Dragon Ball Fanon Wiki
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Este artículo ha ganado los Golden Freezer Awards








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Period

 

La historia se centra en los personajes Kynos y Klepsei.
Creada por los usuarios Gond SS y Saail Gox.

Mirarás los escombros de aquel anterior paisaje que ahora parece lejano, no concuerda con lo que ven tus ojos. Ruinas, adornadas por hectáreas de cadáveres y su sangre que se mezcla indiscriminadamente de aliados y enemigos; ya no sabes cuál es cuál.

La guerra se lo ha llevado todo; cual ventisca, ha arrasado con lo más preciado, y aquel al observas no es la excepción.

Entre las ruinas llameantes de lo que antes habrá sido lo más parecido a un hogar para él, yacía escondido detrás de una de las paredes que no se habían desplomado por completo. ¿Podrás distinguirlo? Seguramente, porque aquel Yardratiano era el único en la escena.

Se encontraba herido, con un pequeño charco de sangre formándose en una de sus mangas blancas, y maldiciéndose.

"Demonios, ¡DEMONIOS! ¿Por qué ahora? ¿Por qué me tiene que pasar esto? No sé luchar, ni siquiera puedo utilizar lo único que podía salvarme de morir, estoy condenado... Totalmente condenado. ¿De qué mierda me sirve ahora la tradición? A nadie le sirve, todos morirán sin importar qué, nosotros y ellos. Estamos condenados, ¿Y todo por qué? ¡Por su culpa! Por su culpa... Por culpa..."

Pasaron unos largos segundos hasta que se quejó del dolor y fue obligado a cambiar de posición.

"Por culpa de todos... Soy tan responsable como los demás. Fui tan estúpido como los que hicieron esto; si tan solo me hubiese controlado, si tan solo hubiese comprendido antes, ahora no estaría aquí escondido como un cobarde."

Mirarás los ojos vacíos del Yardratiano que parece querer llorar, pero las lágrimas no responden. Él pensará que lo mejor es quedarse ahí, esperando morir de frío o falta de alimento.

Escucharás un sonido. Pasos y gritos en simultáneo. Podrás vislumbrar a lo lejos dos figuras acercándose a paso medianamente rápido; el yardratiano vigilará con sigilo, y tú estarás igual que él. Ahora que aquellas siluetas dejan de verse borrosas, puedes distinguir dos soldados de distintos bandos, uno de ellos siendo arrastrado a la fuerza por una metamorana.

El del bando Yardrat forcejeaba inútilmente, pues la muchacha de cabello carmesí fácilmente lo detenía con una patada cada tanto. Se detienen a unos metros de las llamas, donde por fin arroja el cuerpo de su enemigo al suelo. Este cae desplomado, prácticamente sin fuerzas. A pesar de eso, la joven le presiona el cuello del guerrero, para posteriormente apuntarlo con un arma de fuego.

—Anda, dime dónde esconden a los refugiados, sus líderes están ahí, ¿No? Los mataré a ellos y quizás el resto pueda sobrevivir—. Indagando más de cerca, alcanzas a ver que la mitad derecha de su rostro se encontraba bañada en una gran cicatriz, como una quemadura, que se extendía hasta su ojo, en el cuál también se hallaban secuelas de algún accidente.

—¡Estás demente! No te creo una palabra, nunca le diría nada a alguien que asesina a inocentes.

—Parece que no estás entendiendo...—Te das cuenta cómo su voz se ha vuelto más grave de repente—. No te estoy dando opciones. Si haces lo que digo, te dejo vivir; sino, mueres. No me gusta la gente que se hace la difícil y se interponen en mi camino—. Aumentó la presión en el cuello de su enemigo, quién empezaba a perder el aliento—. Te estoy dando una valiosa oportunidad, ¿No crees?

Volverás la vista al morado, que se encontraba atónito por la escena. Si tan solo pudiera utilizar su habilidad, podría quitarle el arma y dispararle, pero se retorcería de agonía antes de intentarlo. Es más, pensarlo ya le provocaba dolor en el cuerpo.

Pasa un instante petrificado, y luego procede a alejarse a gatas; puedes ver su rostro, ha empezado a sudar y sus manos tiemblan, no sabes si por el temor o por la impotencia. Pasa unos metros de largo, un poco más y podrá levantarse para escapar más rápido sin que lo noten. Sin embargo... Su mano tocó algo. Su mirada ahora se dirige a ese objeto que cuya textura es distinta del resto del suelo. Puedes verlo, es una foto, y aún con los bordes consumidos por el fuego y el deterioro de los años, aún se pueden distinguir a la personas que en ella aparecen: Un niño, y sus padres, estos últimos abrazando al primero, acogiéndolo, causándole una pequeña y rozagante sonrisa. Miras al yardratiano, su rostro se ha quedado completamente en blanco. Tras un parpadear, se levanta, tomando la foto entre sus manos. Se queda ahí otros instantes, hasta que alza la vista hacia algo más, a un montón de cosas quemadas, una pila de objetos que ahora son irreconocibles, solo eran lo que más ardía.

Vuelves a girar la vista hacia aquel hombre, cuyas lágrimas se deslizan por sus mejillas, combinándose con las gotas de sangre. Verás cómo se limpia rápidamente, y deja la foto sobre el montón, con cuidado de no quemarse; esta rápidamente desaparece en forma de cenizas.

El sujeto se da la vuelta con paso firme, parece ser que ha olvidado su mal estado.


Observarás ahora a la metamorana; la muchacha larga un suspiro casi imperceptible mientras sigue lidiando con el soldado.

"Estas últimas semanas han sido duras."

El pensamiento fugaz de la pelirroja llama tu atención.

"Todo esto se está alargando innecesariamente; solo tengo que matar a los emperadores, y ganaré esta guerra... Posiblemente, más que eso."

La muchacha insistió otra vez a su rehén, que de nueva cuenta terminó haciendo oídos sordos. Esta vez había colmado la paciencia de la metamorana, quién le pisoteó repetidas veces el rostro y lo golpeó con la parte trasera de su pistola. Al terminar, el sujeto se cubría con ambas manos, tratando de evitar que la sangre se le escurra por completo.

—Vaya que tienes mal temperamento—. Voltearás hacia el grave tono que tan cercano se oía, a unos pocos metros. Te sorprende ver al sujeto azul-morado mostrando una sonrisa tan segura, pese a verse tan maltrecho. Sin embargo, su opuesta, más que sorprenderse, se toma un segundo antes de apuntar a la cabeza del agonizante soldado y explotarla, salpicando el carmesí por todas partes—. Realmente... Mal temperamento.

—¿No me replicarás eso?—Preguntó sarcásticamente.

—Nah—. Objetó, encogiéndose de hombros—. Me da lástima, pero sería hipócrita de mi parte actuar como si me doliese, ni siquiera sé su nombre.

—Interesante...—Murmuró—. Bueno, en mi defensa, solo acabé con su agonía ahora que tengo una nueva presa—. Guardó rápidamente su arma de fuego para sustituirla por una cuchilla de filo brillante. No tardó en arremeter contra el púrpura, que por poco se defiende del fugaz movimiento.

—Agh...—Se quejó del corte que había recibido al posicionar la guardia, pero logró esquivar la patada que le deparaba. Lograba esquivar algunos golpes de suerte, pero terminaba recibiendo heridas en reemplazo.

—No sirve de nada; deberías simplemente darme la información que necesito.

—¿Para que termines de matar a toda mi gente? No, gracias—. Dijo con sarcasmo, mientras se limpiaba la sangre del mentón.

La guerrera aprovecha el instante para propinarle un puñetazo, que el contrario logra sujetar, pero lo utiliza a su favor, tironeando hacia atrás y utilizando ese impulso y el desequilibrio de su rival para atinarle un rodillazo en la cara.

—Los tuyos comenzaron esto, no deberían quejarse ahora, yo solo actúo del lado de mi bando.

—Quizás...—Se encontraba cubriéndose el rostro con las manos, pero se destapó cuando el ardor cesó—. Hace poco dije que sería hipócrita actuar como si me doliese la muerte de alguien que no me importa, ¿Pero sabes qué es más hipócrita? Actúan como si fuesen héroes o algo por el estilo, y quienquiera que gane esta estúpida guerra será quién se declare como uno, a pesar de haber derramado la misma cantidad de sangre que el otro bando.

Al terminar la frase, verás cómo la cuchilla traspasa uno de los hombros del ex-ladrón, evocando un leve grito.

—Pues debieron haber pensado en eso antes de atacar. Esto no es un juego, y no puedes hacer un berrinche solo porque pierdes o algo te parece injusto. Si mueres, aguanta las consecuencias como escoria.

El morado estaba a punto de objetar, cuando escuchas a lo lejos unos pasos, y rápidamente un soldado jadeante corre hacia la ojos anaranjados; al juzgar por la vestimenta y aspecto, eran de la misma raza.

—Señorita Kynos...—Se le corta la respiración.

—¿Qué sucede?—Preguntó la metamorana, cuyo nombre al parecer era Kynos.

—El planeta... El planeta ha sido destruido.

El silencio había asaltado el ambiente, hasta tú te quedas atónito por la noticia.

—¿C-cómo dices?—Replicó la francotiradora.

—Seguramente... Sea causa de Freezer—. Había recuperado el aliento—. Se habrá enterado de la guerra, y habrá creído que era únicamente en nuestro planeta.

Kynos se había quedado callada, y la risa del azulado empezó a surgir.

—JAJAJA, ¡El karma es una perra!—Carcajeó—. Por eso no deberías hablar de más, escoria.

Un disparo alarmó al yardratiano y a ti; la muchacha había acabo con su propio aliado en un instante.

—Eso ganan por hacerse los pacifistas; en el otro mundo no deberán preocuparse por las armas—. Murmuró, mientras mantenía un ceño fruncido y los dientes apretados de la ira.

—Bah... ¿Quién está haciendo un berrinche ahora?—Dijo el yardratiano, en un intento de broma, pero logras ver cierto temor en sus ojos.

—No importa...—Alzó la cabeza que anteriormente estaba siendo cubierta por su flequillo.—No merecen la pena; ganaré esto por mi cuenta.

"No puedo quedarme solo defendiendo, tengo que encontrar otra forma."

En ese momento, te fijarás en el nuevo plan del ex-ladrón. Había recordado que los metamoranos tenían cierta debilidad al frío, y esta mujer no podría ser la excepción. Yardrat se encontraba en clima invernal, el cual incrementaba más al norte.

En seguida lo verás salir corriendo, mientras lanzaba cada tanto una onda de ki a su enemiga, haciéndole saber que seguía a la defensiva. Esta, por su parte, no tardaría en perseguirlo, aunque sin verdadera intención de atraparlo, pues tenía la necesidad de ver hasta qué territorio la guiaba, podría darle alguna pista de lo que estaba buscando.

Siguieron así unos pocos kilómetros, hasta que la pelirroja se dió cuenta que solo se estaban adentrando más en la nevada; observarás cómo lanza entonces el cuchillo hacia una de las piernas de su presa, tropezando.

—No te servirá—. Declaró la metamorana, acercándose al caído—. Si que es cierto que mi raza no tiene buenas defensas contra el clima frío, pero yo he vivido de forma muy distinta a ellos, soportar nevadas sin morirme es uno de mis pasatiempos.

—Je, ya veo...—Suspiró riendo—. Aún así, admite que fue un buen plan.

—Para nada; fue demasiado arriesgado, pero supongo que una característica suya es llevarse demasiado por el instinto.

—¿A qué te refieres? ¿Qué tu raza no es igual?—Jadeó.

"Maldición, estoy perdiendo el aliento. No tengo fuerzas para seguir peleando, y aún así no tendría caso... Creo que solo tengo una opción."

—Así es. Son igual de incompetentes al confiar solo en sus habilidades mágicas, por eso murieron, pero no me interesa, aún quedan sobrevivientes, eso será suficiente para salvar a la raza—. Esbozó una sonrisa ladeada.

"Sacaré a los metamoranos de apuros, y demostraré que un buen armamento y estrategia es más importante que el poder innato. Dominaremos este planeta, seguiré trabajando en las armas, y los escuadrones podrán ocuparse de conquistar, hasta dejaré que la OIC nos controle de ser necesario; la economía ya no sería un problema, y yo estaré al frente de todos... Como debió haber sido desde el principio. No pienso renunciar..."

—¿Sabes? A veces es bueno confiar en tus dones...—Dijo el púrpura, casi murmurando.

"Ojalá no falle... Solo tendré una oportunidad."

—¿Y? No tienes nada que hacer ahora. ¿De qué te sirve confiar en la capacidad de tu raza, si al final estás por se ejecutado?—Sacó su pistola nuevamente, y marcó su objetivo—. Pensándolo mejor, no creo necesitarte, así que te preguntaré una vez más dónde se esconden sus emperadores, y si no respondes, tendrás unos segundos para rezar.

—No tengo idea, no le dirían algo tan importante a un tipo como yo.

"AHORA."

Verás cómo el yardratiano pega un grito en el cielo, antes de que aparecer en la mano de la muchacha una piedra, donde debería estar su revolver. Sin embargo, el arma estaba ahora en manos del enemigo, que no parpadeó antes de disparar cuántas veces pudo, mientras seguía gritando de dolor.

Al terminar, Kynos contaba con hemorragias en las piernas, hombro y un disparo a la altura del pecho y el abdomen. Estos últimos no habían hecho demasiado daño gracias a la armadura que portaba, pero igualmente había rastros de sangre. Mientras observas eso, te das cuenta que el antiguo ladrón ha dejado de hacer ruido, por lo que volteas y te encuentras su cuerpo inconsciente, con un brazo extendido y el arma a un lado. Había hecho lo imposible para volver a utilizar su cleptomancia, pero ahora estaba acabado.

La metamorana cae al suelo de espaldas, quejándose por unos momentos. Tras unos minutos, se reincorpora como puede, y se acerca al cuerpo aún con vida. Parece dudar si matarlo o no, pero finalmente solo recoge su arma, sabiendo que de todas formas aquel sujeto moriría de hipotermia. Debía preocuparse más por su estado... Le costaba caminar, y debía salir de ahí antes de que el frío también comenzase a afectarle, ya que los disparos habrían quebrado su protección contra el clima.

"Clima frío... Eso era, los refugiados se deben esconder donde creen que los metamoranos no llegarán. Debo salir de aquí y avisarle a los demás; luego de prepararnos, haremos una expedición hacia el norte, no nos esperarán."

La sigues un rato, mientras mantiene con dificultad un ritmo de caminata. Luego de un rato, las piernas le empiezan a fallar, habría perdido mucha sangre por el camino, y el frío comenzaba a ser un problema también.

"No puedo rendirme, he sobrevivido por mucho tiempo."

Se forzó a arrastrar una de sus piernas, que había quedado inmovilizada por completo. En otra situación, hubiese podido seguir sin prestarle mucha atención, pero luego de mucho tiempo luchando sin parar y con las heridas letales en su cuerpo, no tenía energía suficiente para continuar.

Se detuvo al lado de un árbol, apoyándose sobre el mismo. Aguardó unos segundos e intentó continuar, pero alrededor de varios intentos después, optó por sentarse. Recostó la cabeza sobre el tronco, cerró los ojos, y dejó salir un largo suspiro que se convirtió en una nube de aire.

"Parece que he llegado a mi límite, ni siquiera puedo ponerme de pie."

Notas cómo dibuja una sonrisa en su rostro.

"Todo gracias a ese desgraciado. Podría haber muerto... Aún debo mejorar mucho. Hice mortal mi arma, incluso más que resistente mi armadura, un gran error de mi parte. Ahora no sé si volveré a caminar."

Apoyando ambos brazos en el tronco del árbol, intenta reincorporarse, pero termina volviendo a caer.

—Es inútil...

De nueva cuenta se recuesta contra el tronco, esta vez relajando los hombros.

"Tal parece que he perdido..."

Ves cómo cierra pesadamente los ojos, y termina por desmayarse a medio camino.


Al final, tienes la pena de observar la indolora muerte de ambos, bajo el helado clima de la guerra. Una guerra innecesaria, sin retorno... Donde pese a entender que los enemigos son los malos y celebrar las victorias, es imposible distinguir los cadáveres bañados en sangre; donde las secuelas, los destrozos y las pérdidas se resienten más que cualquier ganancia. Una guerra donde no existen ganadores, perdedores, héroes o villanos, solo dos civilizaciones destruyéndose entre sí.

Cierre

 
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