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S3
Klepsei es un personaje creado en conjunto por los usuarios Gond SS y Saail Gox con el objetivo de crear un rival para Kynos. En este caso se utilizó a otra de las razas conocidas por sus extrañas e interesantes habilidades, los yadratianos.

Historia



Familia, unión, tradición, descendencia... Qué importancia tienen si la guerra te lo arrebata todo y a todos. Así comienza mi historia, en medio de una guerra innecesaria, todo para demostrar qué exactamente. ¿Supremacía? ¿Superioridad? A la mierda con esa porquería. Pero sabes... no todo era así, hubo un momento en el que los niños podían salir al exterior sin preocuparse por nada, en donde los vecinos conversaban sobre los cultivos, donde el progreso iba en aumento...

La escena muestra a un joven yadratiano junto a sus compañeros, escondidos detrás de una pared, espiando a uno de sus vecinos, entre risas y murmullos observaban cómo traían un nuevo jarrón con una preciosa flor en el al hogar. Uno de ellos atinó a decir - Haz tu magia -, entonces a nuestro personaje le comenzaron a brillar las manos, obteniendo una tenue luz anaranjada, la cual se había dispersado al aparecer repentinamente el jarrón entre sus manos. Los diablillos festejaban la travesura, aunque los adultos no estaban nada contentos, entre gritos estos fueron a visitar a los padres del principal responsable, quienes no tuvieron otra opción que volver a castigar al joven, ya era la décima vez en una semana. Los sermones eran los de siempre: "no se debe utilizar la habilidad familiar para molestar", "se debe encontrar una mejor manera de utilizar el poder que le fue trasmitido", entre otras frases sobre la utilización de su capacidad, frases que de niño uno tilda de aburridas o estrictas, pero que de adulto le encuentra todo el sentido del mundo.

En Yardrat, como en todas las culturas o razas con ideales propios, existe una tradición que es primordial para sus habitantes, que simboliza para ellos un ciclo de vida y retorno, de lazos y respeto a los difuntos: Cada línea familiar se caracteriza por poseer, además de las ya especialidad capacidades de la especie, una habilidad única, imposible de aprender y que solo se puede transmitir a los descendientes a través de un ritual que se le realiza a los mismos en los primeros meses de vida—es necesario que sean herederos de sangre para que este funcione—. Klepsei, primogénito de una de las familias con la habilidad más extraña, la Cleptomancia, parecía restarle importancia a esta dinastía familiar. Desde pequeño utilizó su habilidad para cometer travesuras y actos que solo provocaban la vergüenza de sus consanguíneos, pero tampoco le tomaba mucha importancia, a sus ojos, todos estaban demasiado obsesionados con eso; basaban toda su ideología en una absurda ceremonia, era sofocante y repetitivo.

Sus padres al principio pensaban que se trataban de rabietas normales para su edad, algo que cesaría cuando madure. Sin embargo, el comportamiento de su hijo no mostraba mejora, y eso los alarmaba; por problemas de fertilidad, Klepsei sería el único hijo que tuviesen, y por ende, el único que continúe con el ciclo familiar por su parte. Eso era algo que habían tratado de explicarle por todos los medios, pero al menor solo lograba desesperarle, era una presión con la que no quería cargar, y los años que pasaban vagamente fueron acumulando rencor y odio hacia la actitud de sus padres y su raza. Robar se había vuelto una forma de desquitarse con el mundo, descargar su rabia haciendo lo que todos le repetían que no debía hacer; un capricho de su parte, pero era lo único que lo reconfortaba.

En ese momento, no le importaba realmente si estaba haciendo algo malo, pues solo había estado robando objetos materiales sin mucho valor, al menos no dañaba directamente a nadie. Los años seguían pasando bajo el mismo estilo de vida, y lo que antes resultaba un juego para calmar su ira, ahora se había vuelto algo sin lo que no podía vivir; necesitaba robar para sentirse bien, era algo que tenía tan arraigado como dormir o comer, y ya no bastaba apoderarse de objetos mundanos. Mientras más caro, más extraño o llamativo, mayor era la ansiedad por tenerlo. Había escapado de la casa de sus padres, y ahora vivía solo en un terreno casi abandonado, una casa pequeña donde acumulaba todo lo hurtado; resultaría desagradable para cualquiera, puesto que parecía un montón de basura apilada que se encargaba de juntar polvo y bichos. No siempre era así, a veces utilizaba lo que robaba, pero gran parte del botín realmente no le servía y terminaba formando parte de la pirámide.

Ahora que saqueaba por inercia, podía no darse cuenta de ello hasta que estaba huyendo para evitar ser atrapado. Como era de esperarse, eso también afectó su juicio, y ahora era capaz de quitar aún si se trataba de algo vital para los demás; a este punto, se había convencido que eso estaba bien, que si tenía esa habilidad y la necesidad de robar, era su deber hacerlo, y nadie podría replicárselo o entenderlo.

Su salud mental iba en picada, al igual que su historial. Estaba siendo buscado por autoridades, y robar ya no le causaba nada, pero seguía sin poder dejarlo; había tocado fondo. Fue entonces que se le ocurrió algo distinto, y más arriesgado de lo que había hecho hasta ahora. Había decidido robar a una de las familias más reconocidas de su raza, la cual tenía la capacidad de sabotear las vías respiratorias de sus oponentes y asfixiarlos. Todo indicaba que era un suicidio, pero poco le importaba. Tras ir por algunos preparativos, se infiltró en la vivienda y anduvo sigilosamente un rato, buscando algo de su agrado para saquear, entonces algo llama su atención, un pequeño altar en el que había una vasija adornada con una foto al lado, aparentemente de algún familiar; debían ser los restos de un antepasado. Aquel monumento le hizo recordar su odio hacia las creencias que manejaba su raza, y que lo arrastraron a la miseria. No tuvo que pensarlo, tomó el objeto, ni siquiera había tenido que utilizar su habilidad, aunque no se había percatado de ello, ahora se encontraba con rabia; la situación le había hecho recordar muchas cosas de su pasado en las que prefería no pensar, pero... a pesar de todo, había logrado volver a sentir algo, aún si era enojo, era mejor que vivir en modo automático.

Escapar de allí no iba a ser fácil. El Yardratiano escondía su ki, pero eso no impidió que se topase a uno de los inquilinos por casualidad, que reaccionó de inmediato atacando al ladrón. Klepsei era lo suficientemente hábil peleando, al menos, como para arreglárselas; podía esquivar golpes, y cada tanto le lanzaba algún objeto cercano a su rival, y al tomarlo, utilizaba su habilidad para intercambiarlo en seguida por un tipo de piedras con musgo que ocasionaba comezón—algo que había obtenido precisamente para esa misión—, no era gran cosa, pero sí distracción suficiente para acertar algún golpe. Sin embargo, la táctica se gastó muy rápido, y su oponente, con la paciencia colmada, lanzó su habilidad especial. Al maleante le costó reaccionar, había dado por hecho que no llegaría más lejos, así que en un último intento utilizó la variante de su poder que nunca había probado hasta ahora, la Ramificación Arcana. Cerró los ojos y esperó que todo salga bien, y así fue, porque al abrirlos nuevamente, se encontró con el rostro aterrado de su contrario.

Su juicio aún se encontraba nublado, y la adrenalina del momento no ayudaba, así que cuando escuchó a un grupo de Yardratianos que venían a socorrer a su compañero, su primer instinto fue atacar al que tenía en frente; ejecutó la habilidad recién robada sin tener tiempo para pensar en las consecuencias, y en un parpadeo, vió caer el cuerpo del sujeto al que había asesinado con su propia técnica.

Lo siguiente pasó muy rápido; fue apaleado por el resto de inquilinos, y pese a que ahora contaba con la misma habilidad que ellos, no era rival para tantos, y mucho menos con su actual estado de shock. Una vez desplomado en el suelo, en medio de su agonía alcanzaba a escuchar la discusión que se había formado, debatían la posibilidad de entregarlo o acabar con él ahí mismo. Al final, se decidieron por entregarlo a los altos mandos, ya que no les agradaba la idea de ensuciarse las manos dentro de su hogar, en frente de sus ancestros, además de que consideraron que cualquier pena que le diesen sería peor que la justicia que harían ellos con sus propias manos.

El ladrón se desplomó en ese momento. Al recuperar la consciencia, se encontró atrapado entre cuatro paredes, una habitación completamente vacía; miró hacia abajo, y se dió cuenta que ahora estaba esposado, tanto muñecas como pies. Intentó reincorporarse varias veces, sin éxito, y quedó en un rincón hasta que una voz se dirigió a él. Sus palabras dejaban en claro que era una amenaza para su sociedad y cualquier otra, e incluso dejarlo con el resto de criminales sería arriesgado, por lo que le brindó dos opciones a elección. La ejecución o someterse a un método de rehabilitación experimental, y de tener éxito, pasar el resto de su vida sirviendo para las fuerzas armadas del planeta.

No tuvo que pensarlo mucho. Comparado a la muerte, cualquier cosa sonaba agradable, aún si tenía que convertirse en soldado, la idea de reformarse le resonaba en la cabeza como un nuevo comienzo; una segunda oportunidad. Sin embargo... Pronto se arrepentiría de su decisión, pues la "rehabilitación" resultó ser una tortura. Al aceptar, le habían explicado en qué consistiría su tratamiento: Viviría en ese cubo aislado del resto del mundo, y solo interactuaría con gente cuando le trajesen comida o durante las horas de terapia. La misma duraría de 2 a 4 horas diarias; consistía en utilizar el novedosos método conductista, enseñarle un comportamiento que se sobreponga a la manía de robar, a través de refuerzos negativos. Entre las variantes que utilizaban para lograr el resultado, estaba el colocar varios objetos en el cuarto, algunos de ellos portados por alguien, y cada vez que tratase de tomar uno, sería electrocutado o quemado en las extremidades; lo obligaban a mirar escenas o proyecciones en las que se mostraban hurtos, y era intoxicado con anterioridad para sentirse mal durante el transcurso; repetían afirmaciones sobre lo bien que estaba robar, mientras era golpeado o le incrustaban púas en la piel. Este proceso debía repetirse todos los días, durante el tiempo que fuese necesario.

Pasados 6 meses, el paciente ya había tenido varios episodios de locura rogando que lo maten, ya no soportaba seguir así. Sin embargo, el tratamiento sí había sido efectivo, pues ante el mero amago a robar, retorcía de dolor inmediatamente. Aún faltaban algunos meses de tratamiento, para asegurarse que sea un efecto permanente, además de pulir algunos detalles. También intentarían enseñarle a actuar como soldado a través del mismo método.

Para su mala suerte, nunca pudo concluir su infierno de forma adecuada, sino que más bien tuvo que prepararse para entrar en otro. La guerra entre Metamor y Yardrat en la que estos últimos habían comenzado con ventaja, ahora parecía inclinarse un poco más a los metamoranos; para no arriesgarse y asegurar su victoria, Yardrat mandó a la mayoría de sus escuadrones a luchar, una mala idea, ya que habían dejado su planeta casi indefenso. No habían pensado en la posibilidad de que sus enemigos se aprovechasen de ello, pero fue sumamente conveniente, y al darse cuenta del gran montón de guerreros que se encontraban en su planeta, los metamoranos mandaron algunos escuadrones de visita.

Tomando medidas desesperadas, Klepsei fue reclutado en uno de los batallones que quedaban, junto a otros cuantos novatos. Hasta ellos se encontraban mejor preparados, el morado jamás había sido partícipe de una contienda, ni siquiera sabía pelear apropiadamente.

El enfrentamiento duró varias semanas; los metamoranos parecían llevar ventaja al principio, principalmente al estar uno de sus escuadrones dirigido por Kynos y contar con armas, pero varios de los yardratianos que quedaron en el planeta contaban con habilidades especiales funcionales, por lo que pudieron resistir. A la larga, el armamento de los metamoranos se iba desgastando, y ambos bandos estaban fatigados luego de tanto tiempo.

La terapia había obstruido cualquier intento del antiguo ladrón por utilizar su habilidad, por lo que era únicamente un estorbo en el campo de batalla; se había pasado la mayor parte del tiempo observando cómo su planeta caía en ruinas y se teñía de rojo, mientras que los reyes, responsables de aquel desastre, habían huido a refugiarse con el resto de civiles evacuados.


A partir de ese punto, se recomienda leer Period como complemento y expansión del personaje.


Abrumado por la guerra y sintiéndose inútil, decidió esconderse entre los escombros de la que había sido su casa. Malherido, y sin poder pensar con claridad, se resignó al pensar que esa sería su tumba. No obstante, Kynos llega a la escena, arrastrando a uno de sus aliados. Escucha cómo la metamorana le exige al soldado el paradero de sus líderes, los cuáles se habían ido a esconder al norte, pero el soldado no había dicho una palabra. Klepsei se maldijo por no poner utilizar su habilidad especial, pero sin ninguna oportunidad de ganar, se escabulló entre los escombros, intentando huir.

Al darse cuenta que había tocado algo con la mano, llevó la vista al suelo y se encontró con una fotografía en la cuál, a pesar del deterioro, se distinguía a él junto a sus padres. Era algo que había robado antes de escapar de su casa, sabiendo que no volvería a ver a sus padres. Al observar ese recuerdo, y posteriormente el montón que tantos años había estado recolectando ardiendo en llamas como si nada, pensó que realmente no tenía nada que perder a este punto.

Volvió a la escena y le dirigió la palabra a Kynos, quién de inmediato le disparó al soldado que traía de rehén. Fue atacado posteriormente, apenas pudiendo defenderse de los golpes. Entre un corto diálogo, llega otro soldado, esta vez aliado de la pelirroja, para advertir que el planeta Metamoran había sido destruido por el imperio de Freezer, al enterarse de la guerra. El yardratiano sucumbió en carcajadas, pero a su rival no pareció hacerle la misma gracia, terminando por matar también a su propio aliado.

Klepsei debía pensar alguna alternativa para ganar, y recordando que los metamoranos eran débiles al clima helado, guió a Kynos hacia el norte, en donde la temperatura bajaba. Esta lo sigue, pero lo termina derribando con una cuchilla. Antes de ser disparado, hace lo imposible para activar su cleptomancia una última vez, robar la pistola y dispararle a su rival cuántas veces pudo antes de caer inconsciente y posteriormente morir de hipotermia.

Al final, fue su raza la que terminó ganando la guerra, pero las bajas y los destrozos se hicieron notar en los años posteriores, también se había perdido la tradición que tan importante había sido alguna vez. El planeta ya no volvería a ser el mismo, ahora se ocupaban de sobrevivir en base a lo que podían cultivar, y se fueron volviendo mucho más débiles; lo único bueno es que eso los mantuvo lejos de la mira de la OIC, pero hasta ser dominados les hubiese aportado un mejor estilo de vida.

Vista general

Etimología

Klepsei proviene del griego κλέψει, klépsei. El cual significa robar o hurtar, haciendo referencia a su habilidad y padecimiento mental.

Personalidad

Pese a poseer un poder peculiar y muy útil, este conlleva una gran contra, y que el usuario padece del trastorno mental conocido como cleptomanía. Este trastorno se caracteriza por la inclinación o el impulso obsesivo por robar, por lo general, roba objetos que no necesita y que suelen tener poco valor. El usuario empieza a sentir tensión, ansiedad o excitación antes del robo; placer, alivio o gratificación durante el robo; culpa, remordimiento, odio hacia uno mismo, vergüenza o temor después del robo. Aunque nuestro personaje no era consciente de nada de esto durante su niñez, viéndolo como un juego.

La presión impuesta por su familia y la sociedad tan apegada a las tradiciones desde joven fue el primer impulso para llegar a dicho estado mental. Por mucho tiempo, robar fue un modo de llevarle la contraria a todo el mundo y desahogarse, y lo que antes era un juego, se iba convirtiendo en una adicción. El tiempo lo empeoró todo, cada vez estaba peor y recibía malas miradas, lo que lo hacía acumular más odio y solo aumentaba sus ansias de hacer lo incorrecto, pese a que no lo veía como algo muy malo en ese entonces, puesto que nada de lo que robaba tenía un valor significativo.

Cuando llegó a su límite, se sumergió en una depresión y un círculo vicioso que solo le provocaba vacío. La ansiedad por hurtar llegaba a provocarle malestar físico como nauseas, vómitos, sudoración o dolor de cabeza, y en el peor de los casos, sufrir alucinaciones; sin embargo, la sensación tras el robo tampoco era satisfactoria, sino todo lo contrario. En esos momentos se trataba de convencer de que estaba haciendo lo correcto con sus habilidades, o que al menos era algo natural e instintivo, y nadie podría reprocharle.

Está de más mencionar lo mucho que había afectado su entorno social; siempre se encontraba de mal humor, y pese a reunirse con algún grupo cercano, no era capaz de mantenerse estable mucho tiempo, y se desesperaba a la menor provocación.

El período de rehabilitación tampoco mejoró su salud mental; todo en lo que podía pensar era en la tortura y el dolor que sentiría al día siguiente, y no ayudaba el hecho de que no tuviese nada más con qué distraerse. Se estaba volviendo muy paranoico y había dejado de hablar casi por completo, algo inusual en él, tan solo respondía a la defensiva.

Habría dado por perdida su cordura, pero todos los sucesos posteriores a la guerra lo hicieron, o más bien obligaron, a reflexionar. Al librarse de su dependencia al robo y a la vez, ser privado de utilizar la cleptomancia, pudo darse cuenta de la importancia que tenía; si bien no era algo para obsesionarse, sí resultaba muy útil, y lo había malgastado por mucho tiempo.

Fuera de lo que refiere a su trastorno, resulta un tipo que actúa de forma desinteresada frente a los demás, abusando del sarcasmo o chistes, especialmente cuando se siente tenso, también puede ser condescendiente en ocasiones, para evitar meterse en problemas innecesarios. Como se mencionó anteriormente, tenía el afán de parlotear bastante cuando se sentía cómodo o en confianza, balbuceando lo primero que se le ocurriese.

Durante un tiempo, también adquirió el hábito de mentir, con el fin de ocultar todo lo referente a su manía y evitar dar explicaciones de más, lo cual, si bien no tuvo ninguna gran repercusión, sí quedó como un hábito medianamente marcado que a veces dejaba salir sin darse cuenta.

Combates

El yadratiano nunca tuvo algún tipo de gusto hacia la lucha, ni siquiera había aprendido a pelear o tenido alguna experiencia relacionada con pleitos como tal. Tampoco estaba seguro de qué pensar al respecto, sin embargo, la guerra le formó una perspectiva al respecto; ser testigo de tanta muerte y destrucción le hizo pensar en lo innecesarios que eran esos conflictos, y lo hipócrita que era la idea de los bandos y "el héroe y el villano" a pesar de que todos eran partícipes de la misma masacre.

Anatomía y fisiología

A diferencia del actual y deteriorado estado de la raza, los yardratianos solían tener una gama de apariencia más amplia, siendo la mayoría de sus hombres de aspecto prominente. Por esta razón, Klepsei era mucho más alto que los yardratianos que se conocen; también contaba con una estructura facial distinta y tez más oscura, esto se debe a que en ese momento la piel de los habitantes contaba con varias capas de grosor, para protegerlos del clima y heridas profundas. Los ojos solían ser más pequeños, también, debido a la vista avanzada que poseían y que, como lo demás, se fue deteriorando por falta de nutrientes o cambios ambientales en el planeta.

Habilidades

Los yadratianos presentan extrañas y diversas habilidades al igual que los metamoranos, la más conocida fue la "Teletransportación", sin embargo esta no es más que una habilidad común para ellos. La realidad de su planeta es diferente a lo que se cree, cada familia presenta una habilidad única que se transmite de generación en generación, cual tradición. O al menos eso sucedía antes de la guerra.

  • Cleptomancia: Consiste en la habilidad de robar mediante la magia, la misma presenta diversas ramificaciones, pero nuestro personaje solo llegó a controlar dos tipos de cleptomancia.
    • Cleptomancia - Ramificación Arcana: La ramificación arcana da la posibilidad de robar otras habilidades y hacerlas propias, impidiendo que el usuario al que es robado puede ejecutarla de alguna forma. La habilidades físicas son más difíciles de robar que las de energía, puesto que el cuerpo del ladrón tendrá que realizar los movimientos a la perfección o la habilidad quedará inutilizada. Por otro lado, el robo de habilidad que emplean ki se ve limitado por el poder del ladrón, ya que no podrá ejecutar una técnica que supere sus propios limites.
    • Cleptomancia - Ramificación Material: La ramificación material permite el robo del objeto que el usuario desee. El objeto deseado desaparece de su lugar, siendo suplantado por una roca, y este aparece frente al ladrón. Esta habilidad también se encuentra limitada, el objeto no debe pesar más que el usuario, o no podrá ser teletransportado.

Técnicas

El yadratiano carece de técnicas propias, debido a que la habilidad de la cleptomancia le impide crearlas, pudiendo acceder solamente a las que logra robar de otros usuarios. Siendo la segunda consecuencia más grave de esta gran habilidad, teniendo como consuelo el hecho de adquirir sin mucho esfuerzo técnicas llamativas y exclusivas, siempre y cuando entren dentro de su rango de poder.

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