Dragon Ball Fanon Wiki
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Entrenamiento Esencial es el décimo capitulo del remake de Dragon Ball: Shouganai, publicado el 11/01/21. Pertenece a la Temporada 1.

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Capítulo

—Entonces, Sariel. Muéstrame lo que tienes—. Pidió el Supremo.

Asintiendo con la cabeza, el medio Makaioshin extendió la mano hasta tocar el tallo de una flor. La forma de esta comenzó a cambiar, volviéndose una pequeña figura de sí mismo. Entonces la alzó y mostró con orgullo.

—Entonces realmente puedes usar los poderes de un Shinjin—. Aunque lo disimulaba, estaba sorprendido—. Pero, ¿Eres capaz de crear de la nada?

—Emm...—. Procedió a rascarse la oreja. Realmente nunca lo había intentado.

—Intenta concentrarte y activar tu habilidad—. Aconsejó.

—Mi habilidad, entendido...— Se tronó el cuello y estiró los músculos, preparándose—. Activar mí habilidad...— Respiró hondo repetidas veces.

—¡Sólo hazlo!— Gritó Kibito, desesperado.

Sariel se exaltó, apresurándose en intentarlo; su concentración al máximo, y de repente, una ráfaga de viento desde su centro de gravedad. Un ardor lo obliga a cerrar los ojos; en el derecho, se dibuja un tatuaje peculiar.

—Muy bien. Supongo que aún no sabes nada sobre las Leyes de Creación—. El Kaioshin le dirigió una mirada.

—¿Qué cosa?

—Verás... Antes te pregunté si eras capaz de crear algo de la nada, pero la verdad es que no puedes hacerlo sin antes destruir otro elemento, y viceversa—. Al ver la mirada confusa de su interlocutor, retomó la explicación—. Como ya sabes, en este multiverso hay dos tipos de energía, positiva y negativa. Entre ellas, existe un balance casi perfecto, y si destruyeras o crearas cosas sin control, se vería muy afectado. Es por eso que solo puedes crear materia de energía positiva o negativa si destruyes otro objeto de su... Sariel, ¿Estás escuchando?

El mencionado había comenzado a bostezar—. Hm, positivo-positivo, negativo-negativo. Entendido—. Alzó el pulgar, y el Kaio se llevó una mano a la frente.

Fijó la vista en el objetivo: una roca mediana. Se acercó a esta y posó encima su mano. Mantuvo la concentración y... ¡Bingo! Comenzó a desvanecerse.

—Impresionante...— Soltó Gohan.

—¡Tú concéntrate en tu entrenamiento!— Regañó Kibito.

El impuro casi terminaba el proceso. Un poco más, y no quedaría rastro de la piedra. Y sin embargo, una serie de imágenes se interpusieron fugazmente en su cabeza: escenas crueles, de alguien que había usado su mismo poder para matar.

Sariel se sobresaltó; su respiración ahogada. La piedra regresó a la normalidad.

—¿Te encuentras bien?— Preguntó el Supremo.

—Sariel...— Susurró Gohan. Hasta ahora, pensaba que el muchacho solo podía estar alegre. Verlo tan temeroso lo shockeó.

—Estoy bien, yo...—. Sacudió la cabeza—. Voy a intentarlo de nuevo—. Se animó, alejando los malos pensamientos.

—Oye, Kibito—. Pregunto el híbrido saiyajin—. ¿Sabes dónde está mí padre? No lo he visto hoy.

—Sí. Es porque lo mantuvimos lejos junto al Kaioshin anciano.


—Vamos Kaiosama, sólo quiero ir a ver—. Suplicaba Goku.

—De ninguna manera. Ambos sabemos que en el momento que te acerques a esos Makaioshin, causarán un desastre en el planeta y lograrás que nos echen.

—Yo sólo quiero ver si realmente son tan fuertes—. Se quejó, llevando las manos tras la cabeza.

Se encontraban dando un paseo en el clásico auto de Kaiosama, lo más alejados posible del lugar de entrenamiento.

—¡Espera!— Gritó Goku, y el conductor se detuvo de repente.

—¡¿Ahora qué te pasa?!— Al voltear la mirada, se sorprendió por lo que estaba viendo.

Ánima se encontraba sentada en el suelo, de brazos cruzados e intentando concentrarse. Mientras que el Kaioshin anciano realizaba una danza en círculos alrededor de la akumajin.

—¿Esto es estrictamente necesario?— Preguntó. Se sentía ridícula.

—Claro que sí. El ritual Sagrado tiene que realizarse a la perfección si quieres liberar todo tu potencial, ¿O es que no quieres sobrepasar tus límites?

—Creo que puedo vivir con eso...

—Deja de preocuparte tanto por el otro Makaioshin y concéntrate.

—¿Puede leerme la mente?— Se sorprendió.

—Sí, pero cualquiera se daría cuenta que tu expresión es la de alguien preocupado.

—No puedo evitarlo. No confío en esos sujetos...

—Oh, ¿Hablas de los Supremos?— El saiyajin se acercó—. Antes de que llegaran, los escuché murmurar algo sobre la habilidad de tu amigo.

—¿Qué?— Ánima se levantó, exaltada—. Oh, no. Si lo fuerzan a usar su habilidad, puede ser muy peligroso para él. Aún no está listo—. Comenzó a caminar a paso rápido.

—¿A dónde vas?— El Kaioshin se interpuso.

—A vigilarlo. No puedo permitir que alguno de ustedes le haga daño—. Respondió crudamente.

—Ah, ya entiendo. Así que tú eres su madre o algo así, ¿No?— Adivinó Goku— Creo que deberías dejarlo sólo en esto. Sobreprotegiéndolo no vas a llegar a nada—. Opinó.

—¿Disculpa?— Ánima le lanzó una mirada cortante—. ¿Tú quién eres para decirme qué hacer?

—Soy el padre de Gohan, supongo que ya lo conoces—. Dijo, tanto con alegría como desinterés.

Ánima abrió los ojos de par en par. Ahora que lo miraba, realmente se parecían—. Es un gusto. Lamento el tono que usé—. Hizo una reverencia en disculpa—. Pero aún así, proteger a Sariel es mí mayor prioridad.

—Entonces deberías dejarlo volverse más fuerte—. Insistió Goku—. Y tú también. Además, Gohan está con él. Nada malo podría pasar.

Ánima reflexionó un poco sobre sus palabras—. Supongo que estará bien—. Se resignó.

—Perfecto, entonces regresemos al ritual—. Recordó el anciano.

—Um... No creo que ese método sea para mi—. Dijo la akumajin—. Prefiero la forma tradicional.

—Agh, de acuerdo, pero es el camino difícil—. Advirtió el Kaioshin.

—¿Les molesta si me quedo?— Preguntó Goku—. Es que tengo mucho interés en ver sus poderes—. Exclamó con emoción—. Y si no es molestia, un pequeño enfrentamiento...

—¡Ya es suficiente!— Ladró Kaiosama.

—Tal parece que aquí sólo hay tipos raros—. Murmuró Ánima, mientras se equipaba con una vestimenta más pesada—. Tsk, será mejor que valga la pena—. Se sonrojó ligeramente tras mirar bien el gi, sintiéndose humillada.


—Vamos, concéntrate—. Se decía el menor de los Brief.

Había estado tratando de elevar su ki lo suficiente para alcanzar por el Súper Saiyajin.

—Eso no funcionará—. Piccolo se acercó a la nevada—. Tienes que enfurecerte. Piensa en algo que odies.

Trunks arrastró a su mente recuerdos de su infancia: su padre despreciándolo por no ser un verdadero saiyajin, y alejándose para entrenar porque él nunca sería lo suficientemente fuerte para defender a nadie. La imagen de su mejor amigo obligándose a seguir con todo esto, aún si no era lo que él quería, sólo porque era el último saiyajin que quedaba.

Sintió su frustración hervirle la sangre, hasta el punto que su ki se disparó lo más lejos que nunca había llegado. El mismo Piccolo se sorprendió.

Sin embargo, cuando su aura se apagó, nada había cambiado; y un Trunks aún en estado base cayó de rodillas.

—¿Qué es lo que tengo que hacer?— Susurraba, envolviendo sus temblorosas manos en puños—. ¡Llevo aquí un maldito año y no puedo lograrlo!— Los estampó contra el suelo.

El namekiano estaba confuso. Con ese arrebato, debería haber sido capaz de transformarse.

—Quizás sólo eres algo tardío. El mismo Vegeta no logró convertirse hasta que fue adulto.

—No. No es eso. Yo no soy como mí padre, ni Gohan...— Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas—. No nací con cola. Es más, le pedí a mí madre que revisara mi ADN y sólo soy un 30% saiyajin como mucho.

—¡Entonces deja de perder el tiempo en algo inútil!— Gritó Piccolo, y el muchacho cayó hacia atrás del sobresalto—. Si no eres un saiyajin, no pretendar serlo. Puedes ser fuerte aún como humano.

Trunks se secó las lágrimas—. Pero... Es imposible que llegue a superar el poder de mí maestro así.

—Que no tengas fuerza bruta no significa que no puedas superarlo—. Aclaró el namekiano—. Ahora levántate, ¿Quieres volverte mejor que él? Entonces déjame enseñarte un par de cosas—. Dijo, llevando dos dedos a la frente para realizar su más característica técnica.


—Tendrás que escalar esta montaña—. Señaló el anciano—. Hazlo lo más rápido que puedas.

Ánima alzó la vista, encontrando el final del gran montículo—. ¿Está seguro que este es un entrenamiento efectivo? Yo... Esperaba algo más como aprender artes marciales-

—¿Crees que en tu condición actual puedes pensar siquiera en eso? ¡Olvídalo!— Le recriminó—. Primero tienes que fortalecer tu cuerpo y sentidos.

—Está bien...— Gruñó. No era una tarea difícil; aún si sus aptitudes no eran las mejores, la estaban subestimando.

Se puso en marcha, y cuando estaba a mitad de camino, empezó a sentir el peso de la gravedad en su contra; no le dió mucha importancia. Llegó a la cima, y sorpresivamente se topó con el viejo Kaioshin.

—Eso estuvo bien. Ahora baja y vuelve a subir—. Ordenó. Ánima estaba por protestar—. Antes de que digas algo, recuerda que tú aceptaste este entrenamiento.

La demoniza hizo hasta lo imposible para tragarse sus maldiciones. Realmente odiaba recibir órdenes, pero no le quedaba de otra.

Una vez estuvo en la llanura otra vez, el Supremo le hizo señales para volver a subir. Retomó el recorrido, pero esta vez se topó con una roca, luego otra más grande, y luego dos a la vez. Luchó por esquivarlas.

—¿Qué demonios?

—No te detengas. Esquívalas sin dejar de avanzar.

—¿Cómo se supone que haga eso?— Se quejó en voz baja.

—Solo de este modo aumentarás tu agilidad—. Insistió—. Pero bueno, si no puedes hacerlo...— Se mofó.

—¿Que no puedo?— Pareció molestarse ante el comentario—. Será mejor que dejes de subestimarme...

Todos los guerreros se esforzaron sin descanso hasta el anochecer, donde al fin pudieron tomarse un merecido tiempo para recargar energías.

Aprovechando el cálido clima del planeta, los híbridos descansaron a la sombra de un árbol. Aún si no pensaba dormir, Ánima también se había tomado unos minutos para poder ver a Sariel. Y para su sorpresa, lo encontró durmiendo tranquilamente junto al saiyajin, sin un rasguño.

—Supongo que estuve exagerando...— Se dijo, ahora más tranquila.

Quizás debía preocuparse menos por Sariel y más por ella misma; se había sentido extrañamente adolorida y cansada desde hace unas horas, pero supuso que era solamente el entrenamiento. Entonces fijó la vista en sus manos y se dió cuenta de un detalle que había pasado desapercibido hasta ahora.

—Qué extraño...— Piel muerta alrededor de su mano, casi como ceniza. Se dijo a si misma que no era nada, y regresó a su entrenamiento. Tenía cosas más importantes de las que preocuparse.

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