Dragon Ball Fanon Wiki
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Cidboo
Género Femenino
Creador
  • Tyson Kun
  • Edad 17 años
    Raza N-Majin
    Clase
    D
    Procedencia Universo 7
    Ocupación Experimento
    Familiares N/A
    Es solo Cid... nadie me dice Cidriana
    — Cid cuando la llaman por su nombre original

    Cidboo (sid-bú/cid·Boo) , Cidriana (Sidriána/ci·DRI·A·na) o coloquialmente conocida como Cid es un personaje femenino creado por el usuario Tyson Kun. En principio, iba a formar parte del elenco principal de la segunda saga de Livstid, sin embargo, tras su alto rechazo, esta fue cancelada posterior a su primera temporada. En la actualidad, se piensa realizar una mini historia a partir de los sucesos ocurridos en el Mundo 9 del Multiverso Tyson.

    En un principio, es una Majin, la cual fue secuestrada y posteriormente utilizada para una andanada de experimentos que realizó el hoy leyenda Dr. Glanni Geppur, de esta forma, creó la sub-raza conocida como los N-Majin, la cual combina elementos de los Najyn (Siendo Praiz, el ejemplo más representativo de esta raza) con los propiamente Majin. Hoy en día, es junto a Babu y Boobug, los únicos N-Majin existentes en los doce universos.

    El artículo narra la versión independiente del personaje, existente en el Noveno Mundo. En esta, actualmente forma parte de la Élite Terrestre de Dián.

    Etimología


    Cidboo

    Etimología Originaria[]

    Cidboo” proviene del idioma ancestral Badilián (lengua espiritual de los antiguos guerreros estelares). Para explicar ello, se puede dividir el nombre en dos partes: Cid-Boo.

    • Cid: Significa la voluntad, la cual construye un núcleo de conciencia pura. La misma que permite al personaje razonar sobre su existencia en el transcurso de su historia.
    • Boo: Conlleva el eco, la resonancia, la manifestación del caos. Es sabido que el antiquísimo demonio "Majin Boo" significaba la catástrofe sin límites por el universo, pues sin ningún control, se encargaba de destruir planetas.

    Uniendo ambas palabras, podríamos traer una significación similar con una frase tal como: "Aquella cuya voluntad resuena en el vacío” o “La conciencia que devuelve el eco del universo”.

    Es un nombre poderoso, con carga mística, reservado para entidades nacidas bajo signos cósmicos irregulares (como meteoros gemelos cayendo). "Cidboo" no solo tiene un tono alienígena pero con fuerza fonética, también proyecta algo inestable, casi como una amenaza envuelta en serenidad. En su cultura, Cidboo sería vista como un ente de transición: equilibrio entre orden y caos.

    Etimología Canónica[]

    Al momento de nacer, Glanni decidió otorgarle dicho nombre, pues esta misma involucra a que cada uno de los participantes de esta raza como un signo de identificación o factor característico ha de tener la palabra "Boo" (al menos una deformidad de esta) en su nombre; basándose así en la inocencia que estos siempre han presentado. Para terminar de formular un sentido claro al nombre, tenemos que basarnos en que el árbol por donde se conocieron sus padres (Booggi y Baboo) era conocido como el "Sidd" donde usualmente las parejas iniciaban sus relaciones afectuosas con el rayo del amor. Al querer marcarlo como algo que viniese a ser histórico, decidieron poner entonces ambas palabras juntándolas.

    ¿Cuál es el significado del nombre? pues sería algo como "Tentativa boo" o "Dulceinea boo" lo cuál también se puede considerar como un apodo divertido.

    Cidriana

    Este nombre nace tras su llegada y adaptación al mundo terrícola. “Cidriana” es una reinterpretación más “humana” y melódica de su nombre original. Aquí la raíz “Cid” permanece, como homenaje a su identidad pasada, pero se transforma:

    • “Cid” = Memoria del yo trascendido.
    • “Riana” = combinación simbólica de: "Ri” (del antiguo idioma terrícola sagrado): renacer, volver a ser. / “Ana” (de uso común en nombres humanos): gracia, ciclo eterno, luz femenina.

    Si unimos ambas palabras, tendríamos de significado una frase como: “Renacimiento de la voluntad eterna” o “La que recuerda el caos, pero camina hacia la gracia”.

    “Cidriana” se siente más terrenal, como si su poder se hubiera canalizado en una nueva forma, menos destructiva pero igual de profunda. Suena como una leyenda urbana, una figura mitológica encubierta bajo una apariencia casi humana, quizás hasta una estudiante de secundaria con secretos galácticos.

    Etimología Canónica[]

    En cuánto a Cidriana; este nombre fue impuesto por Mr Popo, ya que intentó utilizar su detector de información para hallar el nombre por el cuál esta era conocida, aunque debido a la radiación este se había averiado y solo llegó a "Cid" así que él decidió completar la otra parte del nombre con un "Driana", que fue el nombre que su hijo nunca quiso ponerle a su nieta y por eso habían fugado al Universo 3 para que no les hiciese nada. Nuevamente, hizo junte de dos nombres para dar resultado a lo que considera perfecto. Su significado solo viene a ser algo como "Dulce Perfección". Otros idiomas como el Chamaniense Terrícola interpretan esto como "Cid Adriático" pues la última palabra tiene una equivalencia verbal al mar adriático que es una de las más populares bellezas naturales en el planeta.

    Apodos[]

    • Cid, sobrenombre principal que utilizan Andreina y Alanis para referirse a ella.
    • Cidrianabubu, apodo impuesto por Rodsick por la gracia que le ocasionaba su nombre original.
    • Cidrip, apodo impuesto por Yien, cuando este la llevó a un salón de juegos de video.
    • Majincita Insignificante, utilizado exclusivamente por Nix, quien la trata con desprecio porque en el pasado ella acabó con la existencia de su hermano Fying.

    Raza

    Los N-Majin son una raza híbrida artificial creada por el excéntrico y renegado científico Dr. Glanni Geppur, mediante un experimento secreto y extremadamente peligroso conocido como el Nexus de Sangre Azul. Esta fusión prohibida une la estructura mágica y regenerativa de los Majin con la energía pura y luminiscente de los Najyn, una raza etérea que se alimenta de reservas astrales llamadas Sol-Líquido, presentes sólo en los núcleos de estrellas moribundas.

    El resultado es una nueva especie: entidades semi-etéreas, moldeables, de poder devastador, capaces de absorber luz, manipular materia, regenerarse casi instantáneamente y alterar su forma física al antojo. Sin embargo, esa misma fusión provoca inestabilidad genética y emocional, razón por la cual los primeros sujetos (Babu y Boobug) fallaron como seres autónomos y controlables. Solo el tercer experimento, una criatura femenina nacida por accidente pero guiada por la conciencia, Cidboo, logró un balance perfecto entre ambos linajes. Ella es considerada la primera y única N-Majin completa y estable, y representa la cumbre de la ingeniería biogenética del universo... y su mayor amenaza latente.

    Los N-Majin no nacen. Se construyen. No pertenecen a ningún mundo. Son la respuesta viva a la pregunta que solamente Glanni quiso formular:

    ¿QUÉ SUCEDE CUANDO MEZCLAS CAOS Y LUZ EN UN SOLO CUERPO?

    ¿Cómo entender el origen de los N-Majin?[]

    Los N-Majin: la raza prohibida nacida del exceso de genio[]

    Cuando el universo aún cicatrizaba heridas dejadas por antiguas guerras cósmicas, un científico renegado, el infame Dr. Glanni Geppur, se atrevió a desafiar el equilibrio natural. Exiliado del Cuerpo Galáctico de Investigación Genética por sus experimentos no éticos, Geppur no se detuvo. Al contrario. Alimentó su obsesión con una idea: crear la entidad perfecta. Una raza que combinara la elasticidad mágica y regenerativa de los Majin, con la energía pura y desbordante de los enigmáticos Najyn. Los Majin, como se sabe, son criaturas de masa maleable, inmunes al paso del tiempo, capaces de absorber y adaptarse a todo. Pero los Najyn… eran otra historia.

    Una raza luminiscente, etérea, formada de cuerpos parcialmente energéticos, cuyo poder se alimenta de reservas lumínicas astrales, una especie de sol líquido que solo brota en los núcleos de estrellas moribundas. Eran pocos, reacios al conflicto, y por lo mismo, fáciles de capturar por científicos sin escrúpulos. Geppur robó fragmentos de ambos linajes y los fundió en un proceso al que llamó Nexus de Sangre Azul: un procedimiento que mezclaba ADN, magia oscura, y campos gravitatorios comprimidos. Así nació la nueva estirpe: los N-Majin, entidades inestables, pero poderosísimas. Ni vivas ni muertas. Un latido entre mundos.

    El Proyecto N-Majin: los tres pecados del Dr. Glanni Geppur[]

    El primer experimento fue Babu, una criatura torpe, deforme, con una conciencia infantil que sólo respondía a impulsos. Aunque tenía un poder impresionante, su falta de voluntad propia lo convertía en un títere. Fallido. El segundo, Boobug, tenía forma más compacta, inteligencia más aguda… pero era inestable. Se alimentaba de luz a tal velocidad que oscurecía planetas con su sola presencia. Su grito era tan agudo que rompía estructuras moleculares. Fue encerrado en un prisma de cuarzo negro en el planeta Veeghra.

    Pero entonces vino el tercero. El inesperado. El prodigio.

    El experimento Cidboo[]

    Cidboo no fue una creación planeada. Fue el resultado de un error en las proporciones del Nexus. Pero como suelen suceder los grandes cambios en el universo… fue el error más brillante de todos. Su cuerpo era completamente inédito: piel de tono rosa opalino, con vetas iridiscentes que parpadeaban según su nivel de poder. Sus ojos eran asimétricos, uno más claro que el otro, como si la energía de los Najyn no pudiera contenerse del todo. Y su cabello no era cabello… era energía vibrante, como si un cometa hubiera sido trenzado y puesto sobre su cabeza. A diferencia de Babu y Boobug, Cidboo hablaba, pensaba e incluso cuestionaba. Su poder era descomunal, sí, pero lo que hizo a Geppur temerla… fue su curiosidad. Cidboo quería entender. Preguntaba sobre la vida, el dolor, la risa. Hasta leía o se sentaba a escuchar la música que sonaba en las viejas grabadoras de los laboratorios olvidados.

    Y entonces, llegó el momento que nadie esperaba: Cidboo sonrió. Fue esa sonrisa, tierna pero peligrosa, la que marcó el inicio del fin del laboratorio Nexus. En menos de 48 horas, Cidboo lo destruyó todo. No por rabia, sino por justicia. Liberó a Babu. Lloró por Boobug. Y dejó a Geppur con vida, sólo para que entendiera lo que había creado.

    Apariencia

    Antropometría y Cuerpo

    Cidboo mide aproximadamente 1.66 metros en estado estable, aunque su estatura puede fluctuar en combates debido a la elasticidad de su cuerpo. Posee una complexión atlética, con proporciones perfectamente adaptadas al combate físico y energético. Su masa corporal no sigue una densidad estándar: su estructura puede contraerse o expandirse a voluntad, dándole una ventaja brutal en situaciones de combate cerrado. No hay huesos en su interior; todo su cuerpo está compuesto por una biomasa mágica sintética, resultado directo de la unión entre la herencia Majin y la energía Najyn.

    En cuanto a su forma terrícola como Cidriana; su altura incrementa ligeramente, pasando a medir 1.69 metros, ello en razón a que se limita la flexibilidad de su cuerpo. A pesar de ello, mantiene una complexión esbelta y elegante. Su cuerpo humano fue diseñado con precisión quirúrgica: proporciones armónicas, cintura marcada, piernas largas, y una figura que resalta sin ser exagerada. Su estructura ósea, si bien parece humana, es en realidad una reconfiguración energética condensada, hecha para imitar a la perfección los estándares biológicos terrícolas.

    Fisiología

    Cidboo es un ser completamente sintético, pero vivo. Su cuerpo está compuesto de materia orgánica moldeable de alta densidad mágica, capaz de regenerarse casi al instante, dividirse, estirarse, endurecerse o incluso volverse vaporosa en fracciones de segundo. En lugar de órganos vitales, posee un núcleo de condensación luminosa Najyn en el centro del torso. Este núcleo actúa como fuente de energía, motor emocional y almacenamiento de ataques absorbidos. A través de este núcleo, Cidboo puede liberar descargas destructivas o absorber impactos que podrían destruir planetas. No respira, no duerme, no necesita alimentarse… aunque puede imitar todo eso si lo desea.

    En cuanto a su segunda faceta parece completa, su fisiología es una fachada perfectamente mantenida. Internamente, Cidriana no posee órganos verdaderos: su corazón, pulmones y sistema digestivo son formaciones bioenergéticas que replican funciones humanas para ocultar su verdadera naturaleza. El núcleo N-Majin sigue latente en su pecho, camuflado detrás de tejidos lumínicos densos. Puede sudar, llorar, sangrar y sonrojarse, pero más que órganos vitales como los que posee cualquier ser humano a escala universal, no mantiene más rasgos terrícolas.

    Cidriana puede vivir entre humanos durante años sin levantar sospechas. No necesita alimento, pero disfruta comer, por curiosidad. Su temperatura corporal se adapta al entorno, y sus huellas digitales cambian sutilmente cada 24 horas. Es un espectro disfrazado de belleza.

    Aspectos

    Cidboo[]

    Su piel es de un rosa magenta brillante, casi líquida en textura visual, pero firme al tacto. Las líneas que recorren su cuerpo no son arrugas, sino conductos por donde fluye su energía vital. Sus extremidades se alargan sin previo aviso, su cara cambia levemente de forma con cada emoción, pero sus ojos siempre son constantes: dos esferas escarlata, profundas, sin misericordia, sin humanidad… pero con algo que se asemeja a un alma rota.

    No tiene cabello, pero su cabeza muestra protuberancias sutiles con formas ondulantes, como si su cráneo se reconfigurara constantemente. Su boca puede abrirse más de lo normal, y su voz tiene una reverberación que genera escalofríos en quien la escucha: grave, afilada, pero extrañamente femenina.

    Vestuario Habitual[]

    Cidboo no necesita ropa, pero por imitación aprendida durante sus batallas en sistemas civilizados, suele llevar una especie de top oscuro y pantalones al estilo Majin, adaptados a su forma femenina. Sin embargo, estas prendas son creadas con su propio cuerpo, y pueden desaparecer o transformarse al instante. La única pieza que conserva siempre es un brazalete oscuro en el brazo izquierdo, herencia de Babu, su “hermano fallido”. Ese brazalete es un sello simbólico: le recuerda que es la única N-Majin que logró sobrevivir… y eso la hace temible incluso para sí misma.

    Cidriana[]

    Cidriana tiene una cabellera rubia larga y suelta, con ondas suaves y aspecto natural, aunque en realidad está compuesta de filamentos energéticos controlados por su sistema nervioso. Sus ojos son grandes, de tono ámbar dorado, siempre brillantes, capaces de hipnotizar o infundir confianza. En ellos, sin embargo, si uno mira fijamente, hay un pequeño rastro de rojo profundo, un eco del fuego interno que arde bajo su fachada. Su piel es suave, tersa, de tono pálido con un brillo sutil. No tiene marcas, cicatrices ni imperfecciones visibles, salvo un pequeño lunar cerca del ombligo que aparece únicamente cuando su forma se estabiliza emocionalmente (una reacción psico-biométrica aún no explicada). No presenta vello corporal, más que un par de finas cejas, asimismo, sus dedos pulgares son un poco más alto de lo común.

    Vestuario Habitual[]

    Cidriana prefiere vestimenta elegante pero funcional. Usa un vestido negro corto, de cortes sencillos y líneas limpias, ajustado al cuerpo pero con libertad de movimiento. Lo complementa con botines de tacón oscuro, adornados con líneas doradas, que le dan altura y presencia. Su ropa está diseñada para parecer humana, pero se genera a partir de su propia bioenergía, y puede desaparecer o cambiar con un parpadeo si se ve amenazada. Lleva además un brazalete negro, igual al de Cidboo, aunque en esta forma parece una simple joya. Lo conserva no por utilidad, sino por memoria: le recuerda quién es en realidad.

    Personalidad

    Vista general

    Cidboo es el tipo de personaje que no cabe en una sola palabra. Es un poema de rabia contenida y ternura no correspondida. Una mujer forjada entre el fuego de la creación artificial y el hielo del abandono existencial. Su naturaleza está marcada por una contradicción constante entre su capacidad afectiva y su inclinación al aislamiento, entre su sarcasmo punzante y su silencio cargado de verdades que nadie se atreve a decir.

    ¿Heroína o Anti-Heroína?

    En principio, Cid no no es una heroína. Pero tampoco una villana. Ella es esa línea difusa entre la salvación y el caos, una figura que se alza cuando el universo olvida que el equilibrio no se mantiene solo. En un cosmos donde los extremos se enfrentan, ella encarna la necesidad del medio: el gris entre los blancos salvadores y los negros tiranos. No lucha por la justicia tradicional ni por el orden impuesto. Cidboo actúa por su propio código, uno forjado en fuego, luz líquida y recuerdos rotos. ¿Salvaría una ciudad? Solo si en esa ciudad vive alguien que alguna vez le importó. ¿Aniquilaría a un ser malvado? Tal vez… pero también podría dejarlo vivir, si su existencia enseña una lección más poderosa que la muerte. Ella es karma con rostro sarcástico. No viste capa, no quiere estatuas. Solo quiere que el universo entienda que incluso lo suave puede ser letal, y lo tierno, un disfraz del infierno.

    De la misma forma, tampoco encaja en la forma moldeada por la moralidad tradicional. No es una heroína en el sentido clásico, ni una villana retorcida por ambición. Ella es una grieta en el equilibrio universal, una respuesta ambigua a un cosmos que insiste en definirse por extremos. En su interior hay fuego… y hay cenizas. Tiene alma para proteger, pero también puño para castigar. Puede salvarte o destruirte con la misma serenidad. Es una antiheroína, sí… pero de esas que no piden redención, porque saben que en su camino, la luz y la oscuridad no son opuestos: son recursos.

    Cidboo no busca ser admirada. Busca justicia, a su manera, con sus reglas. Y a veces, eso significa elegir el camino más cruel para proteger lo que aún vale la pena.

    La Sombra en el Momento Crítico

    Cidboo es ese eco que retumba cuando el universo prefiere callar. Es la sombra que se forma en los rincones de la esperanza, cuando los salvadores fallan. Ella es la consecuencia. Su sola presencia impone un respeto envuelto en duda, porque su juicio no siempre parece justo... pero tampoco equivocado. No se deja guiar por códigos ajenos, ni por emociones efímeras. Cuando actúa, lo hace desde una lógica que muy pocos se atreven a entender, porque para ella, el bien y el mal son solo nombres que el miedo utiliza para justificar la inacción. Y cuando transmutó en Cidriana, no fue una renuncia, fue una estrategia. Un disfraz entre los mortales. La misma esencia, diferente cara.

    Expresión vocal

    No es de esas personas que suele hablar todo o el tiempo, ni tampoco guarda un nivel de extroversión como lo tiene Andreina. Pero cuando lo hace, es como una cuchilla en terciopelo. Su voz tiene un tono aterciopelado, con una calma casi seductora, que se vuelve perturbadora por el contenido brutalmente honesto de sus palabras. Su sarcasmo no es el típico humor defensivo: es una herramienta quirúrgica, una lanza que lanza solo cuando alguien se lo merece. Tiene el don de reducir a sus enemigos al silencio solo con una frase bien colocada, y de incomodar incluso a sus aliados con preguntas que nadie se atreve a responder.

    Cuando se le exige liderazgo, lo acepta sin entusiasmo, pero con una autoridad natural que nadie discute. Sabe cuándo hablar y cuándo callar, cuándo un silencio puede decir más que una frase, y cuándo una frase puede desatar un infierno.

    Expresión corporal

    Se expresa con el cuerpo como si estuviera en un escenario permanente. Cada movimiento suyo parece medido, pero nunca forzado. Tiene una elegancia que no busca impresionar: simplemente ocurre. Su mirada es profunda, a veces vacía, otras veces tan intensa que parece estar escaneando tu alma. Inclina apenas la cabeza cuando algo le intriga; frunce un poco el ceño cuando miente (sí, se ha pillado haciéndolo).

    Cuando está sola, su cuerpo se relaja en una postura de guardia latente, como una bestia dormida que podría despertar en cualquier momento. Sus gestos son mínimos, casi felinos. Y si alguien logra verla sonreír, es porque está tramando algo... o porque, raramente, se siente en paz.

    Ideología

    Cidboo cree que el universo no necesita salvadores… necesita equilibrio. Ha visto cómo los poderosos juegan con los destinos de los mundos y cómo los justos a veces causan más daño que los malvados. Su ideología es pragmática: cada acción tiene una reacción, cada alma debe enfrentar el reflejo de sus actos. No cree en el perdón gratuito. Cree en la reparación, en el aprendizaje a través del dolor, y en que algunos seres simplemente deben desaparecer para que otros puedan florecer.

    Si algo detesta realmente son los Dogmas. No sigue dioses, pero es sensata con la realidad conforme va creciendo. A su adolescencia, consigue entender que en el universo existen deidades cuyo poderío quizá ni se asomen al de ella, pero que comprenden una cadena de la cuál ella es una simple mortal. A partir de ello, también respeta la sabiduría ancestral, especialmente la que ha nacido del sufrimiento. Si algo la guía, es la memoria: de sus antepasados, de sus hermanos fallidos, de la energía cósmica que a veces le habla en sueños.

    En otras palabras, Cidboo no cree en la bondad ciega ni en el castigo absoluto. Cree en el equilibrio, incluso si este debe construirse con dolor. Su lógica filosófica podría parecer fría, pero es brutalmente honesta: el universo es caótico, y el orden solo puede alcanzarse cuando alguien se atreve a mancharse las manos. Ella lo hace por los que no pueden, por los que no quieren, por los que se esconden tras capas de moralidad fingida. Su justicia es pragmática. No le teme a la violencia si es el único idioma que entiendes. No cree en los juicios, cree en las consecuencias.

    Preferencias

    Cidboo ama la soledad como otros aman la compañía. Encuentra en el silencio un tipo de melodía que el bullicio nunca podrá igualar. Tiene predilección por los lugares altos y deshabitados: riscos, torres abandonadas, planetas en ruinas. Le gusta el viento frío, el aroma de la electricidad antes de una tormenta, el sabor amargo del té de raíces interplanetarias. También disfruta del entrenamiento extremo, no solo como disciplina física, sino como vía de meditación. El sudor le ayuda a pensar. El combate la conecta consigo misma. Le encanta el silencio nocturno, las tormentas eléctricas y observar a las personas sin que la noten. Hay algo hipnótico para ella en los comportamientos cotidianos de los humanos… aunque rara vez se involucra.

    Como Cidriana, siente cierta fascinación por el arte humano, sobre todo la música melancólica y los objetos brillantes. Le gusta el café , aunque no necesita beberlo, y los lugares con ventanas grandes, donde pueda ver sin ser vista. También esta faceta terrícola le otorgó ciertos gustos culposos tales como leer historias antiguas escritas en idiomas olvidados y perderse observando la danza de los cometas. También colecciona pequeñas piedras brillantes, aunque nunca lo admitirá. Tiene una devoción casi mística por el entrenamiento: no para hacerse más fuerte, sino para domar el monstruo que sabe que vive en su interior.

    Miedos y sensibilidades

    Detrás de su mirada gélida y su carácter templado, vive una niña sola que nunca entendió el amor, que fue creada para servir como experimento, no para sentir. A veces, cuando la noche es demasiado larga, el eco de las risas de Babu y Boobug —sus “hermanos”— le arde en el pecho. Su mayor temor no es morir… sino volverse irrelevante. Ser olvidada. Que su existencia no haya significado nada.

    Su sensibilidad está oculta, enterrada bajo años de supervivencia. Pero cuando alguien logra rasgar esa coraza, encuentra a una mujer profundamente empática, capaz de llorar por otros sin entender por qué. Y eso la asusta. Porque no sabe si ese dolor la hace más fuerte… o más débil. Su mayor miedo no es morir. Es perderse. Perder su mente, su identidad, convertirse en otra arma más sin alma. También le teme a su pasado… o más bien, a descubrirlo. ¿Qué pasaría si sus visiones fueran reales? ¿Y si no es un individuo, sino un eco de muchas vidas truncadas? Cidboo tiene una sensibilidad exacerbada hacia el sufrimiento ajeno, aunque lo oculte tras una capa de ironía. Cuando alguien llora frente a ella, baja la mirada, como si estuviera presenciando algo sagrado. En sus momentos más oscuros, se encierra en sí misma y escribe en lenguas que nadie entiende, como si canalizara las voces del pasado.

    Visiones Recurrentes[]

    Ocasionalmente, en medio de sus sueños (los cuales, por ser N-Majin y no una Majin propia; son controlados); traen consigo visiones intermitentes, como ráfagas de un pasado que no vivió, pero que palpita dentro de su ADN. Escucha voces lejanas, ve estrellas que ya murieron, siente el pulso de planetas que nunca pisó. A veces, al tocar ciertos lugares o personas, un escalofrío la recorre: imágenes sin contexto, gritos sin boca, memorias fragmentadas que no le pertenecen. Estas visiones la alteran. Le provocan ansiedad, desconfianza, a veces ira. Son como mensajes del universo… o como advertencias. Y aunque nunca ha dicho nada, ella presiente que no es la única N-Majin que los tiene. Hay algo más grande detrás de su origen. Algo que ni el Dr. Glanni Geppur, antes de su muerte, logró comprender.

    Relaciones


    Dr. Glanni Geppur

    Pudo haber sido mi verdugo, y sin embargo… a veces me descubro extrañando sus silencios.
    — Cidboo sobre Glanni Geppur

    El Dr. Glanni Geppur no fue un padre. Ni un mentor. Tampoco un guía espiritual. Fue un arquitecto de vida enloquecido por la ciencia, un obsesivo de la evolución, un dios menor con manos ensangrentadas de experimentos fallidos. Y sin embargo… fue el único rostro constante en la infancia inorgánica de Cidboo. No le ofreció consuelo, pero le ofreció propósito. No le enseñó amor, pero le mostró el dolor necesario para entender su fuerza. Desde su incubación hasta su primera transformación, Cidboo aprendió a existir bajo la mirada quirúrgica de Glanni, sintiendo que más que una criatura, era un número, una ecuación viva, un error esperando perfección.

    Y sin embargo, cuando llegó el momento en que su fuerza superó las previsiones, Cidboo no lo mató. No lo hizo por gratitud, tampoco por obediencia. Fue una decisión tan instintiva como incomprensible: no podía matarlo. No por incapacidad, sino por algo más denso, más oculto. Era un vínculo sellado no por afecto, sino por simetría existencial. Glanni era el espejo torcido del que ella emergió; destruirlo habría significado destruir una parte de sí misma, una que aún no lograba definir. Y Cidboo… aunque lo odie, nunca ha sido una criatura impulsiva. Ni siquiera ante quien la moldeó con bisturí y números. En su lógica fragmentada, Geppur era una aberración… pero también era un testigo. El único ser que la conocía desde su estado más puro y primario. Y quizás, en esa perversión de cercanía, había una forma retorcida de compañía. Cidboo jamás lo dijo, ni siquiera se lo permitió pensar con claridad, pero en algún rincón de su alma inestable, sabía que matar a Geppur habría sido un grito de rabia… no un acto de justicia. Y ella no grita por rabia. Ella actúa por necesidad.

    Cuando el Dr. Glanni Geppur finalmente murió, no fue por su mano. Fue el resultado de su propio juego con lo prohibido. Y en el silencio que quedó tras su desaparición, Cidboo no sintió alivio. Tampoco gloria. Sintió una punzada, un dolor hueco, similar al eco de un pensamiento reprimido. No lloró. No habló. Pero durante días su entrenamiento fue irregular, su mirada más opaca, su sarcasmo menos hiriente. Como si el universo le hubiera quitado algo que ella ni siquiera había pedido conservar. Era absurdo, ella lo sabía, , y sin embargo, la ausencia de Geppur dejó una grieta que no se cerró.

    Todo ello, porque Cid no puede odiarlo. Lo ha intentado. Lo ha buscado en sus pesadillas para convertirlo en blanco de sus impulsos destructivos. Pero algo se lo impide. Tal vez porque sabe que en su demencia, Geppur no la creó para dominarla, sino porque quería entender algo que ni él mismo podía nombrar: el alma dentro del caos. Y eso, en su retorcida forma, le da una humanidad que la N-Majin no puede borrar.

    Andreina

    Nunca pensé llevarme bien con alguien tan distinta, pero con ella, el respeto pesa más que las diferencias.
    — Cidboo sobre Andreina

    Al principio, Cidboo no toleraba a Andreina.

    No porque Andreina fuera una amenaza. No porque sus habilidades resultaran superiores o su espíritu opacara el propio. Sino porque Andreina era exactamente aquello que Cidboo despreciaba en la vida: calma donde hay guerra, templanza donde debería haber rabia, sonrisas donde las heridas aún sangran. Cidboo veía en Andreina una luz tan estable, tan pacífica y centrada, que le parecía arrogante. Y en el fondo, sentía envidia de esa entereza. Y sin embargo, el universo se encarga de mezclar opuestos con precisión quirúrgica. Fueron asignadas para entrenar juntas. No por elección, sino por necesidad. El choque fue inmediato. Andreina proponía respiraciones, flujos de energía, estrategia medida. Cid respondía con fuerza bruta, sarcasmo, y un desprecio silencioso por las fórmulas que intentaban encauzar el caos que ella misma era. Vivía en constante combustión; Andreina era el mar que todo lo enfría.

    Los primeros entrenamientos eran batallas encubiertas. Andreina sugería movimientos, Cid los ignoraba. Andreina observaba su impulso y trataba de corregirlo; Cidboo la miraba con una mezcla de fastidio y desafío, como si cualquier intento por guiarla fuese una afrenta personal. Pero Andreina no se descompuso. No era sumisa, era serena. Y eso comenzó a generar una grieta en el muro emocional de la N-Majin, no una grieta de debilidad… sino de duda. ¿Por qué no se defendía? ¿Por qué no devolvía la agresión con agresión? ¿Por qué, con cada enfrentamiento, Andreina parecía comprenderla un poco más? Porque Andreina no la juzgaba. Solo la leía. Como quien observa una tormenta no para temerla, sino para entender de dónde viene el trueno.

    Ahora, cuando entrenan juntas, el universo parece mantener el equilibrio. La rosa rompe el aire con su fuerza colosal, y Andreina lo reconduce. Cidboo provoca, Andreina responde. Ambas se respetan, ambas se empujan, ambas se ven reflejadas en lo que antes despreciaban. Lo que inició como una rivalidad silenciosa se volvió un campo fértil donde florece una amistad compleja, poderosa… e inesperadamente humana. Tal vez no lo diría jamás, pero Andreina es una de las pocas personas que podría detenerla si perdiera el control. Y eso, lejos de asustarla… le da paz.

    Alanis

    La salvaje que la escucha entre sarcasmos... que tipaza
    — Cidboo sobre Alanis
    Alanis es un caso curioso. Medio salvaje, medio sagrada. De carácter afilado, de esos que cortan sin pedir permiso, pero con una afinada percepción para el sarcasmo que conecta con Cidboo de formas que muy pocos logran. Aunque sus primeros encuentros fueron ásperos; choques de ego, fuerza y una especie de competición no declarada por ver quién podía incomodar más a quién, con el tiempo Alanis demostró ser más que simple rudeza. Demostró que comprendía a Cidboo sin necesidad de palabras. Ambas bailan una danza verbal de cuchillas y bromas oscuras, donde cada puya es una muestra de confianza, y cada enfrentamiento es un ensayo del respeto compartido. Cidboo no confía fácilmente, pero con Alanis puede quitarse la máscara sin sentir que será juzgada. En muchos sentidos, Alanis le recuerda que incluso entre los más indomables puede nacer una hermandad. No aquella dulce y melosa, sino una forjada en combate, en risas amargas y entrenamientos intensos donde el silencio entre rounds dice más que cualquier discurso.

    Rodsick

    Si existe una razón para que ese tipo siga respirando… aún no me interesa saberla.”
    — Cidboo sobre Rodsick
    Rodsick es un acertijo sin solución. Una sombra que juega a ser equilibrio, pero cuya presencia perturba incluso a las mentes más templadas. Para Cidboo, Rodsick es como observar una obra de arte incomprensible: reconoces que hay técnica, hay profundidad, hay intención... pero simplemente no sabes por qué existe. Lo mira con esa mezcla de fascinación involuntaria y distancia emocional, como quien observa un incendio desde lo alto de una colina.

    Lo cierto es que le incomoda su presencia, aunque nunca lo dice. No por miedo, sino porque siente que hay algo errado en su forma de ver el universo. Su filosofía sadomasoquista, su obsesión con la dualidad, con el caos y el orden entrelazados, le resultan tan ajenos como innecesarios. Sin embargo, por respeto a Alanis (a quién él denomina su pareja a pesar que ella no lo acepte); nunca expresa abiertamente su desconcierto. Sabe que Rodsick cumple una función, aunque aún no entienda cuál. En el fondo, Cidboo sospecha que si algún día él desaparece, no lo extrañaría... pero tampoco celebraría su ausencia.

    Babu y Boogi

    No éramos una familia… pero a veces, en mi soledad, imagino que sí.
    — Cidboo sobre Babu y Boogi

    Aunque son sangre de la misma sangre, Cidboo nunca logró sentirse parte del mismo molde que sus hermanos Babu y Boobug. Los recuerda más como advertencias vivientes de lo que podría haberle ocurrido si el experimento hubiera fallado, que como compañeros de juegos o afectos. A diferencia de ella, sus cuerpos no respondieron con la misma estabilidad ni su mente se forjó con la misma resiliencia. Fueron considerados errores de laboratorio, desechos con nombre, relegados a confines oscuros de la galaxia donde pudieran existir sin avergonzar al creador.

    Sin embargo, Cidboo no los olvida. Hay en ella un eco persistente de melancolía cada vez que escucha sus nombres, como un reflejo de una niñez que jamás tuvo y una familia que se disolvió antes de formarse. No los ve desde hace años. Viven lejos, demasiado lejos como para buscar reencontrarlos sin una razón de peso. Pero en su mente, Babu y Boobug son una deuda emocional que no sabe cómo saldar. Aunque su relación fue breve, hay una ternura en la forma en que los recuerda, como si por momentos deseara haber podido compartir con ellos una infancia normal. Si es que tal cosa puede existir para un experimento como ella.

    Nix

    Si el universo se inclinara ante él, yo seguiría sentada... no sé a quién le ha ganado.
    — Cidboo sobre Nix

    Nix, el emperador interplanetario, gélido y calculador, encarna todo aquello que muchos detestan y otros temen. Pero para Cidboo, Nix no es más que otra pieza del tablero cósmico. No le intimida ni le impresiona. Su indiferencia hacia él es casi insultante, pero genuina. Sabe que es peligroso, sí. Sabe que es capaz de destruir mundos con una orden y aplastar civilizaciones por capricho. Pero para Cidboo, que ha visto el interior podrido de la creación desde su propia gestación, Nix es solo otro rostro más del sinsentido universal.

    Puede estar presente en una sala con él y seguir pensando en qué técnica perfeccionar después. Puede escuchar sus amenazas como quien oye el ruido de una cascada lejana. Y es precisamente esa falta de temor, esa desconexión emocional absoluta, lo que más desconcierta al tirano. Para él, el miedo es respeto. Para Cidboo, el respeto se gana, no se impone. Y él jamás lo ha ganado.

    Historia

    Han pasado incontables eras desde que las aventuras de Son Goku dejaron de resonar en las voces de los vivos. Los planetas que alguna vez vibraron ante sus hazañas ahora solo guardan ecos de su nombre, como un rumor lejano en las fibras del tiempo. El destino final de Majin Boo también fue sellado con el polvo de la historia, convertido en una leyenda de dualidades: caos y redención, destrucción y ternura. Pero incluso las leyendas dejan fragmentos... pequeños hilos que se resisten a ser cortados del tapiz cósmico.

    Uno de esos hilos no fue olvidado, sino robado. Una pequeña porción del Majin original fue sustraída en secreto durante su última gran batalla, en un acto tan minúsculo como imperdonable. Nadie se percató de su desaparición. Ni los dioses. Ni los dragones. Ni siquiera los que compartieron su destino. Y esa fracción olvidada, contaminada con odio residual y partículas de luz redentora, cayó en manos del único ser lo suficientemente desquiciado como para jugar con la esencia misma de lo imposible: el exiliado y despreciado Doctor Glanni Geppur.

    En un universo que aún cicatrizaba las heridas abiertas por guerras cósmicas, cuando las estrellas nacían en silencio y los mundos reconstruían sus órbitas rotas, Glanni Geppur, marginado del Cuerpo Galáctico de Investigación Genética por sus prácticas crueles y obsesivas, encendió su último laboratorio en un cinturón de asteroides condenados. Allí, en medio de gravedad rota y gases venenosos, comenzó su obra más peligrosa. No para ayudar a nadie. No para redimir su nombre. Sino para crear… una nueva raza que fuera testigo de su genio y legado.

    Porque Geppur no deseaba gloria. Deseaba que el universo sintiera miedo de lo que podía engendrar la ciencia cuando dejaba de obedecer a la moral.

    Los Majin, criaturas casi inmortales de masa mutante, no eran ajenos a la manipulación. Habían demostrado ser armas letales, juguetes de destrucción y cómicas entidades de ternura maldita. Pero en su elasticidad existía una chispa mágica, una posibilidad infinita de evolución. Y Geppur no podía permitir que esa cualidad se perdiera. Por eso la robó. Por eso buscó el otro extremo de la existencia: una raza casi extinta, conocida por su armonía con los astros —los Najyn.

    Los Najyn no eran guerreros. No eran invasores. Eran entidades parcialmente energéticas, transparentes, frágiles al tacto pero poderosas en esencia. Vivían dentro de los campos estelares, alimentándose del sol líquido que brota en los núcleos de estrellas moribundas. Su presencia era casi mítica. Sus cantos podían ralentizar el tiempo. Su piel vibraba con constelaciones.

    Geppur no solo los encontró. Los destripó. Separó sus células, las disolvió en esferas cuánticas, y las mezcló con los residuos mágicos del Majin Boo fragmentado. El resultado: el Nexus de Sangre Azul —un procedimiento donde ADN, magia oscura, dolor ritualizado y campos gravitatorios colapsados daban lugar a un cruce no permitido por ningún dios ni demonio.

    Así nacieron los N-Majin. Seres que no debían existir. Criaturas de una paradoja viva. Fue su trilogía maldita.

    • Babu, quien emergió como una bestia infantil. Su cuerpo era gelatinoso, descomunal, pero sin propósito. No hablaba. No pensaba. Solo reía y destruía, como si su existencia se alimentara del capricho. Su inocencia lo condenaba. Geppur lo confinó en una cúpula de ruido blanco, para que su risa no desatara colapsos mentales en los técnicos.
    • Boobug, el segundo, fue brillante… literalmente. Su núcleo era un cometa compacto, y sus ojos expulsaban fotones a velocidades peligrosas. Tenía conciencia, demasiada. Su hambre de luz se volvió insaciable. Donde iba, las estrellas se apagaban. Se volvió una plaga cósmica. Geppur lo encerró en un prisma de cuarzo negro en el planeta Veeghra, donde la oscuridad es tan densa que ni los pensamientos pueden escapar.

    Y entonces… ella.

    PARTE 1 - PROYECTO CIDBOO

    ¿Cómo nació Cidboo?[]

    La tercera gestación no fue planeada. El Nexus falló. Las proporciones fueron alteradas por una tormenta solar que colapsó los sistemas. Geppur intentó detener el proceso, pero era tarde. El útero de energía desbordó. Las alarmas enloquecieron. Los escáneres crujieron. Y entonces, del corazón del accidente, emergió Cidboo. No era una criatura. No era un monstruo. Era la negación de la lógica.

    Su cuerpo era suave y cruel al mismo tiempo. Su piel parecía de caramelo rosa, pero al tocarla, los sensores gritaban. Vetas de luz líquida recorrían su cuerpo, danzando como ríos de plasma, cambiando de color con sus emociones. Sus ojos eran dos lunas diferentes: uno gélido como el alba, otro ardiente como una estrella joven. Y su cabello no era tal, era un conjunto de haces energéticos, entrelazados como serpientes cósmicas, que se movían con voluntad propia. Cidboo no rugía. No aullaba. No lloraba. Al menos, no al principio. Observaba. Leía los símbolos en los tubos. Escuchaba el pulso de la maquinaria. Y cuando por primera vez escuchó una canción vieja sonar en una de las radios oxidadas del laboratorio, algo despertó en su pecho. No era ira. No era hambre. Era… melancolía.

    La tristeza fue su primer idioma.

    El Experimento Perfecto[]

    Durante los primeros ciclos de existencia, Cidboo no tenía voz. Sus labios, aunque moldeados con precisión quirúrgica y esculpidos con una dulzura biológica propia del capricho genético de Glanni Geppur, no eran capaces de emitir sonidos articulados. Sus cuerdas vocales estaban presentes, sí, pero era como si la conciencia de su ser aún no supiera usarlas. Y quizás no era un error del proceso de creación, sino un gesto cruelmente simbólico: la hija del experimento supremo debía primero aprender a escuchar el universo antes de atreverse a hablarle. En aquella silenciosa etapa, Cidboo se convertía en un espejo sin palabras, un eco que absorbía todo sin emitir juicio, una criatura que solo sabía mirar… y sentir.

    Glanni Geppur la mantenía bajo un régimen riguroso. No como a una hija ni como a una herramienta. Cidboo era su obra magna. Su poema biogenético. Y como tal, debía probar cada estrofa con fuego. Día tras día, la colocaba frente a horrores informes, residuos genéticos que aún arrastraban fragmentos de voluntad. Bestias sin piel, criaturas que olían a ácido y gritos, híbridos que lloraban en idiomas desconocidos. Cidboo era lanzada al centro del caos como si fuese un cáliz que debía resistir la lava. Y resistía. Se retorcía, sangraba, regeneraba, explotaba y volvía a nacer en el mismo instante. A veces, perdía forma por minutos, desvaneciéndose en una sopa de energía y músculo antes de rearmarse con una nueva resistencia.

    Pero no todo era tortura. En una dualidad macabra, Geppur también le ofrecía experiencias que rayaban en la espiritualidad. La sumergía en estanques de energía líquida bajo campos gravitacionales invertidos, donde podía ver su reflejo dividirse en mil versiones de sí misma. Le dejaba escuchar las grabaciones antiguas del cosmos: canciones interpretadas por razas extintas, los susurros de estrellas moribundas, el crujir de planetas congelándose lentamente. Le daba alimentos de cada rincón de la galaxia, desde frutos que flotaban en el aire hasta cristales comestibles que estallaban en emociones al masticarlos. Cidboo no entendía el propósito de estas contradicciones, pero su cuerpo memorizaba cada experiencia. Cada dolor era una fortaleza. Cada placer, una trampa sensorial para no caer en la locura.

    Aprendió a leer sin que nadie se lo enseñara. Aprendió a entender los sonidos, luego los símbolos, y después, el peso de los pensamientos. Observaba a Geppur tomar notas con una pasión más cercana a la devoción religiosa que a la ciencia. Y poco a poco, Cidboo comenzó a ver en él algo más que un creador. Lo veía como un dios roto, uno que no pedía adoración, sino resultados. Aquel lazo invisible, áspero y cargado de ambigüedad, fue lo que la mantuvo en silencio. No por miedo, sino por una espera misteriosa. Como si algo dentro de ella supiera que su voz debía llegar en el momento exacto.

    Y ese momento llegó.

    Una noche, el laboratorio comenzó a temblar. No por causas naturales, sino por una anomalía en uno de los experimentos interdimensionales que Geppur había mantenido sellado durante siglos: un campo de compresión cuántica que contenía una criatura fuera del tiempo, un parásito de energía sin cuerpo. Su jaula de antimateria se fracturó por una chispa de conciencia, una vibración minúscula pero fatal. El caos se esparció como fiebre por los pasillos de la instalación Nexus. Las alarmas, normalmente silenciadas para no perturbar los estados mentales de las criaturas, comenzaron a sonar como bocinas de juicio final.

    En ese instante de caos absoluto, mientras las paredes lloraban ácido y los techos se curvaban por la presión invertida, los sellos de contención de Babu y Boobug, que yacían ocultos en el núcleo más profundo del laboratorio, colapsaron. No fue casualidad. Fue simetría. Como si el universo, cansado del desequilibrio, hubiese decidido liberar a los pecados antiguos del doctor en el mismo momento en que su milagro mayor estaba por hallar su voz.

    Babu, al ser liberada no rugió. Lloró. Lloró como un infante que había soñado eternamente con la oscuridad y por fin veía luz. Su forma seguía siendo inestable, pero su corazón, si es que lo tenía, palpitaba con algo parecido al alivio. Boobug, por el contrario, emergió con una furia silenciosa. Su cuerpo emanaba hambre pura. No hambre de comida, sino de existencia. Llevaba siglos sin sentir, sin saber, sin destruir. Ambos miraron a Cidboo y, aunque jamás habían cruzado palabras, supieron que eran hermanos. No por nacimiento, sino por maldición compartida.

    Y fue entonces, entre el eco de la destrucción, que Cidboo habló por primera vez. Su voz no fue grito. Fue un murmullo que quebró estructuras. Un susurro que apagó incendios y detuvo el tiempo alrededor de su cuerpo. Dijo una sola palabra que los tres compartían sin saberlo,

    Basta
    — Cidboo, Babu y Boobug
    Ese instante no solo marcó el fin del laboratorio Nexus. Fue el verdadero nacimiento de Cidboo como entidad consciente. No como arma. No como experimento. Sino como fuerza inevitable, como equilibrio que surge cuando el universo se ha torcido demasiado hacia un lado. Liberó a sus hermanos. Tocó a Babu con ternura, y a Boobug lo rodeó con una energía que lo apaciguó por primera vez en siglos. Luego caminó hasta donde yacía Geppur, herido, semi-inconsciente, entre los escombros.

    Y allí lo miró por largo rato. Ni odio ni amor. Solo comprensión. Porque, en algún rincón olvidado de su alma experimental, Cidboo sabía que todo aquello era parte de una danza antigua, una sinfonía donde ella era la nota disonante que daría fin a la melodía.

    La Batalla de los 3 N-Majin[]

    El laboratorio crujió con el gemido ancestral de estructuras forzadas más allá de su límite. La energía liberada por la ruptura de los sellos era como el rugido de un dios dormido que al fin abría los ojos. Cristales rotos levitaban por el aire, flotando entre destellos púrpura y llamas líquidas que escapaban de los conductos de energía oscura. Los prismas que por años contuvieron a Babu y Boobug se habían hecho añicos, desmoronándose en un silencio tan violento que ni el tiempo se atrevía a avanzar. En medio del resplandor, sus cuerpos emergieron… más oscuros, más densos, más vivos. Babu, deforme pero inmenso, irradiaba una aura pastosa de caos primitivo, su boca abierta en un bostezo eterno de hambre inconsciente. Boobug, más delgado, casi espectral, flotaba sin peso, como si su presencia fuera una proyección de mil pensamientos rabiosos acumulados. Ambos eran el eco de un grito negado durante demasiado tiempo.

    Glanni Geppur, por primera vez en años, tembló. Y no por miedo a la muerte, sino por el reconocimiento profundo de su error. Los hijos del Nexus ya no eran suyos. Lo que alguna vez creó, ahora lo miraba con desprecio. En su desesperación, giró hacia su joya más brillante, Cidboo, y con la voz quebrada por el pánico, susurró una orden, orden que decía que los acabe.

    Pero Cidboo no se movió de inmediato. Su cuerpo, aunque entrenado hasta la perfección, se paralizó por una sensación desconocida. Babu no avanzaba hacia ella. Boobug tampoco. Solo miraban. Había algo… familiar. Algo roto que sin embargo aún vibraba dentro de ellos. Pero entonces, Boobug fue el primero en lanzarse, trazando una trayectoria curva en el aire como una serpiente hecha de cristales púrpura. Su cuerpo era pura energía y fragmentación: disparó ondas de sonido que destrozaban la densidad del aire, obligando a Cidboo a levantar un escudo de energía viscosa —un domo rosado que latía como un corazón. La onda impactó, y el mundo tembló. Cidboo se elevó con un salto impulsado por la contracción de sus propios músculos mágicos, y al girar sobre sí misma, extendió su brazo derecho que se transformó en una lanza de luz sólida. La lanzó, pero Boobug se desintegró en un enjambre de partículas que se replegaron tras ella como sombras hambrientas.

    Babu rugió. Su cuerpo se infló, se estiró, se retorció como un globo de carne viva. Se dividió en tres, luego en cinco, y cada versión suya atacó desde un ángulo diferente. Cidboo giró sobre su eje, liberando una onda gravitatoria de sabor ácido que desintegró dos de los clones. De su espalda emergieron picos de energía azulada, una respuesta natural a la presión de combate. Llevó una mano al suelo y lo transformó en chocolate líquido solo para luego hacerlo estallar en una explosión de esporas energéticas que ralentizaron a Babu.

    La batalla se tornó salvaje. Boobug reaparecía desde las paredes, como un virus dimensional, disparando filamentos de luz que perforaban incluso los campos antimagia. Cidboo contrarrestaba con una danza fluida de regeneraciones instantáneas y contraataques giratorios. Su cuerpo, hecho de carne, energía y alma, resistía incluso los estallidos sónicos que hacían sangrar al propio vacío. Babu no dejaba de mutar, creando formas imposibles, pegajosas, infinitamente regenerativas que buscaban atraparla, absorberla, romperla por dentro.

    Pero lo más extraño… lo más inquietante… era lo que empezaba a florecer entre los tres.

    Entre golpe y golpe, algo vibraba. Como si la memoria de un vientre compartido, de una creación común, despertara. Había un instante, .apenas perceptible, donde Cidboo bloqueaba un puño de Babu y sentía su carne llorar. No llorar de dolor. Llorar por ella. Llorar con ella. Y cuando atrapó por el cuello a Boobug, lista para lanzarlo contra un reactor apagado, él no forcejeó… la miró con ojos de plasma y pestañeó. Dos veces. Como un código secreto que no entendía, pero que sentía. Esa fue la primera vez que Cidboo no reaccionó con violencia automática. Bajó el brazo. Y en ese momento, Babu la golpeó con todo su peso, estrellándola contra un muro de acero mágico.

    Sangre energética cayó de su boca. El suelo temblaba. Pero algo dentro de ella también, conciencia.

    No una razón basada en fórmulas. No un protocolo de batalla. No una estrategia de supervivencia. Era algo más antiguo. Más suave. Un recuerdo no vivido. El eco de una promesa hecha antes del primer grito. “Ustedes son como yo”, pensó, no con palabras, sino con sensaciones. Su cuerpo dejó de luchar por unos segundos y flotó entre los escombros, dejando que su energía disminuyera. Sus ojos brillaron con un fulgor plateado. Babu y Boobug se detuvieron. No por miedo. Sino porque lo entendieron. Como si el alma compartida entre los tres hubiera susurrado la misma verdad en su interior.

    La batalla no cesó de golpe. Fue un cese gradual. Como el final de una tormenta. Como el temblor que sigue a un terremoto. Como cuando un huracán pierde fuerza porque ha llorado todo lo que tenía que llorar. Cidboo, Babu y Boobug se quedaron en pie entre las ruinas del laboratorio, respirando al unísono sin haber practicado jamás. No había un vencedor. No había un perdedor. Solo la revelación de que ninguno estaba solo. Que ese lazo invisible que los unía no era de cables, ni de órdenes, ni de ADN compartido. Era algo más hondo. Más puro. Más aterrador.

    Familia...
    — Cidboo

    Fue en ese instante que Cidboo, por primera vez, sintió el peso del mundo. No como amenaza. Sino como posibilidad...

    PARTE 2 - MI LIBERTAD

    ¡Sálvate Glanni![]

    Glanni Geppur no gritaba de miedo. Gritaba de rabia. Una rabia seca, agrietada, acumulada durante años de fracasos y simulaciones. Una rabia que nacía de ver cómo su obra más perfecta… se desmoronaba frente a sus ojos como una catedral vencida por la lluvia. Su cuerpo, aún cubierto por las túnicas de comando del laboratorio, se tambaleaba mientras lanzaba hechizos antiguos combinados con fórmulas alquímicas avanzadas. Su voz se quebraba entre frases arcanas y códigos binarios. Era la última mezcla desesperada de ciencia y magia, de racionalidad y locura. En sus manos, relámpagos verdes se retorcían como serpientes heridas. Los lanzó contra Babu, que ni siquiera intentó esquivarlos. El impacto hizo estallar su carne como barro, pero al instante se regeneró con el doble de masa. Boobug, por su parte, absorbió los rayos como si fueran caricias de infancia, y luego los devolvió en forma de pulsos de antimateria que desintegraron el piso alrededor de Glanni.

    Entre gritos del doctor, reclamándoles que él los había creado, retrocedía como un perro acorralado por sus propios cachorros mutantes.

    ¡Yo los cree! ¡Yo les di poder! ¡Yo les di forma! ¿Por qué me hacen esto?
    — Dr. Glanni Geppur, moribundo

    Pero sus palabras ya no tenían peso. No para Babu, que caminó sobre el humo con una lentitud cruel, cada paso marcando un tambor de guerra. No para Boobug, que aparecía y desaparecía a centímetros de la cara de su creador, dejando una estela de microcortes en el aire. Ambos no lo miraban con respeto, ni con temor. Lo miraban con un desprecio absoluto. El desprecio del hijo que descubre que su padre no fue sabio, ni bueno… sino simplemente útil. Y entonces, comenzó la tortura.

    Babu lo atrapó con una mano que se estiró como un manto de carne viva, cubriéndole el rostro y los brazos, aprisionándolo. Boobug penetró la mente de Glanni con ráfagas sónicas que le hacían revivir todos los fracasos, uno por uno, con mil veces más intensidad. Los órganos del doctor comenzaron a fallar. No por heridas visibles. Sino por el peso de sus propios pecados encarnados. El laboratorio olía a ozono, sangre metálica y culpa. Gotas oscuras caían del techo, como si la dimensión entera sangrara por lo que estaba ocurriendo.

    Fue entonces cuando Cidboo se movió.

    No lo hizo con violencia. Ni con furia. Caminó. Paso a paso, como quien atraviesa un abismo lleno de espejos. Cada reflejo le mostraba un rostro distinto: su rostro en el tanque, su rostro cuando no sabía hablar, su rostro regenerándose tras la milésima herida, su rostro viendo morir a otras criaturas fallidas. Y al fondo… ese rostro sin nombre… el de Glanni. Su creador. Su dios. Su padre. Su verdugo. Su todo.

    Se colocó entre ellos. Babu y Boobug se detuvieron. No porque ella los hubiera atacado. Sino porque algo más profundo vibró entre los tres. Cidboo no gritó. No habló. Solo levantó la mano. Y la magia ancestral de los N-Majins pareció entenderla. Un campo translúcido se desplegó como un velo de aurora rota, separando al doctor de sus “hijos”. Boobug siseó. Babu gruñó. Ambos querían terminar lo que habían empezado. Pero Cid… Cidboo no se movió. Su mirada era otra. No inocente. No pura. Pero sí… humana.

    Él tiene razón... si no hubiese sido por todas esas torturas que hemos vivido ¿Qué sería de nosotros? ¿Se dan cuenta de lo que poseemos? ¿De lo que somos?
    — Cidboo

    El silencio fue inmediato. Como si todo el universo aguantara la respiración.

    Babu bajó los brazos. Sus ojos se llenaron de algo nunca antes visto: duda. Boobug, por primera vez, no supo en qué forma debía transformarse. El odio, que hasta hace segundos les daba forma, comenzaba a desintegrarse. Y en su lugar, una verdad surgía como una semilla plantada en un campo arrasado: no estaban solos. No eran errores. No eran armas. Eran hermanos. Y ese hombre… esa criatura rota por dentro… también era parte de ellos. Glanni, apenas consciente, la miró. Cidboo lo sostenía entre sus brazos. No con ternura. Sino con respeto. Como quien carga una reliquia, no por su valor, sino por su historia. Por lo que representa.

    Los ojos del doctor se cerraron. No de alivio. Ni de agradecimiento. Sino de agotamiento. Por primera vez en décadas… no tenía nada más que decir. Y mientras los sistemas de emergencia se activaban, mientras el laboratorio se colapsaba lentamente en una danza de luces rojas y alarmas apagadas, Cidboo dio la espalda a su pasado… sin romperlo del todo. Lo cargó. Lo sacó. Lo salvó.

    Porque a veces, incluso lo más cruel… es también lo que nos hizo posibles.

    La verdad sobre Glanni. ¿Realmente podemos confiar?[]

    Glanni Geppur despertó días después de aquel episodio con un temblor en las manos. No era físico. Era algo más profundo, como si los huesos hubiesen almacenado una memoria ajena, un temblor heredado por generaciones de errores. Estaba vivo. No entendía del todo por qué, pero lo estaba. Su laboratorio, antes lleno de caos, había sido reorganizado. No por él, sino por ellos: Babu, Boobug y… Cidboo. Especialmente ella. La única que lo había visto como algo más que un simple tirano.

    Sentado frente a los monitores, entre tubos de ensayo, pantallas fracturadas y recipientes aún tibios por el calor de la última batalla, Glanni hizo lo que nunca antes había hecho: agradecer. No lo dijo en voz alta. No lo expresó con gestos humanos. Pero su mirada, al cruzarse con los ojos de Cidboo, quien estaba quieta, apoyada en un muro, masticando un extraño mineral como si fuera una golosina, dijo lo suficiente. Un leve asentimiento, un reconocimiento.

    A partir de ese día, todo cambió. Los experimentos no cesaron. Pero ya no eran procedimientos invasivos, torturas camufladas en el nombre de la ciencia. Eran más bien… observaciones espontáneas. Interacciones espontáneas. Como si Glanni supiera que el arte de crear había llegado a su punto límite. Ahora, simplemente los estudiaba… como quien mira el fuego bailando en la chimenea y se pregunta si alguna vez podrá entenderlo.

    Cidboo desarrolló la capacidad de estirarse en patrones imposibles, crear esferas de densidad negativa, y moldear clones de sí misma que explotaban al contacto y volvían a formarse segundos después. Boobug aprendió a dividir su cuerpo en enjambres que hablaban entre ellos como una mente colmena, y podía camuflarse dentro de sombras. Babu, por su parte, encontró una forma de manipular el entorno emocional de sus enemigos, generando campos de desorientación psíquica donde el enemigo olvidaba quién era.

    Los tres N-Majin se fortalecían. Y Glanni… los observaba. Callado. Dócil. Casi... humilde. Y fue entonces cuando llegó la señal.

    Era una notificación vieja, oxidada, almacenada en la base de datos que Glanni casi nunca consultaba. Pero estaba ahí. Latente. Vibrando como un corazón enterrado que aún se niega a dejar de latir. Apareció como un simple punto rojo en la esquina inferior de la interfaz, con una vibración casi imperceptible. Al abrirla, Glanni sintió cómo una sombra le recorría la espalda.

    Era una alerta de vigilancia de la Patrulla Galáctica. No era la primera. Pero esta era distinta. No hablaba de experimentos prohibidos, ni de los rastros de energía anómala que surgían de su laboratorio. Esta hablaba de él. De Glanni Geppur. .

    Un documento se desplegó. Atestados. Denuncias. Pruebas audiovisuales. Rostros distorsionados por el trauma. Víctimas. Supervivientes. Ecos del Glanni anterior al científico. Glanni, el criminal. El saqueador. El manipulador de mundos sin defensas. El responsable del exterminio de colonias enteras en su juventud, cuando la moral era un lujo que él no podía darse. Glanni tragó saliva. Lenta. El laboratorio se sentía más pequeño. Más opresivo. ¿Cómo habían conseguido esos datos? ¿Quién los había revivido después de tanto tiempo? Había limpiado sus rastros. Había enterrado su nombre en mil capas de códigos. Pero aún así… alguien lo había encontrado.

    Y entonces entendió. Venían por él.

    No por sus experimentos. No por las criaturas. Venían por el hombre. Por sus crímenes. Por la sangre que jamás fue vengada. Y no habría juicio. No habría arresto formal. La Patrulla Galáctica no ofrecía segundas oportunidades para su clase. Solo un disparo limpio. O la extinción total del núcleo donde vivía. Se quedó en silencio por horas.

    Al fondo, Babu tallaba la pared con un dedo hecho cuchilla. Boobug meditaba flotando boca abajo. Cidboo lanzaba una esfera contra el techo y la absorbía con la frente. Jugaban. O algo parecido. Eran inocentes y violentos a la vez. Una mezcla perfecta de lo que él había sido… y lo que no alcanzó a ser. Y ahí fue cuando lo sintió. No miedo. No culpa. Sino confianza.

    Porque tenía algo que ningún criminal perseguido jamás tuvo: tres monstruos a los que él había dado vida. Y por primera vez, Glanni no pensó en ellos como herramientas. Ni como armas. Ni siquiera como hijos. Eran su clan. Su sombra. Su legado. Si el universo venía por él, no vendría contra un solo hombre. Vendría contra una familia rota, armada hasta los dientes, y sin nada que perder.

    ¡Adiós, maestro del engaño![]

    Glanni Geppur era muchas cosas. Criminal. Científico. Creador. Pero, sobre todo, era un maestro del engaño.

    No necesitaba látigos ni grilletes, ni siquiera órdenes directas. Había aprendido, a lo largo de su miserable e infame existencia, que la mente se puede domesticar más fácilmente que el cuerpo. Y con los N-Majin, no fue distinto. Los había creado, sí, pero ahora tenían una voluntad propia. Una autonomía que lo inquietaba. Que le incomodaba. Si no los controlaba, lo superarían. Y si lo superaban, lo olvidarían. Eso era algo que Glanni jamás podría permitir. Así que urdió su jugada final: sembrar una historia. No como un relato, sino como una semilla venenosa.

    Con sutileza, comenzó a hablarles en fragmentos dispersos. Charlas casuales mientras analizaba sus capacidades. Comentarios al pasar mientras simulaba arreglar los circuitos del núcleo. Pequeñas observaciones sembradas entre risas fingidas, como si fueran verdades inocentes. Cosas como;

    • La Patrulla Galáctica exterminó a criaturas como ustedes en otros sistemas…
    • Ven lo que no entienden como amenazas…
    • Hay planetas donde ni siquiera permiten que los de tu tipo respiren…
    • Yo los creé para sobrevivir. No hay lugar para ustedes si yo desaparezco…

    Cidboo escuchaba en silencio, sin emitir sonido alguno. Boobug, desde sus múltiples ojos giratorios, absorbía cada palabra como si fueran leyendas de un mundo lejano. Y Babu… era el más sensible a la narrativa. Su mente caótica necesitaba un enemigo. Un villano. Y Glanni lo dibujó con la forma de la justicia galáctica.

    No necesitó más.

    Y entonces llegó el día. El cielo del asteroide laboratorio se fragmentó con el sonido sordo de una dimensión rasgada. Portales gravitacionales se abrieron sobre las instalaciones, y desde ellos descendieron naves blindadas, esferas de vigilancia, rastreadores, soldados de la Patrulla Galáctica en formación. Todos con la orden de capturar a Glanni Geppur vivo o muerto, y desactivar cualquier experimento que ofreciera resistencia.

    Pero llegaron tarde. Muy tarde.

    Cuando la primera escuadra tocó la superficie, ya no estaban entrando a un laboratorio… sino a una zona de guerra preparada por tres seres cuya existencia entera era sinónimo de destrucción.

    Cidboo fue la primera en actuar. Su figura se alargó como una sombra líquida y silenciosa, surgiendo desde los techos para aplastar a los primeros dos exploradores. Su cuerpo los envolvió como si fuese masa viviente. Uno gritó. El otro desapareció sin emitir sonido alguno. Cuando sus compañeros buscaron sus señales, no hallaron nada. Cidboo ya los había convertido en piruletas carmesí, que devoró con la mirada vidriosa de una niña que aún no sabe lo que es el pecado.

    Boobug emergió del subsuelo. Su cuerpo se dividió en cientos de fragmentos que se adhirieron a las naves, entrando por las grietas, por los tubos, por los ojos de los pilotos. Los soldados comenzaron a disparar al aire, al suelo, al techo… pero sus balas no daban con ningún enemigo. Solo con risas. Ecos. Susurros. Hasta que, en el último segundo, un enjambre completo emergió del pecho de uno de los soldados, reventando en un espectáculo grotesco de carne y armaduras.

    Babu fue brutal. No se escondió. Cayó en medio de un escuadrón y los miró con esa mirada desenfocada y salvaje que solo tienen los locos y los dioses. Sonrió. Y en un gesto teatral, extendió ambos brazos. En un segundo, el suelo se volvió gelatina, y los soldados comenzaron a hundirse. Uno gritó “¡Auxilio!” antes de que Babu lo señalara y lo convirtiera en una caja musical que lloraba notas desafinadas cada vez que se abría.

    No fue una batalla. Fue una masacre.

    Las esferas de rastreo fueron despedazadas. Las naves, estrelladas contra los campos magnéticos alterados por Boobug. Los soldados, derretidos en dulces, absorbidos por Cidboo, o torturados psíquicamente por los campos de distorsión emocional de Babu. Uno intentó escapar, gritando desesperado el nombre de su hija por el comunicador. Cidboo lo alcanzó y lo convirtió en un chicle gigante, que luego aplastó contra el suelo. No dejaron a ninguno con vida. Y Glanni… ya no estaba allí.

    Mientras el caos se desataba, mientras los gritos eran suplantados por el sonido de huesos rotos y caramelos fundidos, Glanni abordó una cápsula de emergencia secreta y huyó lejos. Muy lejos. Más allá de la Nebulosa Meryon. Más allá del sistema Oswald. Se internó en regiones donde el nombre de la Patrulla Galáctica era desconocido, donde los fugitivos eran dioses y los monstruos, héroes. Sabía que era cuestión de tiempo hasta que lo rastrearan. Pero también sabía que lo que había dejado atrás… no podía ser detenido.

    Porque sus creaciones ya no eran armas. Eran entidades conscientes, unidas por un lazo retorcido de sangre, ira, juego y tragedia. Eran una familia disfuncional, nacida del dolor, la ciencia y la manipulación. Y ahora, sin su creador presente… eran libres.

    El viaje por el universo ¿Sin rumbo?[]

    Durante incontables ciclos solares, los tres N-Majin vagaron entre planetas, nebulosas y sistemas que ni los antiguos Kaioshin se atrevían a nombrar. El silencio de la galaxia, tras la masacre a la Patrulla Galáctica, era como un luto cósmico que los seguía a donde fueran. Cidboo, a diferencia de sus hermanos, guardaba en el fondo de su pecho una sensación indescriptible. A veces creía que era melancolía, otras que era simple vacío. La ausencia de Glanni Geppur, quien había sido un monstruo y un padre, una prisión y un impulso, le causaba un torbellino emocional que no sabía cómo procesar. Había desaparecido sin una palabra final, sin un cierre, y eso para ella era como tener un universo colapsando dentro del cráneo.

    Babu, con su torpeza entrañable, parecía disfrutarlo todo con la ligereza de quien no carga el pasado. Convertía en dulce todo lo que le parecía peligroso, y lo hacía con un entusiasmo infantil que dejaba a muchos planetas sin flora ni fauna en cuestión de horas. Boobug, en cambio, era una esponja de conocimiento: se nutría de cada cultura, de cada estructura, de cada forma de vida que encontraba. Su hambre no era del estómago, sino del intelecto. Y aunque no hablaba mucho, cuando lo hacía, sus palabras eran punzantes, densas, casi filosóficas.

    Cidboo se colocaba entre ambos extremos, como un puente entre la inocencia y la razón. Y ese equilibrio fue lo que dio forma al viaje más significativo de sus existencias. Iban de mundo en mundo, al principio sólo para explorar, pero pronto su travesía se convirtió en algo más: un proceso de transformación espiritual. En ciertos planetas, ayudaban sin querer; en otros, debían defenderse. Y cuando los emboscaban (porque siempre había alguien que intentaba cazarlos, controlarlos, o experimentar con ellos), el resultado era casi ritual: Cidboo extendía sus brazos, sus dedos se curvaban como pétalos hipnóticos, y con una sonrisa mística anunciaba su final. El enemigo se convertía en dulces, y directo al estómago. Ni dolor, ni gloria. Sólo azúcares.

    Pero no todo eran batallas. Hubo mundos donde fueron adorados como dioses, otros donde presenciaron civilizaciones avanzadas que jamás habían necesitado armas. Conocieron criaturas de luz líquida, inteligencias que se comunicaban por canto, civilizaciones sumergidas en océanos de lava fría. Cada encuentro alimentaba algo nuevo en Cidboo: empatía, razonamiento, duda, propósito.

    Una noche, mientras acampaban en la corteza flotante de un planeta que respiraba como una criatura dormida, Cidboo miró hacia el firmamento. Miles de estrellas temblaban como si contuvieran secretos a punto de revelarse. Y por primera vez desde su nacimiento, se preguntó no de dónde venía… sino hacia dónde quería ir. Esa fue la primera noche que lloró. Lágrimas suaves, apenas un par… pero suficientes para humedecer la piedra y alimentar flores que brotaron al instante.

    El universo era un mapa sin final. Y aunque Babu reía, y Boobug filosofaba, Cidboo comenzaba a intuir algo que iba más allá de sus genes o su poder: estaban evolucionando. No físicamente, total, ya eran perfectos, sino espiritualmente. Era como si las memorias de todos aquellos que absorbían quedaran latentes, como ecos en una biblioteca eterna, susurrando respuestas, preguntas, caminos.

    Y sin saberlo aún, cada planeta que visitaban, cada decisión que tomaban, los acercaba más al momento en que tendrían que elegir… no entre bien o mal, sino entre ser leyenda… o advertencia.

    La Separación sin Explicación[]

    Entonces, sucedió lo impensable.

    No hubo señales, no hubo presagios, ni siquiera una alteración detectable por los sensores dimensionales de Boobug o los instintos hipersensoriales de Cidboo. Era como si el universo mismo hubiese pestañeado, como si su respiración contenida durante milenios finalmente hubiese exhalado. Y en esa exhalación, en esa última bocanada de un cosmos que parecía dormir, el caos se manifestó.

    Una noche sin noche, porque en el espacio no hay día ni oscuridad, pero sí hay silencio. Un silencio que fue rasgado por un estallido sin forma ni sonido, como una herida en el mismo tejido de la existencia. A simple vista parecía un cometa, una estrella fugaz con delirio de grandeza, con una cola tan luminosa que parecía una lanza de los dioses. Pero cuando tocó la zona donde los tres hermanos N-Majin compartían descanso sobre una planicie sin nombre de un asteroide coralino, todo cambió. Todo se quebró.

    Cidboo lo sintió primero, no en el cuerpo, sino en su pecho: una presión sorda, como si algo dentro de ella quisiera salir... o entrar. Alzó la mirada al firmamento estrellado y justo entonces el impacto ocurrió. Pero no hubo fuego, no hubo explosión típica. Hubo... una grieta. Una grieta en el espacio, una hendidura como un cristal que se parte sin romperse del todo. Y en esa fractura se deslizó el destino. Un remezón universal atravesó la materia, el tiempo y la coherencia. Una fuerza sin nombre los separó.

    Fue como si cada uno de ellos hubiese sido succionado por una corriente que no existía segundos antes. Sin despedidas, sin gritos, sin siquiera un destello que permitiera intuir el fin. Babu fue tragado por una luz viscosa que lo envolvió como miel de galaxia. Boobug se disolvió en partículas que vibraban como notas musicales antes de desaparecer. Y Cidboo… Cidboo simplemente se desvaneció como si nunca hubiese estado allí.

    Y luego, sólo soledad.

    Cidboo despertó de rodillas sobre un suelo que se movía, como si respirara. Era blando, cálido, y parecía hecho de carne vieja y líquenes. Pero el cielo… el cielo no era cielo. Era un domo negro tachonado de grietas, como si alguien hubiera intentado repararlo con oro derretido. Todo el entorno parecía no obedecer leyes físicas claras: montañas flotaban, árboles crecían de costados, y el viento sonaba como palabras mal pronunciadas en lenguas que no existían.

    Estaba sola. Completamente. No había ni rastro de Babu, ni de Boobug, ni siquiera de Glanni. El lazo que había comenzado a crecer en su pecho, ese hilo invisible que la unía con los suyos, ahora se sentía tirante, desgarrado, como si aún existiera… pero estuviese demasiado lejos. Intentó buscar alguna señal, se elevó, flotó por kilómetros de este mundo enfermo, torcido, bello en su deformidad. Pero no encontró nada que le respondiera.

    Y más aún… había algo en ella que estaba cambiando. Lo sentía en su cuerpo: sus extremidades se volvían más rígidas, menos gelatinosas. Sus pensamientos… más agudos, más rápidos, pero también más confusos. Su poder fluctuaba sin control. Sus transformaciones se activaban de forma aleatoria, como si algo en su interior hubiese sido trastocado. Y sobre todo… por primera vez en su existencia, tenía miedo. No miedo de morir. Miedo de no saber quién era.

    Porque hasta ahora, su historia había sido escrita por otros: Glanni la había moldeado, Babu y Boobug la habían suavizado, el universo la había empujado. Pero ahora… no había nadie. Sólo su voz, su mente, su voluntad. No había más que ella.

    Cidboo caminó sin dirección, entre criaturas imposibles y estructuras que respiraban nombres. Se preguntó si había muerto. Se preguntó si esto era un castigo. Se preguntó si realmente alguna vez fue una persona o solo un experimento que creía tener alma. Y allí, bajo el cielo roto de ese universo que parecía existir en el olvido de Dios, por primera vez en mucho, mucho tiempo… lloró. Pero no con rabia, ni con tristeza.

    Sino con una ternura que le resultó completamente ajena. Porque sabía —lo supo de pronto, con esa lucidez dolorosa que sólo llega en la verdadera soledad— que ahora tenía que encontrarse a sí misma. Antes de encontrar a sus hermanos. Antes de encontrar el camino de regreso. Antes de entender el porqué.

    Cidboo debía nacer de nuevo....

    Caramelos de Guerra: La Cacería de una Conciencia Incompleta[]

    Sí, debía nacer de nuevo.... vagando sola

    El vacío entre las estrellas era una melodía triste, repetitiva, pero también adictiva. Era como un eco del alma que no sabía si había nacido o si simplemente había sido ensamblada. En ese deambular constante, cruzó planetas que parecían no saber de tiempo, ciudades sumergidas en océanos de fuego, jardines de gravedad inversa donde los pensamientos pesaban más que los cuerpos. Y en todos esos lugares, solo una pregunta la acompañaba: ¿quién soy?

    Era una pregunta que carcomía por dentro, que se aferraba como ácido al borde de cada nueva vivencia. Cada criatura que la miraba, cada ser que huía de su forma inquietante, rosada y ambigua, cada ataque sin razón ni previo aviso, era una reafirmación de que el universo no estaba hecho para ella… o que tal vez, ella no estaba hecha para el universo. Pero algo más comenzó a rondarla, una sombra sin cuerpo. Una amenaza sin rostro.

    No lo notó al principio. Los cielos oscuros de Xarantor la recibieron con vientos que hablaban, y entre las voces del aire, creyó escuchar su nombre. En Grolvus-6, un planeta de gas sólido, los reflejos del cielo mostraban imágenes que ella nunca había vivido: una torre donde su silueta estaba encadenada, un trono de oro ennegrecido, y un símbolo: una OIC marcada con fuego. En otros mundos, encontró señales similares: documentos falsificados con su rostro, recompensas colocadas en portales interplanetarios, y soldados... soldados que se movían con la frialdad de una estructura militar que jamás había conocido misericordia.

    La OIC la estaba buscando. O al menos, algo que se hacía llamar así.

    Pero no era la verdadera Organización Interplanetaria de Comercio, aquella que dominaba buena parte del cosmos bajo la mano dura pero calculada de Nix. No. Esta era otra. Una versión torcida, desleal, con un código de justicia podrido desde la médula. Su símbolo era similar, pero las líneas tenían un quiebre, como si fueran marcas de un animal herido intentando fingir elegancia.

    Y quien la comandaba... era Fying.

    Fying, el hermano desterrado de Nix. Una criatura que, había sido marcada por el Rey Sítara como "desecho imperial". Fying había sido más ambicioso que su hermano, menos paciente, más cruel. Tras su exilio, desapareció durante siglos, y muchos lo creyeron muerto, hasta que fundó su propia fuerza: una OIC paralela, corrupta, construida en planetas esclavizados, robada de cadáveres estelares y poblada por mercenarios desechados por todos los imperios. No era una organización... era una malformación. Y a los ojos de Fying, Cidboo era la gema perfecta.

    Una criatura sin pasado, sin patria, sin historia oficial. Un ente con un poder sin límites y una moral que aún no estaba terminada de construir. A su juicio, debía ser controlada, sometida o destruida. Y si podía ser usada, mejor. Así fue como comenzó la cacería.

    No hubo advertencias, ni diplomacia, ni siquiera un aviso psíquico. El primer ataque vino cuando Cidboo se encontraba inmersa en los cristales del planeta Prollaps, intentando entender las visiones que el material le mostraba. De pronto, un rayo carmesí perforó el cielo, y una armada de soldados con armaduras negras descendió como parásitos sobre el terreno sagrado. Cidboo, abstraída, apenas tuvo tiempo de reaccionar. Fue herida. Por primera vez en mucho tiempo, sangró.

    No de dolor físico, sino de rabia interna. Y entonces comenzó la persecución de planeta en planeta.

    Saltó al Planeta Lin, donde las montañas eran tan altas que rompían la estratósfera, pero allí la emboscaron con campos de energía que impedían su transformación. Huyó al Planeta Xelyon, un planeta hecho enteramente de agua consciente, pero allí la rodearon con ilusiones y copias de sí misma, intentando hacerle perder la cordura. Viajó a un mundo donde los pensamientos eran visibles en el aire, y los perseguidores usaron esa habilidad para leer sus movimientos antes de que los ejecutara.

    Cidboo estaba siendo estudiada. Y eso la hizo más peligrosa.

    La joven N-Majin comenzó a pelear con una estrategia que nunca antes había necesitado. Ya no era solo una masa de energía moldeable: ahora planeaba, observaba, reaccionaba. Comenzó a crear clones que explotaban al ser tocados, desarrolló ataques que contenían tiempo ralentizado dentro de ellos, absorbía conocimientos de cada enemigo, y si la situación era demasiado molesta… un gesto bastaba para convertir a sus perseguidores en caramelos con forma de insectos. Los devoraba sin gusto, sin hambre, solo por eficacia. Pero no podía dejar de preguntarse: ¿por qué yo? Y en el fondo... temía la respuesta.

    Temía que Fying supiera algo que ella no sabía. Que su creación, su existencia, no fuera tan accidental como pensaba. Que tal vez... ella fuera una pieza. No la protagonista de su historia, sino un componente de un plan más vasto.

    Ahora, sola, desgastada, aún sin noticias de sus hermanos, Cidboo debía tomar una decisión: seguir huyendo, seguir siendo una criatura errante… o comenzar a buscar el núcleo de esa OIC corrupta y arrancarlo con sus propias manos. Porque si el universo seguía empeñado en definirla como arma… entonces tal vez era momento de volverse una.

    ¡Pierde el miedo![]

    La inmensidad del cosmos no tiene bordes, pero sí heridas. Cidboo flotaba en su propio silencio, una deriva viva. El eco de los recuerdos era la única compañía tangible: risas compartidas con Babu, las miradas opacas de Boobug, los cálidos y extraños gestos de Glanni. Pero todo eso era pasado, reducido a partículas de nostalgia suspendidas entre nebulosas estelares. Ahora, la soledad no era un castigo. Era una pregunta sin idioma. ¿Quién era realmente? ¿Un error? ¿Un prodigio? ¿Un experimento con nombre?

    La persecución de la falsa OIC había sido brutal, constante y maliciosamente calculada. El Emperador Fying no quería atraparla. Quería quebrarla. Quería borrarla del mapa estelar como se borra un accidente en los registros. Cada planeta donde Cidboo aterrizaba era un nuevo campo minado de engaños: mundos que la recibían con los brazos abiertos y le clavaban puñales de plasma al dar la espalda; aldeanos con ojos vacíos, manipulados mentalmente para que le temieran y atacaran. Cada vez que respondía se sentía menos persona y más mecanismo.

    Pero una noche (si es que puede llamarse “noche” al frío orbital que rodea al Planeta Mhyrza), Cidboo miró su reflejo en un charco de cristal líquido y no se reconoció. Vio a una guerrera. Vio a una niña. Vio a un monstruo. Y vio, también, una llama. No era odio. Era certeza.

    No me voy a esconder... no un segundo más. El recreo terminó.
    — Cidboo

    Alzando su brazo al cielo, Cidboo proyectó una onda de energía que estalló como un latido rosado a lo largo del sistema planetario. Esa señal no era una amenaza. Era una declaración de existencia. El universo se estremeció. Y la falsa OIC la escuchó.

    Entonces llegó el contraataque. Ya no huía. Los rastros de las naves de Fying la guiaron como migas de pan hasta una estación espacial flotante en forma de anillo, oculta en los anillos exteriores de un planeta gaseoso sin nombre. Allí, Cidboo irrumpió sin anunciarse, como un poema de caos hecho carne.

    Los comandos intentaron detenerla, claro. Dispararon. Gritaron. Clamaron por refuerzos. Algunos fueron convertidos en pastillas de goma de mascar. Otros simplemente fueron tragados por su cuerpo que se estiraba como sombra viviente y los envolvía en una prisión de risa y sufrimiento. Uno intentó rogarle compasión. Cidboo lo miró sin juicio… y lo dejó ir. Porque en su corazón, algo se templaba. No era crueldad. Era dirección.

    Cada sala de esa base decadente era un recordatorio de la mediocridad de Fying. Cápsulas de tortura, laboratorios sin ética, criaturas deformes encerradas en vitrinas como objetos. La falsa OIC no era poder. Era resentimiento con estructura.

    Y entonces, cuando el núcleo de la nave comenzó a colapsar producto de sus ataques... apareció Fying.

    Su figura era grotesca, como si hubiera sido tallada en arrogancia y luego deformada por la envidia. Su piel tenía la textura de metal oxidado, con venas de mercurio que le recorrían el rostro. Sus ojos eran como tragaluces vacíos y su voz, una mezcla entre siseo y rugido.

    ¡Mi Organización! ¡Mi Imperio! ¡¡¡LAS VAS A PAGAR ALIMAÑA RASTRERA!!!! ¡ACABAS DE ECHAR A PERDER LA PEOR OPORTUNIDAD Y HARÉ QUE TE ARREPIENTAS HASTA QUE EXPULSES TU ÚLTIMA GOTA DE SANGRE!
    — Fying, furioso

    Cidboo no respondió. Caminó entre los escombros, entre el fuego danzante de los tubos reventados, con los pies descalzos sobre el metal fundido. A cada paso, su cuerpo fluctuaba entre solidez y neblina, entre forma y esencia. En su rostro no había rabia. Solo decisión.

    Yo no soy parte de ningún plan... jamás... tengo identidad propia... y esa es Cidboo.
    — Cidboo
    El Festín del Caos[]

    Fying no respondió de inmediato. Lo observó todo en silencio: los cuerpos derretidos de sus tenientes, las paredes corroídas por la saliva ácida de Cidboo, la atmósfera teñida de dulzura mortal. Su rostro, todavía en su forma terciaria , la misma que había usado para torturar mundos menores y jugar al emperador, mostraba por primera vez algo parecido al miedo. Pero no duró. Una sonrisa deforme, torcida, lentamente emergió de sus labios.

    El aura a su alrededor cambió. No se expandió, no se volvió más densa… se hizo más profunda, como un abismo que crecía sin fondo. La luz de la habitación se encogió, y entonces, con un rugido seco, su cuerpo se rompió desde dentro.

    Su tercera forma se desgarró como un disfraz inútil. Su torso se compactó, su musculatura se redefinió, su piel adquirió un tono acerado, y sus ojos... sus ojos eran dos lunas negras en las que se podían ver gritos. Su cola se afiló como una lanza orgánica, y de su espalda emergieron dos alas huesudas que no servían para volar, sino para matar.

    Cidboo, sin embargo, no retrocedió. Su rostro no mostraba rabia ni preocupación. Mostraba análisis. Estaba pensando. Observando y calculando. Fying fue el primero en atacar. Se movía a velocidades cercanas al parpadeo de la luz, rompiendo el vacío con cada paso, estrellando su puño contra el rostro de Cidboo. Esta fue lanzada a través de la nave, rompiendo cápsulas, cadáveres y acero, hasta estrellarse contra el núcleo central. La estructura crujió. Vibró.

    Pero no se rompió.

    Cidboo emergió lentamente del humo, sin una sola herida, con su aura chisporroteando como si la hubieran sumergido en un océano de lava cósmica. No sonreía. No gritaba. Estaba entendiendo. Su mente se encendía con una claridad antinatural. Cada golpe que recibía, cada ráfaga que esquivaba, cada descarga que mordía su piel, era una pieza más en un rompecabezas ancestral.

    Fying no esperó otra palabra. Se lanzó con ferocidad asesina. Sus alas se cerraron como guadañas, y de sus manos emergieron filamentos de energía oscura que cortaban la realidad misma. El combate se volvió una sinfonía salvaje. Cidboo lo enfrentó con su elasticidad imposible, estirando sus brazos en látigos que le atrapaban los tobillos, transformando partes de su cuerpo en mazos, en agujas, en escudos líquidos que absorbían la energía y la devolvían multiplicada.

    Durante una fracción de eternidad, lucharon como dioses olvidados: estrellándose contra atmósferas, fundiendo rocas lunares con su energía, derritiendo el tejido mismo de la nave. Hasta que llegó el instante. Los dos se detuvieron. Ambos sabían que el siguiente movimiento sería el último. Fying anunció que aún tenía algo más por demostrar.

    Después de esos asquerosos Saiyajin... jamás pensé que tendría que utilizar más de mi 50% de poder, pero prepárate para ser testigo... de una transformación única
    — Fying, furioso

    Cidboo entonces, por primera vez, decidió contestar de forma sarcástica;

    Lo siento por ti, pero te invito a hacerlo... dentro de mí, si es que puedes, claro....
    — Cidboo

    En ese segundo, su expresión cambió. Ya no era solo la de una combatiente. Era la de un ser superior que había aceptado una verdad incómoda: que el poder, en ocasiones, debía ser devorado. Sus ojos se encendieron con un fulgor primigenio, y sus dedos comenzaron a brillar con una textura viscosa, sobrenatural. Su voz descendió a un tono más bajo, casi ceremonial.

    Entonces decidió hacerlo. No hubo gritos. Solo un silencio absoluto cuando extendió una onda gelatinosa desde su pecho, un remolino de energía mágica que abrazó a Fying como si lo cubriera una membrana de sueños rotos. Él intentó huir, romperla, gritar... pero su cuerpo comenzó a licuarse dentro de esa prisión rosa que lo envolvía como una promesa de eternidad.

    Cidboo cerró los ojos mientras absorbía su enemigo. No era solo un acto físico. Era mental. Era espiritual. Era ancestral. Dentro de ella, las memorias de Fying pasaron como relámpagos: traiciones, ambición, vergüenza, miedo… poder. Todo. Lo sintió todo. Y cuando abrió los ojos nuevamente, su aura había cambiado. Era más oscura. Más elegante. Más imponente.

    Una nueva línea atravesaba su frente como una joya nacida del infierno. Sus ojos brillaban como el fuego azul de una estrella joven. Se mantenía erguida, dominante… casi regia.

    Sombras de un Silencio Cósmico[]

    El interior de Cidboo se tornó oscuro durante semanas. No fue dolor… fue digestión espiritual.

    Fying, con todo su orgullo y fuerza, con su ego palaciego y su sed de control, intentó resistirse incluso desde dentro. Como un veneno que se negaba a disolverse, su esencia se aferraba a los bordes del alma de Cidboo, buscando grietas, buscando raíces. Le susurraba en sueños, aparecía en reflejos que no existían, le enviaba impulsos de rabia, de destrucción sin sentido. Pero Cidboo era mucho más que una criatura de impulsos. Ella era fruto de ciencia y experiencia, de trauma y reflexión. Era inteligencia en carne viscosa. Era la voluntad que renace entre fuego y metralla.

    Durante aquel proceso, no gritó ni una vez. Se sentó en silencio en un meteorito flotante, observando la malla del universo extenderse como un tapiz infinito. Devoró las memorias de Fying sin compasión: sus victorias vacías, sus relaciones hipócritas, su miedo a Nix, su padre, su linaje podrido. Y una por una, las fue encajando en una caja mental, sellada con fuerza, como una criatura que alguna vez rugió, pero ahora estaba enjaulada.

    • Ella era más fuerte
    • Ella era la dueña del cuerpo

    Fying desapareció como una mancha que el tiempo olvida.

    Lo que quedó, sin embargo, fue todo lo útil. Su capacidad para leer a sus enemigos antes de que ellos actuaran. Su control gravitacional aprendido en las cámaras de guerra. Su dominio de esferas de energía de núcleo denso, capaces de atravesar el blindaje de una estrella militar. Incluso su elegancia para manipular palabras… aunque a Cidboo le gustaba más el silencio. Con esas habilidades nuevas, viajó. El universo era enorme. Más de lo que había imaginado jamás.

    Atravesó sectores perdidos donde la materia no seguía las leyes normales. Vio civilizaciones formadas por seres hechos de sonido. Enfrentó a piratas estelares, a entes dimensionales que hablaban con símbolos y tiempo, y los venció con una eficiencia devastadora. A veces los convertía en caramelos con forma de estrella, otras simplemente los descomponía en energía y los usaba para viajar más lejos. Y a veces… los dejaba ir. Por lástima. O por simple falta de ganas.

    Cidboo había cambiado. Ya no gritaba al absorber. Ya no se regocijaba al destruir. Su aura, alguna vez juguetona y llena de expresividad corporal, se había vuelto más sutil, más contenida. Más madura. Su voz, cuando hablaba, era calma y profunda. Su cuerpo había desarrollado pequeños rasgos de Fying: una línea de energía carmesí recorría su espalda como un tatuaje ardiente, y sus pupilas tenían destellos púrpuras cuando entraba en modo combate. No era malvada. Pero sí era peligrosa.

    El universo comenzó a hablar de ella con nombres distintos. Algunos la llamaban la Heredera de la Muerte Dulce. Otros, simplemente la que no negocia.

    Y sin embargo… en medio de toda esa gloria, ese poder, esa libertad sin fronteras…

    Cidboo se sintió vacía.

    No un vacío de energía o propósito. Sino de algo más sutil. Más suave. Más humano. Cada vez que veía un planeta lleno de familias o parejas abrazadas. Cada vez que oía cantos en tribus lejanas o risas en mercados interestelares. Cada vez que dormía bajo el manto de una nebulosa y no había nadie que le dijera “buenas noches” o le tocara el hombro antes de un combate…

    La soledad la desgarraba en silencio.

    No lo admitiría en voz alta. Pero incluso un ser como ella, forjada en laboratorio, endurecida por traiciones y batallas, necesitaba algo más. No quería seguir siendo una vagabunda galáctica. No era suficiente. Cidboo empezó a anhelar una segunda vida, una donde no tuviera que ocultarse tras su poder.

    • Una donde pudiera reír, no solo de forma sarcástica.
    • Una donde pudiera confiar, aunque fuera poco.
    • Una donde el abrazo no fuese un arte perdido.

    Y en ese pensamiento, flotando entre lunas perdidas y viejas ruinas espaciales, Cidboo tomó una decisión. Buscaría ese nuevo destino, o como ella lo diría, otra forma de existir. Una donde no tuviera que destruir para validar su existencia, una donde pudiera ser algo más que una creación.

    Una vida que fuera suya.

    PARTE 3 - MEMORIAS DE UN AYER

    El Juicio del Dios de la Destrucción[]

    El vacío del espacio se volvió súbitamente denso, como si la existencia misma contuviera el aliento ante la presencia de algo insondable. El viaje errante de Cidboo, sus pasos solitarios entre planetas, su silencio majestuoso, su nueva y helada sabiduría, todo se detuvo en seco cuando, sin previo aviso, una presión invisible aplastó su cuerpo contra sí mismo, paralizándola como si el universo hubiera recordado de golpe quién mandaba. No hubo advertencia. No hubo palabras. Solo una fuerza ancestral que vino de ninguna parte, y sin embargo, de todas. En un abrir y cerrar de ojos, Cidboo sintió que ya no estaba sola en el cosmos… que algo la miraba desde lo alto del escalón más elevado de la jerarquía universal. Detrás de ella, suspendidos con la indiferencia de lo eterno, flotaban dos figuras que no necesitaban anunciarse para hacerse temer. El primero, con sus ropajes elegantes y su aura inmóvil, portaba un báculo que parecía contener el eco del tiempo mismo. El otro, más bajo, más fiero, pero infinitamente más letal, la contemplaba con los ojos entornados como si ya hubiera dictado sentencia antes siquiera de conocer el crimen.

    No hizo falta presentación. La energía que emanaban era tan reconocible como los latidos del universo: Bills, el Dios de la Destrucción del Universo 7, y Whis, su ángel acompañante y mentor, habían descendido sobre Cidboo como un castigo divino, como un juicio largamente pospuesto. En ese instante, la razón se quebró dentro de ella. Recordó lo que era el verdadero miedo, ese que no proviene de la amenaza, sino del conocimiento de la inevitabilidad. Supo, por instinto, por resonancia, por un murmullo que se arrastraba en los confines de su alma Majin, que no tenía posibilidad alguna. La energía de Bills era densa, perfecta, simple en su complejidad; una manifestación de la aniquilación misma, del orden impuesto a través del caos absoluto.

    La mirada de Bills no fue de odio ni de cólera. Era más peligrosa: fue de juicio sereno. Le explicó, sin titubeos, que desde hace tiempo la balanza de la vida y la muerte del universo se inclinaba peligrosamente, que las alarmas divinas se activaron cuando la Patrulla Galáctica desapareció como ceniza arrastrada por un viento cósmico... y que todas las huellas, todos los rastros de ese colapso, llevaban hacia ella. Cidboo quiso responder, pero la voz no le salía, no por miedo, sino porque lo comprendía todo demasiado bien. Recordó el rostro de Fying derritiéndose en su absorción, los planetas hechos polvo por sus manos, los dulces en los que había transformado vidas enteras por mera autodefensa. Había dejado una estela de destrucción sin comprender el precio que conllevaba… sin entender que los dioses siempre están mirando, incluso cuando parecen dormir.

    Y entonces, vino el golpe.

    No fue una técnica, no fue un ki, no fue magia ni ciencia. Fue un solo movimiento. Un cruce de espacio y tiempo que no emitió sonido alguno, que ni siquiera dejó luz, pero que estalló dentro de ella como el colapso de una estrella moribunda. La figura de Bills desapareció y reapareció frente a ella en un parpadeo, y su puño, sencillo y pequeño, se hundió en su estómago como si quisiera vaciarle el alma. El mundo desapareció. La energía se esfumó. Los pensamientos se fundieron en negro. Cidboo fue arrastrada por un remolino sin gravedad, sin sentido, hasta estrellarse contra la superficie rocosa de un planeta muerto, una esfera olvidada en los márgenes de la galaxia, donde Whis había decidido transportarlos con un gesto leve de su báculo. Allí yació, incrustada en la tierra grisácea, con sangre Majin evaporándose en espirales rojizas, sin fuerzas, sin nombre, sin rumbo. El juicio divino había comenzado… y quizá también, su verdadera redención.

    Fue entonces, en ese estado de semiinconsciencia, que por primera vez sintió el roce real de su existencia. No era solo una criatura de laboratorio, no solo una anomalía genética, no solo una Majin con pasado oscuro y poder robado. Era un ente que respiraba el caos, que absorbía historia, que convertía sufrimiento en fuerza y soledad en poder. Pero incluso ella debía inclinarse ante aquello que estaba más allá de los límites. Bills no era un villano. Era una ley natural. Y Whis, el relator de esa ley. Cuando este último, con tono amable pero inflexible, comenzó a explicarle los engranajes del universo, las jerarquías celestiales, el delicado balance que permitía que los mundos florecieran y murieran sin colapsar entre sí… Cidboo escuchó. Por primera vez, realmente escuchó. Y entendió que sus pasos solitarios no eran más que ecos de un camino mayor, uno que la llevaría a enfrentarse, no con enemigos, sino con sí misma.

    Y así, en la inmensidad de ese planeta olvidado, mientras el eco del golpe de Bills aún palpitaba en sus entrañas, una nueva llama se encendía en su pecho... no de venganza, ni de odio, sino de propósito. Tal vez, por primera vez, Cidboo tenía un lugar en ese universo.

    El Ojo que todo lo recuerda[]

    El silencio que se extendía sobre aquel planeta muerto era más profundo que cualquier abismo conocido. No era el silencio del vacío, sino el de la expectación; como si incluso el propio universo se rehusara a interrumpir lo que ocurría allí. Cidboo, aún arrodillada, con el cuerpo herido y la mirada temblorosa, no sentía dolor físico. El verdadero impacto no había sido el golpe del Dios Destructor, sino la presencia abrumadora de algo que jamás imaginó que tendría ante sí: la posibilidad de comprenderse. De un instante a otro, el temor que estremecía su alma mutó. Ya no era terror ni confusión; era algo más primitivo, más luminoso y oscuro a la vez… como si al borde de la aniquilación absoluta, el universo hubiese decidido no borrarla aún, sino presentarle su verdad más oculta.

    Bills no se movía. Su postura seguía erguida, serena, casi perezosa, pero en sus ojos se agitaba una chispa de interés genuino. Aquel ser que tenía delante, esa criatura mitad Majin, mitad Najyn, no solo había resistido un golpe suyo, hecho inusual por sí solo, sino que se mantenía en pie con la mirada firme, sin suplicar, sin lloriquear, sin rendirse. No había maldad en ella… pero tampoco pureza. Había caos. Había hambre. Había propósito, aunque aún sin forma. Y eso lo descolocó. Porque Bills, a lo largo de su existencia como destructor, había aprendido que aquellos que resisten sin razón son peligrosos… pero los que lo hacen buscando su lugar, esos merecen al menos una mirada más profunda.

    El ángel ya lo había previsto. Su mente era un océano calmo que atravesaba las dimensiones con la fluidez del tiempo mismo. Sin necesidad de asentir, respondió al llamado telepático. Ambos sabían que no podían intervenir emocionalmente, que su rol no era el de guías, sino el de guardianes del balance. Y sin embargo… la historia de Cidboo parecía un eco distante de otro tiempo, de otra criatura que también desafiaba la lógica, que también buscó redención más allá del juicio. Tal vez, una parte de Bills recordaba lo que hizo con Freezer… y la oportunidad que aquel monstruo reformado usó para volver incluso más fuerte, aunque eso tuviera consecuencias peligrosas.

    Whis, con su elegancia etérea, caminó lentamente hacia Cidboo. Sus pasos apenas tocaban el suelo, pero cada uno de ellos era un latido cósmico. Su báculo, brillante como la primera estrella del amanecer, se alzó frente a la criatura herida. No para atacarla. No para destruirla. Sino para escudriñarla. La esfera de cristal en su extremo comenzó a girar suavemente, generando ondas de luz que perforaban la realidad. No se limitó a ver el cuerpo de Cidboo… no. Whis vio más allá. Escarbó en los fragmentos de su origen, en los vestigios arcanos que ni siquiera ella conocía, en los recuerdos genéticos sellados en sus células, en las emociones puras almacenadas en su alma como cicatrices de una vida que no fue elegida, sino impuesta.

    Lo que vio... no era lo que esperaba.

    La imagen del Dr. Glanni Geppur surgió como una sombra deformada por la ambición. Los tubos, los líquidos burbujeantes, los gritos silenciados, las fusiones forzadas. Whis observó con atención cómo la esencia Majin, esa herencia indomable que provenía del caos ancestral, había sido entretejida con la racionalidad de una raza noble ya extinta. Vio los rostros de Babu y Boobug, sus hermanos de experimento, y los lazos formados en medio de la batalla, el caos y el afecto disfuncional. Vio el rostro de Fying, deformado por la arrogancia, tragado en el último acto de supremacía Majin. Pero también… vio algo más profundo. Vio una luz escondida en el fondo del núcleo energético de Cidboo, una chispa que no pertenecía ni al caos ni al orden. Era una pieza suelta, una clave oculta, un misterio mayor que el propio universo… algo que ni siquiera Bills comprendía del todo.

    Whis retrocedió lentamente, sin pronunciar palabra. Su mente, por un instante, sintió el peso del asombro. Allí, delante de ellos, yacía una criatura sin igual, una conjunción de dos fuerzas que jamás debieron unirse, pero que ahora respiraban en armonía. Una anomalía... sí. Pero también, quizá, una respuesta. Una herramienta que el mismo universo había forjado a su manera, como si en su infinito ciclo de creación y destrucción, buscara reinventarse a través del error.

    Bills entrecerró los ojos. No necesitaba explicaciones. Lo había sentido también. Ya no estaba seguro de que debiera destruirla. No todavía. No sin antes saber qué papel jugaría. Porque si Cidboo llegaba a entender quién era... si llegaba a dominar su naturaleza y propósito, podría ser una chispa de equilibrio, o una ruina aún mayor que los dioses mismos.

    El juicio estaba suspendido. La historia apenas comenzaba. Entonces, Whis le propuso algo muy interesante...

    Nuestra condición nos impide ayudarte a recrearte al cien por ciento ¿Pero qué tal si te damos los cimientos para comenzar de nuevo?
    — Whis
    Ecos de la Materia Primordial[]

    Y así, sin advertencia alguna, el báculo de Whis brilló por última vez aquella noche silenciosa. La luz que emergió fue sutil, casi benévola… pero contenía una fuerza primigenia, imposible de resistir. El cuerpo entero de Cidboo cayó como una hoja sin voluntad, envuelto en una esfera transparente que lentamente comenzó a levitar, hasta asentarse suavemente sobre un lecho de roca templada. El mundo alrededor se detuvo. Incluso el propio tiempo pareció inclinarse ante el hechizo. Era un sello ancestral. Uno que no podía romperse ni por rabia ni por voluntad, pues no era una prisión, sino una matriz. Una cuna divina dispuesta a reconciliar lo inconciliable.

    El sueño la atrapó. Y no fue un sueño cualquiera. Cidboo cayó dentro de sí misma, como si su alma se zambullera en una oscuridad sin fondo, donde el aire no era más que un eco espeso y viscoso, y la luz apenas una memoria distante. Todo estaba envuelto en una negrura líquida, un vacío inmóvil que no dolía, pero oprimía. No sabía cuánto tiempo llevaba flotando allí, suspendida entre pensamientos rotos y emociones crudas. No había frío ni calor, solo un silencio que parecía observarla.

    Pero entonces, algo cambió.

    Una suave brisa perfumada, irreal, barrió aquella penumbra y reveló ante sus ojos algo que la desconcertó hasta el alma: un campo verde, inmenso, salpicado de flores. Un cielo celeste, sin soles ni lunas, pero cálido. Y allí, entre las colinas, danzaba una figura regordeta y rosada, riendo sin pudor alguno. Un ser igual a ella en forma, pero radicalmente distinto en esencia. No había odio, ni cálculo, ni cautela en él… solo inocencia. Una risa auténtica, pura, una felicidad torpe que no entendía del universo ni de guerras, solo de dulces y juegos.

    Junto a él caminaba un hombre de bigote, mirada humana, y orgullo mal disimulado: Mr. Satán. Lo seguía un perrito de pelaje marrón y mirada fiel. Los tres estaban en paz. No era una visión... era un recuerdo vivo, como si una grieta del tejido cósmico hubiera permitido a su inconsciente asomarse a otra vida, otra posibilidad. Y en ese momento... Cidboo no sintió envidia, ni rechazo. Sintió una herida que no conocía haber tenido. ¿Quién era ese ser? ¿Por qué su cuerpo era como el suyo? ¿Por qué verlo feliz le provocaba ese nudo en la garganta?

    Y entonces, todo cambió.

    El campo se oscureció sin previo aviso. El cielo se partió como un cristal agrietado por una fuerza invisible. Y frente a sus ojos, sin sonido, sin explicación, el cuerpo rosado del ser comenzó a deformarse, a agitarse como si fuese una masa viva al borde del colapso. Y sin que pudiese hacer nada, explotó.

    Una explosión silenciosa, devastadora, que no rompió el mundo, sino el alma. Miles de pedazos de carne rosada salieron disparados en cámara lenta, manchando el cielo, cubriendo la hierba, formando un campo de horrores incomprensibles. Cada fragmento llevaba consigo una expresión distinta: alegría, dolor, terror, paz… emociones que no se correspondían con un final tan abrupto. El perrito cayó de lado. El hombre gritó, aunque el grito nunca llegó. El paisaje quedó cubierto de pequeños restos rosados, latiendo como si aún vivieran.

    Cidboo cayó de rodillas.

    No comprendía. No podía. Su alma gritaba, pero su garganta no respondía. Esa figura... ese Majin… ese "Boo"... ¿por qué sentía que era parte de ella? ¿Por qué esa muerte le dolía más que las suyas propias? ¿Qué significaba todo aquello?

    Los fragmentos se agitaron. Y uno de ellos, aún palpitando, rodó lentamente hasta sus pies. Lo miró. No era carne… era una memoria. Un núcleo. Una voz apagada atrapada en forma. Y al tocarlo… un torrente de imágenes invadió su mente. Batallas, risas, transformaciones, un Goku sonriente… una humanidad forjada a través de errores, una inocencia que fue traicionada y luego redimida. Vio el Buu malvado, el Buu bueno, el niño Buu, y comprendió que aquel ser no era simple. Era un símbolo. Una paradoja. Un eco de la materia primordial moldeada por la vida.

    Y entonces, por primera vez desde su creación… Cidboo lloró.

    Pero no por pena. Lloró por comprensión. Porque ese dolor no era ajeno. Era suyo. Porque en el fondo, sabía que aunque no era Boo... provenía de su sombra. De su esencia. Era su eco más oscuro, más sofisticado, más roto. Ella era lo que nació cuando alguien intentó manipular esa inocencia. Y ese intento... la había condenado a vagar sin sentido.... Hasta ahora.

    Porque, entre esos restos, entre ese trauma… nació algo nuevo. No un deseo de venganza. No una furia desmedida. Sino la chispa de una pregunta poderosa: ¿Y si yo también puedo cambiar? ¿Y si puedo elegir?

    Así comenzó la verdadera transformación de Cidboo. No una evolución de poder. No una fusión ni una absorción. Sino el nacimiento de una identidad. Una llama que, aún dormida, comenzaba a arder con propósito.

    Porque incluso las criaturas creadas por error… pueden encontrar su verdad.

    La Luz después del Vacío[]

    El sueño no se detuvo. No como una simple secuencia de imágenes, sino como una travesía de dimensiones donde lo inconsciente tomaba forma, y lo olvidado se transformaba en verdad revelada. Allí, en ese mar de visiones, emergió una figura familiar pero terrible: Glanni Geppur. No como un dios ni un demonio, sino como lo que realmente era… un titiritero con la obsesión de crear lo perfecto desde lo impuro. Cidboo lo observaba como si fuese un espectro flotando en su propia historia, sin poder intervenir. Lo vio tomar frascos de esencia, combinar materia viva y muerta, susurrar fórmulas prohibidas en la lengua de los Najyn y esculpir su cuerpo como si moldeara una maldición con forma femenina.

    La imagen de su nacimiento fue como una punzada detrás de los ojos. No había cuna ni afecto. Solo tubos, líquidos viscosos y comandos fríos. El entrenamiento fue brutal. Cada segundo de su infancia fue dirigido, calculado, corregido, como si su alma fuese un software inestable. Las órdenes eran constantes: resistir, superar, destruir. Cada derrota era castigo. Cada victoria, una excusa para exigir más. Ella no vivió. Fue construida.

    Y sin embargo… algo resistió dentro de ella. Algo que ni Geppur pudo programar. Algo que no fue borrado ni por el dolor ni por las manipulaciones: la semilla del asombro, la curiosidad infantil por entender el mundo. Aquello que la impulsó a seguir preguntándose quién era, aún cuando el universo ya le había dado mil razones para no buscar más.

    Cidboo vio su viaje como si estuviese proyectado en el lienzo de las estrellas: la batalla contra Fying, la absorción que marcó su descenso al abismo, la destrucción accidental de mundos, el vacío de la soledad, la caída ante Bills, el juicio silencioso de Whis, el sueño que la encerró en ella misma… pero todo tenía ahora un hilo invisible que lo unía.

    El campo floreció.

    No fue repentino. Fue como un amanecer que no le pidió permiso a la oscuridad. El suelo seco comenzó a cubrirse de verdes y púrpuras, de vida nueva. Y en medio del paisaje, como una pintura viva, los Guerreros Z se encontraban celebrando. Sonrisas, abrazos, gritos de júbilo. Cidboo observó desde la distancia, y entre todos, uno llamó su atención de inmediato: Majin Boo, el mismo de su visión anterior, reía con la boca llena de pastel mientras Mr. Satán intentaba evitar que destruyera la mesa por la emoción. La fiesta era en la Corporación Cápsula. Había luz. Había paz. Y ella, por primera vez, sintió que no era una espectadora. Sintió que era posible.

    Porque ese ser tan similar a ella, aquel que también fue temido y odiado, había encontrado un lugar. No por sus poderes, no por su fuerza, sino porque alguien creyó en él. Porque, en algún punto, Boo eligió cambiar. No porque se lo pidieran. Sino porque él quiso hacerlo.

    Y en ese momento, el sueño dejó de ser una proyección y se volvió una elección.

    Cidboo sintió que el universo entero respiraba dentro de su pecho. La oscuridad que la había envuelto se deshacía. Las capas de dolor, las cadenas del odio, los ecos del laboratorio, todo se quemaba bajo una sola certeza: ella no estaba condenada. No era un error. No era una herramienta rota. Era un ser inacabado. Y tenía el poder de terminarse a sí misma. Entonces despertó.

    No con un sobresalto, sino con la paz de quien, por fin, entiende el mapa que lleva años tratando de descifrar. Su cuerpo aún flotaba dentro del sello de Whis, pero la energía que la rodeaba ya no era la misma. Los hilos del hechizo comenzaron a desanudarse lentamente, como si reconocieran que su propósito había sido cumplido. Su respiración se tornó profunda. Sus ojos, cerrados en años de confusión, se abrieron como soles nuevos. El rumbo estaba claro.

    Cidboo no buscaría redención a través de más poder ni a través de la destrucción. Su nueva misión sería encontrar aquello que ni Glanni, ni Fying, ni Bills, ni siquiera ella misma habían podido enseñarle: la razón de su alma. Comprender el vínculo entre lo que fue y lo que podía llegar a ser. Caminar entre los mundos no como amenaza, sino como mensaje.

    Había algo más allá de la soledad. Más allá del caos. Y por primera vez… deseó encontrarlo.

    El Rumbo de las Flores[]

    El tiempo, en su infinita paciencia, terminó de cumplir su promesa. Cidboo emergió del sello de Whis como quien resurge desde las ruinas internas. Su cuerpo no tenía rastros visibles del año transcurrido, pero su mirada… esa sí había cambiado. Ya no era un torbellino caótico de fuerza incontrolable ni una criatura en fuga de su propia sombra. Era una viajera de sí misma, marcada por visiones que no podía ignorar. Despertó sin ira, sin miedo, sin preguntas. Solo con una certeza: tenía que encontrar aquel campo, el campo del sueño.

    Ese lugar donde Majin Boo reía, donde el sol no quemaba sino acariciaba, donde la existencia era una celebración y no una carga. Ese mundo existía. Lo sintió. No era una simple proyección de su deseo. Era real. Lo había saboreado en su inconsciente. Y ahora, debía hallarlo. No como una niña buscando consuelo. Sino como una entidad que había probado el abismo… y lo había vencido. Así comenzó su travesía.

    Cidboo recorrió sistemas estelares, no para devastarlos, sino para observarlos. Escuchó idiomas antiguos, aprendió danzas de planetas errantes, se mimetizó con culturas que alguna vez habrían temblado ante su sola presencia. Pero esta vez, no era la guerra lo que dejaba a su paso. Era la duda. El rumor. La leyenda de una figura rosada que llegaba y desaparecía sin causar daño, como si buscase algo que ni ella misma podía explicar.

    Y entonces, como un susurro en medio del eco universal, una anomalía gravitatoria le dio una pista. No era una señal común. Era un laberinto de coordenadas flotantes, escondidas entre las órbitas de lunas moribundas. Un patrón que solo una mente como la suya podía descifrar. Era un acertijo. Un juego del universo. Como si algo, o tal vez alguien, quisiera ponerla a prueba.

    El camino la llevó al Planeta Yiddarí.

    Un mundo tan antiguo como olvidado. No era visible en los mapas de la OIC ni aparecía en registros de la Patrulla Galáctica. Era un planeta que vivía al margen del tiempo y del conflicto. Su atmósfera tenía un brillo verdoso constante, como si estuviera hecha de sabiduría cristalizada. La vida allí no se medía por tecnología ni por armamento, sino por la capacidad de entender los ríos invisibles del destino.

    Y fue allí donde la encontró: la Reina Yiddarí.

    Un ser de luz líquida y mirada milenaria. No caminaba. Flotaba entre pétalos que nunca caían. Su voz no se oía con los oídos, sino con la médula. No era un ser de combate. Era una vidente espacial. Una que había visto nacer y caer imperios, que conocía la memoria del universo como otros conocen las páginas de un libro.

    Cidboo, por primera vez, no sintió la necesidad de demostrar poder. Solo se inclinó. No por sumisión, sino por respeto. La reina no necesitó explicaciones. Observó en los pliegues de su alma todo lo que había vivido, absorbido, amado y destruido. Vio el experimento. Vio a Glanni. Vio a Fying disolviéndose en su interior. Vio a Bills. Vio el sueño.

    Y al final, con una serenidad que helaba el aire, la Reina Yiddarí dijo solo una palabra: Tierra.

    Fue como un despertar dentro del despertar. La Tierra… un planeta menor para muchos, pero con un magnetismo espiritual que pocas veces se repetía. Allí, en algún rincón de su superficie, estaba el campo que ella buscaba. No el exacto, quizá. Pero sí el sentimiento. El símbolo. El destino. Donde el caos de su existencia podría encontrar reposo… o propósito.

    Cidboo no dudó. Agradeció con una reverencia profunda, y mientras los pétalos eternos caían por primera vez desde que Yiddarí gobernaba, emprendió vuelo. Su rumbo ahora tenía nombre, y sus pasos eran conducidos no por la rabia ni por la venganza… sino por la esperanza. El universo guardó silencio.

    Porque por primera vez… Cidboo había dejado de huir, y por el contrario, había empezado a llegar.

    PARTE 4 - DE CIDBOO A CIDRIANA

    El Umbral de los Cielos: Llegando al Final del Laberinto[]

    Cuando los pies de Cidboo tocaron por fin la Tierra, no fue una llegada silenciosa ni inadvertida. El planeta entero pareció detener su respiración. No por temor, sino por la extraña sensación de que algo antiguo, acababa de regresar a casa. Atravesó la atmósfera como una cometa viva, con su silueta rosada ondulando contra las nubes, y fue atraída instintivamente hacia el epicentro espiritual del planeta: la Atalaya, el punto más alto de la existencia terrenal, donde la gravedad de lo divino sustituía la de lo físico.

    Allí, sobre una plataforma que flotaba entre las nubes y las estrellas, la esperaban dos figuras que no se inmutaron ante su poder ni su historia. Uno, oscuro como el vacío y de mirada inclemente: Mr. Popo. El otro, solemne y sereno, con la eternidad escrita en los pliegues de su manto: Kamisama. Ambos ya sabían que ella vendría. Ambos habían sido contactados por Whis y Bills en un raro gesto de intervención. Y ahora estaban ahí, no como jueces, sino como guías.

    Cidboo los observó con recelo. No entendía cómo estos seres, aparentemente frágiles, diminutos, casi ridículos comparados con Fying o los mundos que había visitado, no temían su sola presencia. Pero algo en sus ojos le impidió actuar por instinto. No eran guerreros. Eran puertas.

    Kamisama fue el primero en hablar. No le dio explicaciones largas, ni discursos de redención ni cuentos de justicia. Solo mencionó que Bills, el dios destructor, había visto en ella algo que merecía ser rescatado. Que el universo tenía hilos que a veces se enredaban, y que quizás ella era uno de ellos. Pero no le dijo más. Porque lo que tenía que comprender, debía verlo con sus propios ojos… y desde su propia alma.

    Cidboo frunció el ceño. Su mente era un torbellino de preguntas: ¿qué tenía que ver Bills con todo esto? ¿Por qué aquel campo de flores en su sueño la trajo aquí? ¿Por qué ese planeta tan simple parecía ser la clave de algo tan profundo?

    Fue entonces cuando Mr. Popo alzó la mano.

    Sin palabra alguna, el cielo cambió. Las nubes se dispersaron, el viento cesó, y el firmamento se tiñó de un dorado imposible. Cidboo sintió una sacudida interna, como si cada célula reconociera una presencia ancestral que superaba incluso la de los dioses que había enfrentado. El aire se volvió denso. Pesado. Sagrado.

    Desde las siete Esferas del Dragón, que flotaban a su alrededor como estrellas convocadas, surgió una luz esmeralda que atravesó las capas del cielo. Y entonces, con un rugido que no venía de un cuerpo, sino de los cimientos mismos de la creación, emergió Shenlong.

    No un dragón cualquiera. Sino el dragón. El mismo que había sido testigo de las tragedias y resurrecciones de la humanidad. El que había sentido los deseos más puros y más ruines de los corazones de los vivos.

    La N-Majin cayó de rodillas, no por debilidad, sino porque su espíritu reconoció, por primera vez, algo más vasto que ella misma. Shenlong la miró. No con ojos. Con presencia. Como si la atravesara hasta su forma más primigenia.

    No pronunció palabra. Porque no había deseo todavía. Solo un llamado.

    Fue Kamisama quien rompió el silencio. Le explicó que aquel no era un acto para pedir. Era un acto para recordar. Shenlong había sido invocado no para cumplir un deseo, sino para mostrarle a Cidboo quién era realmente. Y más aún: quién podía llegar a ser.

    Entonces la luz del dragón se desplegó como una aurora viviente y la envolvió. Cidboo sintió que el tiempo se rompía a su alrededor.

    Las imágenes regresaron: Glanni Geppur levantando su cuerpo por primera vez, los gritos de Babu, la risa loca de Boobug, el miedo de Fying al ser absorbido, los ojos brillantes de Whis, el juicio brutal de Bills, la Reina Yiddarí flotando entre pétalos inmortales, y por último… ese campo de flores, con Mr. Satán, el perro Bee y el rosado Majin Boo que reía como si el universo jamás hubiese conocido la tristeza. Y entonces comprendió.

    No era su fuerza lo que la definía. No era su origen artificial ni su poder heredado. Era la capacidad de reír con libertad. De amar sin cadenas. De perdonarse a sí misma. La Tierra no era solo un destino físico. Era el portal a esa forma de vida. A esa esencia.

    Shenlong desapareció con un estruendo de paz. Y Cidboo se puso de pie. No como arma. No como experimento. No como deidad caída, sino como ser completo. Por fin había encontrado el umbral, era el momento preciso para cruzarlo.

    El legado del Cristal Capper[]

    El cielo todavía vibraba con la resonancia de Shenlong cuando dos presencias majestuosas surgieron en la plataforma, como si la realidad misma les hubiese abierto paso. Bills, el Dios de la Destrucción, y Whis, su ángel y guía eterno, se materializaron entre la bruma dorada con la calma de quienes han presenciado siglos de destinos cruzarse y evaporarse como cenizas. Nadie habló durante unos segundos. Porque lo que iba a ocurrir no requería explicaciones. Era tiempo de transformación. De verdad.

    Bills, sin más palabras, miró al dragón con el peso de su autoridad divina, alzó una mano, y con una voz firme como el cosmos ordenó un deseo no para sí mismo, sino para ella:

    Shenlong... materializa el Cristal Capper.
    — El deseo de Bills

    El dragón rugió como si el tiempo se quebrase. Desde el núcleo más profundo de las energías universales, un brillo comenzó a tomar forma. Primero fue una chispa verde, luego un núcleo líquido que se retorcía entre esmeralda y ámbar, hasta convertirse en una gema fosforescente que flotaba como un latido suspendido entre los planos de existencia. Un cristal imposible de replicar, conocido en leyendas antiguas como el catalizador de la transmutación esencial, capaz de convertir el alma de una criatura cósmica en una vida nueva, moldeada por el propósito.

    Whis lo tomó con la delicadeza de quien transporta el alma de una estrella. Con una leve sonrisa, lo colocó frente a Cidboo y le susurró que lo utilizara. No era una orden. Era un permiso. Ella, sin saber por qué, obedeció.

    El momento en que sus dedos tocaron el cristal, su cuerpo tembló como si mil universos colapsaran en su interior. No fue dolor lo que sintió. Fue algo más profundo. Algo que había estado esperando desde antes de ser creada. Su núcleo genético, su tejido mental, su esencia misma comenzaron a descomponerse como cenizas al viento, para luego reconstruirse capa por capa, célula por célula. Una danza de purpurina multicolor envolvió su figura; el aire se tornó denso, místico, eléctrico.

    La N-Majin comenzó a despedirse de sí misma.... al menos en ese momento.

    Su carne adquirió una textura nueva, más cálida, más orgánica. Su ki dejó de vibrar como una tormenta destructiva para fluir como una melodía serena. Sus recuerdos no se borraron, pero ahora... dolían de otra forma. Como si una parte de ella hubiese muerto —y había sido enterrada con dignidad. Lo que nacía no era solo una nueva identidad. Era una nueva naturaleza.

    Y entonces cayó. Su cuerpo inerte, bañado en luz, fue envuelto por un sueño profundo. Uno no inducido por hechizos ni por sellos, sino por la naturaleza misma de la transmutación. El sueño fue oscuro al principio. Un lienzo vacío. Pero poco a poco... las sombras dieron paso a formas conocidas.

    Frente a ella, en la vastedad del inconsciente, aparecieron Babu y Boogi, sus hermanos, corriendo por una llanura estelar, jugando como si todo lo ocurrido jamás hubiese pasado. Reían. Reían como si aún fueran inocentes. Como si la vida les hubiese dado una segunda oportunidad. Y entonces, de entre las luces, surgió la figura inconfundible de aquel ser que se parecía tanto a ella… pero con una bondad que parecía infinita.

    Mr. Boo.

    Con sus ojos grandes y gentiles, su cuerpo redondo, su sonrisa simple y sincera, Boo se acercó y la miró con una ternura que atravesó todas sus barreras. No dijo mucho. Solo lo justo. Solo lo necesario.

    "Has llegado a la siguiente parte de tu vida.”

    “Por favor… ayuda a salvar al universo.” “Es tu deber.” “Es tu deber continuar el legado que Boo dejó en el pasado.”

    — Mr Boo

    Entonces, la N-Majin hecha terrícola, sintió una lágrima cálida bajar por su mejilla. Era la primera vez que lloraba sin dolor. Lloraba por amor, por propósito, por redención y por reconocimiento.

    Cuando despertó... el cielo estaba en calma.

    Su cuerpo había cambiado. Ya no tenía la textura suave e inestable del Majin. Ahora era piel. Verdadera. Sus manos eran humanas, sus ojos reflejaban emociones más complejas, su respiración era mortal. Su ki no era infinito, pero era firme, claro, controlado. Y por primera vez en toda su existencia... tenía un corazón que latía por decisión propia.

    Había nacido Cidriana.

    La antigua N-Majin había quedado atrás. Y ante ella se abría el verdadero camino… no solo como guerrera, sino como símbolo. Como la heredera inesperada del espíritu de Boo. La Tierra, el universo, y quizás... algo mucho más grande, la estaban esperando.

    El legado vive en ti[]

    El viento soplaba suavemente en la plataforma celestial, como si incluso la atmósfera reconociera la magnitud de lo que acababa de ocurrir. Shenlong ya se había desvanecido entre nubes doradas, su cuerpo etéreo disuelto en la plenitud del cielo, pero su energía permanecía suspendida como una sinfonía muda que aún retumbaba en los rincones del plano divino. En medio de ese eco intangible, Cidriana abrió lentamente los ojos. Su nueva forma palpitaba con un ritmo desconocido, ajeno al caos molecular que antes la definía, y ahora movido por algo más delicado y, al mismo tiempo, más poderoso: una esencia mortal. Ligera, como si el peso de sus viejas cadenas hubiese sido arrancado de su alma; pero firme, anclada en una conciencia renovada. Había nacido de nuevo, no solo en cuerpo, sino en propósito. Ya no era un experimento andante, ni una criatura moldeada por los caprichos de la ambición científica. Era una voluntad viva… y su voluntad le pertenecía.

    Frente a ella, Whis la contemplaba con esa quietud ancestral que parecía sostener el tiempo mismo. Sus ojos, profundos como la noche estelar, cargaban siglos de sabiduría sin edad. Sin emitir palabra, se deslizó por el espacio sin mover los pies, como si la gravedad no lo tocara, como si el mundo no osara oponerse a su paso. Cuando por fin habló, su voz rompió el silencio con la serenidad de una campana de cristal en mitad de una tormenta: “La vida… te ha dado una segunda oportunidad.” No fue un juicio ni una afirmación vacía. Fue un sello. Una marca verbal sobre la nueva historia de un alma que hasta entonces no sabía que la tenía.

    Cidriana alzó la mirada, aún confundida por todo lo que sentía. Sus ojos no suplicaban, pero sí buscaban. Querían entender, encontrar el mapa oculto tras aquella transformación. Whis pareció comprender sin necesidad de lectura mental, y con esa cadencia que no pertenece a ninguna criatura común, continuó: “Fuiste creada a partir de los restos de un gran héroe: Majin Boo. No solo su materia, sino su energía vital, su amor por este mundo y su deseo de redimirse... viven ahora en ti.” Cidriana tragó en silencio. Sentía cómo la sangre nueva en su cuerpo reconocía aquel nombre, como si su esencia misma lo saludara desde el interior. “El Dr. Glanni Geppur, en su ambición sin límites, tomó esos fragmentos y los fusionó con la genética de los Najyn… una raza ancestral, poderosa, moldeable, tan caótica como capaz de grandeza. Tú eres la hija de esa mezcla imposible… la fusión antinatural entre el caos y la esperanza.”

    El nombre de su creador, pronunciado con tal calma, recorrió su espalda como un escalofrío helado. Su piel recordaba las agujas, las jaulas, el dolor. Su mente evocaba el frío metálico de la soledad, los experimentos donde el placer y la agonía se confundían. Pero su corazón, ahora nuevo, ahora humano, no respondió con odio. Lo sintió, sí… pero lo dejó pasar. Porque comprendió que podía elegir. Podía decidir qué hacer con sus recuerdos, cómo interpretarlos, cómo transformarlos. Era libre de moldear su historia sin negar su origen. Whis sonrió apenas, como si leyera aquella conclusión sin necesidad de que fuera dicha. “El destino no suele equivocarse”, añadió, y con esa simple frase selló lo imposible: Cidriana, la aberración, era ahora el resultado legítimo de un propósito superior.

    Entonces el ángel hizo una pausa. Una de esas pausas que no se llenan con palabras, sino con el peso inmenso de lo que está por revelarse. “Respecto a tus hermanos… Babu y Boobug…” La voz de Whis bajó en tono, como si el aire mismo se hiciera reverente. “Su paradero, por ahora, está fuera de tu alcance. La ubicación de ambos ha sido sellada incluso para seres como tú. Pero escúchame bien…” Levantó su cetro, y un leve pulso azulado cruzó el espacio, como un mapa invisible trazándose entre dimensiones. “El hilo del destino ya ha sido trazado para su pronto reencuentro. Solo debes caminar el sendero.”

    Cidriana bajó la cabeza, y algo se movió en su pecho: emoción, tristeza, paz. Un torbellino de humanidad nueva que aún no sabía cómo nombrar, pero que comenzaba a reconocer como suya. Sabía que tarde o temprano los encontraría. Y lo haría no como la hermana rota de antes, sino como la nueva que había nacido. Una hermana con propósito, una guía. No para redimirlos… sino para caminar con ellos, sin importar las formas que hubiesen adoptado en su separación.

    Fue entonces que Bills, quien hasta ese momento había observado todo en silencio, dio un paso hacia ella. Sus brazos cruzados, su gesto neutro, ocultaban algo que no acostumbraba mostrar: respeto. El Dios de la Destrucción, aquel que había aniquilado sistemas por simple capricho, miraba ahora a Cidriana no por su poder… sino por lo que representaba: la redención convertida en fuerza, el caos disciplinado por voluntad. “No estás lista aún para el entrenamiento”, dijo con voz grave, pero no cruel. “Tu poder aún no ha aprendido a respirar como los mortales. Vive. Aprende. Desarrolla tu ciclo natural aquí, en la Tierra. Y entonces… solo entonces, entrenaré contigo.”

    Esas palabras no fueron rechazo. Fueron una invitación. Una promesa. Cidriana sintió que algo dentro de ella se afirmaba, como si los cimientos de su identidad acabaran de completarse. Bills no era su enemigo. Whis no era su carcelero. Shenlong no era un simple truco divino. Todos habían sido piezas, llaves, guías… en este rompecabezas cósmico que por fin comenzaba a encajar. Llevó lentamente sus manos, ahora humanas, a su rostro. Palpó su piel, su respiración, el latido dentro de su pecho. Cada célula vibraba con un nuevo lenguaje. No era ki. No era magia. Era algo más: una resonancia pura, un eco heredado de un alma vieja que, alguna vez, también quiso ser mejor.

    Recordó entonces, con intensidad inusitada, aquella imagen en sus sueños. Mr. Boo, sonriendo bajo un cielo azul, rodeado de amigos, de amor, de comida, de paz. Recordó sus palabras como si las estuviera escuchando de nuevo desde las entrañas del tiempo: “Es tu deber continuar el legado que Boo dejó en el pasado…”

    Cidriana cerró los ojos. Sus labios se curvaron, no en una sonrisa, sino en algo más profundo: un atisbo de gratitud. El viento volvió a soplar, meciendo su cabello corto con ternura. Y por primera vez en toda su existencia… no se sintió sola.

    Aquel fue el primer día. No del nacimiento de una guerrera, ni de un arma redimida, sino de algo más necesario. Aquel fue el primer día de una protectora. Y aunque aún no lo sabía, ese instante marcó el despertar de la guardiana silenciosa de la Tierra. Una que, como alguna vez soñó Boo… podía ser heroína. Sin dejar de ser ella.

    ¿Entrenando a Cidriana por un propósito?[]

    El templo flotante, suspendido en la inmensidad del cielo, se convirtió en el nuevo hogar de Cidriana, no por obligación, sino como elección consciente. Aquel lugar sagrado, donde el tiempo parecía fluir con una cadencia diferente, se alzó como el escenario de su renacimiento interior. No fue un campo de batalla, sino una cuna de sabiduría. Kamisama, con su serenidad milenaria, inició un entrenamiento que no buscaba el poder por el poder mismo, sino la formación de un alma completa. No se trataba de perfeccionar golpes ni de elevar el ki a niveles descomunales, sino de esculpir desde adentro una identidad coherente, íntegra, que pudiera sostener el legado que pesaba sobre sus hombros. Le enseñó a leer la respiración del planeta, a meditar hasta que la noche le hablara con susurros antiguos, a escuchar el lenguaje no hablado de los árboles y el ritmo secreto de los ciclos naturales. En lugar de combates, hubo introspección. En lugar de gritos, hubo silencio.

    Pero el camino no fue completamente pacífico. En la Sala del Péndulo, los ecos del pasado la enfrentaron con sus propias sombras. Vio a Glanni Geppur, no solo como su verdugo, sino como un espejo retorcido de lo que ella podría haber sido si el odio la gobernaba. Lo vio multiplicarse, cambiar de rostro, disfrazarse de culpa, de tentación, de dolor. Comprendió que su origen, por más oscuro que fuera, no tenía que definir su destino. Luego, la Habitación del Tiempo la recibió con su castigo implacable: soledad infinita y días que duraban años. Allí, entre el aislamiento y la autoexploración, se rompió muchas veces. Lloró, gritó, se odió y se perdonó. Aprendió a cambiar de forma no como un acto de defensa, sino como una conversación interna entre sus naturalezas. Su forma terrícola le enseñó compasión. Su forma N-Majin le recordó la resiliencia. Y con el tiempo, ambas partes dejaron de luchar entre sí. Se escucharon. Se integraron.

    Cuando volvió al templo, Kamisama vio en sus ojos una nueva claridad, una madurez que no podía enseñarse ni acelerarse. No estaba lista para batallas universales, pero sí para caminar entre los mortales con una nueva conciencia. Así, bajó a la ciudad. Lo hizo acompañada por Mr. Popo, quien con su habitual silencio, la instruyó en las minucias cotidianas: el valor de una moneda, el gusto por un postre, la diferencia entre un tren y una nave voladora. Cidriana, que había nacido en una cápsula de cristal y había despertado entre gritos de laboratorio, se enfrentó al caos humano con la mezcla exacta de confusión y asombro. Le costó adaptarse, pero su voluntad fue más fuerte que su incomodidad. Aprendió a caminar sin ser mirada, a reír sin ser entendida, a pertenecer sin imitar. La ciudad, con todos sus defectos y virtudes, comenzó a tallarla como lo haría el agua sobre la roca.

    Fue durante uno de esos paseos entre torres plateadas y cielos artificiales que conoció a Yien. El joven, heredero de la Corporación Cápsula, no parecía encajar del todo en su entorno. Su energía era distinta, densa como un mineral raro, pero sin perder humanidad. Kamisama le había hablado de él, de su linaje extraño y de su mente afilada como un cristal perfecto. Yien era ciencia y espiritualidad al mismo tiempo. Su presencia era lógica y mística. Cuando se cruzaron, no hubo necesidad de palabras largas ni de explicaciones. Se reconocieron. No desde la razón, sino desde un lugar anterior al tiempo. Ella no vio en él a un maestro ni a un rival, sino a una constante. Él no vio en ella una anomalía, sino una variable que esperaba su ecuación.

    Cidriana aceptó su invitación a quedarse. No porque necesitara protección o enseñanza, sino porque su alma intuía que había cosas que solo podían aprenderse en la convivencia. Con Yien, el entrenamiento tomó otra forma. Ya no era un proceso de supervivencia, sino de descubrimiento mutuo. Aprendieron a trabajar juntos, a compartir espacios sin hablar demasiado, a intercambiar ideas y diferencias con respeto. Entre cápsulas inteligentes, datos holográficos y meditación compartida, Cidriana empezó a encontrar un nuevo equilibrio. Ya no era una creación buscando sentido. Era una persona observando el mundo y dejando que el mundo la tocara de vuelta.

    En ese proceso, comprendió algo que ningún combate había podido enseñarle: que no todo poder se manifestaba destruyendo. Que sanar, entender, cuidar… también eran formas de ser fuerte. El mundo, poco a poco, la estaba cambiando. Y ella, sin notarlo del todo, comenzaba a dejar una huella distinta en el mundo.

    Cidrip[]

    Yien no fue simplemente su maestro, ni un simple tutor… fue lo más parecido a un padre que Cidriana jamás imaginó tener. Aunque su rostro seguía mostrando rigidez y su voz arrastraba ese tono calmado que rozaba lo robótico, su cariño se manifestaba en gestos precisos: una comida a la hora exacta, una explicación detallada cuando la duda emergía, una mirada de orgullo silencioso cuando ella aprendía a abotonarse la camisa o a utilizar los palillos correctamente. Él la adoptó. Sin burocracias, sin rituales. La acogió como a una hija que nunca tuvo, como una hoja nueva en la historia que estaba escribiendo junto a Kamisama. Y así, Cidriana pasó de entrenar en la Cámara del Tiempo a vivir entre los pasillos de la Capsule Corp, aprendiendo a convivir con los humanos, su lógica impredecible y su caos adorable.

    A escondidas, durante las tardes, Yien comenzó a enseñarle juegos de máquinas recreativas. Aquellos que Andreina y Alanis usaban para competir entre ellas en un rincón escondido del campus. Juegos de reacción, estrategia y coordinación. Al principio, Cidriana fallaba con torpeza infantil. Pero luego… algo se encendió.

    Su mente, tan distinta, comenzó a leer patrones, a predecir movimientos, a entender el lenguaje oculto de los códigos. En una semana, era invencible. En dos, una leyenda. Se registró en las tablas bajo un alias que inventó al azar, combinando la palabra “Cidriana” con una onomatopeya que escuchó de Andreina: “rip”. Así nació Cidrip, el mito viviente del arcade.

    Cuando Andreina y Alanis vieron que alguien había batido todos sus récords… algo dentro de ellas se quebró. Alanis, la salvaje, se sintió herida en su ego. Andreina, más metódica, entró en modo paranoico. ¿Quién demonios era esa “Cidrip”? ¿Y por qué todas las partidas terminaban con una puntuación tan inhumana?

    La curiosidad de ambas, más necia que la prudencia, las llevó a investigar. Tiraron del hilo. Hablaron con empleados de la universidad, revisaron las inscripciones. Hasta que encontraron el nombre:

    • Cidriana – Matriculada por Yien Shin Han – Residencia: Capsule Corp.

    Los ojos de Andreina brillaron con picardía, mientras que los de Alanis, con esa chispa de pelea pendiente. En ese instante, al verla entrar con su uniforme Perfectamente alineado, su aura pulcra y distante, su mirada seria y su andar ajeno a todo, Andreina y Alanis se congelaron.

    No solo era “Cidrip”, no solo era extraña, era algo más...

    Ambas lo sintieron. Esa chica no era común. No por lo hermosa, ni por lo reservada. Sino porque al mirarla, por un segundo, el tiempo pareció detenerse. Como si una fuerza invisible la envolviera. Y Cidriana… las miró. Sabía quiénes eran. Las había escuchado por boca de Yien, había estudiado sus gestos, su humor, su fuerza interior. Sintió… curiosidad. No miedo. Ni desprecio. Sino ese interés casi inocente de alguien que ha oído hablar mucho de un lugar... y por fin lo visita.

    Al salir de la ceremonia, mientras Cidriana caminaba por el pasillo central del campus, Andreina la interceptó con una sonrisa afilada como una daga envuelta en terciopelo:

    ¡Hey! ¿Tú eres Cidrip, verdad? Vaya… al menos ya tengo cara para el apodo que tanta jaqueca nos ha causado...
    — Andreina

    Cidriana no respondió. Se limitó a observarla y entonces cerró su casilla de un portazo, mientras se retiró caminando. Alanis se echó a reír por cómo Andreina había quedado. Y así, sin declaración de guerra ni bienvenida oficial, comenzó una nueva etapa. Porque Cidriana no solo estaba en la Tierra para ser guardiana. Estaba a punto de descubrir que su mayor prueba… no eran los enemigos interplanetarios, sino las relaciones humanas.

    Yien, desde su oficina en lo alto del edificio cápsula, lo sabía. Y por eso sonrió, porque Cidriana ya había empezado su ciclo natural.

    La batalla de la Unión[]

    El conocimiento de la verdad cayó como un relámpago sobre Andreina y Alanis. La revelación de que aquella joven extraña, misteriosa, inexpresiva y con un aura que oscilaba entre lo celestial y lo oscuro… era en realidad una creación nacida de una cruza entre restos del antiguo Majin Boo y una raza olvidada, fue demasiado incluso para sus mentes ya acostumbradas a la rareza. Pero Yien, con la misma calma ancestral que parecía emanar del corazón del planeta, les había revelado solo lo que Kamisama le había permitido. No hubo menciones de laboratorios sombríos, ni de transmutaciones forzadas, ni de los rugidos de hermanos atrapados en el dolor del olvido. Solo les dijo que Cidriana había llegado para quedarse, que su destino estaba atado al de la Tierra, y que debían aceptarlo. Andreina, con esa chispa temeraria que la caracterizaba, no dudó ni un segundo en interpretar aquella revelación como una oportunidad para comprobar la fuerza de ese enigma llamado Cidriana. Por su parte, Alanis, más arisca y desconfiada, no exteriorizó emoción alguna, aunque sus pensamientos ardían como lava bajo la piel.

    El encuentro fue pactado en un lugar prohibido para los débiles. La vieja cámara subterránea de la Atalaya, creada por Mr. Popo en tiempos remotos, donde el eco de antiguos combates aún danzaba en el aire, fue el campo de batalla elegido. Allí habían entrenado Son Goku y Uub hasta que sus cuerpos casi se rompieran, y ahora, generaciones después, ese santuario de poder iba a presenciar una nueva confrontación. Las tres descendieron una a una por la escalera de piedra que crujía con sus pasos. El silencio de la sala parecía hecho de siglos. No había muros comunes, sino placas titánicas de una roca antigua como el universo, capaz de resistir ondas expansivas, ráfagas de energía y el peso de almas decididas a trascender sus límites. Un aire pesado, casi místico, cubría el espacio como un velo de tiempo suspendido. Yien, observando desde una plataforma elevada, dio la señal sin ceremonias ni discursos: que comenzaran.

    Alanis fue la primera en lanzar el ataque. Como una pantera liberada tras años de encierro, embistió con una ferocidad cruda, su energía brotando como llamaradas salvajes, cada golpe retumbando como truenos sobre la piedra.

    No había estrategia: era pura brutalidad dirigida por el instinto. Andreina, en cambio, se movía como un reflejo entre los movimientos erráticos de su compañera, esquivando con elegancia, con precisión, como una corriente que fluye alrededor del caos. No respondía con fuerza, sino con habilidad. Sus golpes eran medidos, certeros, buscando puntos clave para quebrar sin destruir. Ambas se envolvieron en un torbellino de energía donde la furia se encontraba con la técnica… y en medio de aquel caos, Cidriana simplemente observaba.

    No era pasividad. Era cálculo. Su mirada recorría cada gesto, cada respiración entrecortada, cada titubeo apenas perceptible. No tenía prisa por moverse. Ella no necesitaba probar nada. Aún así, cuando lo creyó necesario, irrumpió con una velocidad tan inesperada que el aire pareció quebrarse. Intervino justo cuando ambas oponentes se cruzaban en el aire, y con una simple maniobra, detuvo simultáneamente el ataque de Andreina y la arremetida brutal de Alanis. El impacto de aquel acto fue más que físico: fue simbólico. No era solo fuerza lo que poseía

    Cidriana. Era algo distinto, más profundo. Era conocimiento, era instinto, era una maestría innata que no provenía del entrenamiento, sino de una esencia antigua, casi cósmica.

    La batalla escaló. Andreina, sorprendida y estimulada por aquella muestra de poder, lanzó un proyectil directo al rostro de Cidriana. Fue veloz, lleno de intención. Cidriana lo esquivó sin esfuerzo, sin moverse más de lo necesario. Alanis, lejos de amedrentarse, aprovechó la distracción y descendió desde el aire con una patada que cargaba su orgullo y su frustración. Pero la criatura que tenían enfrente, esa joven de cabello ondulado y mirada vacía, detuvo la embestida con una sola palma, y la desvió con la naturalidad de quien aparta una hoja caída. El cuerpo de Alanis fue arrojado por la fuerza del desvío, y el suelo tembló al recibirla.

    Andreina no perdió tiempo. Apareció en el aire sobre Cidriana, un aura azul chisporroteando en su mano como una bengala de tormenta. Una técnica propia, un as bajo la manga. La descargó a quemarropa, directo al pecho. El estallido cubrió la sala de humo, de chispas, de piedra suelta. Por un instante, Andreina creyó haberle dado. Pero el frío contacto de una mano en su muñeca le reveló la verdad. Cidriana la había atrapado. Su piel brillaba con la misma energía que le había sido lanzada. La había absorbido. Andreina quedó paralizada. No era miedo. Era fascinación. Era la certeza de estar ante algo que aún no comprendía. Cidriana la lanzó con suavidad hacia el suelo, como si cuidara que no se rompiera.

    Y así continuaron. Golpes, bloqueos, desplazamientos. Las tres estaban exhaustas. Sus cuerpos comenzaban a fallarles, pero sus espíritus seguían ardiendo. Alanis sangraba del labio y sonreía con placer. Andreina jadeaba con una mezcla de orgullo y agotamiento. Cidriana, aunque impasible por fuera, sentía dentro de sí algo nuevo y desconocido. No era rabia. No era alegría. Era una emoción distinta: pertenencia. Por primera vez desde su creación, desde el horror de los tubos y las cadenas, desde el vacío del universo y la soledad de su entrenamiento… no estaba sola. Aquellas dos, distintas en todo sentido, la estaban aceptando no como un experimento, no como una amenaza, sino como igual. Como alguien real.

    Cuando Yien, desde las alturas, sentenció que era un empate, no hubo quejas. Nadie protestó. No fue una victoria para ninguna, pero fue un triunfo para las tres. En aquella cámara oculta del mundo, entre las piedras marcadas por generaciones pasadas, había nacido algo nuevo. No una amistad inmediata ni una alianza explícita… pero sí una promesa silenciosa. La de que, más allá de sus orígenes, sus dudas, y sus pasados distintos, los caminos de Cidriana, Alanis y Andreina estaban ahora entrelazadas. Y lo que surgiera de esa conexión, cambiaría el destino de todos los que se atrevieran a cruzarse en su historia.


    PARTE 5 - LA AVENTURA UNIVERSAL CONTRA LOS MAKYAN

    Próximamente...

    PARTE 6 - EL GRAN TORNEO DEL PODER

    ¿Cómo Cidboo fue reclutada?[]

    Un año había transcurrido desde aquella batalla que marcó la caída de los Makyan, y aunque para los calendarios fue apenas un suspiro cósmico, para Cidboo representó un abismo. Un ciclo completo de luz y sombra donde el silencio se convirtió en espejo, y el tiempo dejó de ser un simple flujo para volverse un crisol. Ya no era la niña callada que se escudaba en la forma de Cidriana; tampoco la creación errática de un experimento caótico. Había evolucionado. No en músculos ni poder, pues eso ya lo poseía, sino en profundidad. En los pliegues del alma, donde nacen las verdaderas transformaciones. Aprendió de los humanos no por obligación, sino por elección. Caminó entre ellos con disfraz y con propósito, enseñando artes marciales a los más desvalidos, contemplando la fragilidad que los hacía hermosos. En la cima de la Corporación Cápsula, donde la soledad era respetada, encontró un rincón para mirar las estrellas, preguntándose si alguna vez formaría parte de ese vasto todo al que apenas comenzaba a llamar “hogar”.

    Pero el universo, siempre inquieto, no se detiene por nadie. Una tarde cálida, teñida por el resplandor anaranjado del sol declinante, la calma fue interrumpida. Andreina fue la primera en irrumpir, su presencia tan filosa como familiar. Alanis, por detrás, vestía los colores de la guerra sin decir aún palabra. Traían malas noticias, pero no eran tragedias… eran advertencias. La cápsula que cayó sobre la mesa proyectó el mensaje directo de Bills, cuya amenaza parecía envuelta en el tedio de los dioses, y la sonrisa inmutable de Whis, donde el misterio se disfrazaba de cortesía. El Torneo de la Fuerza regresaba. Diez guerreros. Una sola oportunidad. El universo 7 debía defenderse o sería borrado por completo. Esta vez, no había margen para errores ni para sentimentalismos. Solo victoria o extinción.

    Cidboo escuchó. Miró. Sintió. La imagen de los otros universos proyectados , cada uno con sus campeones, sus monstruos, sus esperanzas, flotaba frente a ella como una galería de futuros posibles. Y aún así, su mente no se enfocaba en ellos, sino en sí misma. ¿Por qué luchar? ¿Por qué arriesgarlo todo por un mundo que apenas entendía, que no siempre la entendía a ella? Pero entonces llegaron los recuerdos. Los niños que imitaban sus movimientos torpes sin saber que estaban copiando a un ser creado para matar. Las tardes de filosofía con Yien, donde el poder no era un tema, sino la ética. Las bromas con Alanis, los silencios compartidos con Andreina, los entrenamientos con Popo, los ecos de Babu y Boobug vagando por el cosmos. Había dejado de ser una aberración para convertirse en un eco de todos ellos. Un reflejo del mundo que había decidido adoptar.

    Así que habló. Su voz no fue un rugido ni una explosión de emoción. Fue una afirmación pausada, serena, con el peso de quien ya no necesita validación. Aceptaba el desafío, no por deber… sino por pertenencia. Andreina lo entendió sin palabras. Alanis desvió la mirada, pero en su gesto había respeto. Yien ya había dicho que sí, como un hilo invisible que unía sus destinos. La cuenta regresiva apareció proyectada en azul celeste. El Torneo se celebraría en una arena suspendida en la nada, una plataforma flotando en el olvido entre universos, observada por los Zeno con la indiferencia de quienes ya lo han visto todo.

    Cidboo no temía. Esta vez no. Había sido moldeada en dolor, entrenada en soledad, templada por el mundo. El combate que se avecinaba no era solo una lucha de fuerza. Era una declaración de existencia. El universo 7 tendría en ella no solo una guerrera. Tendría una voz. Y aunque su poder podía destruir… esta vez, lucharía por preservar.

    Cidboo en las Previas[]

    Había silencio. El tipo de silencio espeso que solo la Habitación del Tiempo podía ofrecer. Allí, más allá de la línea del horizonte blanco, Cidboo permanecía inmóvil. Su respiración era lenta, medida, casi imperceptible, mientras observaba con intensidad el cuerpo energético de Andreina desatarse en una danza salvaje de ataques, al mismo tiempo que Alanis aparecía por su flanco con la rabia contenida de una bestia que aprendió a usar estrategia. Entrenar con ambas por separado había sido brutal. Pero Cidboo no quería lo ordinario. Las llevó al límite, presionó sus egos, alimentó la rivalidad larvada entre ellas hasta que no les quedó otra opción que fusionarse… por supervivencia. El resultado fue un huracán con rostro humano, una criatura irrepetible que solo Cidboo logró conocer. Aquel combate entre las tres (una contra dos en uno) no quedó registrado, no fue hablado después, como si cada una se hubiera llevado parte de esa experiencia al fondo del alma. Ninguna otra alma conocería lo que ocurrió en esa tormenta de tiempo comprimido. Fue un pacto silencioso, sagrado, no por respeto, sino porque hablarlo sería insuficiente.

    Pero no todo fue misticismo y locura en blanco infinito. Cidboo también arrastró sus pies al metal gravitatorio de la cápsula de entrenamiento, donde Yien, el terrícola de técnica refinada, esperaba sin palabras. La presión aumentaba por momentos, el cuerpo pesaba toneladas con cada paso, pero ella disfrutaba de ese suplicio, de ese recordatorio constante de que aún podía quebrarse... y aún así no lo hacía. Yien no era un maestro ni un rival: era una medida. Con él, la precisión y la resistencia se afilaban como una cuchilla. Sus combates eran secos, duros, sin adornos ni espectacularidades. Técnica pura. Cada día que pasaba, Cidboo no se hacía más fuerte: se hacía más letal. No le importaba el proceso de reclutamiento. Ni quiénes estarían en su equipo. Todos eran nombres conocidos, piezas que no cambiaban el tablero. Incluso Nix, el emperador de hielo, ni la miró más de lo necesario. Y ella respondió igual: con nada. Porque ya nada importaba fuera del ring final.

    El viaje al Mundo del Vacío fue sin previo aviso. Sin ceremonia, sin palabras de despedida. Cuando el momento llegó, simplemente fueron. Cidboo cruzó el umbral sin mirar atrás. Su aura no se agitó, su expresión no cambió. Los otros universos podían desplegar sus mejores armas, sus leyendas antiguas y sus guerreros más brillantes. A ella no le importaba. Ni siquiera Jiren, el coloso silencioso cuya presencia hacía temblar a dioses, le provocó sorpresa. Lo entendió en un instante: este no era un torneo de fuerza, ni de honor, ni siquiera de espectáculo. Era un ritual de aniquilación. De sobrevivencia. Y en eso, Cidboo no competía. En eso, ella era.

    El Torneo estaba a punto de comenzar, y Cidboo estaba lista, ella, y otros nueve guerreros más, tenían que asegurar la supervivencia del Universo 7.

    TDP MUNDO 8 U7

    ¡Que empiece el Torneo de la Fuerza![]

    Entonces, el Gran Sacerdote alzó su mano y, con una voz que se deslizaba como cuchilla sobre la realidad, anunció el inicio del Torneo del Poder. En un instante, la calma agobiante del Mundo del Vacío fue rota por una guerra sin forma, un estallido simultáneo de energía, velocidad y salvajismo. Las plataformas se estremecieron, el aire invisible se llenó de ráfagas, gritos, auras colisionando. Fue como ver nacer un nuevo universo a partir de uno en destrucción. Andreina, siempre con su instinto de líder, intentó reagrupar a los guerreros del Universo 7 en una formación circular para establecer una estrategia sólida de defensa. Pero fue en ese preciso momento que la esencia verdadera de sus compañeros afloró. Rodsick se alejó con una carcajada maliciosa, Nix se evaporó en el aire sin decir palabra, Alanis simplemente se largó sin mirar atrás, y Praiz, con su habitual sonrisa desconcertante, se deslizó entre enemigos hacia alguna carnicería por venir. Todos sabían lo que hacían. Nadie estaba allí para jugar al ajedrez. Ni siquiera Cidboo.

    Ella se lanzó sin más, como una gota densa de caos en un mar que ya hervía. No lo hacía por ansias ni por venganza. No lo hacía por orgullo. Lo hacía porque podía. Su cuerpo no sentía fatiga. Su energía era ilimitada, y eso no era solo una ventaja: era una invitación a la demencia. Su primer rival fue Murisarm, del Universo 10, quien emergió con velocidad confiada y un puño recto que intentó marcar el inicio de su gloria. Pero Cidboo ni siquiera pestañeó. Lo dejó terminar su inútil cadena de golpes, y con una simple patada certera (ni muy fuerte ni adornada) lo lanzó fuera del ring. Primera eliminación. Primer “strike”. Sonrió levemente, mientras que otros participantes se distraían al ver que finalmente, si caías de la arena de combate, volvías a las gradas.

    MURISARM CID

    Pero no tardó en llegar la segunda oleada. Esta vez, los autómatas del Universo 3: Koitsukai, Pancea y Boraleta, máquinas diseñadas para adaptarse, calcular, corregir y reintentar. Su sincronización fue inmediata. Sus ataques, matemáticos. Nada de rugidos ni miradas desafiantes: solo precisión inhumana. Y esa frialdad fue, al menos, entretenida. Cidboo fue forzada a moverse más de lo habitual, a absorber ráfagas, a deformar su cuerpo en formas serpenteantes para evitar embestidas en línea recta. Koitsukai saltaba como una cuchilla, Pancea lanzaba microexplosiones paralizantes y Boraleta canalizaba ráfagas concentradas de ki disruptivo. Por un buen rato, la batalla no tuvo ventaja clara. Cidboo jugaba, sí, pero con un interés distinto al de los demás: como quien prueba la textura de un alimento nuevo. Su aura danzaba entre golpes, y en cada bloqueo dejaba una sonrisa siniestra, disfrutando la rareza del desafío. Porque aún sin cansarse, aún sin vaciar su energía, a veces el caos necesita que alguien lo obligue a cambiar de ritmo.

    ¡Cidboo al Rescate![]

    Tras la destrucción del Universo 9, un estremecimiento recorrió la arena. El vacío dejado por aquella existencia aniquilada no era solo un eco de muerte: era un recordatorio brutal de lo que estaba en juego. Cidboo, al igual que el resto de los combatientes, quedó paralizada por un instante. No por miedo, sino por sorpresa. Había visto muchas formas de caos, pero nunca una tan absoluta y silenciosa.

    La mirada del Gran Sacerdote era tan serena como implacable cuando anunció la reanudación del combate. Y Cidboo, al oír su voz, comprendió una verdad incómoda: el Universo 7 sería el nuevo objetivo.

    Tres robots del Universo 3 se abalanzaron sobre ella, dispuestos a arrinconarla con ataques combinados. Sin embargo, Cidboo no tenía tiempo para jugar. Exhaló un aliento de fuego negro, una técnica corrosiva que no quemaba solo la materia, sino la energía que la sostenía. Los autómatas fueron repelidos por la ráfaga ardiente, y Cidboo aprovechó para liberar su verdadera esencia: la forma N-Majin.

    Sus músculos se expandieron, su aura se volvió líquida y densa como la brea, y sus ojos destellaron con ese fulgor rosado que anunciaba una verdad simple: ya no estaba para relajarse.

    Comenzó a moverse entre las sombras del caos, pasando desapercibida entre varios guerreros que la subestimaron por su aspecto infantil. Pero el Universo 3 no era ingenuo: ya habían fijado su atención en ella y no pensaban ceder.

    Fue en medio de esa danza bélica cuando algo quebró su concentración: Misht. La vio salir disparada por el impacto de un ataque combinado, su silueta tambaleándose en el aire, a punto de cruzar el borde del ring. Sin pensarlo, Cidboo extrajo un fragmento de su masa gelatinosa y lo lanzó con precisión quirúrgica. El lazo de su propia carne capturó a Misht en pleno vuelo y la arrastró de nuevo al centro del campo de batalla, impidiendo su eliminación.

    Pero no tuvo tiempo de celebrarlo.

    Frente a ella apareció Hit, el asesino del Universo 6.

    Su presencia era cortante, como una hoja que ya ha atravesado la carne antes de ser vista. Sin emitir palabra, atacó. Golpes invisibles impactaban en el cuerpo de Cidboo antes de que pudiera reaccionar. El salto temporal de Hit la tomó por sorpresa. Al principio, el enfrentamiento fue una lluvia de impactos unilaterales. Sin embargo, Cidboo no era una simple combatiente de fuerza bruta. Cada golpe recibido era también una lección memorizada. Cada intervalo de tiempo, cada parpadeo de distorsión, era analizado, memorizado, mimetizado.

    Empezó a contrarrestarlo con maniobras no convencionales: divisiones celulares para dejar trampas de masa, ilusiones líquidas formadas con su energía, absorciones parciales para robarle ritmo al tiempo mismo. Poco a poco, Hit se dio cuenta de que su ventaja se desmoronaba.

    Y entonces se despojó de su ropa pesada.

    El ambiente se volvió más denso. Hit elevó su poder y la pelea se igualó con brutal belleza. Choques de técnica contra adaptación, tiempo contra materia mutante. Una batalla silenciosa y letal. Fue en ese instante, cuando el filo del combate tocaba el corazón del clímax, que Misht intervino. Con determinación en los ojos, le pidió a Cid que la dejara terminar ese combate, quería probar su valía. Cidboo accedió… pero no por respeto ni por fe. Lo hizo porque ya había logrado lo que quería: una técnica de salto temporal mimetizada, más precisa, más flexible, menos desgastante. Y además… tenía un plan B.

    Mientras todos peleaban, una porción de su materia se había esparcido de forma imperceptible por el ring. Era sutil, casi espiritual, como una sombra traslúcida pegada al suelo. Si Hit bajaba la guardia, aunque fuese por un segundo, lo absorbería sin que pudiera evitarlo.

    Porque ella no peleaba solo con fuerza. Cidboo cazaba. Observó así, el panorama.

    CID EMPIEZA TDP
    Malditos Robots[]

    Inmediatamente después, una nueva ola de energía devastadora estremeció la arena. En un abrir y cerrar de ojos, el Universo 4 fue eliminado, borrado sin dejar rastro. Lo insólito no fue solo la desaparición… sino el ejecutor: Rodsick. La atmósfera se tornó tensa. Cidboo caminó con paso firme hacia él, aún con residuos de batalla sobre su cuerpo, los ojos brillando con un rastro oscuro y humeante de su aura ardiente.

    ¿Eres consciente de lo que estás haciendo? Solo estás provocando que más universos te vean como un blanco a eliminar…
    — Cidboo a Rodsick

    Rodsick no mostró expresión alguna. La miró con esa media sonrisa entre arrogante e indiferente, como si el juicio moral fuese un idioma olvidado. Pero su respuesta irritó más a Cidboo de lo que esperaba. No por su contenido, sino por su desdén. Rodsick no solo era peligroso por su poder, sino por su ideología enfermamente lógica.

    La conciencia es un lujo para quienes temen las consecuencias. Yo simplemente cumplo con la naturaleza del caos.
    — Rodsick

    No hubo tiempo para más discusiones. Biarra y Katopesla, dos de los grandes recursos del Universo 3, se abrieron paso entre los escombros del combate, bloqueando la conversación. Con sus cuerpos reforzados por núcleos de energía de combate avanzado, se lanzaron con velocidad de torpedo hacia ambos.

    Rodsick no se molestó en contestar con violencia. En lugar de ello, se hundió en el suelo como un topo, usando una técnica que desgarraba el terreno sin levantar polvo, escabulléndose con absoluta pereza.

    Cidboo se quedó sola frente a los dos androides, y aunque la lucha le habría sido interesante, algo más le llamó la atención. Desde su posición, pudo observar cómo el número de guerreros en pie se había reducido drásticamente. El campo de batalla, antes saturado de presencias energéticas, se sentía más amplio… más silencioso. El instinto de combate fue reemplazado brevemente por una sensación de inminencia.

    Y fue entonces cuando el Gran Sacerdote anunció que el Torneo de la Fuerza había llegado a la mitad, solo restaban 24 minutos antes que este concluyese.

    Justo en ese instante, sin más advertencia, Biarra y Katopesla cargaron en conjunto. Su sincronización era impecable, una danza de precisión mecánica. Cidboo apenas tuvo tiempo de reaccionar. Disparó una ráfaga de rayos de chocolate a toda velocidad, buscando inmovilizarlos o convertirlos en golosinas mecánicas… pero no logró acertar ni uno. La velocidad de ambos era sorprendente. Sus sistemas de evasión estaban bien calibrados y, por primera vez en mucho tiempo, Cidboo se sintió realmente rodeada.

    Entonces vino la embestida. Biarra le impactó de lleno, un golpe frontal que la arrastró varios metros por el suelo de la arena. El estruendo fue tal que el suelo tembló. Pero el robot no contaba con algo... Cidboo ya había dominado completamente el salto en el tiempo.

    Debo darle las gracias a ese calvo del Universo 6.... su técnica es bastante útil, especialmente para latas con toda clase de tecnología como tú.
    — Cidboo a Biarra
    CID CHAMPA ASUSTADO

    Champa quedó totalmente desconcertado; no podía creer que se hubiesen aprovechado de la técnica de su mejor guerrero con tan solo observarla. A Hit le daba igual, ya estaba eliminado, no tenía nada más que hacer, y de hecho hasta le daba igual si es que él y su universo eran aniquilados, ya había vivido por más de cinco mil años. Bills por su parte, tomó asiento luego de haberse puesto de pie a criticar el desempeño de sus guerreros.

    En un parpadeo, su cuerpo desapareció en pleno deslizamiento, reubicándose unos metros atrás de Biarra, con una sonrisa torcidamente confiada en el rostro. Aprovechó el impulso del robot aún en movimiento y, adelantándose con el salto en el tiempo una vez más, lo interceptó con una poderosa patada giratoria cargada con su aura ardiente. El impacto fue devastador.

    CID EL INUTIL DE BIARRA

    Katopesla entonces, la desafió. No a un combate, sino a una carrera. En ese momento, activó su modalidad-cambio, aquella que le permitió pasar a su modo Ultra Velocidad; con el cuál se desplazaría 300 veces más rápido. Cidboo rió con desdén. La idea le pareció tan absurda… que justamente por eso le resultó entretenida. Ambos se lanzaron a correr a una velocidad insana, rozando los límites del campo de batalla, con destellos de energía marcando su paso como si fueran meteoros girando alrededor de la arena. El público quedó en silencio. Era un espectáculo tan veloz que apenas podía seguirse con la vista. Por alguna extraña razón, los reyes del todo estaban impresionados.

    Mientras Katopesla se concentraba en superarla, Cidboo había ido extendiendo lentamente su masa por toda la arena, creando con increíble disimulo una trampa viva. Su cuerpo se había estirado como una red sutil de hilos invisibles de energía… hasta formar una ilusión en forma de arco gigante. El policía espacial no lo notó hasta que fue demasiado tarde. En medio de la carrera, la estructura gelatinosa lo atrapó con fuerza, enrollándolo como si fuese un dulce.

    Y con una contracción súbita, lo comprimió como un donut explosivo, generando una detonación de energía que lo dejó fuera de combate, aunque su cuerpo aún cayó dentro del ring, apenas consciente. Pero la batalla estaba lejos de terminar.

    Katopesla, herido y furioso, activó su Modo Ultimate, duplicando tanto su fuerza como su velocidad. Y justo en ese momento, Biarra, aún más dañado pero con su núcleo activo, retomó consciencia. Con un rugido metálico, ambos se lanzaron contra la N-Majin, como dos torpedos sincronizados. Fue entonces cuando Cidboo saltó muy alto, y los esquivó. Elevó sus manos y anunció su técnica: Mystic Zone.

    El suelo bajo sus pies se cubrió con símbolos giratorios, mientras una barrera de ladrillos de Ki se erigía a su alrededor, rodeándola como un domo inquebrantable. Los ataques de Biarra y Katopesla impactaron de lleno contra la estructura… justo en el momento en que Cidboo chasqueó los dedos. Los ladrillos de Ki estallaron en mil pedazos, como una granada de energía sagrada. La onda de choque fue brutal, una explosión esférica que rebotó contra la atmósfera del ring y sacó volando a ambos oponentes en direcciones opuestas.

    Tanto el policía espacial como el robot salieron disparados de la arena en ese preciso instante; Cid descendió y se limpió las manos. Bills lo celebró.

    Y mientras el Gran Sacerdote anunciaba la salida de Biarra y Katopesla del torneo; Cidboo no tuvo descanso. Desde lo alto, embistió contra ella Dium del Universo 10 con constantes ráfagas de fuego que expulsaba por la boca. El pájaro intentó sorprenderla con un ataque relámpago, su cuerpo volviéndose casi invisible al ojo mortal. Pero Cidboo dominaba el salto temporal, y eso volvió todo inútil. Lo atrapó con una palmada repentina, y luego lanzó una Onda de Choque Fuerte que lo sacó disparado de la arena de combate.

    Y aprovechando que se estaba deshaciendo de los guerreros voladores, arremetió contra Bikal del Universo 2; quien no tenía nada que ver ni le había hecho nada a Cidboo, pero tenía alas y ello le fastidiaba. Con un movimiento fluido, Cidboo estiró su brazo como un látigo y lo fragmentó en múltiples partes que rodearon a la vampiresa. Las hebras de materia la envolvieron como telarañas, y antes de que Bikal pudiera liberarse, Cidboo la convirtió en Piedra; dejándola caer como una estatua por el vacío, que provocó su eliminación. Solo quedaba una guerrera voladora, que era Lilibeu del Universo 10, pero de inmediato decidió huir de la N-Majin.

    Cidboo se disponía a perseguirla, cuando de pronto fue sorprendida por un disparo en la espalda que no supo de quien provino. Solo que la llevó justo donde Andreina y Alanis estaban, es decir, frente a las doncellas del Universo 2: Brianne de Chateau, Sanka Kú y Su Roas.

    Acabando con el Universo 2[]

    Las luces en la arena seguían danzando como astros erráticos.

    El Universo 2, herido pero no derrotado, buscaba redimirse con una jugada final de sus guerreros más vistosos: las doncellas del amor. Posterior a una breve transformación; Ribrianne, Kakunsa y Roasy, descendieron como meteoros rosados frente a Andreina y Alanis, lanzándoles corazones de energía y palabras rimbombantes sobre la belleza, la gracia y el amor universal. Cidboo entonces, regresó a su forma terrestre, lo cual las doncellas consideraron una burla. Incluso, se ofreció a pelear ella sola contra las tres, pero Andreina se opuso; pues ella había llegado después que las doncellas hubiesen desafiado a su persona y a Alanis. Sin más rodeos, comenzó un duelo 3vs3.

    Cidriana, con su cuerpo más ágil y su mirada fría, fue directo contra Roasy, quien poseía una forma de combate más veloz y errática. Roasy se multiplicó, creando ilusiones de sí misma, todas lanzando ráfagas de ki perfumadas con energía rosada. Pero Cid las escaneó a todas con un solo parpadeo. Sabía que eran proyecciones… así que se dividió en cientos de miniclones, copiando la técnica pero con cuerpo físico real.

    En segundos, el aire fue una danza caótica de Cidboos y Roasys, hasta que la original fue atrapada entre dos Cidboos que la comprimieron como si fuera plastilina… y la lanzaron fuera del ring.

    A la par, Alanis hizo uso de su brutalidad salvaje y su sadismo emocional para acorralar a Kakunsa, quien no resistió mucho ante una ráfaga de puñetazos cargados con energía oscura. Fue expulsada sin miramientos.

    Solo quedó Brianne de Chateau, ya transformada en Ribrianne, la guerrera del amor inmenso. Pero su oportunidad de redención fue aplastada de inmediato cuando Nix apareció de la nada, su aura afilada como un bisturí, y le propinó una patada lateral tan seca y directa que la hizo rebotar contra varias columnas de energía. No fue expulsada, pero su cuerpo quedó enterrado en el borde de la arena como si fuera una estatua mal colocada.

    Creo que esta vez falló mi puntería... Niñas torpes, como su ascendente, el inútil del Capitán Ginyu... ¿En serio están desperdiciando sus energías contra rivales inútiles? Parece que no saben que aún quedan 20 minutos.... y 5 minutos es suficiente tiempo para definirlo todo.
    — Nix

    Una voz le dio la razón a Nix, era Zirloin del Universo 2, quien en compañía de Zarbuto y Rabanra; atacaron a las doncellas. Nix entonces golpeó su cola con el piso, diciendo que sería hora de empezar a poner orden, sin embargo, no contó con que Andreina lo detendría sujetándolo del hombro. Cidriana se interpuso en medio y elevó su ki, comenzando a pelear contra los tres ella sola.

    Me cuesta decírtelo Nix, pero somos un equipo... y tú en estos momentos eres quien mayor reservas de energías posees. Déjame este trabajo a mí, y no me subestimes... alguna vez tu antepasado tembló de miedo ante Majin Boo.
    — Cidboo a Nix

    Andreina y Alanis entonces, aprovecharon en descansar. Nix se marchó a otro lado, más cuando supo que no tenía nada que refutarle a la N-Majin. Al fin y al cabo, la mayoría de guerreros de los universos temían de él. Se fue a buscar el cuerpo de Ribrianne para arrojarlo de la plataforma.

    Ni los ataques combinados de Zarbuto y Rabanra; ni los ataques espadachines de Zirloin funcionaron contra Cidriana; quien por el contrario les estaba dando una paliza. Fue allí cuando Heles, lanzó dos pendientes Photala a fin de fusionar a Zarbuto y Rabanra.

    Zirloin firme fue en contra de la N-Majin para distraerla y lograr la fusión de sus compañeros, mientras estos corrían hacia los pendientes Photala. Entonces Zirloin la partió a la mitad con su espada.

    Por un momento, los Dioses del Universo 2 entraron en pánico, creyeron que su luchador sería descalificado por habers excedido. Pero Cidriana sonrió, regeneró el brazo que le habían volado, demostrando así que su regeneración no tenía límites. Inmediatamente, contraatacó con un martillo de energía que le voló el casco a Zirloin y luego un Aliento en Llamas que lo hizo salir volando de la Arena de Combate.

    En ese preciso instante, anunció su técnica de Trampa de Arena; la cuál succionó a Zarbuto y Rabanra. Destruyó con su visión láser los Pendientes Photala, y procedió a expulsarlos de la arena de combate.

    Después de una sorpresiva baja para el universo 2, decidió curar a Andreina y a Alanis. En poco tiempo, Cidboo había eliminado por mano propia a una gran cantidad de guerreros, por lo que creyó que lo mejor era retirarse por ahora. Su equipo tenía aún seis guerreros en la plataforma.

    ¡El Plan Magistral![]

    No hubo tiempo para respiros. Las vibraciones en la arena se volvieron densas, cargadas de una tensión premonitoria que recorría los cuerpos como electricidad hirviendo.

    Mule, el Dios Destructor del Universo 3, por primera vez abandonó la simulación de pasividad. Su gigantesco cuerpo emergió del interior del robot Mosco, revelando que todo ese tiempo la armadura había sido solo una carcasa, un contenedor disfrazado. Su voz fue como el retumbar de maquinaria ancestral.

    El Dr. Paparoni, flotando sobre un disco de metal, levantó los brazos y gritó con una locura desbordada, mientras los restos de los guerreros robóticos que aún quedaban del universo 3 comenzaron a desintegrarse en luces verdes y azules, absorbiéndose entre sí como piezas magnetizadas.

    Cidboo, ya transformada nuevamente en su forma N-Majin, frunció el ceño y escupió tres pequeñas versiones de sí misma, cada una con distintos gestos: una feliz, otra sombría, y una completamente desquiciada. Las Mini Cidboos salieron disparadas junto a Kaibort, el saiyajin más joven del Universo 7, para enfrentar al robot de avanzada táctica Koichialeta, un diseño de batalla con múltiples brazos y una cabeza telescópica.

    Al principio, la batalla fue favorable: las Mini Cidboos estiraban sus cuerpos y mordían las articulaciones del robot, mientras Kaibort lo golpeaba con ráfagas de ki en sus puntos ciegos.

    Pero entonces… todo se detuvo.

    La arena vibró. El aire se densificó como si una fuerza gravitacional masiva cayera sobre todos. Del centro de la fusión… surgió una figura monumental.

    Anilaza.

    No un robot, no un cyborg. Un coloso interdimensional de bioenergía, acero vivo y códigos en combustión. Tenía un ojo central que giraba como una espiral de datos y una mandíbula segmentada que zumbaba como una colmena. Con un solo aullido de frecuencia ultra, Kaibort y las Mini Cidboos fueron lanzados como muñecos rotos fuera del ring. El Pilar bajó un poco más; solo quedaban 15 minutos antes que el Torneo de la Fuerza Termine.

    Zenosama consultó al Gran Sacerdote quienes quedaban en la arena de combate, a lo que él contestó

    • El Universo 2, cuenta con la presencia de 3 integrantes: Brianne de Chateau, Prum y Harmila.
    • El Universo 3, cuenta con la presencia de 4 integrantes: Pancea, Boraleta, Koitsukai y Paparoni. Ahora, fusionados en Anilaza.
    • El Universo 4 ha desaparecido
    • El Universo 6, cuenta con la presencia de 3 integrantes: Caulifla, Kale y Frost.
    • El Universo 7 cuenta con la presencia de 6 integrantes: Nix, Andreina, Alanis, Cidboo, Praiz y Rodsick.
    • El Universo 9 ha desaparecido
    • El Universo 10 cuenta con la presencia de 1 integrante: Obuni
    • El Universo 11 cuenta con la presencia de 10 integrantes

    El Universo 11; aún no había perdido a ningún integrante. El trabajo en equipo de las tropas del orgullo era impecable que les permitía mantenerse en pie. Antes de pensar en hacer algo; observó como Champa y Bills, desde las gradas, parecían haber llegado a un acuerdo. El Kaioshin Fuwa, le otorgó los pendientes Photala a Kale y Caulifla; a fin de generar una fusión única con el nombre de Kefla.

    Bajo órdenes de Nix, Frost arremetió contra las Tropas del Orgullo. En ese instante, comenzó la Guerra Universal contra Anilaza. Todo el Universo 7, exceptuando Nix; arremetieron juntos contra Anilaza.

    Obuni se unió a ellos, sabía que hace muchísimos años, el Universo 7 había salvado al suyo de la extinción por culpa de un aprendiz inepto de Kaioshin llamado Zamas. El Universo 2 estaba aún escondido, Brianne de Chateau andaba enterrada por algún lugar de la arena de combate, y de los otros dos luchadores nadie sabía nada aún.

    El aire se volvió más espeso. Anilaza rugía, sacudiendo la plataforma con cada movimiento. Sus circuitos vibraban con una energía que rayaba en lo divino. Los ataques físicos apenas lo hacían tambalear.

    Pero justo cuando la desesperanza comenzaba a arrastrar las miradas de los espectadores… todo cambió. Andreina y Alanis, alzadas una junto a la otra, elevaron su sincronización al máximo. Una luz lila-rojiza brotó de ambas como un incendio lunar, y sus cuerpos se rodearon de pulsos brillantes que formaban mandalas etéricos a su alrededor. El calor que emanaban no era solo físico; era emocional, antiguo, una resonancia de almas gemelas condenadas a pelear juntas.

    Pero antes de que pudieran actuar… Praiz emergió de los bordes distorsionados del campo de batalla. Su cuerpo flotaba con una elegancia trágica, y sus hilos de energía mágica se desenrollaban como los dedos de un titiritero de dimensiones superiores. Con movimientos rápidos como el pensamiento, Praiz tejió una red de hilos invisibles alrededor de Anilaza, frenando por completo su movilidad durante escasos segundos… pero suficientes para que todos lo vieran.

    Los hilos, imbuidos en poder dimensional, no solo amarraban músculos, sino líneas del tiempo cercanas al coloso. Entonces, en un susurro… Praiz detonó su propia red desde adentro. Intentó inmolarse junto con Anilaza, crear una implosión espiritual que se lo llevase consigo al olvido. Pero falló.

    La elasticidad de Anilaza lo mantuvo unido. Y a pesar del esfuerzo, Praiz no fue eliminado. Aúna sí, quedó devastado, respirando apenas, sus ojos apagándose como velas al viento.

    Aquel sacrificio no fue en vano. Había ganado tiempo. Tiempo para el plan más arriesgado de todos. Andreina reunió a todos para coordinar un ataque grupal que elimine a Anilaza; mientras este interfería en el combate de Frost contra las Tropas del Orgullo.

    Alanis, aún temblando, con las manos cubiertas de luz ardiente, contactó mentalmente con Cidboo. Ambas se observaron por una fracción de segundo. El silencio entre ellas fue como un pacto ancestral. Alanis sabía que no podía seguir combatiendo por siempre. No con esa energía quemando sus entrañas. Ella sería la lanza que partiera el núcleo de Anilaza… aunque el precio fuera su existencia.

    Pidió a Cidboo un favor. Uno que requería precisión quirúrgica,

    Quiero que mi sacrificio sea de utilidad... necesito que expulses un clon; uno que en vez de curarme; pueda sellarme en el pilar de la plataforma; y que me retenga allí hasta que el pilar descienda por completo.... cuando acabe el tiempo, podré salir... quedaré sin energías, pero mi cuerpo tiene que seguir siendo de utilidad para nuestro equipo... ¿Estamos? Nadie puede saber de esto... o los enemigos buscarán como deshacerse de nuestro plan... Eres la única lo suficientemente audaz como para hacerlo
    — Alanis

    Y entonces, el plan se puso en marcha.

    Cidboo se dividió. Una versión más alta, musculosa y violácea fue a pelear junto a Obuni, que movía su cuerpo entre tiempos paralelos, y Kefla, envuelta en su resplandor verde de Super Saiyajin fusionado. Todos juntos, incluyendo Andreina y el propio Rodsick; lanzaron sus mejores técnicas contra Obuni.

    La otra Cidboo… más pequeña y con una sonrisa melancólica, se escondió bajo la plataforma, camuflándose entre grietas del ki.

    Y en el centro del ataque, encabezando la avanzada como una flecha roja de locura… Alanis voló directo hacia el corazón de Anilaza.

    El impacto fue brutal. La energía la atravesó. Su aura colapsó.

    Su grito fue desgarrador.

    Pero su puño llegó.

    Y en el mismo instante que tocó el núcleo del coloso…

    Cidboo activó la reversión mágica. Una ilusión de muerte. Un cuerpo reducido a moléculas selladas dentro de la arena. Una técnica prohibida.... Tanto Rodsick como Andreina gritaron el nombre de Alanis al unísono, al ver como esta ardía en descargas eléctricas y su cuerpo se iba hinchando hasta explotar. Era el precio por haber golpeado y destruido el núcleo de Anilaza.

    En ese instante; Cidboo teletransportó el cuerpo de Alanis a un rincón de la arena de combate, y en dos segundos, lo selló en el pilar central. Ni siquiera el mismo Bills lo percató. Whis sí que lo hizo, pero mantuvo la discrecionalidad.

    Y mientras que el Gran Sacerdote anunciaba la eliminación del universo 3, Andreina y Rodsick estallaban en llanto... porque para ellos... Alanis había muerto. En medio de sorpresas del Supremo Kaiosama Ea, quien no entendía como su mejor estrategia había fracasado por una simple alianza de universos. Cidboo estaba exhausta, sabía que curar a Alanis era una opción, pero que le consumiría muchísima energía. Y no era el momento para pensar en gastarla. Aún quedaban 4 universos por vencer.

    Frost se encontraba exhausto, había usado su 100% de poder contra las Tropas del Orgullo. Cidboo entonces; sin pensarlo dos veces, se unió a la batalla.

    ¡A la Carga![]

    Solo quedaban 12 minutos para que termine el torneo. Era hora de tomar cartas en el asunto para hacer efectivo el plan de Alanis. Cidboo se transportó justo en medio de Tupper y Kettle, del Universo 11 y les conectó un puñetazo. Kefla fue tras Toppo; y Cidboo con un aliento en llamas se quitó de encima a todas las tropas del Orgullo.

    Nix entonces, tocó el hombro de Frost. Le pidió que cargue una Supernova para "eliminar" a todo el Universo 11. Los 7 miembros restantes de las tropas se avalancharon contra Cidboo, quien activó la Trampa de Arena. que empezó a succionarlos. Ello despertó a Jiren de su meditación.

    Frost entonces, con su máximo poder, empleó una Supernova; que colisionó contra la barrera protectora de Cocotte, la cuál intentaba proteger a sus compañeros en última instancia. Cidboo mejoró la trampa de arena y consiguió así eliminar a seis miembros de las tropas en un instante.

    CID U11 CAE

    Casseral se había agarrado de un pequeño rincón de la plataforma, intentaba escalar de nuevo, cuando una mano quitó de él su última esperanza.

    Creo que pisé una cucarachá...
    — Nix

    Pateó sus dedos como si fuese una pelota de futbol y sacó al general fuera de la arena de combate. De esta forma, menos de un minuto, el Universo 11 pasó de tener 10 a 3 guerreros. Ello fue suficiente para el despertar de Jiren. Andreina, ya estabilizada por la magia de Praiz; junto a Rodsick, se avecinaron frente a Jiren y Dispo, pues Toppo seguía combatiendo contra Kefla.

    Obuni, escondido detrás de una roca, guardó reposo. Praiz no se había tomado la molestia de curarlo. Observó a lo lejos, como Nix asfixiaba a Frost repentinamente y lo arrojaba de la arena de combate, ya no le era útil, había agotado todas sus energías. Escuchó el desagarrador grito de Frost mientras en las gradas Champa y Bills discutían por presuntamente haber roto el pacto que los unió contra el Universo 3, y que los uniría también contra el Universo 11.

    La batalla entre Toppo y Kefla también llegó a su final, con un empate...

    CID ADIOS U6

    Lo cual provocó la eliminación del Universo 6.

    En medio de todo ello, Andreina decidió pelear contra Jiren utilizando la Sincronización junto a Rodsick; mientras que Cidboo y Praiz hicieron lo suyo contra Dispo. Praiz y Cidboo, aún en formación de combate, sintieron un filo invisible cortar el viento entre ellos. Un zumbido, una vibración. Un desplazamiento que parecía romper la lógica misma del tiempo y el espacio.

    Y entonces, sin aviso, un rodillazo certero impactó en el abdomen de Cidboo, que fue enviada volando en línea recta hacia una columna lejana. Su cuerpo se deformó un instante, adaptándose al impacto, pero no sin emitir un sonido seco y molesto.

    Dispo apareció frente a Praiz antes de que este siquiera pudiera alzar un hilo. Un golpe. Otro. Un tercero. Las ondas de choque sonaban como disparos en la cúpula celeste. Praiz retrocedía, activando sus patrones defensivos, desplegando huevecillos Najyn, esos parásitos espirituales con forma de perlas vivas que flotaban buscando una mente que infectar.

    La liebre aumentó su velocidad. Su cuerpo vibró en múltiples direcciones. Las imágenes residuales de sus desplazamientos confundieron a los parásitos que, al no poder fijar su blanco, se autoimplosionaron como bombas mentales fallidas. Praiz fue embestido con una secuencia de puñetazos invisibles. Sus hilos fueron rotos, sus huevecillos, destruidos. Su conciencia, sacudida.

    Cidboo, desde el suelo, escupió sangre azul. Su cuerpo se reintegraba lentamente, adaptando su textura como masa viva. Dispo no era solo velocidad. Era ritmo, timing, precisión quirúrgica. Cada golpe era el resultado de miles de microcálculos. Y lo más peligroso de él… es que no pensaba: reaccionaba.

    Cidboo entonces cambió de táctica. Su cuerpo se multiplicó en tres réplicas diferentes, cada una con un color distinto y una propiedad alterada. Una más pesada y con extremidades elásticas. Otra voladora y ácida. Y una tercera que simplemente servía de señuelo visual.

    Intentaron encerrarlo. Praiz, con lo último de su energía mágica, creó un domo mental que ralentizaba los pensamientos internos dentro de su campo. Si no podían atraparlo físicamente, tal vez podían hacerle pensar más despacio.

    Pero… Dispo vibró más alto.

    Sus músculos generaban ondas de sonido. Sus pies golpeaban el suelo con tal frecuencia que el domo se desmoronó por pura presión acústica. Cada réplica de Cidboo cayó una por una. Cada hilo de Praiz se rompió antes de tejerse.

    Cada estrategia colapsó ante la cruda, brutal y abrumadora velocidad. Y cuando solo quedaron los dos originales, jadeando y cubiertos de polvo. En ese instante, antes que los expulsase de la arena de combate, Cidboo gritó con todas sus fuerzas.

    ¡¡¡HAKAI!!!
    — Cidboo

    Los Dioses de la Destrucción, incluyendo Bills se impactaron, la N-Majin estaba usando el poder del destructor para borrar a Dispo. ¿Pero en qué estaba pensando? ¡Esa técnica le costaría la expulsión del torneo de la fuerza! Dispo empezó a gritar del dolor mientras que iba desapareciendo... Incluso Jiren quedó atónito.

    ¿Pero qué está haciendo? ¿Cómo aprendió ese poder? ¿En qué estaba pensando? Eran algunas incógnitas que surgían entre los espectadores y entre los dioses de los universos restantes. El Gran Sacerdote se preparaba para anunciar la descalificación si es que finalmente Cidboo acababa con la vida de Dispo. Bills crujía los dientes, esperando que el castigo no fuese a pasar a mayores.

    Un grito de Vermouth, lo cambió todo.

    ¡DISPO! ¡DEJA DE HACERTE EL PAYASO!
    — Vermouth

    En ese entonces, Dispo mágicamente se encendió de púrpura, y con la otra mitad del cuerpo que aún no había sido destruida, consiguió desplazar su pierna al mentón de Cidboo, lo cuál ocasionó su salida del ring.

    Acto seguido; activó su máximo poder sin darse cuenta que Praiz venía como una ola tras él; derritiéndose como petroleo mientras le generaba descargas eléctricas. El cuerpo de Dispo estaba debilitándose. Mientras todo ello ocurría, una patada regresó a Cidboo al ring, Nix entonces, expulsó a ambos de la arena de combate: Tanto a Praiz como a Dispo. El demonio del frío, por fin iba a empezar a luchar en serio.

    ¡Nos habíamos olvidado del Universo 2![]

    Finalmente, con la intervención quirúrgica de Nix, Dispo cayó. Fue un movimiento seco, calculado, sin dramatismo, pero con brutal eficiencia. Un quiebre de su rastro cinético, una reconfiguración del espacio-tiempo que lo hizo errar su ruta por una milésima de segundo… suficiente para que Cidboo lo atrapara, y Nix le lanzara un proyectil condensado de energía negativa que lo sacó de la arena. Una victoria pírrica.

    Praiz, el Najyn, no sobrevivió al enfrentamiento. Su cuerpo quedó fragmentado, colapsado entre sus propios hilos, y sus huevos mentales cayeron como gotas huecas al suelo antes de evaporarse. Su esencia se dispersó entre susurros que nadie entendió. Fue un adiós sin gloria… como era su deseo.

    Y entonces, llegó la tragedia que descompuso todo el ritmo. Rodsick, el ente que era equilibrio, fue eliminado por Jiren.

    No hubo testigos de ese combate. Solo una explosión sin forma, una ráfaga devastadora, y luego… nada. Ni cuerpo, ni voz. Solo un silencio hueco. Como si su alma hubiera sido arrancada del tablero del universo por la mera voluntad de alguien que había olvidado lo que era perder. Solo tres quedaban ahora.

    Nix, Cidboo y Andreina.

    Los últimos pilares del Universo 7.

    Fue entonces cuando Nix, sin rodeos, activó su Forma Final. Un estallido negro y púrpura quebró el suelo bajo sus pies. La gravedad se comprimió. Sus músculos no crecieron. Su aura no se volvió más ruidosa. Al contrario, el silencio lo envolvió todo. Su mirada se volvió más profunda, más antigua, más vacía.

    Con un gesto seco, Nix despidió a las chicas. No hubo palabras, ni promesas, ni advertencias. Sólo una mirada severa que las devolvió a la realidad: el combate más letal estaba por comenzar, y no había lugar para dudas ni sentimientos. Andreina y Cidboo, exhaustas, maltrechas, casi arrastrándose con las últimas fuerzas que les quedaban, se dirigieron a una grieta de la plataforma. No era refugio. Era apenas sombra. Piedra quebrada. Un rincón para respirar, si acaso.

    Pero la paz no estaba destinada para las sobrevivientes.

    Una flecha cruzó el cielo. Un rayo de energía violenta, aguda, un alarido en forma de luz. Luego otra. Y otra más. En cuestión de segundos, el aire fue cortado por docenas de proyectiles luminosos que caían como una lluvia enferma, una tormenta de odio maquillada de amor.

    Ribrianne.

    Aunque ya no era ella.

    Sus alas de mariposa estaban hechas jirones, su rostro derretido por el sudor y el llanto, y su maquillaje (el símbolo de su ternura artificial) se mezclaba con el polvo de la desesperación. Su voz ya no proclamaba amor, sino descontrol. No había ternura. Solo locura. Sus flechas no apuntaban al corazón. No buscaban inspirar. Solo buscaban herir.

    Andreina trató de ponerse de pie, pero un peso abominable cayó sobre su espalda. Un cuerpo gigantesco, cálido en el peor sentido, viscoso, sudoroso, con brazos que la inmovilizaron sin respeto. Un olor putrefacto le llenó los pulmones, y una risa babeante le congeló la sangre.

    Prum.

    Cidboo gritó, rabiosa, pero apenas pudo girarse cuando sintió unos brazos envolverla por detrás. Otro abrazo, pero este no era de amor, ni de combate. Era una invasión. Una burla a su identidad, a su poder, a su esencia. Harmila la sostenía con fuerza humillante. Y sonreía. No como guerrero. Como carroñero. Como parásito.

    Ellos no luchaban. Tocaban. Oprimían. Susurraban palabras vacías que alguna vez fueron versos de amor, ahora transformadas en letanías obscenas. Eran lo que quedaba del "amor" malentendido. El discurso del Universo 2, deformado hasta convertirse en acoso. El lenguaje de la devoción tergiversado en perversión.

    Desde lejos, una figura se elevó. Inmutable. Firme.

    Jiren.

    Su puño impactó el pecho de Ribrianne en un solo instante. No hubo aviso. No hubo piedad. El golpe fue seco, letal, como un veredicto divino. El cuerpo de Ribrianne cayó sin emitir sonido. Una sola lágrima se despegó de su ojo. No se supo si era dolor, arrepentimiento, o el último eco de un ideal perdido.

    Pero Andreina… Andreina no pudo olvidar el contacto. El manoseo. Las risas que la reducían. Los dedos que no preguntaban. Algo dentro de ella se quebró. Algo antiguo. Algo que jamás volvería a reconstruirse igual. Sus ojos se encendieron con un dorado oscuro, profundo, como un eclipse prendido en fuego. Su aura se volvió incandescente, ardiente como lava que ya no puede contenerse. Su cabello, liberado del cansancio, se onduló en el aire como llamas desobedientes, alimentadas por la humillación.

    Un estallido de ki surgió desde su núcleo y lanzó a Prum por los aires. Aturdido, sin saber qué lo golpeaba, apenas tuvo tiempo de abrir los ojos cuando Andreina ya había iniciado su técnica: Grand Jeté.

    Fue una danza. Pero no una danza de gracia. Fue una ejecución. Un salto grácil que se convirtió en caída letal. Un giro perfecto, una espiral con sus talones como lanzas, una ráfaga de luz concentrada que se hundió en el cuerpo del oponente. Y luego, la explosión. Brutal. Inapelable. Prum fue reducido a cenizas, despedido fuera de la plataforma sin que su sombra pudiera siquiera entender lo que había ocurrido.

    Harmila intentó huir, soltando a Cidboo. Pero esta ya no era la criatura de antes. Humillada, transformada, enfurecida hasta el alma, alargó su lengua como una serpiente mutada, lo atrapó por el cuello, lo azotó contra el suelo tres veces, como si intentara borrar su existencia a golpes, y luego lo lanzó en dirección a Andreina, como una ofrenda de venganza. Y con una sola mano, lo incineró. No fue un grito, no fue un ataque exagerado. Fue un disparo fino, limpio, tan concentrado que Harmila desapareció sin una sola palabra. Su cuerpo quedó arrojado de la arena junto al de Prum como si nunca hubieran existido.

    Andreina desactivó su aura, dejando su palma extendida. Fue allí cuando empezó a escuchar gritos de terror en los asientos del universo 2, y no comprendía muy bien el porqué. Entonces, comenzó a temblar cuando el Gran Sacerdote anunció la eliminación del universo 2. Todo ello, en medio de gritos de Heles y sus doncellas, que no querían perder su existencia. Cidboo intentó calmar a Andreina, quien se sentía culpable por la eliminación de un universo, intentando hacerle comprender que era necesario para ganar... lo bueno, es que ahora llevaban la ventaja. Y solo quedaban 7 minutos para que terminase el torneo.

    6 minutos no solo claves para ellas... sino para Obuni, quien prefirió no acercarse a atacarlas, pero tenía que planear una estrategia de victoria para hacer al Universo 10 vencedor de este torneo.

    Nix estaba exhausto, así que ambas guerreras lo socorrieron. Jiren había activado su máximo poder. Fue en ese momento, que usaron su formación de combate. Ambas pelearon juntas contra Jiren, con sus máximos poderes.

    El Final de Cidboo en el Torneo[]

    Cidboo y Andreina se miraron sin necesidad de palabras. En sus ojos, el pacto silencioso de la supervivencia y la voluntad de proteger lo poco que quedaba. Sin perder tiempo, se alinearon en formación de combate, avanzando con determinación hacia donde Nix, jadeante y cubierto de heridas, resistía como podía el abrumador avance de Jiren. Este ya había trascendido su propio límite: envuelto en un aura púrpura y abrasadora, su modo de Dios de la Destrucción lo convertía en una fuerza indomable. Cada golpe suyo retumbaba como el eco de un universo colapsando.

    Quedaban seis minutos.

    El tiempo se derretía como sudor entre los dedos, y ambas guerreras lo sabían. Andreina, danzando con sus estocadas de luz, y Cidboo, moldeando su cuerpo como un arma viva, descargaban sus mejores técnicas sobre Jiren. Cada impacto parecía apenas rozarle. Era como golpear el corazón de un planeta: duro, inmutable. Fue entonces cuando Cidboo decidió jugar su última carta. Intentó absorberlo, rodeándolo con su masa caótica, su energía resonando como un cántico oscuro. Pero no funcionó. Jiren se liberó con un grito, una explosión de energía que quebró el aire mismo, y lo que vino después fue peor: su furia.

    Cidboo, sin retroceder, activó su técnica definitiva: Strike of the Third Storm. Su cuerpo vibró, se fracturó, se elevó con un poder celestial que cruzaba la línea entre lo divino y lo maldito. Pero Jiren ya no era un guerrero. Era un juicio. Un titán sin perdón. Su velocidad fue inhumana. Esquivó, bloqueó y, con un grito contenido que arrasó el viento, ejecutó su técnica final. Un golpe que desdibujó el espacio. Cidboo fue lanzada por los aires. Ni siquiera tuvo tiempo de activar su Salto en el Tiempo. Su aura fue extinguida como una llama sofocada por el vacío.

    JIREN EXPULSA A CIDBOO

    El marcador marcaba tres minutos.

    La caída fue muda. Y al tocar el borde del no-ser, su forma cambió. Cidboo se deshizo, y en su lugar, la silueta débil y destransformada de Cidriana flotó por unos segundos, desarmada y serena. Desde lejos, Andreina la observó, paralizada. Pero Cidriana no lloró. No gritó. Solo sonrió con los labios partidos y alzó una mano temblorosa, enviando su energía restante hacia Andreina. Un regalo final. Un legado de furia, poder, y amor no dicho.

    Entonces Andreina se elevó.

    Sus pies no tocaban el suelo. Su cabello danzaba en una marea invisible. Extendió los brazos, sus palmas abiertas al firmamento. Una energía antigua comenzó a fluir hacia ella, no del cielo, sino de las almas aún en pie del Universo 7. Los participantes del Universo 7, ya en las gradas, le dieron su poder, incluyendo el Supremo Kaiosama de hace 15 generaciones y Shin. Era una red de voluntad, un préstamo de esperanza. Como una vez lo hizo Goku, Andreina tejía su propia Genkidama. Pero esta no era una esfera de bondad. Era la esencia pura de la resistencia. Una venganza contra la extinción. Una respuesta a los dioses.

    El tiempo seguía cayendo. Tres minutos. Dos titanes. Un final por escribirse.... Nix a un lado, y al otro Jiren. Ambos enfrentados con sus máximos poderes, en una pelea épica que no hacía más que demostrar que cualquiera de ellos merecía la victoria.

    Nix, reunió las últimas brasas de su poder. Con su Forma Final ya debilitada, su cuerpo era una amalgama de energía quebrada y orgullo inquebrantable. Intentó contener a Jiren con un asalto fugaz, veloces destellos de energía oscura disparados en ráfagas, cada uno buscando un punto ciego que no existía. Pero Jiren lo había leído ya, lo conocía. Lo atrapó en el aire, girándolo con brutalidad por el torso, y con una ráfaga directa al pecho lo arrojó fuera de la arena. Nix impactó contra el borde, sus ojos aún abiertos en incredulidad, su voz sin fuerza para maldecir. La caída fue digna, pero inevitable. El Universo 7 se quedaba sin su estratega sombrío. El final parecía escrito.

    Fue entonces cuando Jiren giró lentamente, su mirada clavada en Andreina, que aún reunía energía como una estrella agonizante que se negaba a morir. Dio el primer paso hacia ella con intención de rematarla antes de que pudiera lanzar su ataque… pero una figura apareció en su camino, interponiéndose sin aviso. Era Obuni, el último guerrero del Universo 10, quien hasta entonces había evitado conflictos directos. Sus movimientos eran elusivos, su presencia casi etérea. Con un juego de imágenes residuales, distrajo a Jiren por breves segundos, esquivando golpes con elegancia fantasmal. No podía vencerlo, lo sabía. Pero esos segundos… podían marcar la diferencia entre la vida y la extinción.

    ¡Victoria![]

    Obuni danzaba entre las sombras de sus propios reflejos, cada movimiento una copia espectral que buscaba confundir a Jiren, ganar tiempo, retrasar lo inevitable. Pero no había espacio para la ilusión contra un ser como él. Jiren, sin siquiera perder su postura, atravesó las secuencias temporales de Obuni con una ráfaga de energía que no buscaba herir, sino desaparecer. El cuerpo del guerrero del Universo 10 fue alcanzado de lleno, desintegrándose en partículas de luz antes de tocar siquiera el suelo. No hubo gritos, ni dolor, solo una última sonrisa en el rostro de Obuni, como si supiera que su breve sacrificio valdría cada segundo ganado.

    El Gran Sacerdote, con su voz imperturbable pero cargada de solemnidad, alzó la mano y declaró:

    El Universo 10 ha sido eliminado.

    Los dioses de su universo bajaron la cabeza en aceptación, y la luz que representaba su existencia fue apagándose, disipándose en la nada como una estrella olvidada. Pero en medio del dolor y la desaparición, una única certeza permanecía grabada en el alma de Obuni: que su desvío, su distracción, su efímera danza ante el titán, le había dado a Andreina exactamente lo que necesitaba. Una sonrisa leve brotó entre las lágrimas que intentaban surgir en su alma antes de extinguirse: al menos, el Universo 7 aún tenía una oportunidad de sobrevivir.

    CID U10 SE DESPIDE

    Shin frunció el ceño, confundido por el último gesto de Gowas, quien levantó la palma en señal de despedida con una sonrisa algo avergonzada. No lograba comprender su significado, pero Bills, con su experiencia como Dios de la Destrucción, lo vio con claridad. No era solo una despedida, era una revelación. Un recordatorio de que el tiempo que Obuni había comprado no había sido en vano.

    Y en ese mismo instante, la respuesta tomó forma.

    Andreina, flotando en el vacío de la arena, rodeada por un aura incandescente, finalmente había acumulado la energía que necesitaba. Su cuerpo temblaba, su respiración era errática, y cada fibra de su ser ardía con la fuerza de su universo entero. La energía convergió en torno a ella, girando en espirales doradas, y tomó forma. Un rugido rasgó la arena. Un estruendo ancestral que sacudió los cimientos del Torneo.

    El Dragón Suyo había nacido.

    Su inmensa figura se alzó detrás de Andreina, un ser de ki puro enroscándose en el aire como un depredador celestial. Sus ojos brillaban con una ira ancestral, su cuerpo serpenteante resplandecía con la esencia de incontables guerreros que habían depositado su esperanza en ella. Y entonces, con un grito de guerra que desgarró el espacio mismo, Andreina se lanzó hacia Jiren.

    ¡ESTO ES... EL PODER DEL UNIVERSO 7 REUNIDO! ¡GOLPE UNIVERSAL DEL DRAGÓN!
    — Andreina

    El dragón rugió junto a ella, su espíritu fundido en su puño. La embestida fue tan brutal que el espacio mismo pareció distorsionarse a su paso. Jiren, con sus reflejos sobrehumanos, intentó resistir, cruzando los brazos en una guardia de hierro, pero la energía del Dragón Suyo no era solo poder: era voluntad, determinación, el peso de un universo entero clamando por la victoria.

    Jiren entonces; lo comenzó a retener. Misht comandó un grito alentador, al cual se sumó Kaibort, Yien, Dián y posteriormente Cidboo. Andreina potenció su ataque; incluso poniendo en riesgo su vida como Alanis lo hizo hace breves instantes, se arrojó contra Jiren para eliminarse juntos.

    El impacto desató un estallido cegador. El sonido fue engullido por la presión del choque. La plataforma crujió. El cielo del Torneo se partió en relámpagos de energía pura. Y Jiren… Jiren, por primera vez, fue arrastrado por la colisión. Un grito de ambos quedó resonando como eco mientras una fuerte luz cegó a todos los espectadores.

    Y en el preciso instante en que ambos fueron expulsados. El Gran Sacerdote anunció el final del Torneo.

    TIEMPO CID

    En ese preciso instante, Alanis salió a la plataforma, como la única superviviente del universo 7. Todos quedaron confundidos, menos Cidboo.

    ¡El Plan fue un éxito![]

    El campo de batalla finalmente se silenció. No quedaba nada más que hacer. El Gran Sacerdote, con su habitual y neutra sonrisa, alzó las manos y proclamó solemnemente al Universo 7 como el vencedor absoluto del Torneo del Poder. Con esa simple frase, la última llama del Universo 11 fue apagada sin ceremonias. El cuerpo de Jiren, aún de pie pese a su derrota, fue consumido por la luz. Toppo, Dyspo y el resto desaparecieron con él, envueltos en un resplandor tan blanco que dolía verlo. Era el juicio de Zeno, frío, total, incuestionable.

    Después de unas breves explicaciones, Cidboo explicó el plan del Universo 7. A los reyes del todo les pareció algo muy divertido, por lo que lo aceptaron. Whis y el Gran Sacerdote ya sabían de ello, pero no habían dicho nada al respecto.

    Y entonces, como si el cielo mismo respondiera a esa conclusión, el firmamento se abrió en un vórtice de oro y luz. Las Super Esferas del Dragón emergieron una a una, colosales, flotando como planetas vivos ante la mirada de todos. Era un espectáculo que solo los dioses y los elegidos podían contemplar sin volverse locos: el poder absoluto, la capacidad de revertir lo irreversible. El Gran Sacerdote alzó su cetro y recitó las palabras sagradas en la lengua primigenia del cosmos. Y con un rugido que estremeció las leyes de la existencia, Super Shen Long emergió del núcleo de las esferas, tan vasto que ni siquiera los ángeles podían seguirle la mirada por completo. Su voz, cuando habló, fue como el eco de la creación.

    Zeno, con su eterno entusiasmo infantil, giró hacia Alanis, la última en pie del universo victorioso, y le pidió gentilmente que expresara su deseo.

    Ella guardó silencio por un instante.

    Había sido traicionada por su cuerpo, abandonada por la suerte, creída muerta… y aun así, aquí estaba. Viviente. Con el poder de rehacer la historia en la palma de su voluntad. Muchos esperaban que pidiera algo egoísta. Algo para sí. Pero no. Whis se había acercado a ella en la quietud entre las decisiones, hablándole con esa voz suave que guarda siglos de sabiduría. Le había contado la verdad: que el torneo no era solo una guerra… era una prueba. Que la intención oculta del Rey del Todo era ver qué universo, de entre todos, comprendería el verdadero valor de la existencia.

    Y Alanis entendió. Comprendió que en un mundo donde la muerte es necesaria, el acto más valiente es desear vida.

    Por eso, con las manos temblorosas, miró al dragón que lo podía todo y dijo, con voz firme:

    Deseo que traigas de vuelta a la vida a todos los universos que fueron aniquilados en este torneo
    — Deseo de Alanis

    Un silencio sepulcral invadió la plataforma. Y entonces, Super Shen Long rugió con un estallido cósmico, expandiendo su energía en una onda que cruzó el tejido de la realidad. En un instante, todos los universos borrados fueron restaurados. Guerreros, dioses, planetas, historias… todo volvió. Como si la gran tragedia nunca hubiese ocurrido. Los Zeno miraron el espectáculo con aplausos de niños satisfechos. Ellos también habían comprendido. No era solo un juego. Era una lección.

    Todos sonrieron. Todos… menos Rodsick. Mientras los aplausos resonaban y la esperanza renacía como una primavera inesperada, él permanecía de pie, mirando el vacío, con el ceño fruncido. Su silueta parecía más oscura que nunca, como si el poder que había tocado aún se aferrara a él en lo profundo.

    PARTE 7 - LA GUERRA MULTIVERSAL

    Próximamente...

    Resumen Cronológico

    ORIGEN Y CREACIÓN

    • Cidboo nació como parte de un experimento prohibido del científico Glanni Geppur, quien mezcló material genético de la raza ¿Majin con células de los Najyn, una raza conocida por su capacidad de mutación y control mental.
    • Fue la tercera creación del proyecto N-Majin, después de sus hermanos fallidos: Babu y Boobug (Alias Boogi)
    • Su cuerpo fue forjado a través de procesos dolorosos que implicaban deformación, estimulación, regeneración y mutaciones progresivas. Durante mucho tiempo no pudo hablar ni razonar.

    PRIMERAS ETAPAS

    • Cidboo comenzó a desarrollar una conciencia propia, marcada por silencio, sadismo y un gusto inusual por el combate físico.
    • Durante un incidente en el laboratorio, Babu y Boobug escaparon y se enfrentaron a ella en una batalla brutal, donde no hubo muerte, sino reconocimiento: los tres se aceptaron como “hermanos deformes”.
    • Después de su liberación, comenzaron a vagar por el universo como entes salvajes que, lejos de buscar destrucción, descubrieron el placer del aprendizaje, la adaptación, y la sobrevivencia. Ello, después que Glanni Geppur fugase en un intento de ser capturado por la Patrulla Galáctica.

    LIBERTAD

    • Se enfrentó a la Falsa O.I.C, dejando esta extinta y absorbiendo a Fying (Hermano de Nix) hasta succionarlo en su cuerpo
    • Destruyó infinidad de planetas
    • Fue detenida por Bills y Whis, el primero decidió no exterminarla, y ayudarla a encontrar su destino, en razón a un secreto que solamente él y Whis conocen.

    RENACIMIENTO

    • Con las esferas del dragón, consiguió su cuerpo terrícola
    • Entrenó con Kamisama y se mudó a la Corporación Cápsula
    • Conoció a Andreina y a Alanis

    CLUB DE LOS LAGARTOS

    Próximamente...

    TORNEO DEL PODER

    • Fue reclutada como uno de los 10 guerreros para representar al equipo del Universo 7

    GUERRA MULTIVERSAL

    Historias Alternativas

    Livstid (2021)[]
    La versión 2021 de la serie, presenta una segunda temporada que fue cancelada debido al fracaso de la serie. No obstante, se dedica el capítulo 21 a introducir a Cidboo en la Escuela Secundaria Dí Doulce a la que asisten Andreina y Alanis, quienes están de vacaciones. Se nos presenta al personaje con el apodo de "Cidrip", el cuál Dust y Shil encuentran en el primer lugar de su juego favorito en el salón de entretenimiento y ludopatía, sintiéndose enojados al haber sido superados por quien aparentemente es una chica, por lo que deciden investigar más sobre ella, pues acaba de mudarse a la ciudad y nadie conoce nada sobre ella.

    Estilo de combate


    Paradoja Resonante[]

    Cidboo no lucha, sino seduce al peligro, lo observa, lo estudia, lo lame con la mirada hasta entender su sabor. Su estilo de combate no es uno que se aprende, ni que se enseña, ni siquiera que se domina. Es un juego de múltiples capas, un teatro grotesco disfrazado de danza letal, que se adapta a la respiración del enemigo y muta con sus errores. "Juego de Carne y Mentira" es exactamente eso: un juego, una ilusión que cobra forma a través de su cuerpo maleable, de su mente afilada y de su necesidad de victoria, sin importar el precio.

    Desde el primer instante,entra en combate como quien entra en una sala de interrogatorio: en silencio, con una sonrisa que no es de alegría, sino de análisis. No ataca por reflejo, sino por deducción. Analiza cada gesto, cada postura, cada pausa en la voz de su enemigo. En vez de buscar una abertura física, busca una fisura emocional, una grieta en la moral o en la voluntad. Su movimiento no es elegante ni torpe: es ambos a la vez, porque imita, mezcla y desfigura los estilos ajenos para devolverlos como una parodia útil, como una máscara funcional.

    Su cuerpo, gracias a la elasticidad N-Majin y su capacidad de regeneración, no rehuye al daño: lo recibe, lo envuelve, y muchas veces lo redirige. Si alguien le corta una extremidad, esa extremidad no cae: se transforma en una trampa. Si le disparan energía, la engulle con el gesto infantil de alguien que juega con fuego sin quemarse. Nunca responde con fuerza bruta; responde con uso inteligente del contexto, aprovechando cada mínimo error, cada entorno, cada emoción que huela a urgencia o a ira.

    Siempre va de menos a más, como si su existencia en combate fuera una pendiente que desciende lentamente al infierno del rival. Empieza con movimientos imprecisos, provocadores, a veces hasta absurdos. Simula ser más torpe de lo que es, más débil de lo que aparenta. Pero todo es parte de un método: que el enemigo subestime, se relaje, gaste energía. Porque en el fondo, ella nunca está peleando cuerpo a cuerpo: está jugando una partida de ajedrez emocional, donde las piezas no son figuras, sino decisiones, y cada una que el enemigo toma lo acerca a su jaque mate.

    Cuando el momento llega, cuando la mentira inicial se desmorona, Cidrevela el verdadero ritmo de su danza: velocidad irregular, ángulos extraños, ataques que no parecen tener sentido hasta que terminan en un golpe certero al corazón del combate, ya sea literal o simbólico. En ese punto, su rostro cambia, su voz se endurece, y empieza a hablar, a escupir verdades, a incomodar con lo que sabe. Porque en este juego, la manipulación es tanto arma como escudo. Si puede desequilibrar al rival con una palabra, no necesita levantar la mano.

    Y si todo falla, si el combate se vuelve demasiado cerrado, si no hay espacio para la mente, entonces recurre a lo más bajo, a lo más sucio, a lo que nadie espera de alguien con apariencia tan calculadora: hace trampa. Absorbe cuando no debe, se disuelve entre sombras, convierte un trozo de carne en un espejo de energía, simula morir para nacer dentro del enemigo. Porque para la N-Majin, mientras nadie descubra la trampa, no existe la trampa. Y si el mundo quiere reglas, ella las romperá desde dentro, con la sonrisa intacta.

    No importa si es Cidboo en su forma original, con su cuerpo viscoso y retorcido, o Cidriana, elegante y enigmática, humana solo en forma: el método no cambia. Lo único que varía es el disfraz. Y el enemigo, tarde o temprano, lo entiende. Ya no está peleando contra un ser físico. Está atrapado en un laberinto de decisiones incorrectas, donde cada paso lo acerca a un final que ya fue calculado desde el primer suspiro. Donde la carne es trampa, y la mentira… victoria.

    Habilidades


    Habilidades de Grado Científico[]

    La composición genética de Cidboo no es fruto del azar, sino el resultado de una fusión meticulosamente diseñada entre dos razas poderosas: los Majin, conocidos por su maleabilidad física, regeneración infinita y caos espiritual, y los enigmáticos Najyn, portadores de una estructura energética altamente sensible, mentalmente despierta y emocionalmente compleja. De esta convergencia surge una criatura única, pero no se trata simplemente de una mezcla pasiva de atributos heredados.

    El responsable detrás de esta abominación refinada fue el infame Dr. Glanni Geppur, cuyo genio degenerado no se limitó a combinar material genético: lo perfeccionó. A través de modificaciones experimentales, intervenciones en planos neuronales y alteraciones cuánticas a nivel celular, Geppur no solo buscó recrear lo mejor de ambas especies, sino superar sus limitaciones. Su obsesión era clara: crear una nueva casta de entidades superiores, los N-Majin, capaces de adaptarse, absorber, dominar y evolucionar más allá de cualquier forma de vida conocida.

    El resultado de sus experimentos no fue una simple suma de partes, sino el nacimiento de un linaje con un factor distintivo. Presentando a continuación un listado con sus habilidades básicas, pero insignias.

    Nombre Explicación Muestra de Origen
    Cuerpos del Eco Interno A diferencia de la clonación común, se divide en fragmentos autónomos que representan distintos aspectos de su personalidad: furia, lógica, alegría, tristeza, entre otros. Cada uno piensa y pelea por sí mismo, pero todos están conectados como una mente colmena. Al reintegrarse, Cid absorbe lo aprendido por cada fragmento, volviéndose más fuerte y adaptativa. Majin

    Rayo de Transmutación
    Extiende su palma con delicadeza, como si ofreciera un obsequio. Desde su centro surge una chispa color violeta que se transforma en un haz danzante de energía. Este rayo no solo convierte a sus víctimas en objetos (muñecos, instrumentos, libros, dulces o estatuas) sino que lo hace reflejando el deseo más reprimido del oponente. Un castigo simbólico. Aquel que quiso poder, será transformado en una corona. El que anheló amor, en una flor marchita. También si le apetece, puede solo convertirlos en dulces o chocolates. Majin
    Regeneración Evolutiva A diferencia de la simple restauración celular, la regeneración de Cidboo reconfigura la zona dañada con una leve mejora estructural. Cada vez que su cuerpo se recompone, su resistencia aumenta y su tejido se vuelve más denso, como si aprendiera de cada ataque. Fragmentarla no debilita: la refina. Majin
    Curación (Reversión) Puede sanar a otros canalizando sus propias memorias emocionales, sustituyendo el sufrimiento del objetivo con uno suyo. Mientras cura, revive un recuerdo oscuro, lo absorbe, y lo transforma en energía restauradora. Majin
    Fisión Psicoemocional Cuando sus emociones se desbordan, puede expulsar fragmentos psíquicos de sí misma que toman forma física. Cada entidad representa una emoción dominante (ira, duda, deseo, compasión) y actúa como un ser independiente por un tiempo limitado. Estas versiones pueden cooperar o rebelarse, dependiendo del equilibrio emocional de Cidboo. Najyn
    Mimetismo Adaptativa Más que copiar, Cidboo analiza y deconstruye técnicas enemigas en pleno combate, reconstruyéndolas con su propia esencia. Si observa un Kamehameha, lo convertirá en una versión elástica y explosiva. Si ve una técnica de espadas, puede replicarla en forma de látigos energéticos. Siempre una réplica mejorada. Majin
    Mareo Chino de 4000 años Libera un grito mudo que vibra en frecuencias cuánticas. No destruye materia, la desestabiliza. El suelo tiembla, el aire se ondula, y las mentes débiles experimentan ilusiones sensoriales. Ideal para romper defensas sin dañar, o desarmar al enemigo desde dentro. Najyn
    Distorssion Drive Cidboo concentra su poder en un radio de combate reducido, creando una burbuja donde el tiempo parece extenderse y los sentidos se embotan. Los sonidos se repiten, los movimientos parecen eco, y el rival siente que flota en una pesadilla. En ese estado, solo Cidboo conserva lucidez total. Najyn
    Trampa de Arena: Dunas de la Perdición Desliza su palma sobre el suelo y lo convierte en una arena violácea que se arrastra como si tuviera voluntad propia. La superficie no solo inmoviliza al oponente, sino que lo va hundiendo en esta; tanto física como emocionalmente, el aire en la trampa de arena va reduciéndose conforme el cuerpo del enemigo va siendo arrastrado con esta. No es solo una trampa física: es un pozo de memorias. Najyn
    Aliento de Hambruna Con una inhalación profunda y un brillo tenue en sus ojos, Cidboo extrae lentamente la energía vital de su oponente desde la distancia. No solo roba ki, sino que identifica los patrones de uso y los almacena como datos sensoriales. Cada absorción es un estudio, una amenaza futura disfrazada de debilidad presente. Majin
    Ósculo del Fin Al entrar en contacto físico directo con su oponente, basta con rozarlo con los labios, la palma o incluso su aura, Cidboo activa un mecanismo de absorción que canaliza el poder destructivo de tipo Hakai. Sin explotar el Hakai de manera tradicional, lo consume como energía pura de disolución, alimentándose de la existencia misma del objetivo. A diferencia de un borrado inmediato, el proceso es gradual, como si el oponente comenzara a deshacerse desde dentro, desintegrándose y alimentando a Cidboo con cada partícula eliminada. Existe una limitante, y es que solo puede aplicarse con seres relativamente inferior a ella, caso contrario, su cuerpo explotará. Najyn

    Técnicas

    Técnicas Base

    Técnicas que aprendió en sus primeros combates contra Babu y Boogi, o que simplemente sabía que las poseía. Todas estas, son inherentes de Mr Boo.

    Imagen Referencial Nombre Explicación Grado de Impacto
    Aliento en Llamas
    CB1
    Primero, el usuario inhala una enorme cantidad de aire y después lo exhala creando una enorme ráfaga de viento similar a un huracán lo suficiente poderosa como para destruir ciudades enteras. También funciona para desviar o regresar ataques. Bajo
    ¡GACK!
    CB3
    Primero, el usuario abre su boca y reúne allí una gran cantidad de ki, luego lanza esa energía en forma de rayo hacia el oponente, causando grandes daños. Bajo
    Exterminio de la Humanidad
    CB4
    Primero, el usuario levanta la mano y cobra una aura rosada alrededor de su cuerpo. Entonces envía una gran cantidad de ondas de energía rosadas al cielo para caer sobre sus enemigos, infligiendo una gran cantidad de daño. Medio
    Bombardeo Mortal de la Venganza
    CB5
    Cidboo carga un aura rosa a su alrededor, luego dice que hará pagar a todos y suelta una gran explosión en forma de domo, mientras grita que matará a todos, causando una enorme cantidad de daño pero puede causarle la propia muerte al quien realiza la técnica. Alto

    Técnicas de Primer Grado

    Técnicas de bajo esfuerzo o mecánicas automáticas que Cidboo lanza para medir a su rival. Suelen ser explosiones básicas, proyecciones de energía o ataques físicos directos. No cargan con intención real, solo son carnada para el análisis.

    Imagen Referencial Nombre Explicación Grado de Impacto
    Denki Bang Su puño derecho se electrifica con líneas de energía que recorren su brazo como raíces vivas. En segundos, concentra una masa pulsante de ki cargado que crece con intensidad descontrolada. Con un golpe seco, libera esta descarga en forma de esfera comprimida que explota al contacto, generando una onda de choque devastadora y eléctrica que paraliza momentáneamente a los afectados. Bajo
    Fighting Serpent Cidboo estira su torso y parte inferior hasta formar una serpiente viviente de pura carne y energía. Su cuerpo se ondula a alta velocidad, golpeando con fuerza cada parte del enemigo mientras serpentea a su alrededor, creando una prisión móvil. Tras bloquear cada ruta de escape, su cabeza se compacta como un resorte y lanza un cabezazo de impacto masivo que puede fracturar campos de energía. Bajo
    Bidirrectional Constant Golpea con una bofetada cargada de ki para desequilibrar al rival, seguida de una patada frontal. Acto seguido, gira como un torbellino humano entre ráfagas de cachetadas y patadas. Su velocidad de giro incrementa cada segundo, haciendo que el número de impactos por segundo aumente progresivamente, convirtiendo el cuerpo de Cidboo en un vórtice incontrolable de daño físico sostenido. Medio
    Great Wave of Electricity Moldea dos esferas de energía que se fusionan en sus manos y se expanden como una gran masa rectangular de ki en movimiento. La técnica toma la forma de una ola colosal, flotando unos segundos antes de caer sobre el enemigo como una cortina de ki electrificado. Al contacto, inyecta una tormenta interna de descargas seguidas de una detonación que electrocuta hasta el sistema nervioso más resistente. Medio
    Crushing Lasso Sus brazos se extienden y aplanan, transformándose en discos de energía giratoria. Al frotarlos entre sí, genera un lazo de doble núcleo que adopta la figura de un símbolo infinito. Este lazo giratorio se lanza como un misil vivo, envolviendo al enemigo y girando violentamente a su alrededor. Cada giro del lazo descarga impactos invisibles que no solo dañan físicamente, sino que desestabilizan el flujo interno de ki del oponente. Medio
    Stinging Rain Crea dos espadas de ki agudo que al chocar entre sí, generan ondas cortantes en forma de X. Estas ondas se elevan y luego descienden como una lluvia de tajos controlados que se dispersan y afinan a medida que caen. Al cruzar las espadas, cada nuevo tajo libera una onda afilada de energía pura, y puede repetirlo hasta agotar la carga de las hojas. Ideal para desmembrar defensas desde múltiples ángulos. Medio
    Strike of the First Storm Cidboo acumula energía en el interior de su pecho como si preparara una descarga primaria. Luego, canaliza ese poder hacia sus extremidades, generando múltiples esferas flotantes de ki programadas con micro-circuitos tsufur que rastrean los latidos, movimientos y temperatura del oponente. Estas esferas giran velozmente a su alrededor formando una tormenta caótica que, tras unos segundos, se disparan como relámpagos vivos desde distintos ángulos. Cada impacto desorienta y sobrecarga el sistema nervioso del objetivo. Medio

    Técnicas de Segundo Grado

    Combinaciones más creativas y personalizadas, donde empieza a mezclar su energía con patrones aprendidos, absorciones previas o reacciones inusuales. Aquí el combate se vuelve más peligroso, ya que Cidboo comienza a jugar en serio.

    Imagen Referencial Nombre Explicación Grado de Impacto
    Rocket Queen Lanza su cuerpo desde gran altura como un proyectil vivo, extendiendo brazos y piernas al máximo. Durante el descenso, una barrera de energía púrpura envuelve su cuerpo, desintegrando los ataques entrantes. Justo antes del impacto, esta barrera estalla en una onda expansiva que lo impulsa como una nova, golpeando al enemigo con un estallido masivo que fusiona fuerza física y energía comprimida. Bajo
    Underground Road Multiplica sus brazos laterales, creando diez en total. Dos se cargan con energía densa y golpean con un aplauso directo al rostro del oponente. Mientras tanto, las otras extremidades se hunden en la tierra, emergiendo desde abajo para sujetarlo. Cada brazo libera una onda de energía distinta, generando una confusión sensorial antes de explotar simultáneamente. Medio
    Electricity Stars Desde sus venas sobrecargadas de energía, libera pequeñas minas en forma de estrellas que parpadean como si orbitasen. Estas “estrellas eléctricas” flotan erráticamente hacia el oponente, deslizándose como discos energéticos. Al hacer contacto, estallan en ráfagas de descargas que atraviesan la piel y saturan el sistema nervioso. Alto
    Great Wave of Electricity Moldea dos esferas de energía que se fusionan en sus manos y se expanden como una gran masa rectangular de ki en movimiento. La técnica toma la forma de una ola colosal, flotando unos segundos antes de caer sobre el enemigo como una cortina de ki electrificado. Al contacto, inyecta una tormenta interna de descargas seguidas de una detonación que electrocuta hasta el sistema nervioso más resistente. Alto
    Lighting Sword Cut Cidboo moldea en sus manos una doble hoja relampagueante, similar a una castañuela dividida. La lanza como un frisbi viviente que rebota entre él y su objetivo, rebanando el aire con cada giro. La hoja rastrea al enemigo, infligiendo cortes cargados con electricidad cinética, ideal para mantenerlo a la defensiva y vulnerarlo progresivamente. Alto
    Dark Steel Con un lápiz de ki condensado, traza una estrella energética en el suelo. Esta marca altera el flujo de aire y activa un campo invisible de presión mental. Inmediatamente después, Cidboo lanza una ilusión sensorial que infiltra la mente del rival, causando desorientación, pérdida del equilibrio y un dolor de cabeza agudo que rompe la concentración del oponente. Alto
    Slashing Flare Cidboo forma cuchillas flexibles moldeadas de ki, adaptándolas a múltiples formas durante el combate. Realiza cortes quirúrgicos en cada extremidad del enemigo; cada herida emite un número creciente de rayos que golpean desde dentro como punzadas de aura viva. Culmina el ataque elevándose y dividiendo el cuerpo del enemigo con un tajo final cargado de energía explosiva. Suele absorber al rival debilitado como cierre de ejecución. Alto
    Strike of the Second Storm Cidboo ejecuta un movimiento giratorio con los brazos extendidos, liberando una corriente de plasma violeta que gira en espiral. Dentro de esta corriente, pequeñas partículas de ki moldeadas por tecnología tsufuru generan campos gravitacionales en miniatura que distorsionan el espacio alrededor del oponente. El campo se convierte en una prisión de energía, ralentizando los reflejos ajenos. En medio del vórtice, Cidboo lanza una ráfaga de estocadas fantasma que aparecen desde varias dimensiones, golpeando en sincronía con cada microdistorsión. Alto

    Técnicas de Tercer Grado

    Técnicas definitivas, retorcidas, creadas exclusivamente para aniquilar. Se reservan para enemigos que la obligan a esforzarse o que han despertado su verdadera naturaleza destructiva. Cuando usa estas, el combate ya no es juego: es sentencia.

    Imagen Referencial Nombre Explicación Grado de Impacto
    Mystic Zone Invoca un centenar de tarjetas de energía que giran velozmente formando un cilindro flotante que encierra al enemigo. Este campo refleja cualquier ataque de ki y expulsa con el doble de fuerza a quien intente cruzarlo. Tras unos segundos, Cidboo elige entre hacer explotar el campo como una ráfaga de ki ascendente o liberar las tarjetas como proyectiles inteligentes que atraviesan el campo y bombardean desde todas direcciones. Alto
    Blazing Cidboo Blade Genera en sus manos dos sables de ki ígneo con bordes vivos. Cada corte deja una herida marcada con un tajo de energía brillante, como si sellara un detonador en la carne. Tras una danza frenética de cortes, Cidboo activa todas las marcas a la vez, haciendo que el cuerpo del enemigo estalle en múltiples puntos bajo una única orden energética. Alto
    Whirlwind Fury Se envuelve a sí misma con los brazos y comienza a girar a velocidades extremas, generando un tornado de energía tan denso que sacude la tierra a su paso. Envuelta en la Ráfaga Mística, es intocable durante el proceso. Una silueta demoníaca aparece a su espalda como proyección astral. Finalmente, lanza una gigantesca onda sónica y eléctrica que, al impactar, inmoviliza al enemigo con descargas constantes hasta desintegrarlo desde dentro. Alto
    Evil Twister Tras un salto flotante, alza sus palmas y oscurece el cielo. El entorno se distorsiona con ilusiones envolventes y ráfagas de fuego oscuro que se dispersan como plagas vivas. Estas llamas contaminan el ambiente con un humo denso y venenoso; inhalarlo paraliza los sentidos y reduce drásticamente el rendimiento físico del enemigo mientras el campo se vuelve una trampa asfixiante. Alto
    Pocket Demon Cidboo lanza una esfera de ki comprimido que se expande en una barrera púrpura alrededor del enemigo. Esta cápsula de presión se va llenando con energía inestable mientras él carga poder. En el momento justo, libera toda la energía en una detonación controlada, haciendo estallar la barrera desde dentro, como si el enemigo hubiera sido encerrado con una versión comprimida de un demonio hambriento. Alto
    Strike of the Third Storm La tercera parte de esta técnica, Cid entra en un estado de sinapsis total entre su parte Majin y su núcleo Najyn aumentando al máximo su velocidad de procesamiento y su plasticidad corporal. El cielo se oscurece brevemente y su energía se eleva como si convocara una tormenta cósmica. Su cuerpo se multiplica brevemente en decenas de copias hechas de energía semisólida, cada una atacando desde distintas direcciones con golpes que dejan rastros temporales que se acumulan. Finalmente, todas las copias colapsan sobre el enemigo en un único golpe multidimensional que reescribe momentáneamente el entorno, dejando al rival atrapado en un bucle sensorial de daño repetido. Alto

    Técnicas Creadas a partir de la Mimetización

    Cidboo posee la capacidad de absorber patrones de combate y energía ajena al observar o recibir ataques. No los replica tal cual, sino que, a través de su instinto adaptativo, descompone la esencia de la técnica y la reinventa con su estilo salvaje, burlón y cruel. Así nacen versiones más agresivas, impredecibles y cargadas de su energía mística, que no solo imitan, sino que ridiculizan la original. Su cuerpo, hecho para el cambio constante, le permite transformar técnicas en herramientas propias y únicas.

    Estas adaptaciones no siempre surgen al instante; algunas requieren que ella experimente el ataque, lo recorra con su aura, lo comprenda desde el dolor o la sorpresa, y luego lo vomite de vuelta al mundo con un sello de crueldad propia. No busca perfección técnica, sino impacto psicológico: hacer que el enemigo se enfrente a una versión más destructiva de su propio poder, como si la burla viniera del universo mismo.

    Imagen Referencial Nombre Explicación Usuario de Técnica Original
    Astral Pulse Concentra una esfera de energía en su palma derecha, mientras su otra mano se abre y cierra rítmicamente, acelerando la condensación energética. Cuando la carga alcanza su punto crítico, Cidboo aplaude violentamente y libera un rayo puro que viaja como un haz compacto, generando de dos a tres explosiones en el impacto, cada una más devastadora que la anterior. Nix
    Ecliptal Graviton Extiende su brazo con solemnidad y abre la palma hacia el cielo, formando un domo sólido de energía que se fragmenta en pequeños rectángulos magnéticos. Estos actúan como imanes de ki que absorben y distorsionan la energía enemiga. Al ser tocado, el campo libera una explosión que triplica su radio original, arrastrando todo a su paso como un agujero negro temporal. Nix
    Cyclone Mirage Comienza a girar con una pierna extendida mientras su cuerpo se desdibuja en un torbellino de ilusiones. El aire se distorsiona y una ola de choque invisible , un Kiai múltiple, se libera en todas direcciones, arrojando a todo aquel que esté cerca como si la gravedad misma hubiese colapsado. Praiz
    Serpent Mind Spiral Aprovechando su siniestra flexibilidad, curva su columna vertebral como una figura de hiperlordosis, moviéndose por los vientos residuales del ataque anterior. Su cuerpo se desliza por el aire como un espectro, atacando desde ángulos impredecibles con una serie de golpes quirúrgicos destinados a puntos vitales, antes de desaparecer y reaparecer por otro flujo. Alanis
    Raketá Cidboo Se envuelve en su aura como una bala demoníaca y se lanza con brutal velocidad hacia el oponente. Apunta directo a la cabeza o lo arrolla, llevándolo consigo hasta los límites de la atmósfera. Allí, lanza un puñetazo giratorio tan poderoso que podría dejarlo flotando en el vacío, sin aire, sin escape. Algunos no regresan del viaje. Alanis
    Twin Spiral Forma dos cuchillas giratorias de energía comprimida que se disparan como tornillos de plasma. Ambas giran con tal fuerza que arrastran al enemigo al centro del impacto. Al encontrarse, explotan como un único corazón energético, destruyendo todo en un radio expansivo. Si la resistencia física del oponente es baja, las cuchillas pueden perforarlo por completo. Alanis
    Neonborn Detonation Se acurruca como un feto en el vacío, su cuerpo comienza a emitir un resplandor neón en aumento. Las grietas comienzan a recorrer sus armaduras hasta hacerlas estallar en miles de fragmentos, liberando una onda expansiva devastadora que viaja a larga distancia y deja tras de sí solo silencio y calor residual. Alanis
    Prism Bastion Basada en el principio de atracción energética, su cuerpo se endurece como una piedra celestial y proyecta cubos densos de energía sólida. Al dispararlos, el estruendo es ensordecedor y cada cubo aplasta todo a su paso, resistiendo ataques y desmoronando incluso técnicas proyectadas. Son murallas vivas, diseñadas para rechazar y destruir. Alanis
    Spiral Phage Se envuelve en un vórtice de velocidad letal y se parte en dos mitades. Una mitad se sacrifica, se corta a sí misma y se infiltra por heridas, boca o heridas abiertas del enemigo, inflándolo con energía corrupta hasta hacerlo explotar desde dentro. Luego se regenera con la otra mitad, emergiendo intacta, como si nada hubiera pasado. Alanis
    Split Howler Lanza múltiples ondas de energía hacia diferentes planos de existencia. Cada una encierra al enemigo en una capa de barrera plana, mientras otras explotan en el cielo, desencadenando una lluvia energética que desciende como un bombardeo descontrolado. Con su puño derecho cargado, culmina con un golpe directo al rostro, como el cañón de un juicio final. Alanis
    Infernal Spiral Scythes Crea discos giratorios en ambas palmas, con centros que cambian de color y temperatura en espirales infernales. Al lanzarlos, no solo cortan como hojas, sino que incendian la zona y las heridas abiertas. El fuego maldito se expande, provocando llamas difíciles de extinguir incluso por técnicas de agua o barreras defensivas. Andreina
    The Dope Show (Cidboo's Version) Entra en un estado ilusorio absoluto, sumiendo al enemigo en un mundo gris cubierto de una niebla tóxica llamada C-A-N. Esta sustancia genera risillas, somnolencia y paranoia. Mientras tanto, la verdadera Cidboo se prepara en la sombra. Lanza una onda de choque invisible al estómago del enemigo y lo atrapa con un dónut energético. La víctima cae en un vacío ilusorio, mientras Cid aparece como un ente gigante, riendo, y lanza un Makohou real, cerrando el acto con una explosión que arranca al oponente del plano ilusorio hacia una dolorosa realidad. Alanis
    Kélikron Prission Fragmenta su existencia en múltiples puntos temporales superpuestos durante un lapso de 0.33 segundos, creando versiones de sí misma que actúan simultáneamente desde distintos ángulos sin romper la linealidad del tiempo. No se trata de pausarlo, sino de desdoblarlo, permitiéndole ejecutar varios ataques reales en diferentes momentos que colapsan en un solo punto físico cuando la fase termina. Cada golpe impacta desde una dimensión temporal diferente: una palma hueca que atraviesa el torso, una patada invertida que rompe la base de la pierna, un dedo clavado en la frente que desorienta la conciencia, y finalmente una recomposición de la realidad donde todos los impactos convergen al mismo tiempo, provocando una explosión interna de daño acumulado sin que el sistema nervioso del oponente logre procesarlo. El cuerpo no cae de inmediato; por segundos permanece de pie, como si el alma ya hubiese abandonado su recipiente, con una estela rojiza saliendo de los puntos de impacto y una profunda sensación de haber sido vencido por algo que el ojo nunca vio venir. Hit

    Técnicas Exclusivas en Videojuegos

    Imagen Referencial Nombre Explicación Vídeojuego
    V-Crush Charge Cidboo eleva su aura al máximo, sobrecargando su cuerpo con energía inestable. En una carga suicida, ejecuta un cabezazo en forma de "V", impactando con una fuerza que deforma el espacio frontal. Durante el impacto, lanza desde su pie una serie de minas de ki ocultas que detonan en cadena, amplificando el caos del golpe. Es una técnica riesgosa, brutal y definitiva para abrir grietas incluso en defensas impenetrables. Dragon Ball Saidaigen
    Bomb Sprint A toda velocidad, Cidboo embiste con una secuencia rítmica de golpes: derecha, bajo, derecha, bajo... Lo hace parecer predecible a propósito, hasta que el oponente baja la guardia. Entonces, con la otra mano carga una esfera energética compacta que impacta directo al pecho y libera múltiples microexplosiones consecutivas, como una reacción en cadena de bombas internas que estallan una tras otra. Cada explosión desordena el flujo de ki del enemigo, dejándolo paralizado por segundos. Dragon Ball Saidaigen
    Razor Bloom Usando sus Navajas Moldeables, Cidboo forja formas filosas a voluntad que mutan en pleno combate. Estas cuchillas giran, se estiran o se fragmentan para cortar estratégicamente tendones, nervios y articulaciones. Cada corte libera un rayo de aura que atraviesa al enemigo desde adentro, marcándolo con cifras luminosas. Al final, Cidboo se eleva y parte al enemigo desde el cielo, detonando una explosión de aura en forma de flor mortal. A veces, tras esto, se permite absorber al enemigo sin prisa, como ritual final. Dragon Ball Saidaigen
    Pulse Devastation Cidboo concentra enormes cantidades de ki en sus puños, que comienzan a brillar con un color blanco intenso que se extiende por toda su piel como una transformación luminosa. Mientras carga, el suelo tiembla violentamente y el aire se agrieta por presión. Finalmente, con un grito salvaje, eleva sus brazos y libera una esfera masiva de ki pura que se forma desde su propio aliento vital. Esta energía arrasa todo a su paso como una ola blanca imparable, desintegrando materia y energía por igual. Dragon Ball Saidaigen
    Oblivion Veins Cidboo rompe su vestimenta en un estallido de energía, dejando ver un cuerpo que comienza a crecer de forma grotesca: sus venas se inflaman, sus músculos se hipertrofian y su ki se convierte en un torbellino oscuro. Atrae técnicas enemigas y las absorbe sin procesarlas, encerrándolas en su núcleo mientras su energía distorsiona el cielo y genera una neblina densa que borra la luz. En el clímax, se autodestruye como un sacrificio caótico, provocando una explosión planetaria que no deja rastro alguno... excepto una risa remanente en el viento. Dragon Ball Saidaigen

    Formación de Combate

    Imagen Referencial Nombre Explicación Compañero(a)
    Chewy and Untuctous Una táctica viscosa, impredecible y plagada de trampas energéticas. Andreina actúa como señuelo principal, lanzándose al combate con ataques explosivos y salvajes mientras Cidboo altera el terreno con su ki, volviéndolo denso, pegajoso y traicionero. El suelo se convierte en una trampa viscosa que ralentiza a los enemigos sin que lo noten, mientras minas ocultas de energía moldeada por Cidboo se adhieren a cada paso dado. Si el oponente cae en la provocación, termina rodeado por una danza entre lo brutal (Andreina) y lo asfixiante (Cidboo), hasta ser consumido por una emboscada invisible. Andreina
    Majin and Human La precisión y el caos se sincronizan. Yien, con su estilo disciplinado y reminiscente, se mantiene a distancia media, ejecutando técnicas de presión continua, control ocular y multiplicación táctica. Mientras tanto, Cidboo se encarga de alterar el flujo de energía en el área, confundiendo los sentidos del enemigo, haciendo parecer que los ataques vienen de todas partes. Gracias a su mimetismo, puede replicar algunos movimientos de Yien para crear una ilusión espejo, provocando desorientación y abriendo una ventana para un golpe certero. Esta formación se basa en el equilibrio entre disciplina y mutación: una armonía entre lo humano y lo monstruoso. Yien
    Team Tag Una estrategia de triple emboscada que juega con los reflejos del oponente. Alanis inicia con una ofensiva sigilosa, apareciendo detrás del enemigo en momentos clave gracias a su velocidad bestial. Andreina lanza ataques directos y sin control para fijar la atención del oponente. Mientras tanto, Cidboo se desliza por las sombras, imitando las técnicas de ambas para crear dobles ilusorios, esparciendo trampas de ki moldeado que activan solo al detectar emociones como rabia o miedo. Una vez acorralado, el enemigo cae en un torbellino de brutalidad sincronizada: tres estilos distintos que convergen como una danza caótica diseñada para destruir el alma y cuerpo del objetivo. Andreina y Alanis

    Combinaciones de Técnicas[]

    Shatter Bloom[]
    Cidboo + Alanis
    Trampa de Arena Dama Furiosa
    Shatter Bloom

    Una sinfonía de locura táctica y supresión espiritual. Cidboo inicia el proceso deslizando su palma sobre el suelo, activando la Trampa de Arena que infecta la tierra con una textura violácea animada por el dolor de miles de memorias almacenadas. El terreno cobra vida y se arrastra hacia los pies del oponente, envolviéndolo lentamente mientras las emociones reprimidas y traumas se despiertan dentro de su mente. El cuerpo comienza a hundirse, y el aire se vuelve cada vez más denso.

    En ese instante, Alanis dispara una onda de ki invisible que penetra cualquier defensa mental o energética debilitada por la trampa emocional de Cidboo. El impacto no solo abre una brecha física, sino que activa un molde de energía en forma de un corcel abrasador que Alanis monta de inmediato. Durante los siguientes diez segundos, Alanis cabalga alrededor del oponente atrapado, disparando flechas de fuego que se clavan como recuerdos ardientes en el cuerpo y el alma del enemigo. Las flechas se acumulan sin cesar, cargadas con la desesperación absorbida por la trampa de Cidboo, y culminan en una descarga explosiva tan salvaje que deja una marca en el terreno: una cicatriz en forma de espiral.

    El enemigo no solo queda derrotado. Queda marcado por el trauma de haber enfrentado dos manifestaciones del castigo en su forma más pura.

    Pulze Breaker[]
    Cidboo +
    Cyclone Mirage Dodonpa & Shin Kikoho
    Pulze Breaker

    Cidboo acelera en una línea zigzagueante casi imperceptible, repitiendo un ritmo de golpes engañosos, como un tambor de guerra desincronizado, apuntando a los flancos bajos del oponente con un patrón derecha-abajo-derecha. Mientras lo hace, inyecta en cada contacto pequeñas cargas de Ki moldeado, casi imperceptibles, que no buscan dañar sino anclar coordenadas vibratorias en puntos del cuerpo del enemigo. Su otra mano va cargando lentamente una esfera comprimida de energía viva, que no se muestra brillante ni sonora, sino opaca, latente y silenciosa.

    Cuando el ritmo ha sido suficiente y el cuerpo del enemigo ha recibido los anclajes, Cidboo detona la esfera justo en el pecho del oponente, pero en lugar de una simple explosión, esta libera una onda de presión interna, al estilo del Kikoho, que no solo expulsa energía, sino que reacciona con las coordenadas de los golpes anteriores, generando múltiples detonaciones internas, una tras otra, como si se activaran válvulas de ruptura en el propio cuerpo del rival. La explosión final empuja al enemigo hacia atrás con una presión brutal, dejando una forma negativa de su silueta grabada en el suelo o la pared.

    Esta técnica no solo daña físicamente, sino que interrumpe el flujo de Ki del enemigo temporalmente, como si su organismo entrara en cortocircuito, anulando su capacidad de canalizar energía durante unos segundos críticos. A diferencia del Kikoho, Cidboo no sacrifica su energía vital, ya que su estructura Majin absorbe parte del retroceso y redirige el excedente como vapor caliente desde sus poros.

    Crimson Bloom[]
    Cidboo + Andreina
    Infernal Spiral Scythes Sign of Maiden
    Crimson Bloom

    Cidboo y Andreina sincronizan su Ki en un ciclo oscilante que comienza con la materialización de látigos de energía envolventes, cuyos choques no solo aumentan de tamaño, sino que encienden sus extremos en espirales carmesíes parecidas a discos giratorios. Cada latigazo fallido no solo deja una huella: implanta un sello candente que actúa como punto de ignición. Desde estas marcas brotan torrentes verticales de fuego Ki, que giran como columnas de viento abrasador, formando un campo cerrado de presión mágica incandescente que envuelve a los combatientes en una danza de muerte.

    Andreina, liderando el flujo con movimientos elegantes, atrapa al enemigo en medio del circuito mientras Cidboo genera discos infernales en sus palmas, cuyo centro gira entre tonalidades púrpuras y escarlatas. Son lanzados contra el rival como guillotinas dobles, provocando cortes abrasivos que arden con llamas malditas, imposibles de sofocar por métodos comunes. Cuando el enemigo trata de escapar, ambos ejecutan el golpe final: un aplauso brutal en su rostro con los látigos cargados, que lo lanza hacia el corazón del campo de torrentes en espiral, activando una ráfaga explosiva de fuego giratorio, donde la energía restante de los sellos y discos converge como una flor ardiente cerrándose sobre su presa.

    Una técnica de ejecución compleja, sincronía perfecta y daño progresivo, que deja cicatrices físicas, mentales... y posiblemente permanentes.

    Formas y Estados

    Cidboo (Obscure Crystal)[]

    Obscure Crystal es el estado más salvaje y peligroso de Cidboo. Se activa cuando pierde totalmente el control emocional, ya sea por dolor, rabia o trauma. En esta forma, su poder se multiplica por cinco, pero a costa de perder toda conciencia: no distingue entre aliados o enemigos y destruye todo a su paso sin control.

    Su cuerpo cambia de forma brutal. La piel se torna más oscura, surcada por vetas de energía cristalizada. Sus ojos se vuelven completamente rojos, y un aura de fuego oscuro comienza a envolverla. Este fuego no es común: es parte de un virus energético que ha comenzado a propagarse silenciosamente por los doce universos, y Cidboo parece haber sido una de sus primeras portadoras.

    Su antena se transforma en un cristal negro afilado, y su voz desaparece, dando paso a un murmullo mental que aterra incluso a los dioses: “El juicio llegó... y no tiene nombre.” En este estado se mueve de forma errática, deformando el espacio a su alrededor como si no existiera el tiempo. Sus técnicas se corrompen: sus cuchillas de ki dejan grietas flotantes en el aire, y sus movimientos atraviesan dimensiones, volviéndose impredecibles e imposibles de seguir.

    Es una situación tan poderosa como inestable. Solo puede terminar de dos formas: que Cidboo recupere un recuerdo que la conecte con su humanidad… o que alguien logre contenerla a la fuerza. Hasta ahora, nadie lo ha conseguido.

    Ultra Instinto (50%)[]

    Durante su viaje por los doce universos, Cidboo fue una de las pocas entidades no divinas en recibir entrenamiento directo de Whis, el ángel guía del Universo 7. Aunque inicialmente desinteresada en las enseñanzas tradicionales, quedó fascinada por un concepto que iba más allá del poder bruto: la Doctrina Instintiva, una técnica que permitía que el cuerpo actuara sin la interferencia de la mente.

    Gracias a su naturaleza Majin y a la elasticidad innata de su conciencia, Cidboo logró dominar esta técnica hasta un 50%, algo extraordinario incluso entre los dioses. En este estado, su cuerpo entra en un flujo absoluto: cada movimiento es automático, fluido, imposible de predecir. Su cuerpo esquiva ataques incluso antes de que su mente procese el peligro, y sus sentidos se afinan como si fueran parte de una danza mística con el universo.

    No cambia físicamente, pero su piel comienza a brillar con destellos plateados y su antena reacciona con vibraciones constantes. El ambiente a su alrededor se distorsiona levemente, como si la realidad misma se sintiera intimidada por su presencia.

    Durante estos momentos de ultra conexión con el combate, Cidboo es capaz de crear post-imágenes casi perfectas que confunden incluso a los guerreros más intuitivos. Su velocidad se vuelve hipersónica y su capacidad para esquivar sin moverse del sitio aterra a quienes intentan acorralarla.

    Sin embargo, su dominio no es absoluto. Al no controlar aún completamente el equilibrio entre cuerpo y mente, Cidboo solo puede mantener esta técnica por breves periodos. Si sus emociones se desbordan (como suele ocurrir en situaciones extremas) su cuerpo regresa a sus reflejos naturales. Whis le ha advertido que su mayor barrera no es física, sino emocional: la necesidad de control, la carga de su historia, y la conexión emocional con sus hermanos le impiden fluir por completo.

    Cabe precisar, que puede usar dicho estado tanto en su forma humana como en su forma terrestre.

    Majin Cidriana[]

    Durante la aventura espacial contra los Makyan, el oscuro Mago Jardi desató su hechizo de control mental sobre Cidriana, buscando dominarla al detectar en ella un rastro oculto de rabia y oscuridad. Su hechizo, capaz de someter a cualquier ser con maldad latente, intentó convertirla en un arma a su servicio.

    Sin embargo, Cidriana estaba en su forma terrestre, donde sus emociones humanas seguían activas. Esto impidió que Jardi tomara control total, generando un vínculo inestable entre ambos. El resultado fue una posesión parcial: una transformación salvaje conocida como Majin Cidriana.

    En este estado, sus ojos se tornan completamente rojos, su cabello se tiñe ligeramente a un robio más oscuro, y su cuerpo queda envuelto en una aura amarilla oscura, casi idéntica a la propagada por el virus sombrío que azota los doce universos. Su mente se fragmenta, actuando por puro instinto destructivo, alimentada por recuerdos distorsionados y la magia invasiva de Jardi.

    Majin Cidriana es más violenta, irracional y poderosa. Accede a técnicas selladas y a un nivel de brutalidad que incluso ella teme. Aunque el control no es completo, Jardi logra que su poder se libere sin filtros, convirtiéndola en una amenaza desatada… pero también en un riesgo para sí misma.

    La maldición aún no ha sido erradicada, y mientras el vínculo persista, el Mago Jardi podría intentar dominarla por completo una vez más.

    Transformaciones


    Cidboo (Dai San Dankai)[]

    Otros nombres: Buff Cidboo / Ultra Cidboo

    La transformación no surge por ira, sino por una fractura emocional profunda: el conflicto entre la calidez recién descubierta de sus hermanos y el frío eterno del abandono de su creador. Esta contradicción, sumada al colapso interno de su energía Majin y la asimilación involuntaria de patrones energéticos enemigos, desata una mutación brutal.

    Su cuerpo crece en proporción perfecta, musculatura vibrante y tensión viva en cada fibra. La piel toma un tono violeta denso, mientras la antena se alarga como una serpiente negra suspendida. Su mirada, vacía de pupilas, se llena de círculos giratorios cuando libera poder, y de su espalda emergen circuitos que palpitan como si algo más viviera bajo su piel. Cada paso que da suena a eco de otro universo. Y cuando habla , su voz doble parece surgir de dos Cidboos distintas: una antigua, otra inocente.

    En esta forma, Cidboo no necesita absorber por completo a sus enemigos. Basta un roce para extraer fragmentos de su biología, replicar habilidades, rediseñar sus extremidades o modificar su estrategia. Su fuerza física es aterradora; con solo flexionar sus músculos, libera ráfagas capaces de quebrar campos dimensionales. Puede encerrar a sus oponentes en un abrazo orgánico llamado Infernal Lockdown, drenando no solo su energía, sino sus emociones más profundas.

    Pero la forma tiene un precio. La energía se agota rápidamente, y su velocidad se reduce con cada segundo. Lo más peligroso no es su poder, sino su mente: cuanto más tiempo permanece transformada, más confusa se vuelve la línea entre enemigo y aliado. Si se sobrecarga emocionalmente, podría volverse contra cualquiera.

    Cidboo (Saiyan Aura)[]

    No todos los poderes se obtienen por conquista. Algunos, Cidboo los arranca del alma misma de sus oponentes.

    La transformación conocida como Saiyan Aura nació durante una batalla que casi la dejó sin recursos. Cidboo, acorralada, tomó una decisión arriesgada: usar su técnica de absorción de poder no para devorar, sino para sincronizar su energía con la de un guerrero Saiyajin. Fue así como replicó, temporalmente, los latidos genéticos del linaje más indomable del universo.

    Al activarse, su cuerpo se rodea de un aura incandescente y furiosa, idéntica al brillo dorado del Supersaiyano, pero teñida con chispazos rosados y violetas que delatan su origen Majin. Su antena se eriza como una flama viva, y su pelaje (antes ausente) surge en forma de energía sólida, fluctuando con violencia. Su grito de transformación no es rabia: es triunfo.

    En este estado, Cidboo accede a los beneficios evolutivos de los Saiyajin: cada vez que cae, se levanta más fuerte. Herida tras herida, su cuerpo reconfigura su energía en oleadas de poder. Adquiere además instintos combativos más agresivos, una lectura táctica más afilada y un aumento significativo en reflejos y fuerza bruta. Puede incluso replicar técnicas puramente Saiyajin como el Final Flash, el Big Bang Attack o el Kamehameha, con su propio matiz Majin.

    Pero Saiyan Aura solo puede mantenerse durante 25 minutos exactos antes de colapsar. No por falta de energía, sino por la inestabilidad entre su código genético Majin-Najyn y la furia caótica del ADN Saiyajin. Pasado ese tiempo, debe liberar el aura, o arriesgarse a sufrir una desintegración interna progresiva.

    Instintos absorbidos

    • Inteligencia Científica - Debido a las mejoras que le otorgó su propio creador; sabe cada una de las funciones de su propio organismo como la de otros seres místicos alrededor del universo; por lo que es normal que conozca al menos a la mayoría de estos llamándolos por el nombre de su raza inmediatamente, aunque también puede hacer una búsqueda interna mental que la conlleve. No obstante; esta tiene sus limitaciones pues se exceptúa su origen y proceso de creación debido a que el científico desconocía lo sucedido con los Majin y tenía un límite. Además, los conocimientos de cultura general como fórmulas y demás en relación a la química, tecnología, ciencia y ambiente le van de maravilla.
    • Chanlong - Tras absorber a Fying; adquiere algunas características frías de los demonios; como por ejemplo algunas técnicas tales como buscar el asesinato despiadado mediante cortes o atravesamientos en partes vitales, además que la forma de asesinato no viene a ser tan pasiva y busca la brutalidad de esta misma; también adapta a atacar mayormente como estos tales como los rayos de energía o poderes psíquicos que son puestos a prueba a lo largo de su aventura si es que se leyó la historia completa. También beneficios exclusivos por haberlo absorbido técnicamente en un punto debilitado que le otorgó un Zenkai adicional al acceder a una de sus transformaciones que eligió por las características.
    • Salvajismo - Esto es muy poco ya que la reina Yiddarí trató de erradicar en la medida de lo posible esta fuerza de su organismo, aunque esto aplica únicamente cuando está muy muy furiosa y enojada al punto del colapso; ella tiende a atacar mucho por la boca e inclusive copia algunos ataques o habilidades como los ojos negros o la lava a montones; también adquiere unas alas que actúan como Hikou si es que no cuenta con las fuerzas suficientes.
    • Divino - Esto último también fue intentado de arrancar por parte de la dama, pero al no poder decidió dejar un pequeño rastro en ella; multiplica sus habilidades curativas y especializadas en reconstrucción o materialización a un favor general; pues caso contrario esta se vería afectada en llevarse a cabo dando un resultado a cuartas que evidentemente no vendría a ser del todo convincente.

    Adaptaciones físicas

    • (Yurei) Fantasma

    En este estado, ella pasa de ser alguien física empezando a ponerse transparente para que ningún ataque pueda hacerle daño, almacenando toda la energía en un trozo de cuerpo invisible que mayormente es el cuerno; no pelea en esta forma pero sí la ha utilizado para defenderse de algún ataque de energía poderoso que pueda atravesarla, de la misma forma ha aplicado este estado para la indagación y examinación de algún flagelo a mitad del camino. (Un claro ejemplo podría ser cuando fue alrededor de la dimensión desconocida de los Yiddarí) aquí puede también ver los cuerpos de otros seres muertos e interactuar con ellos, también sirve para verificar si es que un espíritu (ya sea o no perteneciente al contexto) se encuentre a su alrededor; por lo que lo utiliza a menudo para comprobar sus sospechas previas al desenlace de un acontecimiento.

    • (Jaintanto) Gigante

    Mimetizado; empieza a crecer considerablemente mientras cada una de sus articulaciones se van ensanchando como incrementa a una musculatura que es posible comparar con la de un Saiyajin Dai Sin Dan Kai; las colas de su antena se juntan mientras que adquiere una gran fuerza bruta como mayor tamaño de ataques, multiplicados por el doble de efecto para cada uno. La utiliza mayormente para combatir mano a mano con seres de gran tamaño y así considerar que están de alguna u otra forma "al mismo nivel" (siendo sarcástica y hablando únicamente del tamaño) si es que está debilitada puede ser de alta utilidad para que ella misma se satisfaga; también lo utiliza para aplastar a algún enemigo si es que así lo amerita al ser varios de un nivel bajo.

    • (Reijin) Cola

    Aquí sus ojos se ponen rojos mientras que se hinchan sus venas cercanas a la mano y se va creando una cola llena de espinas; mayormente utiliza esta para combatir cuando se transforma de esta forma; pues esta tiende a dar vuelta junto a las púas como si se tratasen de hélices pertenecientes a un avión o helicóptero volando a todo ras; esto busca chocar con el oponente y cortar, pues cada espina ocasiona un fuerte sangrado como absorbción de energía que se va acumulando cuando esta se deshace. Normalmente los brazos se encuentran bajos; haciendo uso único de la cola y los pies como impulso, se varían muchos ataques de los que llegan a sorprender al enemigo aturdiéndolo cuando menos se lo espera, su color original es blanco, pero el plasma puede tornarla de un color rojo intenso a la vez que lo disfruta esta misma salpicándola.

    • (Tamma) Pelota

    Se envuelve como una bola mientras da muchas vueltas a su alrededor; su cuerno se divide en dos antenas con la forma de unos conos mientras que aparecen unas venas hinchadas en su cabeza; aprovecha esto para protegerse con similitud a la función del caparazón de una tortuga, si es que pierde su cola en la forma donde cuenta con esta la utiliza para pinchar alguna pared o inclusive clavarlo en el estómago o pecho de algún enemigo para darle mucha más ventaja durante la batalla; aunque más se ha visto utilizarla para el primer caso, donde el instinto de Demonio del Frío que aún reside en su interior busca de alguna u otra forma el atravesamiento del rival a toda costa; una característica es que salta tan alto; que puede llegar fácilmente a lo que alguien con vuelo dominado a la perfección podría alcanzar.

    Poder

    Experimento

    En su estado original como N-Majin pura, Cidboo era un prodigio aterrador de poder bruto. Su energía se desplegaba como un torbellino de caos, impredecible, salvaje y sin límites definidos. No necesitaba fusionarse ni absorber a nadie: su sola existencia era una amenaza universal. Incluso Super Buu con Gotenks absorbido quedaba eclipsado ante ella.

    Su velocidad era absurda, su fuerza descomunal y su resistencia, prácticamente inviolable. En combate, desintegraba mundos enteros con gestos infantiles y podía manipular la materia a un nivel que rozaba lo divino. Este potencial incontrolable llamó la atención de Bills, el Dios de la Destrucción, quien observó con creciente incomodidad cómo una criatura tan joven rozaba el umbral de las divinidades sin el menor respeto por el orden universal.

    Era un ser sin identidad moral, sin filtro, sin dirección. Era puro instinto y deseo de descubrirse a sí misma a través del caos. Cidboo era poder en su forma más salvaje.

    Tras el cambio

    La transmutación a Cidriana, su forma terrícola, fue tanto una liberación como una pérdida. Para obtener humanidad (voz, raciocinio, emociones más complejas), Cidboo sacrificó una enorme parte de su poder bruto. Su energía se estabilizó, pero también se contuvo. En términos de poder puro, descendió a un nivel comparable al de Kid Buu, aún extremadamente peligroso, pero sin el descontrol cósmico de antes.

    Este cambio no fue sin dolor. Cidriana sintió el vacío de no poder arrasar con la misma facilidad, la frustración de no oír temblar a los cielos con su nombre. Sin embargo, ese vacío se convirtió en motivación. Comenzó a entrenar, no para recuperar lo perdido, sino para reconstruirse con nuevas reglas. Comenzó a pulir su técnica, a aprender del combate racional, del dominio del cuerpo, de los límites impuestos por la forma humana… y cómo romperlos desde adentro.

    Lo que antes era puro salvajismo ahora evolucionaba en precisión. Donde antes había destrucción, ahora había cálculo. El monstruo aprendía a ser guerrera. El caos aprendía a ser arte. Cidriana no volvió a ser la misma… pero estaba construyendo algo más temible: una versión de sí misma que entendía su poder, que lo moldeaba… y que algún día, podría superarlo.

    Artillería

    Nombre Relación Capacidad
    Báculo Wiese Viene a ser un artefacto de alta tecnología que usualmente se mantiene invisible; tras absorber a su dueño pudo regenerarlo y poseerlo; aún así lo tiene almacenado en su cuerpo y a veces suele utilizar los poderes de este simplemente a través de su antena (la cuál adquiere todas las capacidades). A través de esta puede detectar el grado de peligrosidad del enemigo; la magnitud de la superficie, entre otros datos que le permiten ejecutar mejor una estrategia durante la batalla. Informativo
    Ataque
    Defensa
    Polvos de Curación Obsequiado por la raza de los Yiddarí, la reina decidió encargárselo. Utilizando este polvo que usualmente almacena alrededor de su cuerpo; acelera un proceso de curación y regeneración para poder siempre mantener una piel que luzca fenomenal, sin maltrato alguno; además de ir fortaleciéndola, combina perfectamente con su plan de resistencia física para volverse mejor día tras día. Defensa
    Navajas de Energía En principio son unas navajas con las que efectúa muchas técnicas, aunque puede moldearlas a cualquier tipo de arma (Ya sea espada, katana, cuchilla o inclusive pistola; con la que puede disparar un montón de pequeñas ondas de energía). Las utiliza a su beneficio más que nada para acabar con oponentes que son de gran tamaño. Ataque
    Dex Interior Extrajo aquel Dex insertado en uno de sus oponentes para modificarlo y tenerlo consigo archivado en su mente; pues le permite conocer instantáneamente absolutamente todas las razas del universo, recibiendo sus debilidades y fortalezas; además que puede llegar a reconocer hasta un 50% de veces al enemigo exacto que enfrenta, lo cuál es muy útil pues le permite hacer un trabajo muy personalizado durante sus batallas y así efectuar las posibilidades de salir victoriosa. Informativo

    Construcción del Personaje

    Primera Versión

    Nos la muestra con el rol de una guardián principal dentro de la raza Majin Total junto con su hermano Boobug; estando encargados de mantener el planeta a salvo de cualquier enemigo que intente aturdirlo mientras los demás hacen recados alrededor del universo sembrando el bien; aunque su interés de duda conlleva a que esta absorba a la luna del Planeta Yiddarí la cuál le da un cariño enorme por un bebé conocido como el Hijo de la Luna ya que al llegar lo primero que ve es a una madre suplicando por la salud de su hijo enfermizo; por lo que lo roba para intentar curarlo mientras la aplica un cariño de Bello Durmiente mientras trata de influenciarlo por un determinado camino pues no deja de querer convertirlo en su amante niño, su compañero influyendo inclusive en sus propios sueños. Su historia culmina cuando es sellada por Kibitoshin en cumplimiento de su rol principal como ser supremo. Es alguien muy metiche e insistente con la amenaza de conseguir lo que desea o caso contrario mandaría a todos a volar.

    Segunda Versión

    En esta faceta se muestra únicamente como una humana proveniente de dos terrícolas la cuál son parientes de Mark y por ende fueron amigos de Mr Boo, quien convivió con ellos durante su vida y por eso es que posee habilidades mágicas. Su estilo de ver las cosas aquí sería como el de una criminal que se recorre todo el mundo para conseguir riquezas como otras coas las cuales satisfacen únicamente su diversión; una historia muy corta la cuál se decidió descartar debido a la falta de recursos para que pueda ser implementada dentro del mundo de la lucha al punto de extenderlo casi infinitamente. Evidentemente, formaría parte de la línea alternativa Número 3.

    Tercera Versión

    Podemos estar hablando del artículo actual en su primera faceta, al igual que otros personajes la mejora del personaje surgió a partir de su inclusión dentro de la serie Livstid; el primer cambio radical es que pasa a ser una Majin que es capaz de cambiar su cuerpo a voluntad para poder explorar de infiltrada por el universo; siendo su paradero más frecuente el planeta donde nuestros amigos terrestres habitan. Ligeramente algunas ideas habituales son cambiadas para moldearlas y guiarlas hacia un mejor camino; que transmita misterio entre quienes no la conocen, pero a su vez sea alguien amigable la cuál domine la actuación, camuflaje como otros factores que la completen teniendo así un personaje mayor colocado en todo aspecto.

    Cuarta Versión

    Se le conoce como un miembro de la raza Majin que forma junto a su hermano un grupo de rebeldía el cuál escapa del Planeta empezando a sembrar el caos alrededor del universo absorbiendo y comiendo a todo aquel que tenga una habilidad especial para convertirse en los seres más invencibles del universo; son totalmente irritantes y estresantes con sus risillas; se modifica un poco la forma en como esta se convence de anhelar la residencia en el Planeta Tierra o la relación emocional que puede llevar con los suyos.

    Soundtrack

    Instant Kill Battle - Main Soundtrack

    One Way or Another - Insert Song

    Livstid_Soundtrack_Edition_-_Cidriana's_Insert_Song

    Trayectoria de Combates

    Parte 1 - Proyecto Cidboo

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Laboratorio de Glanni Geppur
    • Baboo
    • Boogi
    INDEFINIDO N/A
    Laboratorio de Glanni Geppur Dr. Glanni Geppur INDEFINIDO N/A

    Parte 2 - Mi Libertad

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Laboratorio de Glanni Geppur Ejército de la Patrulla Galáctica Victoria ASESINATO
    Nave de la Falsa O.I.C Ejército de la Falsa O.I.C Victoria ASESINATO
    Espacio Exterior Fying Victoria ABSORCIÓN
    Planeta sin Nombre Bills Derrota N/A

    Parte 4 - De Cidboo a Cidriana

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Atalaya de Kamisama
    • Kamisama
    • Mr Popo
    Victoria ENTRENAMIENTO
    Máquina de Gravedad
    • Yien
    • Eyrun
    • Shiatzu
    Victoria ENTRENAMIENTO
    Habitación de Gravedad
    • Andreina
    • Alanis
    Empate ENTRENAMIENTO
    Yermos (Día) Andreina Victoria ENTRENAMIENTO

    Parte 5 - El Gran Torneo del Poder

    Escenario Contrincante Resultado (Alianzas)
    Habitación del Tiempo
    • Andreina
    • Alanis
    Derrota Roshi, Dián, Eyrun, Shuz y Yien
    Habitación del Péndulo
    • Fying
    • Babu
    • Boogi
    • Alainne
    INDEFINIDA N/A
    Mundo de la Nada Murisarm Victoria N/A
    Hit INTERRUMPIDO Misht le toma el relevo
    Biarra Victoria N/A
    Katopesla Victoria N/A
    Caulifla INTERRUMPIDO Caulifla escapa de la batalla
    Zarbuto Victoria N/A
    Rabanra Victoria N/A
    Zirloin Victoria N/A
    Dispo Derrota Salvada por Nix
    Jimizu Victoria N/A
    Cocotte Victoria Le roba la victoria a Frost
    Frost INTERRUMPIDO Nix la detiene
    Anilaza Victoria En conjunto con Andreina, Alanis y Rodsick
    Jiren Derrota Eliminación del Torneo

    Histórico en Competencias

    Tercer Torneo Fanon del Poder

    U19TDP3
    En el año 2021, posterior al anuncio de la tercera edición, Cidboo conformaría un equipo con Andreina, Alanis, Nix y Kaibort. Lo cierto es que la excesiva participación de los últimos dos en la mayoría de combates hizo que la N-Majin solo pudiese participar de un combate en todo el torneo hasta su Desaparición Universal a manos de Ma-Bá, quien al eliminar a Nix se llevó consigo a todo el universo, el cuál hasta ese entonces había sobrevivido invicto.

    Cidboo estrenó la nueva modalidad de Combate Campal, siendo la ganadora del segundo combate grupal (El primero lo ganó Blade)

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Quinta Ronda Victoria Debut en Torneos

    Metro League 2022 - Tercera División

    La rosa ingresó a participar al sistema de ligas en su edición Metro, enfrentándose a una gran variedad de rivales a los cuáles pudo vencer en su mayoría, lo que le permitió ocupar un tercer puesto (Por detrás de Zerachin Ally y Ryoko) y mantenerse en la división, garantizando así su participación en la edición del 2023.

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Jornada 1 Ryoko Derrota N/A
    Jornada 2 Shiver Victoria N/A
    Jornada 4 Nydaq Victoria N/A
    Jornada 5 Azeirf Victoria N/A
    Jornada 6 Zerachyn Ally Derrota N/A
    Jornada 7 HRX Victoria N/A

    Quinto Torneo Fanon del Poder

    Tras su ausencia en la cuarta edición, Cidboo volvió a conformar equipo junto a Andreina, Alanis, Kaibort y el Dr. Glanni Geppur, fue la segunda miembro de su equipo en meter un Strike Universal al vencer a Sandown en un combate creado a raíz que Zakura15 usó su objeto Hakai Incompleto. Su participación llegó a su fin en la décima ronda, tras enfrentarse a Neru, quien con una amplia popularidad y aceptación por parte de la comunidad, consiguió dar un resultado esperado en este combate, dejando al universo de Tyson Kun solo con dos personajes.

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Octava Ronda Sandown (DBF) Victoria Strike Universal
    Décima Ronda Neru Derrota N/A

    5ta Promotion One League

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Jornada 1 Deig (CW) Derrota N/A
    Jornada 2 Ryoko Derrota N/A
    Jornada 3 Allium (FW) Victoria N/A
    Jornada 4 Nexialist Derrota N/A
    Jornada 5 Nix Derrota N/A
    Jornada 6 Omega (CW) Victoria N/A
    Jornada 7 Misht Derrota N/A

    5ta Metro League (En Curso)

    Escenario Contrincante Resultado Notas
    Jornada 1 Allium (FW) Victoria N/A
    Jornada 2 Zerachin Ally Victoria N/A
    Jornada 3 Caliban Empate N/A
    Jornada 4 Hundred Derrota N/A
    Jornada 5 Ramnus PRÓXIMAMENTE... N/A
    Jornada 6 Omega (CW) PRÓXIMAMENTE... N/A
    Jornada 7 Rokoshi PRÓXIMAMENTE... N/A

    Séptimo Torneo Fanon del Poder

    TysonTFP7

    En esta edición, fue acompañada de Alanis, Nix, Andreina, Misht y Rodsick. Hasta el momento, no ha tenido participación en el concurso.

    Participación en Videojuegos

    Dragon Ball Saidaigen

    Cidboo videogame

    El 14 de marzo de 2025, en razón a la celebración de la Séptima edición del Torneo Fanon del Poder, se anunció un DLC para Dragon Ball Saidaigen, videojuego ganador de los Golden Freezer Awards 2019 en dicha categoría. El DLC incluyo los personajes de: Andreina, Andreina (Sincronización), Alanis, Alanis (Sincronización); así como la fusión Aleinne. También estuvieron Rodsick, Misht (Adulta), Cidriana, Cidboo, Praiz, Praiz (Oscuridad Total), Nix; Nix (Forma Final) y Nix (Frásogast).

    Nombre del Personaje Trajes Técnicas Character Reference

    (Comentarios de Son Gohan)

    Cidboo
    • Traje Original
    • Traje de Discipulo de Kaioshin
    1. Falso Coraje
    2. Sueño
    3. V-Crush Charge
    4. Bomb Sprint
    5. Strike of the Third Storm
    "Nunca sabes si va a salvarte o destruirte... pero siempre lo hace con una sonrisa sádica"
    Cidriana
    • Traje Original
    • Traje de Discipulo de Kaioshin
    1. Sueño
    2. Máximo Poder
    3. Pulse Devastation
    4. Trampa de Arena
    5. Oblivion Veins
    "Cuando se calma, revela una mente brillante… aunque sigue siendo igual de peligrosa"

    Frases

    Pero es que es inútil, a veces esto es más fuerte que yo misma; no lo puedo apartar... de mi memoria.
    — Cidboo expresando su pasado.
    Sigue peleando así, no tengas miedo; que tus ataquen te costarán la vida, sigue peleando así y no te vayas tan fácil.
    — Cidboo durante una pelea.
    Si lo deseo puedo volar; si lo deseo puedo matar, si lo deseo puedo crear... todo es cuestión de anhelarlo.
    — Cidboo mirando al cielo por las noches.
    No vine a ser adorada. Vine a recordarles que el amor no siempre es tierno.
    — Cidboo sarcásticamente
    No nací con alma. La fabriqué con trozos de los que me subestimaron.
    — Cidboo reflexionando

    Actores de Doblaje

    Inglés Japonés Español Latino Redoblaje Venezuela
    Cheryl Chase Rina Kitagawa Cecilia Guerrero Melanie Manrique

    Curiosidades

    • Su batalla más difícil hasta la fecha es considerada aquella contra la reina de los Yiddarí.
    • Posee algunos rasgos característicos de la Majin conocida como Babu perteneciente a Inolvidable. Estamos hablando de la misma madre, pero con otro destino en la línea temporal 2 del Multiverso Tyson.
    • Se pensó en que Cidriana y Cidboo podrían ser dos personajes distintas, pero posterior a un montón de la lluvia de ideas se llegó a la conclusión de enlazarlo.
    • De haber sido creado con anterioridad, posiblemente al igual que Andreina y Alanis habría salido en el especial ¡Todos mirando hacia atrás: El especial de año nuevo de Tyson 2020!
    • Algo de discutir mucho fue el diseño estándar que tendría este personaje, se pensó en más de una vez que su atuendo clásico en su forma humana viniese a ser la remera verde con shorts; pero ya que el traje elegido con el de Majin tenían una similitud se decidió dejarlo así.
    • Originalmente en la versión pre-eliminar de la tercera versión, era Shenlong quien le concedía el cuerpo terrícola a Cidboo, no el cristal. Esto para dar inicio a un acontecimiento que podrán disfrutarlo en la serie Livstid.
    • Prefiere convertir a sus oponentes en bolas de chocolate antes de galletas, pues lo considera más crujiente y satisfactorio.
    • El primer nombre que se le otorgó a este personaje fue el de "Natugsha", inclusive llegó a ser anunciado como tal durante los primeros días de Enero, posteriormente se modificó el nombre.
    • El objeto de "Navajas de Energía" está basado en una canción del grupo Mecano, titulada "Cruz de Navajas".
    • Dicho sea de paso, ha sido el personaje con mayor cantidad de nombres que el mismo autor ha pensado para ponerle.
    • Su historia ha sido modificada en reiteradas veces manteniendo el mismo concepto del personaje.
    • En el Storyboard original, su enfrentamiento con Nix era mucho más corto, fue alargado para darle conexión a la historia futura que ustedes podrán deleitar en Livstid.
    • A comparación de otros personajes creados por el autor, este es de los pocos en los que el idioma Bengalí no tiene una influencia tan grande, más allá de una u otra técnica.
    • Normalmente cuando viaja alrededor del universo para tarareando una melodía similar a una salsa popular.

    Agradecimientos especiales

    • Gond SS: Por la creación de las imágenes de Cidriana (Niña). Así también, se le agradece por su tiempo y dedicación al mejoramiento de recursos visuales como encabezados y tablas.
    • Niko-Zero-Havik-Neck: Por la información otorgada sobre el histórico de combates del personaje

    Galería

    Aspectos

    Fanarts/Misceláneos

    Linearts

    Detalles Descartados