldremos en seguida!—Exclamó, lo suficientemente alto para que el menor escuchase—. Sr. Piccolo...—El mencionado volteó en su dirección—. Sé cómo usted y mi padre piensan, pero... Yo no quiero involucrar niños en esto, no a menos que sea totalmente necesario—. Expresó.

—Te entiendo, respetaré tu opinión, aunque no esté de acuerdo—. Gohan esbozó una sonrisa ante esas simples palabrotas, que parecían mucho viniendo de alguien tan cerrado—. Ahora... Usa tu aura para poder ver mejor aquí abajo.

El híbrido emitió la luz suficiente para despejar la oscuridad dentro de la caverna; ambos miraron detenidamente la estatua, a plena luz, se podía apreciar un detalle en la base donde esta posaba, una especie de inscripción tallada, se acercaron lo suficiente para leer, y curiosamente, pudieron comprender las palabras, aunque desde lejos no parecían estar en su idioma, al concentrarse las letras se habían fijado como caracteres japoneses.

"Las almas de los demonios que mueran en este mundo, serán tragadas por Buu, no existirá expiación; nunca saldrán de aquí."

Un escalofrío recorrió el cuerpo de los dos, y perturbó especialmente al terrícola, quién lanzó la primera pregunta que logró formular.

—¿Esto significa que el alma de ese sujeto también está aquí? Si destruimos esto, ¿Qué pasará?

—Al juzgar por lo que dice la frase... Seguramente no exista forma de volver a separar estas almas, así que si destruyes la estatua, morirán todos juntos.

—"No existirá expiación"... ¿Los demonios no van al infierno?

—No creo que exista cielo u infierno en el averno, así que simplemente deben dejar de existir, pero si los matas ahora, seguramente puedan llegar a reencarnar en nuestro mundo.

Gohan dudó; no estaba seguro ni bien informado, y varias conspiraciones parecían girar en torno a aquel objeto, bueno... Ni siquiera sabía nada de los demonios en general, excepto por las anotaciones en el diario de Babidi, que eran más que nada supersticiones. De reencarnar, podría llegar a ser peligroso, pues nunca habían oído de un Makai que se convierta en un humano, pero dejar ahí el tótem sería aún mas arriesgado, por lo que terminó eliminándolo con una onda de energía.

Al terminar, un leve humo se dispersó entre los restos destruidos, posiblemente por el exceso de polvo, pero al saiyajin le daba la impresión de haber liberado algo, o a alguien, más bien, y ya fuese aliado o enemigo, se sentía gratificante.

Pasaron unos segundos de silencio, y el namekiano rompió el hielo.

—Por cierto...—Gohan lo miró confuso—. Tu traje se ve muy desgarrado, y déjame curar tus heridas, al menos, las superficiales...—Dijo eso, pero terminó brindándole a Gohan un vestuario distinto al original. Este era un gi anaranjado con un traje morado debajo—. Se te ve bien, y ya no tendrás que andar copiándome el traje—. Sonrió de costado.

—Señor Piccolo—. Mencionó, de repente—. Se lo agradezco—. El verdoso sabía que no estaba refiriendo únicamente al atuendo, pero prefirió no darle importancia. Lo único importante, era lo que su antiguo alumno había aprendido, y lo que siguiera aprendiendo en un futuro, pero esta vez por cuenta propia; había sido la última vez que se reunían como maestro y alumno, aquella prenda que le acababa de regalar, era un símbolo de eso, de una nueva etapa para el joven saiyajin.

Cierre

Ending
 
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