Dragon Ball Fanon Wiki
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Apariencia

Tomando en cuenta el contexto en el que se sitúa, sin llevar un estilo de vida apropiado, no es raro pensar que esto se refleja en su apariencia física, tanto en altura considerable baja como estructura muy delgada y sin musculación, además de rasgos y tono de piel visiblemente descuidados, así como cabello enmarañado y descuidado. Podría decirse que tanto en anatomía como vestuario difiere bastante de los diseños acostumbrados en la actual franquicia, asemejandose más a la simpleza planteada a inicios de DBZ y durante todo Dragon Ball.

Hablando más detenidamente, su tez media-clara, cabello y ojos castaño y rostro afilado corresponden a un estereotipo ordinario, aunque no muy visto en la serie, que son típicos rasgos en su cultura natal. Respecto a su vestimenta, se trata de un conjunto sencillo, conformado por una camiseta blanca, una campera verde y roja, con un cinturón café de divisor, y pantalones de tono más claro; por último, un calzado más llamativo igualmente rojizo.

Durante su entrenamiento con Roshi, obtuvo un cambio, si bien no radical, sí notable; su físico se desarrolló notoriamente, junto con un ligero incremento de altura y rasgos faciales más rígidos, aunque no demasiado. La ropa también retrata cierto cambio, pasando de un vestuario casual a un atuendo de artes marciales, resaltando por tratarse de un gi gris claro con bordados verde, el mismo tono del pantalón, una camiseta sin mangas incolora debajo, y detalles curiosos que reemplazarían los vistos en el clásico uniforme Tortuga, como una soga en vez de cinto, y muñequeras rojas hasta los nudillos; dichos accesorios, sacados del diseño de Goku en Dragon Ball Absalon. El símbolo de la escuela se encuentra sobre la espalda. Para terminar, lleva botas no tan extravagantes como las anteriores, esta vez blancas, y una de las más resaltables alteraciones sería, sin duda, el cambio en su cabello, ahora más corto y atado en una cola.

Personalidad

Tratándose de una persona nacida en un mundo inmerso en la crisis, está claro que su neurología no sería la óptima. Aún en un niño que no logra entender del todo la situación, el trauma ocasionado llega a ser muy fuerte; durante su infancia, Saairu creció como un chico introvertido, nada fuera de lo que sería común, sin embargo, los problemas comenzaron cuando la situación comenzó a demandarle más presión de la que podía manejar, esa clase de entorno le exigía ser consciente de los problemas aún en temprana edad, algo que si bien le otorgó cierta madurez, también se llevó el disfrute de su infancia, además de un trabajo que no podía afrontar con su carácter tímido y notable incapacidad o temor para hablar tranquilamente con la gente. Pasó de ser tímido a reprimirse, una actitud que bien sabía no era bien vista en ese mundo donde lograban sobrevivir los que se arriesgaban. Con eso en mente, pensó que si cambiaba su actitud, se ganaría el respeto de la gente, por lo que así lo hizo, aunque no de la forma correcta, pues únicamente se trataba de cubrir su inseguridad y ansiedad y forzarse a tomar una personalidad mucho más extrovertida y desinteresada, algo más semejante a un protagonista clásico en este tipo de historias, con mal vocabulario y aires de rebeldía. Este personaje lo tomaba, en un principio, únicamente cuando se sentía lo suficientemente confiado, al realizar su trabajo, y parecía quitarle todas las ansias sociales, sin embargo, luego pasó a volverse algo recurrente, una herramienta sin la que no podía estar cómodo frente a la gente desconocida. Esto terminó por crear una falta de desarrollo en su personalidad y lo que podría considerarse un trastorno de la misma; se había vuelto una persona que, detrás de una fachada superficial, no sabía cómo actual naturalmente ni tomar decisiones.

Ideología

No es extraño pensar que el terrícola no se había formado un modo de pensamiento propio hasta llegada su aventura; desde allí, comenzó a valorar más la naturaleza y el papel que juega el medio ambiente para la vida de las personas, pudiendo ser una ventaja y desventaja. También respecto al ciclo que cumplen los seres vivos, o más bien, las masas en sí, siendo que cuando existía una conducta auto destructiva por parte de esta, "desaparecían" de algún modo para dejar que se renueve su estilo de vida y seguir evolucionando.

Intereses/Preferencias

Como bien se sabe, la mayor pasión de Saairu es la gastronomía; pese a tratarse más bien de una herencia en principio, encuentra su propio gusto por la actividad, que lo logra sacar del mal entorno por unos momentos, así como brindarle seguridad tras un trabajo bien realizado. Aparte de su oficio, se vuelve algo que disfruta y valora genuinamente, como una forma de alegrar a la gente y conocerlas mejor, en muchos casos, compartiendo gustos o algo de distintas culturas.

Aparte de esto, posee cierto gusto por la naturaleza en general y la agricultura, desarrollando gracias a todos sus viajes.

En cuanto a las artes marciales, si bien se pudo dar maña para aprender las bases e ingeniarse a su manera, no tiene ningún objetivo para con estas ni un interés propiamente dicho; sin razones para participar en un combate más allá de la supervivencia ni alargarlo a propósito. Sin embargo, puede llegar a tomar un rol de espectador en el ámbito, disfrutando ver las habilidades de otros profesionales. Más allá de eso, se trata de alguien con un instinto más bien cobarde, que no se arriesgaría a lesionarse por mero gusto.

Relaciones

Progenitor

Su padre, además de un ejemplo a seguir u objeto de admiración, es quién más gana la confianza del muchacho, y con quién más logra sincerarse. Podría decirse que mantenían una relación cercana, exceptuando la barrera que ocasionaba el conflicto de carácter del hijo, aunque no fuese directamente con el padre y ante este se mostrase natural, verlo actuar de dicho modo frente a los otros era algo que su padre no deseaba, más nunca tocaron el tema como tal.

Karin y Roshi

En este caso, los maestros de Saairu ganaron se un lugar de confianza, aunque no tanto como el primero, sí llega a respetar y sentirse cómodo con el trato de los sujetos, aún reconociendo las fallas estrictas de estos, sabe apreciar que su enseñanza le fue vital para seguir progresando.

De entre estos, es con Karin con quién lleva mejor relación, por haber pasado un largo período de convivencia y haberlo ayudado en cierto modo a darse cuenta de su problema.

Stroke

Aunque al principio el humano dudaba de su veracidad, juzgándolo aún más por la raza a la que pertenecía, al poco tiempo descubre que sus intenciones no eran malas, sino lo contrario, o al menos, era lo que había visto reflejado en sus acciones, admirando la fortaleza mental y moral del artista marcial.

Ya pasado un tiempo y tras ver que tenían varios puntos en común, se comienza a crear un lazo de confianza, lo suficiente para visibilizar conflictos personales y brindarse ayuda para resolver los mismos. Podría decirse que es, luego de su padre, la persona más cercana al muchacho, llegando a darle consejos y enseñarle parte de su ideología para poder progresar en su mejoría.

Historia

Todos somos conscientes del rol importante que cumple la comida en el mundo de Dragón Ball, debido a que existen en el universo criaturas con un apetito voraz y paladares más o menos refinados, pero lo que sí es un hecho, es que, sin importar los gustos, la Tierra es el restaurante perfecto para cualquier individuo, o así lo han pintado siempre. Pese a ello, no había tomado un papel tan importante hasta DBS, donde es responsable de salvar indirectamente al planeta en muchas ocasiones, y volviendo al mismo una reliquia para los dioses.

Y eso no podía quedar simplemente ahí, en algún momento, iba a suceder que se extendieran rumores acerca de la comida terrícola, y comenzaran a llegar los curiosos, visitantes de otras partes del universo, cada vez más y más, todos haciendo fila para probar las delicias de las que tanto se hablaba. Eso se volvió costumbre, la gente ya ni siquiera se impresionaba con las apariciones extraterrestres, y la Tierra pasó a ser exclusivamente un planeta gourmet, y su economía, a depender de eso.

Fue maravilloso por un tiempo, y enriqueció al lugar como nunca, tanta importancia había cobrado, que se volvió una especie de disciplina, donde los niños eran enseñados ya de pequeños, como una herencia familiar; solo ellos podían encargarse de cocinar para los huéspedes, y con el tiempo, también llevar los pedidos a otros planetas, con ayuda de las naves de C.C.

Pero había un problema, y es que el universo era enorme, demasiado como para abastecerlo únicamente con un terreno tan chico y recursos limitados. Intentaron plantar en otros lugares ajenos a la Tierra, pero era inútil, no existía forma de reemplazar el suelo que poseía, ni los materiales. No les quedó otra alternativa que la sobre explotación; alimentos transgénicos, clonación, miles de sustancias químicas para acelerar el crecimiento de las plantas y el tamaño de los animales, con el tiempo, no solo fueron perdiendo su sabor original, sino que en un punto, se estancaron los cambios, y la producción. Los suelos habían sido degradados, y muchas especies extintas; entonces vino la crisis.

Guerras constantes por el dominio de los pocos recursos viables, más explotación, bajas humanas, la pérdida inmensa de población y una enemistad terrenal que pasó a dividir por primera vez el planeta en varios países. Escasez de comida y hambruna, que perduraron hasta la actualidad.


En un país ubicado al sur de la que, hace mucho tiempo, había sido conocida como capital del este, todavía sobrevivía la tradición culinaria, en algunas partes del mundo, en realidad, pues los chef, siendo conscientes de los tiempos difíciles que podrían acercarse, habían decidido reservar pequeñas piezas de tierra y recursos básicos, y no todos estos habían podido ser destruidos durante la guerra, por suerte.

En este caso, una pareja que residía en el lugar, donde se encargaba de alimentar a su comunidad en un comedor subterráneo. El pueblo como tal era tranquilo, razón por la que mucha gente se había desplazado allí en busca de supervivencia, sin embargo, el que los habitantes fueran serenos no facilitaba su tarea, pues la gente que no pertenecía a familias de cocineros, se habían olvidado prácticamente de todo lo que conllevaba dicho trabajo, o más bien dicho, las generaciones más nuevas ni siquiera sabían de la existencia de esta práctica, y el enterarse de lo natural que esto era en el pasado les volaría la cabeza; pero para su salvación, el matrimonio contaba con ayuda de otros familiares, o especialistas de otros lugares que se turnaban para ayudar. Todos los apreciaban, o, al menos, la gente que yo mismo he llegado a conocer.

¡Que grata su sorpresa al enterarse que habían sido padres!, pues no eran muy jóvenes, y el hombre estaba bastante enfermo; en un mundo donde faltaban habitantes, era un milagro, y el pequeño Saairu, como fui bautizado, creció siendo muy conocido y popular entre todos los clientes recurrentes del comedor.

Ya a corta edad, desde que mi insípida memoria puede recordarlo, básicamente, he sido educado en la labor familiar; siempre siguiendo con mis estudios, claro está, para mi aparente desgracia, aunque en un futuro lo agradecería, pues es imposible que llegues a ser profesional sin saber al menos lo básico, hace falta conocer de medidas, gramos, milímetros, y una lectura acorde, en fin, lo más imprescindible. Sin embargo, todo esto no me resultaba una obligación, mucho menos agobiante, sino más bien divertido, novedoso; en un mundo gris, donde nadie da señales de estar vivo, donde nada parece mejorar, la intensa combinación de colores en los platillos que preparaba y el aroma cálido y reconfortante era como una realidad totalmente distinta a la que vivía día a día, en la que hubiera deseado vivir.

Antes de darme cuenta, me había vuelto un apasionado; me encantaba cocinar, y mis padres lucían gustosos con mi pasatiempo, y a menudo me repetían sobre mi innata habilidad para ello; yo, en ese entonces, no lo entendía, tan solo hacía lo que me gustaba, pero ahora logro comprender que el ingenio y manía que tenía en muchas ocasiones era algo que no se aprende, como un lenguaje exclusivo, reservado solamente para los que forman parte de una selección especial, eso a los que muchos llaman "talento"; no obstante, el talento por sí sólo no hace nada, hace falta pasión también, y yo de eso tenía mucho, trabajaba duro todos los días para impresionar a los clientes, que se mostraban reacios a la idea de que un " pendejo" supiera algo de gastronomía, pero al final cedieron, tuvieron qué, ¡Y cómo se habían equivocado! Y no es porque yo lo diga, pero parecían bastante complacidos con el cambio, quizás porque, a pesar de la escasez de ingredientes, siempre me las arreglaba para hacer algo nuevo, aún si no funcionaba por completo.

Lejos estaba de mi pensar que aquello tendría un impacto tan fuerte en mi personalidad, o al menos, cómo me presentaba a la gente. Siempre fui muy introvertido, muy ansioso a la hora de hablar con los demás, y sobre todo, la presión que genera el crecer en un mundo así, te hace madurar demasiado rápido, y con mucha paranoia.

Mi labor pasó a volverse un escape, una realidad distinta, en la que yo también podía ser alguien distinto y esconder mi inseguridad frente a las personas. Así tomé mi personaje, comencé a cambiar mi actitud a una que me brindaba más valor, o así parecía, al menos, mi ansiedad se calmaba al pensar que era otra persona. Me fui acostumbrando a esa fachada, y los que a mi alrededor estaban también, se mostraban agradables al cambio.

Varios años habían pasado en un pestañeo; a mis 16, me encontraba siendo prácticamente el dueño del comedor, atendiendo con regularidad a los parroquianos, ahora que mis padres no contaban con una salud óptima ni en condiciones de esforzarse tanto. Mi actitud, como sería de esperar, era torpe, extraño era que no rompiera al menos un plato o derramase de los mismos en un día cualquiera, y esa misma torpeza, la cubría entre maldiciones, mal carácter y un lenguaje ciertamente vulgar muy arraigado a mi jerga natal, que no suele ser utilizado en otras partes del mundo. Frases como "Me cago en todo" eran tan típicas de escuchar de mi boca que ni siquiera me daba cuenta, ni tampoco los visitantes, no obstante, a mi padre le disgustaba sobremanera, y con frecuencia era regañado. Era consciente de porqué tal repudio; la confianza que tenía con él me permitía actuar naturalmente estando cerca suyo, sin preocuparme, por lo que verme de ese modo debía resultarle desagradable de cierta forma, o al menos, algo que le preocupaba. No obstante, y como ya mencioné con anterioridad, mi relación con él no era mala, sino todo lo contrario, mi padre fue quién me enseñó la mayoría de cosas que sabía, y la persona a la que más admiraba.

Por estas razones, cuando cayó enfermo, de desesperé más que nadie. Era sabida su condición bajan en defensas, en especial por su edad considerablemente avanzada, pero aunque pudiera saber que algo así era posible, no aminoraba la preocupación.

Por el tipo de vida que llevábamos, sin recursos, sin medicamentos, muchos le daban el pésame; yo, por otra parte, intenté mantener la cabeza fría. Recordé que hace tiempo, en mi afán de buscar información que me pudiera ser útil, leí acerca de una antigua medicina sagrada, las semillas del ermitaño; escasos eran los datos sobre esta, pero parecía ser que eran capaces de curar heridas mortales, así que, con algo de esperanza, esperaría que también pudiesen curar enfermedades. Rebusqué entre mis libros y encontré lo más parecido a una dirección; el lugar al que debía llegar era llamado la Torre de Karin.

Despidiéndome de mis seres queridos, y abandonando por primera vez mi hogar, no sin antes dejarlo a cargo temporalmente de un profesional extranjero, emprendí mi partida aún con el corazón en el pecho, temiendo con fervor a lo desconocido, y con mi cabeza repitiéndome insaciablemente que un muchacho escuálido como yo no duraría ni un día en ese mundo de naturaleza salvaje.


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Mi travesía había durado más de los que esperaba, o al menos, se había sentido demasiado larga. Me topé con diversas criaturas, de esas que no eran aptas para comer, así que solo habían quedado en libertad y poblando varias zonas; me atacaron en busca de cerne fresca. Recibí malas indicaciones, que me condujeron a caminos sin salida, y seguramente hubiera muerto de hambre de no ser porque llevaba suministros conmigo. Aún con tanto obstáculo, fui capaz de llegar a mi destino, para enterarme por mano de una tribu amigable que debía escalar una torre de quién sabe cuántos metros de altura. Resignado y de pésimo humor, solté maldiciones a la vez que intentaba inútilmente treparme; así estuve todo el día, y cuando al fin me rendí y caí de cabeza, pude ver lo que parecía un gato, boca abajo no lo distinguía bien, pero este traía consigo una bolsa, de compras, aparentemente.

"¿Tan mierda me hice la cabeza para ver cosas?" Dije; me encontraba mareado, cansado y confuso, hubiera sido normal comenzar a sufrir alucinaciones. Aún así, no veía al caso, me sin cuenta de ello cuando este felino extrañamente bípedo se acercó a dirigirme la palabra como si nada, explicándome que era inútil tratar de escalar la torre, ya que las semillas las cultivaba fuera de la misma, al aire libre. No sé si era porque no terminaba de procesar tanta información o la sensación de que había comenzado a enloquecer, pero, ¡Me quise matar!

Cuando logré calmarme de ese desafortunado encuentro, le expliqué mi situación al maestro Karin, como me había dicho que lo llame. Le relaté un poco el contexto del mundo actual, suponiendo que alguien que vive encerrado en una torre no tendría mucha idea, pero al parecer era muy consciente de esta situación, tanto que había dejado de cultivar, casi por completo, y más adelante entendería sus razones. Le hablé más a fondo de mi historia personal, y mi motivo para haber cometido tal locura. Pareció conmovido, me había escuchado atentamente y su expresión se fue tornando a una de nostalgia a lo largo de mi narración. Terminó por brindarme su ayuda, y un momento después, como quebrando mis esperanzas, me hizo saber que las famosas semillas no eran capaces de curar enfermedades; pude sentir cómo mi corazón batallaba para permanecer en su lugar tras la noticia, pero de inmediato me devolvió la calma. Me explicó que a pesar de lo que había dicho, sí podían potenciar las propiedades de cualquier planta medicinal, con una correcta preparación. No obstante, no fue tan simple, y es que el felino me pudo una condición: debía ser yo quién sembrase las cosechas.

Acepté el trato, aunque no estaba seguro de la razón, pero no tenía suficientes opciones como para darme el lujo de la duda. Me dirigió a un sitio apartado de la torre, y fue tal mi sorpresa al toparse con un extenso terreno de vegetación que me quedé sin pegar los ojos unos buenos minutos. Karin me explicó que, las semillas, aparte de curar a la gente, al ser plantadas en la tierra le brindaban a esta nutrientes especiales que favorecían el surgimiento de vida; era sorprendente. También me contó que en realidad, en un principio la Tierra se encontraba poblada de estas plantas mágicas, razón por la cuál poseía tantos recursos y capacidades como ningún otro suelo del universo, pero a causa de la sobre explotación por parte de los humanos, dejaron de crecer, y ahora solo podían sembrarse con ayuda.

Estuve cuidando de mi cultivo más o menos una semana, hasta que vi brotar la primer semilla. Con eso me bastaría para hacer que mi padre mejore, así que seguí las instrucciones que el animalito me había dado; debía recolectar una serie de plantas con distintas propiedades curativas y molerlas junto con la semilla para formar un remedio. Entre estas, estaban la ruda y el áloe vera, los cuales encontré fácilmente en aquel lugar.

Tras darle las gracias a la criatura de ojos cerrados, partí de regreso. El camino fue tan agotador como la primera vez, pero al menos ahora tenía la certeza de no estar perdido. Apenas llegué, hice que mi padre bebiera el medicamento casero; no sabía con seguridad qué enfermedad tenía, o si siquiera era una, los síntomas eran ambiguos, pero sea lo que fuese, sería suficiente para combatirla. La sorpresa se hizo notar cuando, un tiempo después, recobró la vitalidad; no tardaron en preguntarme por la poción, insinuando que parecía una especie de magia negra, sin embargo, no podía dejar que se sepa, no luego de saber la historia de las alubias, por lo que evadí toda pregunta, exceptuando las de mi padre; creo que tenía derecho a saber la razón de su mejora, además, estaba seguro que guardaría el secreto si le explicaba la magnitud de la situación.

Todo parecía haberse resuelto, sin embargo, bien sabía que no era así; aunque aquel hombre pareciera en buen estado, volvería a recaer con las condiciones en las que vivíamos, era solo cuestión de tiempo para que todos se enfermasen. Medité un tiempo sobre eso, y pensé qué, de poder utilizar las semillas en mi pueblo para crear un campo como el de Karin, podría ser la solución al problema, y solo aquí, sino para todos en la Tierra.

De inmediato me propuse volver por ese camino aterrador, aunque era incapaz de notar lo que me había parecido tan escalofriante, estaba concentrado en mis pensamientos. Tenía una idea vaga de lo que quería hacer, sin embargo, debía pensarlo mejor, ya que podría tomar mucho tiempo, más de lo que el pudiera esperar.

Fue así que, apenas llegar, fui recibido con un interrogatorio por parte del felino; me preguntó por la salud de mi padre, y al aclararselo, indagó si yo había parloteado algo sobre la milagrosa cura. Respondí negativamente, y no entendí la gracia en ello, pero comenzó a reír; luego de esa pequeña escena, me explicó que, aunque lo hubiera revelado, las semillas solo podían ser cuidadas por quién las había plantado, de otro modo, terminaban muriendo, y como prueba de ello, me mostró mi antiguo cultivo, ahora seco, como unas pocas mechas verdes que había contagiado a su alrededor. Me sorprendió, pero parecía lógico, sería un peligro si este tipo de plantas viviera bajo cualquier tipo de condición, a decir verdad, me tranquilizaba ese hecho.

Le comenté mi plan: quería que me permita usar las alubias para poder sembrarlas por todo el planeta, y de esta forma recuperar poco a poco la vegetación. Cuando estuviera en condiciones estables, traería nuevos animales de otros planetas, y la naturaleza y evolución harían el resto, con esas mismas palabras. Karin parecía no estar convencido, y no lo culpo, yo no lo hubiera estado con un discurso así; traté de insistir con el tema, esta vez de forma más seria, lo cuál pareció llamarle la atención, nunca me había visto de esa forma, supuse, pues hasta ese momento únicamente me había mostrado excéntrico. Tras meditarlo un rato, aceptó mi propuesta, pero bajo sus condiciones; Debería ser yo quién se encargue de la mayor parte del trabajo y tome la responsabilidad en caso de que algo saliera mal, él únicamente permanecería cerca para ayudarme. Otra condición era que debería visitarlo cada cierto tiempo, pues era aburrido permanecer en la torre sin compañía. Acepté las dos reglas, y el gato se dispuso a mencionar una más: no me ayudaría a menos que logre arrebatarle el agua sagrada de las manos, y me mostró entonces un jarrón de porcelana que sacó de la completa nada, tras eso, comenzó a correr por todo el lugar, con una agilidad sobrehumana.

Intenté perseguirlo, pero era imposible en mi estado, estuve varios días intentándolo y no había conseguido progreso alguno, por otra parte, aún siendo tan perezoso, Karin no parecía cansarse. Era un tarea imposible; exhausto, le repliqué si un ser humano de verdad podría conseguirlo. Ante mi queja, me dijo un nombre, y tardé unos minutos en pensarlo, pero seguramente me ayudaría pedirle consejos. Le pedí que me dijera su ubicación, ante lo que el felino lanzó un silbido, y de pronto estaba frente a mi una especie de alfombra voladora con forman de nube. Me instruyó que trate de subir, y me llevaría hasta mi destino. Con torpeza, seguí sus indicaciones y traté de montarme, no había sido tan difícil como creí, al final, pude acomodarme en la superficie. Tras un silbido por parte de Karin, salí disparado hacía mi destino.


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Con una ligera fobia a las alturas, fue imposible disfrutar el camino, pero alcancé a visualizar una isla a la que parecía dirigirme; pensaba que sería un aterrizaje suave, pero terminé cayendo varios metros por la mala sincronización, estampándome en la arena. Tardé unos minutos en levantarme debido al cansancio y me encontré con un animal que nunca antes había visto, mi primera reacción fue alejarme. Antes de poder mentalizarme, escuché la voz de quién parecía alguien mayor, y vi salir de aquella casa rosada a un anciano con un bastón, aunque a decir, la ropa lucía demasiado llamativa. Yo solté rápidamente mis razones, para evitar malentendidos, y al parecer, aquel decrépito hombre era la persona que buscaba. Roshi pareció sorprenderse por mi llegaba en la nube voladora, como la llamó, y me preguntó por mis razones para tomar el agua sagrada. Yo no sabía a lo que se refería, y expliqué el porqué de mis acciones hasta ese momento. Eso pareció ser suficiente para convencerlo, y tras recibir un golpe por mi mal vocabulario, sería sometido a un largo entrenamiento para pasar la prueba.

Resultó ser más duro de lo que esperaba, sabiendo que todo era para atrapar a un gato, me parecía exagerado, y llegaba a replicarlo con frecuencia. Sin embargo, sabía que seguramente me sería de ayuda para sobrevivir en mi próximo viaje, por lo que terminé siguiéndolo al pie de la letra. Era extremadamente complicado seguir el ritmo con un cuerpo que poca o nada de actividad física había hecho en toda su vida, pero usé algunas semillas que me habían dado para sacarle provecho a varios alimentos y optimizar mis habilidades; no lo facilitó mucho, igual debía esforzarme demasiado, pero aceleraba todo el proceso.

Aprendí a manejar el ki, y algunas técnicas básicas como volar, o el Kamehameha. En alrededor de dos años, mi capacidad se había modificado enormemente, igual que mi apariencia; la hipertrofia daba un aspecto mucho más imponente, lo que se esperaría de alguien que había realizado un entrenamiento tan estricto. Mis habilidades, por otro lado, sobrepasaban la media humana, tanto fuerza, resistencia y agilidad estaban equilibradas, y solo me había quedado atrás en el control de la energía. Sin embargo, los humanos, por más poderosos, nunca llegarían al nivel de otras razas, eso fue lo que me dijo Roshi, y por esa razón, aprendí a pelear con el ingenio. Me hizo enfrentarme a él, y otros maestros de artes marciales para que pudiera acostumbrarme a distintos estilos y lograr ser estratégico. Mi entrenamiento había sido completado, pero me aconsejó seguir aprendiendo y progresando siempre que pudiese. Le agradecí por su tiempo y me despedí sin mucho más, era mejor para mi no caer en la nostalgia.


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Nuevamente regresé al lugar en el que había comenzado mi aventura, esta vez, la nube me llevó hasta la torre. Era la primera vez que entraba y el lugar era bastante reducido; rápidamente me topé con el gato sin ojos, y tras apreciar unos segundos mi nuevo vestuario, cortesía del Maestro Roshi, me preguntó si quería realizar la prueba en la torre o a campo abierto. Lo medité, ambas opciones tenían sus ventajas, de hacerlo en la torre, tardaría menos, pero añadirle mayor dificultad a la prueba me obligaría a probar mis nuevas habilidades. Al final, me decanté por la primera opción. No era un luchador profesional y todo lo que pretendía era no perder más tiempo, ya probaría mi poder a lo largo del camino.

No tardé más de unos minutos, y Karin se vió obligado a ser arrastrado, tal como prometió. Comenzamos de a poco, por mi país de origen, y con el tiempo viajamos a muchos territorios a lo largo del mundo. El trabajo no era fácil, además de recorrer largas distancias, había que quedarse un tiempo en la región, hasta que los encargados de la gastronomía aprendieran a cultivar y utilizar adecuadamente las semillas, aprendían todo lo necesario, exceptuando sus propiedades curativas, las cuales eran mejor omitir; de todas formas, se les daba una advertencia de no comentarle de dicha planta a nadie fuera del entorno de cocineros.

Muchas veces nos quedábamos más de la cuenta atascados en un mismo sitio, ya sea por no menospreciar alguna invitación, o inconvenientes, ya que los extranjeros no eran igualmente bien recibidos en todas partes, y existía una gran paranoia en parte de la población. No resultaba un desperdicio, sin embargo, muchas veces eran oportunidades de aprender cosas nuevas y progresar en mis habilidades de lucha o culinarias, aprendiendo hábitos de distintas culturas, o estilos de combate no convencionales, como la acupuntura y acupresión. Nunca me iba con las manos vacías, figurativa o literalmente, ya que también recibía raciones de distintos alimentos que más tarde intentaba expandir por otras regiones, dependiendo el uso que les viera.

Mi personalidad, o mas bien, la forma en la que me mostraba a la gente, también resultó afectada. Mi jerga no era bien reconocida, ni mi actuación sumamente extrovertida, así que tuve que serenar mi comportamiento la mayoría de ocasiones. En un principio, se me hizo imposible por la ansiedad, pero con el tiempo pude controlarme un poco, aún si seguía siendo demasiada presión. También me vi a mi mismo pensando mucho en una situación hipotética, hasta que tuve la valía de preguntarle a Karin por una respuesta. Era respecto a la decisión que había tomado en mi última prueba, tenía la duda de que, si hubiera elegido la alternativa difícil, eso hubiera cambiado algo en la perspectiva que tenía de mi. Sus palabras se quedaron un rato en mi cabeza, me dijo que aquello había revelado de mi forma de ser lo que yo mismo no dejaba ver a las personas, y que en general, esa era la finalidad de las pruebas que había hecho hasta ahora, y las mismas hacían notar que no era tan sobresaltado como aparentaba. Así que después de todo, no podía ocultar mi carácter. Me sentía bastante estúpido por no poder mostrarme naturalmente, pero ya lo había estado haciendo indirectamente hasta ahora, así que solo necesitaba seguir practicándolo.

Acabamos en poco más de un año, la verdad, me había parecido mucho más tiempo. Pero ahora venía la parte realmente difícil: con todo el territorio renovado, era tiempo de volver a resucitar las especies animales en el planeta, pues no estaría bien vivir únicamente a base de verduras y hortalizas, así que me dispondría a viajar por el universo para encontrar especies que fueran aptas para su consumo y traerlas aquí.

Tenía miedo de lo que fuera a toparme, y con intención de calmarme, Karin me reveló uno de los secretos de las alubias mágicas. Así como las semillas que crecían correctamente lograban curar heridas y potenciar las propiedades buenas de los alimentos, las semillas que morían destruían el suelo, y aunque comerlas no causaba ningún efecto, el mezclarlas con otros alimentos sacaba a relucir la peor parte de estos, ocasionando que se vuelvan letales para el organismo de una persona. Aprecié el gesto y me despedí del gato, esta vez, por un tiempo más largo, y pese a que le prometí visitarlo en ocasiones, lo más seguro es que no tuviera tanto tiempo a partir de ahora.

Partí en una nave al espacio; recorrí varios planetas y logré adquirir varios ejemplares de criaturas exóticas y de gran calidad. Algunas veces se me brindaba ayuda amablemente, pues todos querían volver a disfrutar de la comida terrestre y ofrecer recursos era lo menos que podían, pero otras veces no eran tan caritativos, y me veía obligado a secuestrarlos, amordazarlos, y de ser necesario...

"Gritá otra vez y vas a terminar en la parrilla, conchudo." Dar amenazas, tanto a los animales como a sus dueños.

En el peor de los casos, me veía entre la espada y la pared y debía combatir para obtener lo que buscaba. No era tonto, obviamente no aceptaría un duelo que sabía no podía ganar, menos contra semejantes monstruos alienígenas, por lo que iba preparado. Tomando en cuenta la información de Karin, llevé conmigo varias guarniciones de semillas, junto a otros alimentos que me servirían en este tipo de ocasiones. Para mi suerte, en mi entrenamiento había aprendido que la estrategia e ingenio valía más que la fuerza, así que, combinando eso con mi habilidad culinaria y facilidad para alterar mi forma de actuar, idee un método para ganar cualquier batalla. Antes de enfrentarlo, o al rendirme, le ofrecía un platillo a mi contrincante, como una ofrenda y tradición, lo cual nadie replicaba, pues era lo bastante convincente y agradable; estos platos estaban preparados utilizando semillas podridas, por lo que provocaban alteraciones en el organismo. Con mi rival prácticamente fuera de combate y estupidizado, era fácil derrotarlo con alguna técnica de ki o acupresión.


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Pese a lo que pueda parecer por lo que relato, mis visitas no siempre resultaban tan caóticas. Muchas veces era guiado por el lugar y aprendía algo de historia y cultura; el escuchar sobre los distintos cambios por los que habían pasado a lo largo del tiempo, colonización, destrucción, y renovarse nuevamente, cada planeta tenía su historia distinta, pero eran similares en cierto modo, y era lo mismo que sucedía con la Tierra. Al principio, no estaba seguro de que todo saliera bien, pero el ver que tantos habían pasado por la misma situación y ahora vivían cómodamente hizo pensar que esto solo era un escalón más para la civilización terrestre, y al final todo sería para mejor.

Con los ánimos renovados y suficientes especies bajo la manga, las solté por todos los campos de cultivo, en espacios con vegetación más que favorable. Ya había probado antes los ejemplares, para asegurarme de su calidad, pero tiempo después de traerlos aquí, y una vez se habían reproducido, me di cuenta que los alimentos de la Tierra seencargaban de mejorar el sabor de su carne, al igual que ligeramente su aspecto.

La gente se encontraba encantada, y poco a poco, el planeta fue recuperando fuerza y regresando a su antigua gloria, alrededor de unos años después, ya no fue necesario seguir plantando las semillas, únicamente en muy pequeñas proporciones, para que el suelo no perdiera su fuerza. En la Tierra ya no existían dinosaurios ni otros animales de antiguas especies, tampoco los domésticos; las nuevas razas, sin embargo, resultaron ser un gusto para todos, y aquellos que habían sobrevivido a la crisis, lo consideraban de mejor calidad que antes. Todo estaba mejorando, y sin embargo, los cocineros no iban a arriesgarse a que se repita la misma situación, por lo que toda la producción quedaba únicamente a manos de este grupo, sin interferencia directa de otros medios. Esto significaba más trabajo, como productores de materia prima y exportadores, pero para ello aumentaron sus integrantes considerablemente.

En cuanto a los turistas, regresaron a visitar la Tierra, pero ahora eran conscientes de que no podían explotar los recursos del lugar, por lo que no solo limitaron su consumo, sino que ofrecieron parte de sus territorios para agricultura a cambio de que allí se hiciera una especie de local exclusivo para dicho planeta; esta idea se fue extendiendo, y al final, distintas partes del universo poseían una zona de cultivo terrestre, y con ayuda de las semillas, no importaba qué tan malo fuese el estado inicial del lugar, los platos terminaban siendo exactamente iguales.


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Podría decirse que todo resultó prósperamente, sin embargo, no podía ser tan perfecto. Y es que, pese a la increíble mejora en cuanto a esperanza y calidad de vida, mi padre terminó falleciendo unos pocos meses más tarde; estaba claro que, sin importar lo grandiosas que eran las semillas, no podían curar la muerte, ni volver inmortales a las personas, tampoco sería bueno aprovecharse de algo así. Aún sabiendo todo eso, no pude evitar caer en un pozo, pero no se notaba realmente, y eso era porque mis intentos por dejar de aislarme se habían tirado casi a la basura. Sin importar lo que intentase, parecía que todos esos ánimos por progresar se habían esfumado. Había vuelto casi al punto de inicio.

Y como si fuera poco, recibí dos visitas muy curiosas en ese lapsus. El primero, había llegado de la nada, presentándose como la mano derecha del Dios de la Destrucción Bilis. No estaba muy enterado de todo ese tema, pero al parecer, dicho dios despertaría en poco más de medio año, por lo que Wiss, que así dijo llamarse, me pidió personalmente que le preparemos el mejor banquete posible. Pero no vino hasta aquí únicamente por eso, al parecer, se trataba de un dios sumamente vago con su labor, que ya había visitado antes la Tierra, y como en otros casos, terminó por evitar destruirla utilizando la buena comida como excusa. Esta falencia en su responsabilidad estaba provocando serias decadencias en la mortalidad del universo, no llegué a comprenderlo bien, pero al parecer, era malo que no se encargue de destruir algunos planetas, ya que no podrían renacer en nuevas civilizaciones más desarrolladas. Viendo la situación por la que había pasado nuestro planeta, éramos el mejor ejemplo de cómo esta clase de retrocesos al final eran necesarios para no estancarse, así que quería que se lo transmitiera los de algún modo. Puede que no tuviera efecto, pero si podíamos lograr algo, sería un beneficio para todos en el universo. También advirtió que seríamos destruidos de no cumplir nuestra misión

Se fue sin decir más, dejándonos a todos con el corazón en la boca.

Durante las siguientes semanas estuve trabajando como loco, y tratando de meditar la situación. Sin embargo, no contaba con una segunda visita, cuya repentina aparición me hizo sobresaltar, literalmente. Llegó rogando por una ración de semillas curativas, lo cual me sorprendió, ya que lo único que se sabía fuera de este mundo era que facilitaban el crecimiento del cultivo, pero seguro habría muchos rumores por ahí... No podía darme el lujo de confiarme y rechacé su pedido; era peligroso que cualquiera pudiera usarlas. Siguió rogando un buen rato, sin embargo, y cuando se cansó, pasó a explicarme sus razones. Al parecer, su padre estaba al borde de la muerte, por una enfermedad que aquejaba a su raza, y al enterarse que existía un objeto que le devolvía la vida a las plantas, quizás podría tener el mismo efecto en las personas.

Si había venido hasta aquí solo con esa superstición, debía estar desesperado. Tenía aún mis dudas, sin embargo, quién sea podría inventarse una historia así, pero al parecer, no iba a deshacerme de él, y no sería justo, si es que lo que contaba era cierto, estaba pasando por mucho, y yo mejor que nadie comprendía esa situación.

Decidí ayudarlo, bajo mis propias condiciones. Lo obligaría a pasar por las mismas pruebas que yo hace tiempo, para probarlo. Si en serio estaba dispuesto a ayudar a su gente, debería demostrarlo. No parecía muy agradado con la idea, pero aceptó de todos modos.

Dejé de lado el trabajo por un rato y lo guíe primero hasta la torre de Karin. No pareció ser le difícil, tenía la pinta de ser un luchador experto; era muy rápido, demasiado para mi, en realidad, así que tuvo que seguir mi paso, y parecía algo fastidiado por eso, pero siguió sin protestar. Tuve algo de tiempo para interrogarlo, y me dijo su nombre, igual que algunas cosas sobre su vida y sociedad. Al parecer, pertenecía a una raza de mercenarios y ladrones espaciales de la que ya había escuchado hablar con anterioridad, algo que me shockeó bastante, pues no parecía esa clase de persona. Con más razones, debía tener cuidado. Me siguió contando sobre su crianza, su padre difería con el resto de los habitantes, y por eso lo había aislado, pero llegó un momento en el que no aceptó más sus reglas, y fue influenciado de mala forma; esa situación no era demasiado distinta a la mía, pues tampoco es que tuviera mucho carácter y también me dejaba influenciar.

Entre alguna charla, llegamos rápidamente a nuestro destino. Era nostálgico volver, únicamente venía aquí cuando tenía tiempo libre, y últimamente no tenía mucho. Le dije que suba la torre, y no le resultó un problema, tampoco la prueba del agua sagrada. Durante la misma había utilizado una técnica curiosa, luego de tocar al maestro, este quedó inmóvil, y pudo tomar el jarrón sin dificultad. Pedimos una semilla, mientras no terminaba de procesar lo que había visto. Más tarde quizás le preguntaría por eso, aunque de tratarse de una habilidad especial, dudé que quisiera revelarla.

Regresamos, y ahora era momento del reto más complicado, o al menos, el único en el que no podías pasar con ventajas. Hice que el sujeto morado plante su semilla, junto con la responsabilidad de cuidarla. Durante el tiempo que tardó en crecer el primer brote, no la descuidó ni un segundo; me sorprendió gratamente su actitud, pues parecía apreciar la planta como otro ser vivo más.

Ahora podía estar seguro de que no era un mal tipo, y utilicé mis descansos para sacarle charla; al principio no parecía con mucha confianza, pero tras esta actividad, se ablandó un poco. Me contó más sobre su vida y los mundos que había visitado en busca de una salvación, no imagino lo mal que debió haberla pasado. Sin embargo, poco o nada hablaba de su enfermo padre, y esquivaba mis preguntas al respecto. Parecía cohibido por ello, pero dejé el tema de lado. Yo también parloteé bastante, mi actitud se había vuelto menos tensa frente al extraterrestre, algo que se notaba radicalmente al verme relacionar con otras personas. Seguro le habrá causado algún desconcierto, pero se mantuvo callado.

Llegado el momento del cultivo, me vi en situación de viajar a su planeta para revisar mejor los síntomas del hombre, y ver qué clase de medicina sería conveniente. Llevé varios suministros de plantas y semillas para esto. Obviamente, todo esto se mantenía detrás de escena para todos, tanto en mi planeta, donde el viaje e vio excusado por razones laborales, como en el suyo; nadie podía enterarse de cómo se aplicaban las alubias, ni siquiera el mismo Stroke debía estar presente mientras trabajaba en ello.

Una vez mediqué al viejo, Stroke se veía sumamente tenso. La cura tardaría un rato en hacer efecto, así que quizás era momento de intentar relajar un poco el ambiente. Hablé un poco sobre mi padre, y la relación que tenía con él, y el morado se sinceró un poco e igualmente comenzó a recordar buenos momentos, sin embargo, terminaba por tildarse en algún punto. Seguramente se trataba de algo privado, pero hice énfasis en que, al despertar, quizás querría hablar en privado con su padre.

En pocas horas la fiebre pareció ceder, y el anciano se veía recuperado. Como acordamos, les di su tiempo de reencuentro, sin embargo, tras su charla me vi obligado a bajar un poco de las nubes a mi amigo. Le hice entender que, en estas condiciones, y mientras existiera un peligro en su planeta que causara esta enfermedad en su habitantes, su padre volvería a recaer; ya había pasado por una situación similar en la Tierra, así que no me replicó y se dispuso a ayudarme.

Tras pasar un tiempo investigando los alrededores y el hábitat natural, pude llegar a dos conclusiones: la gente no era nada amistosa con extranjeros, y el virus que ocasionaba dichosa enfermedad seguramente se encontraba en las cosechas del planeta, lo que significaría que el suelo no estaba en condiciones para cultivar y por eso terminaba por infectar la vegetación. Para asegurarme de este hecho, hice experimentos con animales de mi planeta, y tras consumir estos alimentos, contrajeron la enfermedad en no mucho. Debía ser por eso que no existían especies animales en este lugar.

Stroke se puso manos a la obra y comenzó a sembrar por todo el terreno, con el fin de purificar la tierra. Como era de esperarse, esta práctica llamó la atención de los habitantes, tanto de forma positiva como negativa, pero la gran mayoría se mostraban escépticos, y hasta violentos ante la idea. Varias veces me vi inmerso en problemas gracias a eso, sin embargo, y viendo el efecto positivo que causaba la plantación, se fueron sumando más candidatos para ayudar con la labor, y cada vez eran más los que cooperaban, o al menos eso veía en mis frecuentes visitas, ya que había dejado todo en manos del morado.

El planeta no tardó mucho en volver a florecer; sin el riesgo de mortalidad, las personas se veían más enérgicas, y se abrieron paso a un nuevo estilo de vida, donde reemplazaron la piratería por la agricultura; más que eso, comenzaron a brindarle elementos a la Tierra, como retribución por la ayuda, y muchos se unieron a trabajar para nosotros, ayudando a expandir el comercio.

Eso había sido de gran ayuda, y sin embargo e inesperadamente para mi, Stroke me ofreció ayuda de primera mano con un problema personal; hace un tiempo se había dado cuenta de mi conflicto de personalidad, y aunque había avanzado significativamente con eso, sabía que en algún momento iba a recaer otra vez. Por primera vez, me explicó en qué consistía su disciplina: el control tanto mental como corporal del usuario; siguiendo ciertas pautas de esta ideología, me enseñó a controlar la ansiedad y los pensamientos a través de la respiración como una forma de meditación, y otros consejos aplicables en el día a día. Con algo de tiempo, fue surgiendo efecto, y sentí que podía controlar mejor el estrés.

Gracias a esa ayuda, fui capaz de afrontar el dilema que se me acercaba. El despertar de Bills fue casi sorpresivo, y más rápido de lo que se esperaba; en otra ocasión, hubiera entrado en pánico, pero traté de mantener la cabeza fría y dicté órdenes de atender al Dios. Le servimos un banquete lujoso que devoró al instante, sin dejar rastro. Tras comer, la deidad me dirigió un agradecimiento y parecía dispuesto a largarse, cuando lo interrumpí, con el temor cruzándome la garganta casi sin dejarme tragar. Le comenté al Dios de lo que había sucedido en la Tierra durante el tiempo que estuvo dormido, y cómo prácticamente la civilización pasada había tenido que morir para volver a forjar una humanidad más evolucionada. De ser así, su labor jugaba un papel fundamental para el crecimiento del universo, ya que no se encargaba únicamente de destruir planetas, sino también de ocasionar desastres naturales en los mismos, algo a lo que no solía recurrir por su pereza. Escuchó atentamente mis palabras, aunque se marchó sin decir nada más, en cuanto a su asistente, solo nos liberó de la pena de muerte. Con eso era suficiente, en realidad, no esperaba otra cosa, pero seguiría manteniendo mi punto de vista.

Para mi sorpresa, comencé a recibir visitas frecuentes del Dios, que se volvió un cliente habitual. Al parecer, había comenzado a tomarse más en serio su labor luego de escuchar el mismo sermón de otras razas, incluyendo la de mi amigo. Así que utilizaba este lugar como una clase de desahogo para el estrés, donde comía y amenazaba con destruir la Tierra si no lo complacían lo suficiente.

A decir verdad, no me preocupaba esa declaración, bien sabía que nadie tendría en realidad el valor para destruir la Tierra, al menos, no mientras contara con tan fabulosa gastronomía.
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Habilidades/Técnicas

Recetas

Como se sabe, Saairu utiliza las semillas en descomposición en sus preparaciones con tal de alterar las propiedades de sus ingredientes principales, haciendo que sus, en un principio, ventajas, pasen a volverse lo contrario, algo que provoque deterioro en el organismo rival y su salud a corto o largo plazo, dependiendo las circunstancias. También la duración de los efectos y cuánto tarde en actuar tras ser ingeridos depende del metabolismo y digestión del rival, por lo general, mientras más fuerte este, más rápido absorbe los nutrientes, por ende, los efectos aparecen más rápido, pero son menos duraderos; el caso contrario se vería en un oponente más débil.

Sushi: Elaborado a base de: -Arroz (sumeshi)-Algas-Pescado-Wasabi/Jengible.

  • Efectos: Al contener principalmente arroz y pescado, los cuales ayudan a equilibrar los niveles de colesterol, esta alteración ocasiona que el usuario comience a padecer síntomas de hipercolesterolemia, como dolores fuertes en el pecho, de cabeza, y una frecuente agitación al moverse. Al contener alga, esencial para regular la tiroides, también provoca un agotamiento en el rival.
  • Los síntomas pueden durar alrededor de 10-15min, sin tener un alto riesgo.

Onigiri: Elaborado a base de: -Arroz (sumeshi)-algas-relleno de atún.

  • Efectos: Nuevamente, al tratarse principalmente de una fuente de energía instantánea, provoca el desánimo en el consumidor, además que, al llevar atún, esta propiedad se intensifica, junto a una pérdida de memoria a corto plazo cuyo efecto es mayor que el resto de síntomas.
  • Duración: 5-10min.

Sopa de Miso: Elaborado a base de: Miso (semillas de soja y cereales)-Tofu-Puerro.

  • Efectos: La base de soja ayuda principalmente a efectos de menopausia y reducir posibilidad de cáncer en personas con estrógenos, así que las consecuencias que posee son únicamente hacia individuos femeninos, pudiendo provocar dolores letales y, en extremo, llegar a causar daño irreversible.
  • Duración: A largo plazo.

Ramen: Elaborado a base de: Caldo-Fideos-Chashu (cerdo)-Huevo duro.

  • Efectos: Al ser un plato que se come tradicionalmente caliente, y con aderezos picantes, esta propiedad se intensifica al nivel de posteriormente dejar alergia e hinchazón bucal, impidiendo así cualquier técnica que requiera esta vía. También afecta ligeramente la visión debido al huevo.
  • Duración: 20min.

Té Verde:

  • Efectos: En este caso, tratándose de una infusión, actúa sumamente rápido en el contrincante; siendo que se trata de una bebida desestresante, provocará una crisis de ansiedad y desesperación, que si bien puede llegar a controlarse, el alargamiento de este estado lo vuelve peligroso. Irá disminuyendo paulatinamente el malestar.
  • Duración: 30mim

Mochi: Elaborado a base de: Arroz glutinoso-Azúcar-Agua-Relleno opcional.

  • Efectos: El tradicional dulce japonés ocasiona un pico de azúcar extremo que nuevamente trae a colación la ansiedad, por un período relativamente breve, seguido de una fatiga igual de fatal; estos dos estados se irán alternando por un tiempo prolongado.
  • Duración: 10min

Técnicas/habilidades básicas

Se tratan de una serie de capacidades aprendidas en su entrenamiento con el Maestro Roshi y viaje a través de la Tierra y otros planetas.

  • Vuelo.
  • Onda de ki.
  • Kamehameha.
  • Hipnosis.
  • Acupresión: Es un habilidad que se basa en atacar los puntos vitales del oponente de una forma específica, y así conseguir alterar los nervios de raíz, o usando su cuerpo en su contra. Los principales puntos vulnerables del enemigo usualmente incluyen los ojos, cuello, rodillas, ingle e intestino.

Esta táctica es eficiente solamente cuando el enemigo está atacando, ya que de este modo es más probable que el daño sea letal.

Combinaciones

Como se puede observar, ninguno de sus ataques por sí solo resulta altamente letal, por lo que, para potenciar los mismos, utiliza combos que explotan al máximo el potencial de estas técnicas o causan un efecto en cadena.

  • Onigiri/Té Verde/Mochi + Hipnosis + Kamehameha

Una vez el enemigo se encuentra debilitado y desorientado, es momento de recurrir a la manipulación para alterar todavía más sus sentidos, y hacer que sea imposible que escape de su remate final.

  • Sushi/Sopa de Miso/Ramen + Acupresión

Aprovechándose de los dolores de su contrario, ataca los puntos vitales con la intención de llevar al extremo esas sensaciones y en el mejor de los casos, dejarlo inconsciente.

Saikomatchi

Al igual que siempre, Saairu utiliza su estrategia para convencer al rival de degustar su comida, esta vez, pudiendo tratarse de más cantidad y usando especialmente a su favor los efectos psicológicos. Al momento de pelear, y con el rival ya aturdido, Stroke estupidiza más al adversario con su Henkō, y posteriormente activa su Spirit Wire para apresarlo y seguir debilitándolo. En este punto, se realiza un remate, con Saairu atacando directamente a los puntos vitales, lanzando luego un Kame Hame Ha acompañado de una explosión en los hilos creados por Stroke; ambos ataquen alcanzan al rival a la vez. Se trata de un combo muy complejo, y únicamente utilizado contra enemigos que representen un peligro mayor, debido al gran desgaste ocasionado y la coordinación.

Como dato curioso, el título de la técnica proviene de la pronunciación en japonés de “Psycho Match”, que a su vez ambas palabras poseen su significado propio. Psycho es un término vinculado a la mente y vitalidad de un individuo, mientras que Match se le utiliza para designar, tanto a los encuentros entre dos peleadores, como el emparejamiento de un dúo.
  1. Segundo lugar en el 2º Teamkaichi Budokai
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